lunes, 23 de mayo de 2016

¿Qué es una familectomia?

La familectomía es una intervención que provoca la separación emocional de una persona de su familia de origen o de su familia formada (hijos)

Esta intervención puede ser debida a una decisión en solitario de la persona en cuestión o puede darse con el apoyo de un proceso de terapia, puede ser definitiva o circunstancial. Todo depende de los motivos que lleven a la persona a planteársela.

Como decisión que es, es respetable desde el punto de vista psicoterapéutico porque posiciona a la persona ante las consecuencias y le facilita gestionarlas.

Obviamente hay familias más familectomizables que otras. Siempre en función de la dinámica que se ha dado en las mismas.

Recordemos que tener hijos no nos convierte en padres ni madres, de la misma manera que tener un piano no nos convierte en pianistas. Tampoco el hecho de ser hijo viene con un manual de instrucciones, por más que algunos padres y revistas se empeñen...


lunes, 16 de mayo de 2016

El autofoco perceptual (by César Martín)

Es un placer compartir reflexiones de otras personas, especialmente cuando estas reflexiones han surgido en los comentarios de alguna entrada de este blog.

Gracias César, los que vamos a disfrutar de tu entrada, te saludamos!!!

El autofoco (autofocus en inglés) es un automatismo muy generalizado en cámaras fotográficas, pudiéndose habilitar o deshabilitar a merced del usuario en determinados modelos. Este sistema permite que el usuario no tenga que preocuparse de enfocar. Dicho de otro modo, toma parte del control de la percepción de aquello que vemos.
¿Qué puede pasar si aquello en lo que creemos no es tan veraz como aparentemente parece serlo?
Malos enfoques producirán malas percepciones. Si tenemos malas percepciones estas pueden influenciar las realidades.



Me refiero a creencias y percepciones, y dar siempre por hecho algo que creemos.
El "autofocus" es un mecanismo que se guía por lo primero que encuentra, siendo poco preciso en determinadas situaciones, obstáculos lejanos o cercanos, geometrías confusas, falta de luz, etc; distorsionando en determinados casos la percepción de las cosas que vemos. Un ejemplo típico sería cuando nuestro protagonista está situado en medio de dos planos, el autofoco se puede desplazar demasiado al fondo del plano o bien enfocar demasiado el primer plano, obteniendo como resultado un protagonista borroso.
Estamos tan acostumbrados a este modo, que no nos cuestionamos en enfocar las cosas en modo manual, tenemos la creencia, que este mecanismo siempre nos transmite lo veraz, lo damos por hecho, y nos despreocupamos en situaciones que debe ser imprescindible enfocar las cosas manualmente. No obstante, existen situaciones en el que es totalmente imprescindible, cuando tenemos prisa por ejemplo, pero no por eso debemos confiar en él, en todas las situaciones.
La percepción de las cosas varía si no hacemos un enfoque ideal de aquello que observamos.
Un enfoque manual nos permite romper esa barrera y poner en duda ese mecanismo automático, permitiéndonos explorar enfoques precisos desde cualquier punto de vista de la escena, aquel punto que nuestra propia voluntad elija resaltar y enfatizar.
Igual que las cámara fotográficas, metafóricamente tenemos un autofocus mental y otro manual. Diversas maneras de ver realidades en función de como percibimos la información, y de como la procesamos y sentimos.
En un modo autofocus es más fácil que las realidades nos coincidan con las realidades de los demás, si los demás también están en modo autofocus. Ambas fotografías presentarán enfoques y desenfoques en las mismas áreas de la escena, habiendo enfocado todas en la misma dirección y habiendo incidido la luz en el mismo punto del foco.
En cambio en modo manual las cosas pueden cambiar, aún habiendo enfocando también en la misma dirección, aquí la luz habrá incidido en un punto diferente del foco, aquel en el que nuestra voluntad se haya encaprichado. Quizás descubramos cosas nuevas. Este seguirá siendo también una realidad, nuestra propia manera de ver o enfocar las cosas.
Creo que es muy importante no?
Me refiero a poner en duda las cosas, experimentar, pensar, probar si lo que nos están contando, lo que nos están vendiendo, lo que estamos viendo y creyendo es cierto o no, o si ambas son ciertas pero con diferentes matices. Y no dar como cierto siempre las cosas que creemos con el autofocus.

Es una cuestión de enfoque.

Si deseáis leer la entrada que generó esta reflexión, podéis hacerlo aquí.

jueves, 12 de mayo de 2016

5 derechos y un deber cuando finaliza una relación (de cualquier tipo)

Las relaciones nacen, crecen, se reproducen y mueren. Todos deseamos, al comienzo una, que la muerte de la misma sea por la muerte de los que forman esa relación, pero no siempre es así. Las relaciones pueden morir por el fracaso de sus participantes en conseguir ser un equipo en el que las energías fluyan con libertad. Cuando esto ocurre las emociones nos tienden a desbordar y nublar el entendimiento, con el riesgo de que olvidemos nuestros derechos:

- Tienes derecho a que te duela el fin de la relación y a llorar por ella. ¿Por qué? Por la energía, el tiempo, las ilusiones aportadas. Porque sí. Lo que no te da derecho es a sufrir. Recuerda que el sufrimiento es la incapacidad de aprender del dolor, y por tanto el sufrimiento tiende a perpetuarse.

- Tienes derecho a tener miedo a lo que esta por venir. Las relaciones nos proporcionan un marco de referencia para entender nuestro entorno y nuestra cotidianidad. El riesgo es que creamos que este marco de referencia es único y suficiente. Si ha sido una buena relación para ti es normal que la vayas a echar de menos, pero mirar hacia atrás con nostalgia nos impide fijarnos en lo que tenemos delante.

- Tienes derecho a responsabilizarte de lo ocurrido. Es más, diría que tienes el deber de responsabilizarte de tu 50% de responsabilidad sobre lo ocurrido, ya que así podrás aprender para no repetir de nuevo.

- Tienes derecho a refugiarte en tu zona de resignación victimista. Es ese sitio en el que nos refugiamos cada uno cada vez que nos sentimos victimas de lo injustas que son las circunstancias de nuestra vida. También tienes derecho a negarte a salir por más que los que te quieren bien se empeñen en sacarte. Obviamente tienes derecho a no desear entrar...

- Tienes derecho a necesitar ayuda para gestionar cómo te sientes. Aguantar más peso del necesario puede resultar un acto de temeridad que conlleva unos intereses demasiado elevados con el tiempo. Si la familia y las amistades no te alcanzan, puedes ir a un/a psicóloga/o

- Tienes el deber de luchar por tus derechos. La ruptura de una relación comporta un reparto de lo que la relación tenía en común, tanto material como "inmaterial". Dentro de este derecho entra el consultar con quien consideres necesario, incluidos profesionales del derecho familiar. Lo has de hacer por ti y por aquellos que dependen de ti.

Evidentemente tienes derecho a todo lo que se te ocurra siempre que no entre en colisión con los derechos de los demás, aunque sea una obviedad.