lunes, 16 de febrero de 2015

El valor del valor

- No tengo valor para hacerlo.
- ¿A qué tipo de valor te refieres?
- Valor de valentía, por supuesto...
- Podría ser valor de tasación, valioso.
- ¿Cómo?
- Sí, podría ser que tu no considerases valido para hacerlo, tanto por defecto como por exceso. Es decir, que consideres que eres más o menos valioso que lo que se espera de ti.
- ¿Valioso? ¿Yo?
- Claro, ¿quién si no? Es curioso porque son dos significados de la misma palabra que tienen mucha relación. Sólo cuando una persona considera que es lo suficientemente valiosa tiene valor para defenderse, y cuando uno tiene valor para defenderse es porque se considera suficientemente valiosa, ¿no crees?
- ¿Eso quiere decir que no me considero valioso?
- Bueno, el hecho que dudes sobre ello ya debería darte una respuesta, ¿no te parece?
- Pero si yo no me considero valioso es porque...
- ¿No tienes suficiente autoestima?
- Joder... cada vez me lo pones más complicado...
- ¿Por qué?
- Yo creía que era un problema emocional, que tenía que aprender a gestionar el miedo que siento.
- Sí, claro.
- Pero ahora me hablas de autoestima...
- Claro. El miedo que sientes es por la falta de valor que te das, y lo poco valioso que te sientes hace que veas a los demás como más valiosos, y por tanto más dignos del valor que defienden.
- ¿ Cómo... consigo valor?
- ¿De valioso o de valentía?
- Me da igual. Por lo que me ha parecido entender tendré que empezar por algún lado...
- Podríamos decir que el valor que te van a otorgar los demás está en función del valor con el que te defiendas, y este último está muy relacionado con las ganas que tengas de aprender.
- ¿Cómo se explica eso en lenguaje de la calle?
- Dejando de ver los errores como peligros y sí como oportunidades de aprendizaje.

lunes, 2 de febrero de 2015

Priorizar la cocaína

- El problema realmente lo he tenido con mi hija.
- ¿Por qué?
- Se ha enfadado mucho conmigo y lleva una semana que no me habla.
- ¿Qué edad tiene?
- Tiene 24 años.
- Pues habrá que respetar su voluntad, ¿no crees?
- ¡Es muy duro!
- ¿Vivís juntas?
- No, ella vive con su pareja, y ya no la veía tanto como antes, y ahora se niega a que nos veamos... Es que... ¿sabes? está embarazada de tres meses y yo no me quiero perder su embarazo.
- Claro, claro... ¿Por qué habrá tomado ella una decisión tan drástica?
- Ya sabes...
- No, no tengo ni idea, piensa que hace diez minutos que nos hemos conocido.
- Porque he recaído... ¡qué va a ser!
- Ah... O sea que tu hija no aprueba tu relación con la coca...
- ¡Qué va! Se agarra unos cabreos terribles cuando se entera que he consumido.
- ¿Y cómo se entera?
- Porque yo no engaño, si recaigo lo digo.
- Pues eres honesta.
- Claro, sólo me pasa de tanto en tanto, una vez cada diez días o dos semanas... cuando no puedo más con todo me permito un pequeño homenaje...
- Ya... ¿Cómo se debe sentir tu hija?
- Se enfada porque no quiere que consuma. Pero lo que me da rabia es que siempre hace lo mismo, se agarra un cabreo de dos pares de cojones y luego se le pasa con los días y volvemos a empezar...
- ¿Entonces qué te preocupa?
- Pues que me estoy perdiendo estos días de embarazo y ya no los podré recuperar.
- Mira, yo no te voy a consolar...
- ¿No? ¿Por qué? Vas a ser mi psicólogo...
- Claro, yo no estoy para consolarte, estoy para hacerte pensar y cambiar de conductas y de actitud... Así que si deseas cariño o consuelo no vengas a hablar conmigo.
- Pero es injusto, yo sufro, ¿ella no se da cuenta?
- ¿Y qué más da?
- ¿Cómo que qué más da? ¡Yo la quiero!
- Supongo que ella a ti también. Y se preocupa por tu salud, ¿verdad?
- Sí, siempre me acompaña a los médicos y todo eso...
- Entonces el problema es que tú no te estás dando cuenta del sufrimiento que le provocas a ella.
- ¿Por qué?
- Mira, si yo fuese ella no dejaría de hablarte un par de semanas, lo haría para siempre. Te dejaría de hablar y no dejaría que te me acercases ni a mi ni a mi futuro hijo.
- ¿Por qué?
- Porque tus prioridades así lo indican.
- ¿Qué quieres decir?
- Parece que para ti es más importante el consumo puntual que la relación con tu hija y tu futuro nieto.
- ¡Eso no es verdad!
- ¿Por qué lloras?
- Porque me duele lo que dices...
- ¿Crees que miento o que lo digo por decir?
- No, pero es que...
- Mira, llorar está bien, pero cambiar está mejor. Si de verdad quieres dar un mensaje coherente y convincente a tu hija demuéstrale que valoras más su compañía que el consumo de cocaína.
- Yo la quiero mucho, más que mi vida...
- Bueno, seguro que sí pero parece que no tanto como la cocaína... Cambia eso y veamos qué relación tiene tu hija contigo.

lunes, 26 de enero de 2015

El secreto en terapia

- La sexta condición innegociable para realizar terapia es que lo que hablamos en terapia no se puede hablar fuera de aquí.
- ¿Es secreto?
- Sí.
- ¿Por qué?
- En mi experiencia, cuando se comenta el contenido de las sesiones con otras personas, el proceso de terapia se ve seriamente afectado. ¿Por qué? Yo necesito saber lo que tú piensas, lo que tú crees, no lo que creen o piensan los demás. Como te he comentado antes, si quieren saber, que vengan.
- Ya... Pero, ¿y si lo que yo creo resulta ser inexacto o no cierto?
- ¿Cuál es el problema?
- Que si me equivoco en lo que digo o en mis opiniones también se verá afectada la terapia, ¿no?
- No, y no tanto como con las interferencias de los demás.
- ¿Por qué?
- Porque este es tu espacio, para lo correcto y para lo incorrecto, en lo bueno y en lo malo. Además, cuando te equivocas aprendes, cuando se equivocan los demás y no lo sabemos, no aprendes nada.
- Ya... ¿no puedo comentar nada de nada?
- Mejor que no. Y si me estás preguntando por personas en concreto, con tu pareja menos todavía.
- ¿Por qué? Todo lo que hace lo hace por mi bien, porque me quiere...
- Bueno, si quiere saber sobre lo que hablamos, que venga un día a sesión contigo. Pero, querer saber de algo sin participar en el proceso no me parece de buena voluntad, me parece manipulativo.
- ¿Y si me insiste mucho?
- Niégate mucho.
- Ya, pero...
- Mira, si quieres escurrir el bulto, puedes decirle que te lo he prohibido yo. Y te aviso, si se enfada porque no le explicas nada de tu terapia, es que lo estás haciendo bien.