- Yo esperaba mucho de usted.
- ¿De mi?
- Usted es el profesional. Yo ya he agotado todas las posibilidades que se me ocurren. No siento que pueda ayudar a mi hijo.
- ¿Y cree que yo puedo hacer algo diferente?
- Debería, usted es el profesional. Debería saber hacer cosas que los demás no podemos. Yo me he puesto en sus manos, he reconocido mi incapacidad, he intentado todo lo que se me ha ocurrido y no encuentro la manera de acceder a él. Veo que está desaprovechando su vida, y no puedo ayudarle. Me siento impotente, triste, culpable, pero creí que podía ser que alguien me ayudase, que alguien me daría un punto de vista diferente que me permitiese cambiar las cosas...
- ¿Y ese tenía que ser yo?
- ¡Por supuesto! Es que usted es el profesional.
- Y usted es su padre...
- ¡Pero yo no sé qué hacer ya! Estaba esperanzado en que me echase una mano.
- Entonces debería venir usted a la consulta, no enviar a su hijo, ¿no le parece?
- ¿Qué quiere decir?
- Que su hijo no quiere ayuda, es usted el que está deseando recibirla...
- ¿Me está llamando mal padre?
- No creo haber dicho tal cosa.
- ¿Acaso cree que no sé como educar a mi propio hijo? Sólo me quedaba la opción de la ayuda profesional, yo sólo esperaba que me pudiese ayudar, yo sólo esperaba...
- Ese es precisamente su problema.
- ¿Qué pretende decir?
- No hace más que esperar cosas de los demás en lugar de plantearse qué debería hacer usted para cambiar una realidad que no le gusta vivir.
Saber lo que busco
Pensar es gratis, aprender a pensar no tiene precio
lunes 27 de febrero de 2012
La larga espera...
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lunes 20 de febrero de 2012
Regalo socrático (para un mal presocrático)
- Decía Lewin que no hay nada más práctico que una buena teoría, pero en mi opinión sí que hay algo más práctico: tener varias teorías. Y la mejor manera se conseguirlas es preguntando a los demás qué teorías tienen.
- Eso si te las quieren explicar...
- Bueno, eso ya no es un problema del que me tenga que hacer cargo yo. Si alguien no quiere compartir su forma de ver el mundo, no se le puede obligar. Pero siempre le podremos preguntar....
- Eso suena muy socrático...
- Sí. Creo que las cosas esenciales se saben desde hace muchos años. Es sencillo, si tú preguntas le estás dando una oportunidad, un regalo, a los demás.
- Pero hay gente que lo rechaza.
- Te contestaré lo mismo que antes: ese no es mi problema. Un regalo es un placer de quien lo da, no un mérito de quien lo recibe. Yo intento hacer las cosas con el máximo placer posible. El mérito lo dejo para los demás, o al menos intento hacerlo...
- ¿No estás libre de pecado?
- No, y no conozco a nadie que lo esté, y si te he de ser sincero, no está entre mis aspiraciones personales llegar a ser una excepción. Si no me equivoco, no aprendo. Podemos escoger cómo aceptamos aquello que nos llega, si lo hacemos de manera defensiva aprenderemos poco. Pongamos como ejemplo la familia de Marc (persona que acaba de salir de la sesión de terapia) en estos momentos tienen una oportunidad única, pueden aprender a vivir de otra manera, pero para ello tendrán que superar sus miedos. Y para eso necesitan alguien que les dé seguridad.
- ¿Marc?
- ¿Se te ocurre alguien mejor? Es uno de ellos, y eso facilita que en el caso de que se atrevan a moverse un poco vean que sus intenciones son sanas. Seguramente estarán menos a la defensiva.
- ¿Sus intenciones?
- Las personas intentamos deducir las intenciones de los demás a través de sus conductas, de manera que si Marc se muestra firme y tranquilo ellos acabarán confiando en él. Si pierde los nervios su familia se agarrará a ese hecho para desprestigiarle.
- No sólo es importante lo que dices si no también cómo lo dices.
- Sí, incluso en muchas ocasiones es más importante cómo dices las cosas que el contenido. Un ejemplo claro es el de los políticos, hablan bien pero no dicen casi nada interesante o significativo.
- Eso suena presocrático.
- Exacto. Realmente está todo inventado. Sólo nos queda saber si Marc y su familia deciden pasar del modelo presocrático al socrático.
- ¿Y si no lo hacen?
- Entonces la terapia no funcionará.
- Eso si te las quieren explicar...
- Bueno, eso ya no es un problema del que me tenga que hacer cargo yo. Si alguien no quiere compartir su forma de ver el mundo, no se le puede obligar. Pero siempre le podremos preguntar....
- Eso suena muy socrático...
- Sí. Creo que las cosas esenciales se saben desde hace muchos años. Es sencillo, si tú preguntas le estás dando una oportunidad, un regalo, a los demás.
- Pero hay gente que lo rechaza.
- Te contestaré lo mismo que antes: ese no es mi problema. Un regalo es un placer de quien lo da, no un mérito de quien lo recibe. Yo intento hacer las cosas con el máximo placer posible. El mérito lo dejo para los demás, o al menos intento hacerlo...
- ¿No estás libre de pecado?
- No, y no conozco a nadie que lo esté, y si te he de ser sincero, no está entre mis aspiraciones personales llegar a ser una excepción. Si no me equivoco, no aprendo. Podemos escoger cómo aceptamos aquello que nos llega, si lo hacemos de manera defensiva aprenderemos poco. Pongamos como ejemplo la familia de Marc (persona que acaba de salir de la sesión de terapia) en estos momentos tienen una oportunidad única, pueden aprender a vivir de otra manera, pero para ello tendrán que superar sus miedos. Y para eso necesitan alguien que les dé seguridad.
- ¿Marc?
- ¿Se te ocurre alguien mejor? Es uno de ellos, y eso facilita que en el caso de que se atrevan a moverse un poco vean que sus intenciones son sanas. Seguramente estarán menos a la defensiva.
- ¿Sus intenciones?
- Las personas intentamos deducir las intenciones de los demás a través de sus conductas, de manera que si Marc se muestra firme y tranquilo ellos acabarán confiando en él. Si pierde los nervios su familia se agarrará a ese hecho para desprestigiarle.
- No sólo es importante lo que dices si no también cómo lo dices.
- Sí, incluso en muchas ocasiones es más importante cómo dices las cosas que el contenido. Un ejemplo claro es el de los políticos, hablan bien pero no dicen casi nada interesante o significativo.
- Eso suena presocrático.
- Exacto. Realmente está todo inventado. Sólo nos queda saber si Marc y su familia deciden pasar del modelo presocrático al socrático.
- ¿Y si no lo hacen?
- Entonces la terapia no funcionará.
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martes 14 de febrero de 2012
¿Y si te cae una vaca encima?
Os quiero presentar a alguien muy especial. Desde hace años vive aislado del mundo, pero en medio de una gran ciudad, rodeado de gente. Descubrió que la clave de la soledad es restringir el contacto con los demás, y en estos momentos hay pocas personas que intenten ya rescatarle. Los pocos clientes y comerciales que le visitan en su tienda le reafirman constante que hace bien en querer vivir solo. En soledad se controla mejor.
Un día se desencantó del mundo, sintió que no valía la pena y desde entonces intenta vivir en su microrrealidad, con unas rutinas y mecanismos de control que le satisfacen, ya que le evitan las decepciones, y las alegrías. Pero ojos que no ven, corazón que no siente
Quisiera presentaros también a una chica, realmente encantadora, paciente y solitaria. Ella, que está sola, vive en medio del campo, donde la soledad no es emocional, no, es física. Se nota y se vive. Y no por elección. Pero ella ha aprendido que desea compartir su vida con alguien, desea sentir cosas diferentes. Sueña. Y recibe decepciones. Pero las afronta y aprende.
¿Cómo han llegado a conocerse estas dos personas? La verdad es que no importa. Lo que de verdad importa es que los intentos de ella no han servido para conmoverlo a él. Ni siquiera los más desesperados. Sí que han conseguido que ella se meta en su cabeza. Pero él no deja que ella lo sepa. Tal vez sea el miedo a vivir. El problema es que ella está empezando a tirar la toalla.
¿Cómo puede deshacerse este entuerto? Tal vez necesitemos a alguien que haga de catalizador. A veces las cosas se desencadenan de una manera curiosa, y en esta ocasión invitaremos a jugar a un chino, uno que no hable castellano (o argentino), pero que, a diferencia de nuestros anteriores amigos, haya vivido y amado, sin miedo. Esta persona ha descubierto de la manera más dolorosa posible que el mundo se rige por el azar. Cuando crees que lo tienes todo controlado cae una vaca del cielo y te parte la vida por la mitad.
¿Cómo puede esta persona compartir su experiencia y su visión de la vida con alguien con quien no comparte idioma y que evita el contacto físico?
Tal vez todo se pueda solucionar si consigue generar una experiencia emocional que se pueda asemejar a la suya y que permita a nuestro amigo ferretero abrir los ojos para descubrir que el miedo está dentro, no fuera.
Mientras tanto nosotros disfrutaremos viendo cómo lo intentan y cómo lo consiguen. Y seguro que también nos conmoveremos.
Por cierto, la película se llama "Un cuento chino".
Un día se desencantó del mundo, sintió que no valía la pena y desde entonces intenta vivir en su microrrealidad, con unas rutinas y mecanismos de control que le satisfacen, ya que le evitan las decepciones, y las alegrías. Pero ojos que no ven, corazón que no siente
Quisiera presentaros también a una chica, realmente encantadora, paciente y solitaria. Ella, que está sola, vive en medio del campo, donde la soledad no es emocional, no, es física. Se nota y se vive. Y no por elección. Pero ella ha aprendido que desea compartir su vida con alguien, desea sentir cosas diferentes. Sueña. Y recibe decepciones. Pero las afronta y aprende.
¿Cómo han llegado a conocerse estas dos personas? La verdad es que no importa. Lo que de verdad importa es que los intentos de ella no han servido para conmoverlo a él. Ni siquiera los más desesperados. Sí que han conseguido que ella se meta en su cabeza. Pero él no deja que ella lo sepa. Tal vez sea el miedo a vivir. El problema es que ella está empezando a tirar la toalla.
¿Cómo puede deshacerse este entuerto? Tal vez necesitemos a alguien que haga de catalizador. A veces las cosas se desencadenan de una manera curiosa, y en esta ocasión invitaremos a jugar a un chino, uno que no hable castellano (o argentino), pero que, a diferencia de nuestros anteriores amigos, haya vivido y amado, sin miedo. Esta persona ha descubierto de la manera más dolorosa posible que el mundo se rige por el azar. Cuando crees que lo tienes todo controlado cae una vaca del cielo y te parte la vida por la mitad.
¿Cómo puede esta persona compartir su experiencia y su visión de la vida con alguien con quien no comparte idioma y que evita el contacto físico?
Tal vez todo se pueda solucionar si consigue generar una experiencia emocional que se pueda asemejar a la suya y que permita a nuestro amigo ferretero abrir los ojos para descubrir que el miedo está dentro, no fuera.
Mientras tanto nosotros disfrutaremos viendo cómo lo intentan y cómo lo consiguen. Y seguro que también nos conmoveremos.
Por cierto, la película se llama "Un cuento chino".
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jueves 9 de febrero de 2012
Sobre el arte y la formación de la persona
"… Pero el hombre que es todo moral e intelecto, aunque puede ser bueno e incluso magnífico, es, después de todo, sólo medio hombre. Hay belleza en el mundo moral y en el mundo intelectual; pero también hay una belleza que no es ni moral ni intelectual -la belleza del mundo del Arte. Hay hombres que están privados de la capacidad de verlo, así como hay hombres que nacen sordos y ciegos, y la pérdida de aquéllos, como de éstos, es simplemente infinita. Hay otros en los cuales es una pasión arrolladora; hombres felices, nacidos con el productivo, o como mínimo, el apreciativo, genio del Artista. Pero, en la masa de la humanidad, la facultar estética, como la capacidad de razonar y el sentido moral, necesita ser despertado, dirigido y cultivado; y no sé por qué el desarrollo de esa cara de la naturaleza, a través del cual el hombre tiene acceso a una primavera perenne de placer ennoblecedor, debería ser excluido de cualquier programa global de educación universitaria".
Gracias a Helena Puertas por la traducción. Podéis leer el original aquí.
Gracias a Helena Puertas por la traducción. Podéis leer el original aquí.
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lunes 6 de febrero de 2012
¿Perdonar o revictimizar? Doble vínculo
- El otro día la llamé.
- ¿Para qué?
- Para saber cómo estaba.
- ¿Estaba bien?
- Al principio sí, luego no.
- Me imagino por qué...
- ¿Sí?
- Parece evidente...
- Para mi lo único evidente es que ella sigue sin perdonarme, y me está castigando con su desprecio. Creo que a la gente como ella los psicólogos las llamáis "pasiva-agresiva".
- Bueno, en tu caso lo llamamos "revistimización".
- Crees que mi ex es una victima?
- Técnicamente es una revictima.
- ¿Mía?
- Por supuesto.
- ¿Por haberla dejado?
- Te recuerdo que tomaste una decisión unilateral y también se queja de que la engañaste.
- Pero ya le pedí perdón.
- En primer lugar se ha de pedir disculpas, el perdón es lo que se da. Pero, ¿te perdonó?
- No, por supuesto que no. Ella prefiere vivir en el rencor
- Es difícil poder hablar de rencor cuando sólo ha transcurrido un mes, es poco tiempo. No creo que aún haya entendido, emocionalmente, lo que le ha sucedido.
- Yo lo único que quiero es que ella esté bien, que deje de sufrir.
- ¿Es eso lo que le dijiste?
- Li dije que yo no quiero que sufra, que para mi todo está resultando muy difícil y doloroso, y si ella no se sobrepone a la situación lo hace todo más difícil para mi.
- ¿Y querías que no se enfadara?
- Claro. Mis intenciones eran buenas.
- No. Yo todavía tengo sentimientos por ella, ¿es que no lo puede aceptar?
- Tú tomaste la decisión de manera unilateral, sin contar con ella hasta el momento en que se lo comunicaste. Ella cree que tú sabías que ella estaba bien en la relación, de manera que tu decisión le hizo mucho daño.
- Por eso le pedí perdón, digo disculpas.
- Ya, pero ahora vas tú y le dices que ella es responsable con su sufrimiento de que tú no estés todo lo bien que podrías estar.
- Hombre, dicho así...
- Jóder tío, que es una fomar muy egoísta de actuar...
- ¿Yo?
- A ver, parece que nada es responsabilidad tuya. Rompes la relación porque no puedes estar bien con ella, y ahora le dices que no puede sentirse mal por tu decisión porque si no te está castigando. No le dejas vivir su vida. Te permites el lujo de juzgar sus intenciones, y eso sólo lo hacen los muy egoístas.
- No veo que yo sea egoísta.
- Venga ya. No le permites que viva su vida como ella desea, ni contigo ni sin ti.
- ¿Para qué?
- Para saber cómo estaba.
- ¿Estaba bien?
- Al principio sí, luego no.
- Me imagino por qué...
- ¿Sí?
- Parece evidente...
- Para mi lo único evidente es que ella sigue sin perdonarme, y me está castigando con su desprecio. Creo que a la gente como ella los psicólogos las llamáis "pasiva-agresiva".
- Bueno, en tu caso lo llamamos "revistimización".
- Crees que mi ex es una victima?
- Técnicamente es una revictima.
- ¿Mía?
- Por supuesto.
- ¿Por haberla dejado?
- Te recuerdo que tomaste una decisión unilateral y también se queja de que la engañaste.
- Pero ya le pedí perdón.
- En primer lugar se ha de pedir disculpas, el perdón es lo que se da. Pero, ¿te perdonó?
- No, por supuesto que no. Ella prefiere vivir en el rencor
- Es difícil poder hablar de rencor cuando sólo ha transcurrido un mes, es poco tiempo. No creo que aún haya entendido, emocionalmente, lo que le ha sucedido.
- Yo lo único que quiero es que ella esté bien, que deje de sufrir.
- ¿Es eso lo que le dijiste?
- Li dije que yo no quiero que sufra, que para mi todo está resultando muy difícil y doloroso, y si ella no se sobrepone a la situación lo hace todo más difícil para mi.
- ¿Y querías que no se enfadara?
- Claro. Mis intenciones eran buenas.
- No. Yo todavía tengo sentimientos por ella, ¿es que no lo puede aceptar?
- Tú tomaste la decisión de manera unilateral, sin contar con ella hasta el momento en que se lo comunicaste. Ella cree que tú sabías que ella estaba bien en la relación, de manera que tu decisión le hizo mucho daño.
- Por eso le pedí perdón, digo disculpas.
- Ya, pero ahora vas tú y le dices que ella es responsable con su sufrimiento de que tú no estés todo lo bien que podrías estar.
- Hombre, dicho así...
- Jóder tío, que es una fomar muy egoísta de actuar...
- ¿Yo?
- A ver, parece que nada es responsabilidad tuya. Rompes la relación porque no puedes estar bien con ella, y ahora le dices que no puede sentirse mal por tu decisión porque si no te está castigando. No le dejas vivir su vida. Te permites el lujo de juzgar sus intenciones, y eso sólo lo hacen los muy egoístas.
- No veo que yo sea egoísta.
- Venga ya. No le permites que viva su vida como ella desea, ni contigo ni sin ti.
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