lunes, 25 de julio de 2016

¿Espejismo emocional? ¿Sesgos emocionales?

Una ilusión sensorial es aquella que se produce cuando interpretamos de manera errónea cualquier información que proviene de nuestros sentidos sensoriales. Por ejemplo, la vista funciona correctamente pero la información que provee al cerebro no es fiable por estar distorsionada, alterada o sobreexpuesta. Todos conocemos el ejemplo de los espejismos en el desierto, pero existen otras muchas alteraciones sensoriales que podéis consultar aquí, y aquí, pero, ¿puede ocurrir algo parecido con las emociones?



Las emociones nos proporcionan información que nos ayuda a guiar nuestra conducta con el fin conseguir llegar a un estado de homeostasis que, por cualquier circunstancia, hemos perdido. Pero, como toda fuente de información, puede estar equivocada... en mi opinión son como un séptimo sentido.

La información emocional es muy subjetiva, y esta subjetividad está muy influida por nuestros aprendizajes, por ese motivo hay tantas entre diferentes personas a la hora de reaccionar emocionalmente a un estímulo, personas que sienten rabia, otros miedo, otros pena, etc... ¿Cúal es la emoción correcta para cada estímulo? No hay reacción emocional correcta a priori, ya que además de las diferencias individuales hemos de tener muy en cuenta que cada circunstancia puede modificar la percepción emocional.

La información emocional, lo mismo que ocurre con la información sensorial, ha de ser procesada por el córtex, que es la parte del cerebro donde se toman las decisiones, pero hay quien se salta este paso y da veracidad a la información emocional por el simple hecho de haberla sentido. No es algo tan raro, pasa lo mismo con la información sensorial: "lo vi con mis propios ojos" "lo escuché nítidamente", etc...

Creer que la información emocional es cierta de per se nos hace esclavos de ella. Siempre resulta una mejor opción tener más opciones, y eso nos lo brindará un análisis lógico de lo que sentimos.

Un ejemplo claro de espejismo emocional nos lo brinda la culpa. ¿Cuántas veces nos hemos sentido culpables y hasta hemos reaccionado expresando este sentimiento para luego descubrir que no teníamos motivos para creerlo? Pero una vez que has expresado la culpa, es muy difícil desdecirse, o al menos que se acepte tu rectificación. No hay nada más cómodo que cuando alguien carga con las culpas.

Que sintamos algo no significa necesariamente que sea así. Tomémonos un tiempo para reflexionar sobre lo que sentimos, sobre si tiene base para ser así, sobre si es indicado, y sobre cómo nos conviene expresarlo, cuándo y para qué. Tal vez así consigamos vivir con menos miedos, rabia, tristeza, culpa y vergüenza, y con un poco más de tranquilidad y satisfacción.

viernes, 15 de julio de 2016

Spread your wings

Sufres, no aprendes, y te condenas a sufrir más.
Tomas conciencia, y no te gusta. 
Aprendes algo de ti.
Pero no te gusta. sabes que algo has de cambiar.
Tu entorno más próximo te anima. Están cansados de verte sufrir.
Empiezas por pequeños cambios, más fáciles serán.
Y lo son.Y te gustan. Y deseas cambiar más.
Te animan. Sigue así. Da gusto verte cambiar.
Ganas confianza. Tomas conciencia de todo lo no aprovechado.
Comienzas a realizar cambios significativos. Antes los temías.
Ahora son realidad.
Notas unos bultos en tu espalda.
En breve unas buenas alas tendrás.
Te sientes fuerte. Te sientes con poder. 
Crees que nadie te puede parar.
Alguien de tu entorno tuerce el morro.
Tanto cambio nada bueno puede acarrear.
De repente notas el vértigo. 
¿Qué hacer?
Puedes volver a la jaula, o tus alas desplegar.


¿Será que quien bien te quiere, libre te ha de querer?


lunes, 11 de julio de 2016

Familias centrípetas

Las familias centrípetas se organizan alrededor de un núcleo duro que ejerce una fuerza de atracción tan fuerte que no permite que ningún elemento de la familia se aleje demasiado. Este núcleo duro lo suelen formar los progenitores que, por su incapacidad para gestionar la pareja necesitan "invitados" que les permitan no estar solos.

En el mejor de los casos se pide que uno de los hijos haga de acompañante perpetuo y se sacrifique por la relación de los padres. Este hijo es el que decide no crecer, el que se queda a ejercer de hijo para que los padres no puedan mirarse el uno al otro sin distracciones. Lo cruel de la historia es que lo padres acostumbraban a quejarse de los sacrificios que han tenido que realizar por este hijo, que no han podido disfrutar plenamente la relación de pareja, etc...

En el peor de los casos ninguno de los hijos, y es algo que se dan en familias muy numerosas, puede salir de la dinámica familiar sin pagar el precio de la culpa. Porque la culpa es la emoción que canaliza todas las sinergias de estas familias, o más bien el miedo a la culpa. Uno de los padres es percibido como una figura poderosa, fuerte, con una enorme capacidad de castigo. El otro, no. En muchos casos el otro es percibido como un cero a la izquierda. Alguien prescindible que ha tenido la suerte de casarse con un/a cónyuge tan poderosa.

El problema del miedo a sentir culpa es que en sí mismo este miedo ya es un castigo, y eso hace que no se atrevan a moverse. Si se mueven, si deciden romper la disciplina, generalmente por un pareja con una realidad muy ajena a la de una familia centrípeta, el resto de la familia le criticará. Los padres con rabia, pero también con miedo: ¿Y si los demás se dan cuenta que se puede vivir mejor? El resto de hermanos castigan con rabia, pero también con algo de envidia: Si el puede, ¿por qué no puedo yo?

Es duro romper la disciplina de la una familia centrípeta, pero necesario si te ahoga. Y tampoco es sencillo ayudar a romperla, serás señalado/a como una muy mala influencia.

Pero, si es realmente necesario, vale tanto la pena...

Si quieres leer sobre familias centrífugas...