lunes, 25 de agosto de 2014

La virtud defectuosa

- ¿Ha ido bien?
- Sí, pero como siempre en el último momento. Me gustaría corregir este defecto que tengo, no puedo seguir haciendo las cosas en el último momento, por muy bien que las haga. No es porque se vaya a haber una vez que no consiga hacerlo todo lo bien que pueda, es por el nivel se estrés y sufrimiento que me supone y que acabo descargando en los que tengo alrededor.
- ¿Qué has hecho para intentar corregirlo?
- Propósitos llevo haciendo toda mi vida, desde que tengo uso de razón que hago lo mismo, en el colegio hacía los deberes y estudiaba siempre en el último momento y en el trabajo me pasa lo mismo...
- Los propósitos son como la boca, todo el mundo tiene...
- Ya. Yo necesito entender por qué soy así. Creo que cuando lo entienda estaré mejor y podré cambiar.
- Es una posibilidad, pero yo prefiero la otra: cambia y después lo entenderás desde la nueva perspectiva que te aporte el cambio. Mucha gente que entiende porqué hace las cosas como las hace se acaba conformando/resignando y no cambia nada después.
- Yo lo he intentado muchas veces y no ha habido manera. Ya sé qué me dirás de los intentos, pero ahora no quiero jugar con las palabras...
- Bueno, pues juguemos con las virtudes, si te parece.
- ¿Virtudes? Yo lo que deseo es corregir un defecto, las virtudes mejor las dejamos en paz.
- No. Ese defecto al que tú te refieres yo lo llamo virtud mal aplicada o aplicada cuando no toca.
- ¿?
- Supongo que lo que ocurre es que, si no eres un vago, eres bueno en momentos de crisis, no en momentos de tranquilidad. La crisis, la prisa, la angustia, te permiten canalizar mejor tus energías, es la manera en la que te sientes más cómodo.
- Te aseguro que cómodo no me siento...
- Mira, te sientes más cómodo en la crisis así que cambiando tus formas de actuar en un momento más relajado. Lo que es evidente es que no te sientes lo suficientemente cómodo para cambiar y prefieres la estrategia mala conocida a la probablemente buena por conocer.
- Eso significa que soy un vago, ¿no?
- O algo peor, un cobarde.

lunes, 18 de agosto de 2014

Procurar

Desde hace mucho tiempo he mantenido una relación de ambivalencia con la palabra INTENTAR ya que por un lado es una palabra por la que no siento excesiva simpatía y por otro lado es una palabra que he utilizado con mucha frecuencia. Permitidme que me explique.
Mi rechazo por esta palabra es anterior a que comenzase a trabajar de psicólogo, me suena a justificación por lo ocurrido "al menos lo intenté" o de prejustificación ante el futuro "lo intentaré". Pero ya bien sea por desidia o por ignorancia, no dejé de utilizarla, y la incomodidad con la que la expresaba empezó a ser evidente. ¿Cómo puedo decirle a la gente que deje de hablar de intentar cuando luego yo utilizo esta palabra para definir aquellos actos que deseo llevar a cabo? Tenía que buscar una palabra que se ajustase mejor a lo que deseo decir pero claro, la vagancia a veces me puede...
Con este conflicto lingüístico-existencial me encontraba yo estos últimos meses cuando no hace mucho, por serindipia, encontré una palabra que me gustaba más. ¿Qué palabra es? PROCURAR.
Me gusta esta palabra, todo me gusta de ella. La busqué en el diccionario de la RAE para asegurarme y la definición me encantó: "Hacer diligencias o esfuerzos para que suceda lo que se expresa" 
Básicamente significa "Haré lo que pueda". Me encanta. Y si la analizamos con un poco más de detalle veremos que la podemos dividir en dos "PRO - CURAR" y llegados a este punto, me rendí. Una palabra que expresa el deseo de CURAR, de superar el obstáculo, de vencer y convencer lo que se desea para sentirse uno mejor (CURADO). 
Ahora estoy en esa dura fase en la que intento no pronunciar la palabra acostumbrada y procuro (¿veis?) utilizar la nueva? 
Será duro, como todo cambio de costumbres, pero creo que valdrá la pena y me hará un poco más coherente con lo que deseo trasmitir.

martes, 12 de agosto de 2014

La impotencia y la desidia

- Yo he sido toda mi vida igual, para lo bueno y para lo malo, es algo inherente a mi forma de ser.
- Supongo que lo que todo el mundo desea es ser de una manera determinada para lo bueno y poder ser otra para lo malo.
- ¿Qué garantiza eso? Si soy diferente no quiere decir que vaya a ir bien, por tanto, más vale lo que ya conozco, ¿no te parece?
- Es tu opción. Si repites siempre el mismo comportamiento y no obtienes la respuesta que deseas ni una respuesta diferente que te permita pensar algo distinto, en mi opinión se trata de un claro caso de desperdicio de opciones.
- ¿Y por qué tengo que cambiar? ¿Y si me gusta ser así?
- Sigue así. No te debe haber ido tan mal si no deseas cambiar.
- ¡Sí que me ha ido mal! Pero no en todo, por supuesto.
- Cuando uno decide hacer un proceso de psicoterapia es porque considera que lo malo ya no es soportable por lo bueno.
- ¡Claro! Pero esa no es la cuestión.
- ¿Cuál es la cuestión?
- Yo no creo que pueda cambiar.
- ¿Y eso por qué es así?
- Porqué no puedo, no puedo, no lo veo... No entiendo qué quieres de mi...
- Lo que yo necesito saber sobre tu imposibilidad de cambio es muy importante para que pueda decidir si te puedo ayudar profesionalmente.
- ¿Por qué?
- Tal y como yo lo veo hay dos posibilidades que explican tu incapacidad de cambio. La primera es favorable a un proceso de terapia: la impotencia. Ésta se puede dar por incapacidad o por miedo, pero en ambos casos muestra que tu actitud es favorable al cambio y sólo hay que cambiar los condicionantes, internos o externos que no favorecen.
- ¿Y la segunda?
- La segunda no favorece el cambio de ninguna manera. Es una posibilidad claramente actitudinal, y yo me declaro impotente contra ella.
- ¿Cuál es?
- La desidia.