lunes, 2 de mayo de 2016

Fobia de impulsión

Hay dos tipos de personas: aquellas que tienen miedo de las posibles amenazas que proviene de su alrededor y que se sienten incapaces de controlar y aquellas otras que se temen a los impulsos propios que se sienten incapaces de canalizar.
Sobre los del primer grupo se ha escrito (y se escribirá) ampliamente en casi todos los manuales de diagnóstico psiquiátrico; ¿sobre los segundo? se ha escrito brevemente.
Cuando una persona teme hacer sosas que realmente no desea sufre una fobia de impulsión (teme a su propio impulso de actuación)
¿Por qué se da?
Por lo mismo que toda la sintomatología psiquiátrica: Para compensar el desequilibrio interno que provoca un determinado conflicto emocional. En este caso la persona centra su atención en un miedo a hacer algo que no desea realmente en lugar de focalizarse en algo que sí que desea (y que generalmente es más realizable y asumible) pero que teme. Paradójicamente les resulta más barato generar un nuevo conflicto que solucionar uno antiguo.
Como todo problema de ansiedad, la fobia de impulsión tiene un origen relacional (es un síntoma de los desequilibrios de la relaciones) y por tanto la persona que la sufre se ofrece como chivo expiatorio (u homeostático) para poder no solucionar el verdadero problema y permitir que la situación conflictiva se enquiste ad eternum.

Miedos más habituales expresados:

- Dañar a alguien (padres, hijos...)
- Ser homosexual

jueves, 28 de abril de 2016

Contar el tiempo de abstinencia

- Ya llevo 30 días sin consumir.
- Bien.
- Yo estoy muy contento.
- ¿Por qué?
- Porque nunca pensé que lo podría mantener, siempre creí que sería incapaz...
- ¿Y por eso cuentas los días?
- ¡Claro! ¿No debería hacerlo?
- Depende... ¿Contaste los días que te pasaste consumiendo?
- No... Bueno, ha sido mucho tiempo realmente el que he desperdiciado consumiendo...
- Pero, ¿decías llevo seis meses consumiendo?
- No.
- ¿Por qué?
- Supongo que porque no me daba cuenta...
- ¿Por qué crees que te das cuenta ahora que no consumes?
- Hombre, tengo la cabeza más clara, me doy más cuenta de las cosas, tengo más tiempo...
- ¿Tienes ilusiones?
- De momento pocas.
- ¿Y antes?
- Tenía adicciones.
- ¿Las disfrutabas?
- Eso creía yo...
- Por eso cuentas los días que llevas sin consumir.
- ¿Por qué?
- Por que te sientes en una prisión. La gente que esta contenta, feliz, satisfecha no tiene tiempo para contar el paso del tiempo, está demasiado ocupada disfrutando de sus ilusiones y de la energía que les dedica... Dicen que hay dos tipos de personas enamoradas: aquellas que disfrutan del amor y quienes desean controlarlo. Sólo los segundos cuentan el tiempo que llevan en pareja. ¿Tú qué deseas? ¿Contar o disfrutar?
- Disfrutar.
- Entonces búscate ilusiones, o volverás a las adicciones.


lunes, 25 de abril de 2016

Tipos de crisis (I): Desgracias inesperadas

De los cuatro tipos de crisis que hablaré, formulados por FranK S. Pittman III, este es el más simple y, afortunadamente, menos frecuente. Vivimos la vida buscando el control y la estabilidad pero las circunstancias pueden voltearse de manera repentina en cualquier momento: accidentes, diagnósticos chungos, incendios, despidos, crisis económicas mundiales...
Llegan sin avisar, así, sin más. Y tienes que lidiar con ello.
Después del shock inicial toca hacer algo para comenzar a girar la situación, porque la peor decisión es no decidir. Una reacción habitual es la de revisar que es lo que podías haber previsto, qué podías haber hecho diferente, o no haber hecho... Todo este análisis puede resultar muy útil una vez superada la crisis, pero en medio de ella es un estorbo, una distracción del verdadero objetivo: superarla. Integrar los aprendizajes generados por la misma es un objetivo posterior.
Cada persona y cada grupo de personas (sobre todo familias) busca su manera de afrontar esta crisis, da igual si era una persona emocionalmente sana o no, las desgracias inesperadas no son castigos divinos. Todo lo que antes era un problema más o menos insoportable resulta ahora totalmente accesorio e incluso trivial. ¿Por qué? Porque este tipo de desgracias resultan un encuentro humillante (que te vuelve humilde) con la propia realidad que nos aplaca y vacía de narcisismo, empujándonos a buscar ayuda y apoyo entre nuestro círculo más o menos cercano.
Obviamente no suelen ser el motivo por el cual las personas demandan terapia. Sólo cuando la crisis se eterniza y se corre el riesgo de volverse estructural, se decide ir a terapia (se le denomina trastorno por estrés postraumático crónico).
Dicen en china que una crisis es un conflicto entre un peligro y una oportunidad, el peligro es quedarse bloqueado en la desgracia. ¿La oportunidad? Poder resolver cualquiera de los otros tipos de crisis (de los que hablaré en el futuro) que vamos arrastrando sin darnos cuenta...