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miércoles, 16 de febrero de 2022

El libro de mis sueños

Hace mucho tiempo, cuando yo era un terapeuta joven, si es que en alguna ocasión lo llegué a ser, tuve el placer de atender a María, una mujer de mediana edad que había tenido que salir huyendo de su barrio de toda la vida después de denunciar los malos tratos de su marido y de que este y gran parte de su extensa familia le amenazarán de muerte.

En realidad fue una terapia breve, bastante breve, pero fue gracias a ella...

Económicamente no estaba en su mejor momento, de forma que sólo podíamos vernos una vez al mes, y esas sesiones se centraban básicamente en desahogarse emocionalmente de todo lo ocurrido. Cuando estábamos finalizando la segunda sesión, empezó a preocuparme la posibilidad de que nos pasásemos todo el tiempo haciendo lo mismo, reviviendo los traumas y no progresando significativamente, con el riesgo de convertir la terapia en un factor homeostático que no le permitiese avanzar...

Así que recurrí a una de esas opciones que siempre tenemos en la manga: escribir una carta a su ex marido.

- De lo que se trata es de escribirle una carta a José, a mano, una carta en la que le expliques todo aquello que necesites decirle. Luego, lo que hayas escrito lo introduces en un sobre, le pones un sello y en la siguiente sesión decidimos qué ritual hacer (en aquella época estaba muy de moda eso de los rituales en terapia, y yo era joven)

Y así acabamos esa segunda sesión. Al venir a la tercera me di cuenta, nada más abrirle la puerta de la consulta, que a María le había pasado algo. Algo bueno. Y ella me lo confirmó:

- Hace mucho tiempo que no me sentía tan bien, tan relajada.

- ¿Qué ha pasado?

- La carta. Escribí la carta que me dijiste y, aunque al principio fue arrasador, a medida que la escribía me iba sintiendo mucho mejor, más liberada, más en paz conmigo misma. Empecé a escribirla al día siguiente de nuestra sesión y no la acabé hasta hace una semana... Tenía mucha porquería que sacar - me dijo riendo - Y desde entonces duermo mejor, fíjate.

Os podéis imaginar el orgullo terapéutico que recorría mi venas, me debí de inflar como un pavo, como un pavo real. Una indicación mía había provocado un cambio positivo en alguien que sufría. Pero ahora venía la segunda parte de la intervención, EL RITUAL.

- Bueno, ahora llega la parte en la que hemos de cerrar todo esto. Con la carta que has escrito, en un sobre, tenemos que ver qué ritual hacemos para poder pasar pagina...

- No voy a poder hacer ningún ritual.

- ¿Por qué? - Os podéis imaginar mi cara de extrañeza -

- Porque se la he enviado.

Creo recordar que perdí los papeles y acompañe mi sorpresa sobre alguna valoración inapropiada sobre su estado mental, sobre su capacidad de razonar, y a saber qué mas. Yo ya me veía responsable de la muerte de esta mujer cuando el descerebrado de su marido la encontrase mediante las averiguaciones que fuese capaz de hacer mediante el matasellos o veta a saber qué. Pero, para mi sorpresa, María me observaba tranquila, y me decía que me estaba precipitando, que me tenía que tranquilizar... El mundo al revés, la paciente pidiendo al terapeuta que se tranquilice...

- No creo que me pueda encontrar por el matasellos - dijo riendo.

- ¿No? ¿Cómo que no?

- A ver, yo metí la carta en el sobre, le puse un sello y escribí su nombre en la parte delantera y el mío en el remite...

- ¿No pusiste la dirección?

- No, ¡qué va! ¿Para qué?

- ¡Entonces no le llegará nunca! - ningún ansiolítico podría haber hecho un efecto más rápido en mi que esas palabras que en ese momento me sonaron a gloria...

- Eso no es cosa mía. Eso es cosa del destino, ¿no crees? Hace poco vi una noticia en la que explicaban que a Camilo José Cela le llegó una carta en la que en la dirección sólo habían escrito "Don Camilo". Así que si a él le llegó, ¿por qué a José no le puede ocurrir lo mismo? Lo importante - recalcó - es la enorme tranquilidad que yo sentí al depositar el sobre en el buzón de correos. Desde que lo envié siento que soy otra persona...

Y después me dijo que no creía necesitar más mis servicios pero que como tenía mi teléfono, me llamaría en caso de necesitarlos. Y no he vuelto a saber de ella.

Desde entonces he seguido pidiendo a la gente que viene a terapia que escriba cartas de este tipo a personas con las que necesitan saldar cuentas pendientes, o decirles algo que nunca les dijeron o que no se atreven a decir en persona. 

Y a todas les pido que hagan como María, que la manden con el nombre de pila de la persona en cuestión en el sobre, y un sello. Esto es muy importante. Es una carta que hay que pagar por mandarla. Y como es una carta que gestiona correos, fantaseo con la idea de que todas las cartas que durante todos estos años han escrito muchas personas por indicación mía, llegan a un funcionario de correo que las tiene guardadas en una carpeta especial, y fantaseo que algún día se decida a publicar un libro con todas ellas...

Si eres ese funcionario, por favor, hazlo. 

domingo, 30 de mayo de 2021

El plan B

- Tengo la sensación de no haber tomado nunca decisiones por mi mismo, no he sabido qué es lo que quería hacer, lo que deseaba... y por eso siempre me he dejado llevar por las circunstancias o directamente he dejado que los demás decidiesen por mi. El ejemplo más claro que se me ocurre es el del trabajo. Estoy en el negocio familiar pero a mi nunca me ha interesado lo más mínimo esto. Lo hago más o menos bien, más menos que más... pero no tengo otra opción y no me veo haciendo otra cosa.

- ¿Y cómo te hace sentir verte así? 

- No me gusta. 

- ¿Qué te impide cambiar? 

- No tengo plan B. 

- ¿Qué quieres decir? 

- No sé, oígo a todo el mundo decir que tiene un plan B, un plan en la recámara por si el plan A le sale mal. Supongo que eso les da seguridad... Si falla el plan A siempre pueden recurrir al plan B. Pues yo no tengo plan B. 

- ¿Qué es para ti un plan A? 

- Bueno... supongo que es el plan que ilusiona, aquel plan por el que luchan a pesar de la incertidumbre, teniendo la seguridad de que cuentan con un plan B que le hace de red de seguirdad... 

- ¿Tú tienes un plan A? 

- Supongo que sí. El trabajo en el negocio familiar... 

- Ah... pensé que el plan A era ilusionante... 

- ¿Qué quieres decir? Que según lo que tú me has dicho, el plan A es aquel por el que se lucha, aquel que ilusiona... 

- ¿Y?

- Que, y sigo citando lo que tú me has dicho anteriormente, para ti trabajar en el negocio familiar no es algo ilusionante, por lo que no me parece que sea un plan A... 

- ¿Qué plan tengo entonces? 

- Parece que sólo tienes un plan B. El plan B es la opción conformista, ¿no? 

- Sí. Ya veo... 

- Si centras tu atención en buscar un plan más conformista que el que y tienes... 

- No resulta muy motivador, ya... 

- ¿Y qué es lo que te ilusionaba cuando eras más joven?

jueves, 28 de febrero de 2019

¿Cómo va a ir mi terapia?

- Basándote en tu experiencia, ¿crees que puedo salir de este embrollo?
- Depende.
- ¿De qué?
- De factores circunstanciales y de otros actitudinales. Mira, he visto a personas en situaciones mucho más graves y complicadas que la tuya salir adelante, superar la crisis y seguir con su vida.
- Entonces crees que tengo muchas posibilidades de superar todo esto, ¿no?
- Como te he dicho antes, depende. También he visto a mucha gente que teniendo situaciones menos comprometidas que la tuya y con muchos recursos no conseguirlo y hundirse en una miseria más profunda.
- Joder, ¿y qué tuvo la culpa de que no saliesen adelante?
- Bueno, la pregunta que te deberías hacer es por qué consideras que la culpa no fue suya en el segundo caso que te he dicho.
- Bueno, como has dicho que lo tenían más fácil he pensado que tendría que haber ocurrido algo muy gordo para que no salgan adelante, ¿no?
- Tal vez eso es porque tendemos a sacar factor común centrando nuestra atención en las circunstancias, y tal vez deberíamos extraer factor común centrándonos en factores actitudinales.
- ¿Actitudinales?
- Por supuesto. Quien quiere estar bien y considera que vale la pena (o la alegría), se esfuerza a pesar de las circunstancias y lo logra. También hay quien aprovecha cualquier pequeño inconveniente del camino para justificar su deseo de abandonar la lucha.
- Ya veo. (...) ¿Cuál de los dos tipos crees que soy yo?
- No tengo ni idea.
- ¿No?
-  ¿Cómo quieres que lo sepa? Yo no soy adivino. Depende de lo que muestres veremos qué camino deseas emprender.
- ¡Yo quiero estar bien!
- Y yo que me lo demuestres.

Photo by Peter Vanosdall on Unsplash
Dedicado a Rubén y su pareja ;)

sábado, 26 de enero de 2019

1/168

- La suerte es de quien la aprovecha, y tú la has aprovechado al máximo.

- Sí, pero si no hubiese sido por vosotros no lo habría conseguido.

- Gracias pero, si eso fuese así, nuestra intervención funcionaría con todo el mundo, ¿no te parece? entonces tendríamos que sentirnos responsables de aquellas personas a las que la terapia no ha funcionado. Como te he dicho, ha coincidido la oportunidad con tu deseo de estar bien.

- Ya, pero cuando empecé no estaba bien. Gracias a lo que trabajamos he ido saliendo adelante y me he sentido mejor. Ahora veo como estaba y alucino.

- Por supuesto, ha sido un trabajo encomiable. Como te explicamos en la segunda condición innegociable, esto ha funcionado por el principio de Arquímedes: hemos buscado un punto de apoyo y tú has movido tu mundo.

- A eso justamente me refiero, sigo sin verlo como tú. Yo no tengo la sensación de haber movido nada.

- ¿No? ¿Y quién lo hizo? ¿Tu hada madrina?

- ¡Vosotros! El tratamiento es lo que me ha ayudado...

- ¡Exacto! Te ha ayudado. pero lo has hecho tú. Fíjate un momento... Piensa en el principio de la terapia, ¿con qué frecuencia nos veíamos?

- Una vez a la semana.

- Correcto. ¿Te has parado a pensar en la proporción que eso resultaba en tu vida? Ya veo que no... Pensemos un segundo ya hagamos un cálculo rápido. Una sesión de una hora de psicoterapia a la semana, ¿qué proporción resulta?

- Pues una entre todas las horas de la semana que son...

- 168.

- Sí creo que sí...

- Entonces, al principio del tratamiento, cuando tú dices que estabas peor y que más ayuda necesitabas y más significativa resultó para ti la terapia... la proporción era de 1 hora cada 168. O sea, por cada hora de terapia que recibías, estabas 167 horas luchando tú sola. ¿Intentas convencerme de que las 167 horas en las que reflexionabas, aplicabas, contrastabas y afrontabas todo lo que hablábamos en la sesión son menos importantes o significativas que la hora de terapia que pasábamos juntos?

- Es que visto así...

- No sé cómo lo quieres ver si no.

-Bueno... yo lo que sé es que me siento muy agradecida.

- Eso es muy diferente. La verdad es que ha sido un placer verte crecer ante las adversidades.

Photo by Samuel Zeller on Unsplash

martes, 7 de noviembre de 2017

No estudies psicología (si deseas ser psicoterapeuta)

Con el paso de los años cada vez son más las personas que contactan conmigo para que les asesore sobre qué pueden hacer para llegar a ser psicoterapeutas y la verdad es que el panorama es cada vez más desolador.

A quienes ya han iniciado el grado de psicología les recomiendo mucha paciencia. En primer lugar porque está diseñado para destruir la ilusión de cualquiera que se plantee trabajar de esto. En segundo lugar porque el panorama que se abre ante ellas cuando acaban el grado es desolador. El máster de Psicología general sanitaria es una estafa que lo único que busca es recaudar dinero para las universidades y la colocación de profesores que no saben de psicoterapia. Por cierto, los mismos profesores que dan asignaturas en las carreras y que, en un alto porcentaje de casos, no han visto una terapia en su vida... Bueno, a menos que hayan ido al cine o hayan visto alguna serie de tv en la que se muestre alguna.


A partir de aquí, puedes hacer otro máster de especialización o estudiar el PIR. Sobre la segunda opción no pienso ni hablar. Es un insulto a la inteligencia y a la más mínima decencia lo que están haciendo con los aspirantes a PIR y con la "formación" a la que les someten. Sobre los masters... ¿Qué puedo decir? En el mejor de los casos les salva la parte práctica, que curiosamente es la que los directores de los masters desprecian continuamente. Pensad que en la mayoría de casos los centros de prácticas no cobran ni un duro (los centros de prácticas del grado de psicología mucho menos). Hasta hace unos años tenía referencias, y alguna experiencia, de algunos masters que me parecían mínimamente recomendables. Hoy día sólo recomiendo a los que considero menos malos, y siempre centrando la atención en las prácticas...

Y en todo esto, no te enseñan a qué hacer con alguien que sufre. Así que cuando acabas tu formación casi a los treinta años, en la gran mayoría de los casos tienes que hacerte autónomo, pagar un montón de impuestos, un colegio profesional que no sirve para casi nada, y aguantar hasta que consigas un poco de estabilidad, luchando contra un intrusismo profesional descontrolado.

Vamos, un panorama de desprotección que quita el ánimo.

Pero, ¿y si no has comenzado el grado de psicología? Mi respuesta es muy sencilla:

¡¡¡No estudies psicología!!!

¿Qué te recomiendo que estudies? Si quieres tener estudios reglados estudia medicina. Con esta carrera puedes acceder a cualquier máster de psicoterapia. Tienes una formación mucho más completa, seria, y con garantías. Una formación que además te da conocimientos de farmacología y muchas más posibilidades de intervención.

Si no quieres tener formación académica, es más fácil todavía. Haz un curso de alguna terapia natural y lanzateal mercado laboral como autónoma. Nadie te pedirá nada. Te podrás continuar formando como coach y nadie te controlará (de momento). Luego, si eso, ya podrás estudiar algo más reglado. Siempre que te haya gustado la profesión, claro está...

Pero no estudiéis psicología. No os dejéis engañar...


martes, 14 de marzo de 2017

La caja de herramientas

Todos disponemos de una caja de herramientas del mismo tamaño para enfrentarnos lo mejor posible a las circunstancias que nos plantea la vida y a las que nos empeñamos nosotros mismos en enfrentarnos.


Lo que nos diferencia son una serie de detalles que pueden resultar muy significativos:

- Cada cual tenemos una herramienta preferida. Aquella con la que nos sentimos más cómodos. Lo que nos diferencia es que una cosa es tener una preferencia y otra es no plantearse la posibilidad de utilizar otras. No sé si fue Mark Twain o Maslow quien dijo "si tu única herramienta es un martillo resolverás todos tus problemas a martillazos". Creer que hay una herramienta universal que sirve para solucionarlo todo no sólo es erróneo, resulta peligroso. Más aún en el caso de aquellas personas que se sienten orgullosas de ello y se reafirman públicamente diciendo eso de "yo soy así, y no pienso cambiar", como si el orgullo por ser estúpido fuese algo de lo que presumir...

- Podemos incorporar nuevas herramientas de las que veamos en nuestro entorno. Todos nacemos con una "caja genética" y nuestro entorno familiar nos ayuda a ampliarla. Pero luego la actitud que tengamos en diferentes etapas de nuestra vida nos ayudará más o menos a ampliar la variedad. Personas con una actitud más abierta acostumbran a tener más herramientas que personas con actitudes más cerradas.


- Hay quien concede a sus herramientas un poder casi mágico, otorgando el mérito de casi todo lo bueno que le ocurre a las herramientas que sabe manejar. En cambio, hay personas que sin ser arrogantes saben que las herramientas ayudan, pero lo importante es el cerebro de quien las maneja. Los primeros viven obsesionados con el cuidado exhaustivo de su caja, los segundos centran su atención en sus necesidades y en las de su entorno.

Recordemos que no somos las herramientas que tenemos, sino las que sabemos utilizar adecuadamente...

lunes, 6 de febrero de 2017

¿Qué significa "no lo sé"? (y cómo cuestionarlo...)

Las sesiones de psicoterapia se dan en un contexto relacional que se fundamenta en el arte de preguntar y de contestar. Generalmente quien pregunta es la terapeuta y una de las respuestas más frecuentes es "no lo sé" o la variante reducida "no sé".


¿Qué significa esta respuesta? Generalmente que no sabe qué responder. Y eso es muy bueno. ¿Por qué? Porque cuando no sabemos qué hemos de responder nos vemos obligados a pensar en una respuesta que dar, generalmente una respuesta nueva, creativa, con posibilidades de equivocación y, por tanto, con posibilidades de aprendizaje.

Pero no seamos tan optimistas. La mayoría de las personas que responden "no lo sé" están contestando preguntas en la variante Pasapalabra. Esto es, respuestas rápidas y concisas a la espera de que se les conceda un premio. ¿Qué premio? La resolución de su mal, de su dolor, de su conflicto... sin hacer nada.

Por eso es importante interpelar a nuestro interlocutor cuando nos contesta "no lo sé". Si nos conformamos con esta respuesta estamos llegando a un callejón sin salida comunicacional que no nos aporta nada y que lastrará todo lo acontezca luego.

Es muy útil en estos casos quedarnos en silencio esperando a que piense. Sí, lo sé, el silencio es muy provocador para muchas personas, se pueden sentir cohibidos o apremiados, pero no hemos de perder de vista que la oportunidad de dar con una respuesta nueva, una posibilidad diferente, una opción de aprendizaje vale tanto la pena que podemos el correr el riesgo de parecer inquisitivos.

¿Por qué no lo sabes? ¿No lo quieres saber/averiguar/suponer? ¿Por qué te resignas a permanecer ignorante sobre esta cuestión? ¿Tanto poder tiene el miedo que prefieres no pensar?

lunes, 17 de octubre de 2016

Tipos de Cambio Terapeútico

- Algunos psicólogos, los que trabajamos desde perspectivas más breves, entendemos que el cambio es la forma que tenemos las personas de superar las crisis circunstanciales de la vida. Entendemos que hay tres tipos de cambio ante una crisis. Por ejemplo, decimos que un cambio es de Tipo I cuando en sí mismo no provoca una solución de la crisis si no que, con este cambio favorecemos que la crisis cambie de nivel, ayudando a sí perpetuarla o enquistarla...
- Seria un cambio... ¿homeostático?
- Sí, un cambio equilibrante. Luego tenemos los cambios de Tipo II, que son aquellos que al aplicarlos se produce un cambio en la naturaleza de la crisis, y por ello suponen su superación. Vamos, que el problema deja de serlo.
- Bien...
- Pongamos un ejemplo, no es mío, es de Watzlawick, que era un genio. Imagínate que tienes una pesadilla en la que intentan matarte. ¿Qué haces?
- Supongo que huir o enfrentarme, depende de quién lo intente, ¿no?
- De acuerdo. Cualquiera de esas dos opciones es un cambio tipo I, porque no te permite salir del problema. Huir o enfrentarte no cambia el hecho de que intenten matarte. Tampoco si gritas, buscas ayuda o te dejas matar...
- Aja...
- Pero si de lo que hablamos es de hacer un cambio Tipo II, tendrías que...
- ¿Despertarme?
- Correcto. Si te despiertas ya no hay pesadilla. Si no hay pesadilla, ya nadie intenta matarte.
- Claro. Pero... Antes me has dicho que hay tres tipos de cambio y sólo me has explicado dos. ¿cuál es el tercero?
- Bueno, a ese le llamamos el cambio tipo 0.
- ¿Tipo 0?
- El no cambio. Es la actitud resignada que tienen algunas personas ante los problemas que le agobian. Viven esperando que alguien le solucione el problema, o peor aún, esperando que se solucione sola... ¿Es este tu caso?


lunes, 28 de marzo de 2016

¿Por qué tengo ansiedad?

El miedo es necesario en nuestras vidas porque nos ayuda a mantenernos con vida. Si vemos un estímulo peligroso sabemos que tenemos que huir (lo más sensato) o enfrentarnos (si creemos ser Chuck Norris) pero, ¿cuántos estímulos peligrosos hacemos frente en nuestro día a día? Pocos, por no decir casi ninguno. Hoy en día, según donde vivas, nadie piensa que vaya a ser atacado por un asaltante o por un animal peligroso, de forma que hemos tenido que adaptar nuestra forma de vivir y sufrir el miedo.

Vivir en sociedad es lo que nos hace sentir seguros si exceptuamos el riesgo de accidentes, catástrofes o enfermedades, pero al mismo tiempo nos genera nuevos problemas a los que, a priori, no estamos fisiológicamente preparados, como por ejemplo adaptarnos al estatus o lugar que ocupamos en nuestra comunidad.

Hasta no hace mucho tiempo, unos pocos años, ese estatus social nos indicaba el nivel de protección al que teníamos derecho, mediante el acceso a alimentación, seguridad o salud pública. A mayor estatus, mayor acceso. Había personas que en determinados momentos podían trascender las barreras sociales y subir de estatus, pero la mayoría se resignaban a vivir como les había tocado. Y la resignación proporciona mucha seguridad de que el futuro no va a cambiar.
Actualmente casi nadie tiene percepción de riesgo vital inmediato, salvo en los casos excepcionales que he mencionado antes; tampoco estamos muy atentos a nuestro estatus social a menos que estemos por debajo de lo que deseamos, y lo que nos proporciona más incertidumbre, que no es más que una forma de miedo, son las relaciones en las que vivimos.

Las relaciones que mantenemos son de dos tipos: las heredadas y las escogidas. Se supone que las segundas implican más responsabilidad que las primeras por el hecho de ser consecuencia de una elección personal, pero en verdad ambas nos provocan problemas. Cuando no tenemos que preocuparnos por nuestra supervivencia ni por nuestro estatus social, nos preocupamos de nuestras relaciones, que no es lo mismo que ocuparse bien de ellas...

Las relaciones nos alteran cuando deseamos (o alguien desea) controlarlas. La búsqueda de control de una relación produce tensiones a las dos partes, a quien desea controlar y a quien busca no ser controlado. Da igual si la relación es familiar, profesional, de amistad o de pareja. Evidentemente la ansiedad es más intensa cuanto más cercana es la relación.

En muchas ocasiones lo que nos ocurre es que no somos conscientes de ello y nos acostumbramos a la tensión que nos genera una determinada relación, aprendemos a vivir con ella como si de una carga pesada se tratara, y cuando sucede algo nuevo, un acontecimiento que no esperábamos, nos sentimos desbordados y es entonces cuando nos damos cuenta de la ansiedad que sufrimos. De esta manera atribuimos a este suceso "la culpa" de nuestra ansiedad con frases del tipo "Todo iba bien hasta que..." o "Ha sido la gota que colmó el vaso".

Y claro, somos conscientes de la gota que colma el vaso pero no prestamos atención a todas las gotas que previamente lo llenaron.

Todo proceso de terapia conlleva un trabajo sobre las relaciones significativas en cualquier área que mantiene la persona. En ocasiones este trabajo provoca tensiones que ponen a prueba la solidez y la flexibilidad de la relación. Obviamente estas tensiones no son siempre bienvenidas...

Por tanto, y sin ánimo de alargarme más, la respuesta a la pregunta que encabeza este texto se responde sola: En un alto porcentaje de los casos tenemos ansiedad a causa de las relaciones que mantenemos, a los esfuerzos excesivos que realizamos para controlarlas, manipularlas o evitar que otro lo haga. La ansiedad suele ser la respuesta fisiológica a un sufrimiento relacional.

domingo, 13 de marzo de 2016

Escalamiento descendente (y degradante)



Después de hablar contigo me viene muy crecidita y bastante arrogante.
Viene tan crecidita (y arrogante) porque se siente muy reforzada.
Se siente reforzada porque tú la apoyas, ya que es incapaz de hacer las cosas por ella misma.
Es incapaz de hacer las cosas por ella misma porque tiene la autoestima muy baja.
Tiene la autoestima tan baja porque es incapaz de tomar buenas decisiones.
No es capaz de tomar buenas decisiones porque la paraliza el miedo a equivocarse.
El miedo a equivocarse lo adquirió porque los errores que continuamente cometía eran intolerables para quienes la queremos bien.
Su errores nos resultaban intolerables porque tenemos responsabilidades inexcusables, de las de verdad, no como ella...
Nuestras responsabilidades resultan inexcusables porque para nosotros son una prioridad.
Nuestras prioridades las marcamos nosotros porque sabemos lo que le conviene.
Sabemos lo que le conviene porque ella no sabe nada de la vida.
Ella no sabe nada de la vida porque nosotros la hemos protegido del sufrimiento.
La hemos protegido porque la queremos, aunque eso implique sufrimiento.
Sufrimos por amor.
La queremos y deseamos lo mejor para ella.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Procesamiento cognitivo concreto

Espinoso es una persona de muy pocas palabras, no porque sea tímido, no, más bien es porque no se siente cómodo con ellas. No las concibe como elementos con los que jugar para construir nuevas posibilidades, para expresar con mayor tino sus impresiones, sus sentimientos, sus ilusiones... Para él las palabras implican riesgos, de equivocarse, de no acertar, de quedar en ridículo, de avergonzarse, de no ser entendido, pero nunca ve las posibilidades. Por eso sus respuestas son cortas, si puede monosilábicas, si puede hasta onomatopéyicas. Así ha descubierto que no se equivoca, aunque nunca acierta.
El principal motivo de orgullo de Espinoso es su novia Margarita. Cuando les ves juntos no puedes evitar pensar qué hacen juntos. Margarita es una chica muy sociable, divertida, su presencia llena la sala con naturalidad, y además es muy guapa.
Espinoso no es guapo. Pero tiene una novia guapa. Y simpática. Y no quiere que le deje.
Por todos esto motivos conocemos a Espinoso. Margarita le ha dicho que no puede seguir la relación si él sigue consumiendo cocaína.
No puede entender los motivos que ella le da. Él sólo quiere pasárselo bien con los amigos de vez en cuando, alguna fiesta que otra. ¿No trabaja duro entre semana en la fábrica? ¿No pasa horas con ella y su familia y amigas? ¿No soporta continuamente los aduladores que se acercan a Margarita? ¿No se merece un premio? Pero el premio no compensa perder a Margarita. Él sabe que ella es su única oportunidad, que no puede aspirar a conseguir otra así, y por eso la ha de mantener a cualquier precio.
Ella dice que se siente desplazada, que últimamente prefiere pasar más tiempo con la cocaína, bebido y con sus amigos y no con ella. Espinoso cree que no se puede estar celosa de una sustancia, pero no tiene gruñidos suficientes con los que resultar convincente. Así que hará lo que ella desea, ha aceptado ir al psicólogo para dejar la coca.
Pero una cosa es dejar la coca y otra es convertirse en monje de clausura. ¿Qué es eso de dejar de beber alcohol? Nadie le avisó de eso. ¿Qué tiene que ver el alcohol con la coca? Él sólo consume coca muy de tanto en tanto, y alcohol... Bueno, alcohol sólo bebe lo normal.
Además, la psicóloga es como Margarita. Habla, habla y habla y él no encuentra monosílabos ni gruñidos suficientes con los que expresarse. Las visitas de terapia le hacen sentir desbordado y cuando le acompaña Margarita, se siente en fuera e juego porque ve que entre ellas se entienden.
Lo que no saben ni la psicóloga es que él tiene un plan: De momento les hace caso porque se ha dado cuenta que no puede luchar contra la dinámica que se ha dado. Y sí, va a dejar la cocaína para siempre, es cara, le cuesta mucho recuperarse después, pero el alcohol...
De momento no beberá. Pero él sabe que no es alcohólico, por mucho que los psicólogos, médicos y enfermeras del mundo le digan. ¿Cómo van a tener razón cuando él se conoce tan bien? La palabrería no puede vencer a la convicción personal. Eso es lo único que no le agrada de Margarita,que siempre da más veracidad a cualquier charlatán que a él, que siempre le ha demostrado todo lo que ha dicho (porque ha dicho poco realmente)
La pregunta que nos hace hervir las ideas es cuánto tiempo tardará en explotar la siguiente crisis...

www.el-angel.com

lunes, 21 de septiembre de 2015

El respeto en terapia

Un proceso de psicoterapia se da entre dos personas, y es responsabilidad de ambas que este proceso avance hacia cambios significativos en la vida de la persona que solicita ayuda. Esta responsabilidad es conocida técnicamente como alianza terapéutica.

¿Cómo se trabaja la alianza terapéutica?

La verdad, por dura que suene, es que no tiene que ver tanto con la calidad del profesional como con las ganas de estar bien de la persona que acude a terapia, con lo ayudable que sea.

¿Qué entendemos por persona ayudable?

Aquella que demanda ayuda, no la exige.

¿Cómo lo diferenciamos?

La persona que demanda ayuda acepta la posibilidad de que no se la pueda ayudar, o que la ayuda que le puedan brindar no sea la que esperaba en un primer momento. La persona que exige ayuda no da la oportunidad de que se le niegue la ayuda o no sea en los términos que desea.

¿Un ejemplo?

La persona que demanda ayuda suele ser humilde en su petición y agradecida. La persona que exige no es humilde y siempre pone condiciones de cómo necesita ser ayudada. Basta un pequeño ejercicio de imaginación para identificarlo. Imagina que tú eres oncólogo/a y que esta persona viene a verte porque tiene un pequeño tumor. Cuando le informas del tratamiento (cirugía + quimio/radio) te dice que lo que él necesita es Reiki, y que si tú eres bueno/a en tu trabajo, lo harías.

¿Por qué no funciona la terapia con una mala alianza terapéutica?

Por el respeto. Concretamente por la falta de respeto. Una persona que exige, no es agradecida y siempre plantea condiciones es una persona egoísta. El egoísmo es una falta de respeto hacia los demás, pero sobre todo es una falta de respeto hacia uno mismo porque cierra puertas a medio y largo plazo. Ningún tipo de relación puede salir adelante sin respeto.

¿Es esto aplicable sólo a la psicoterapia?

No. Es aplicable a todo. Lamentablemente es algo que olvidamos continuamente y que nos lleva a querer ayudar más allá del límite de ayudabilidad de la persona.

Y así nos va...

lunes, 25 de mayo de 2015

El Rey Sol

- La convivencia se me hace muy dura con él. Al principio parece una persona afable, sencilla, pero a medida que lo vas conociendo te das cuenta que no, que todo es una lucha, ¡todo! Y claro todo eso resulta muy cansino.
- ¿Cuánto tiempo lleváis de relación?
- Seis años y medio.
- ¿Cuánto hace que estás cansada?
- Creo que la situación se me empezó a volver insoportable hace tres años.
- ¿Volver insoportable?
- Sí, al principio todo es de rosa, maravilloso, como todas las parejas, pero luego empiezas a darte cuenta de que no todo es así y se comienza a deshacer el espejismo.
- ¿Y eso pasó en tres años?
- Sí. Yo recuerdo que un día habíamos tenido un roce, uno de tantos, y que yo estaba un poco afectada, supongo que porque ese roce lo tuvimos delante de unos amigos y eso no me gusta. Entonces uno de sus mejores amigos me vio seria y me dijo que entre ellos le llamaban "el Rey Sol".
Cuando le pregunté por qué le llamaban así, me dijo que porque siempre quería tener la razón y era el que creía saber más.
- Vaya. A mi me suena más a que desea ser el centro de atención constantemente.
- Claro. Pero de eso me di cuenta luego, porque él no lo hace de manera evidente, es muy sutil.
- ¿Cómo lo hace?
- Lucha por todo, por todo. No hay detalle en el que se rinda. Supongo que eso es lo que le ha llevado al punto profesional en el que se encuentra, es uno de los abogados más conocidos en su especialidad.
- ¿Cómo lucha?
- Tenazmente, hasta las últimas consecuencias. A veces no sabe parar y te avasalla y no te deja respirar hasta salirse con la suya, por agotamiento. Pero al principio no era así, era más sutil aunque igualmente tenaz.
- ¿Cómo?
- Al principio era como el Guadiana. Sacaba los temas cada cierto tiempo, desde diferentes puntos de vista y como quien no quiere la cosa, buscando pillarte con la guardia baja para que cediese o para que le diese un nuevo matiz con el que negociar en el futuro.
- ¿Por qué no le paraste los pies?
- Porque no te das cuenta. Piensas que es una persona segura de sí misma, cuando en realidad no es más que un rígido de mierda que no sabe adaptarse a las necesidades de los demás. Lo que sí que sabe hacer, y ahora me he dado cuenta de ello, es hacer que los demás hagan suyas sus necesidades, supongo que por eso insiste tanto, acaba confundiéndote. 
- ¿Y cómo lo vas a hacer?
- No lo sé. Si es así en pareja, como supuesto aliado, no quiero pensar qué debe ser capaz de hacer como enemigo. No tolera fracasos, y que yo le deje no es una opción, porque ya se separó de una mujer y la volvió loca, literalmente. ¿Algún consejo?
- Te diría que antes de pedir audiencia para hablar con el Rey Sol busques un buen abogado, uno que no le tenga miedo, así estarás asesorada y sabrás qué te conviene decir, hacer y que no.
- Eso me costará mucho dinero...
- ¿Vale la pena? Porque uno necesita muchos recursos para distanciarse del poder gravitatorio de un Astro como este, y ese dinero te lo puedes gastar en abogados o en salud física y mental.

lunes, 2 de marzo de 2015

Resolver el rompecabezas del problema

- ¿Cómo lo harías?
- La mejor opción es siempre aquella que es más sencilla, menos dolorosa y más efectiva.
- ¿Cuál es esa?
- Yo lo haría como si resolvieses un rompecabezas.
- ¿Cómo?
- ¿Nunca has resuelto un rompecabezas?
- No tengo la paciencia necesaria...
- ¿Nunca has resuelto un rompecabezas por pequeño que sea?
- Supongo que sí, yo qué sé...
- No es necesario que lo hayas hecho, vamos a ver... Si yo te pido que resuelvas un rompecabezas, ¿Cómo lo harías? Quiero decir, yo te pongo todas las piezas tiradas por la mesa y tienes que formar una imagen con ellas, ¿Qué es lo primero que harías?
- No sé... Supongo que buscarías las piezas de los bordes...
- Correcto. ¿Por qué? ¿Por qué no buscar piezas del centro que formen una imagen y desarrollar la imagen hacia fuera?
- Supongo que lo que pasa es que sólo hay un tipo de fichas del borde y así das un marco de referencia, ¿no? todo el resto de fichas del puzle tienen que caber dentro. De la otra manera no sabes cómo de grande es el puzle...
- Estoy de acuerdo. Los bordes del puzle dan la referencia al contenido. Si tienes que pasar esto al problema que me explicas, ¿Cómo lo harías?
- ¿Cómo busco las piezas exteriores de mi problema?
- Tal y como yo lo veo puedes buscar en la parte exterior o profunda del problema...
- Entonces tengo que empezar por la superficie... Así sabré donde finaliza el problema, ¿no?
- Correcto. La mejor solución es siempre la que va desde lo superficial a lo profundo. Así también podrás acostumbrarte cada vez mejor a la profundidad y verás mejor los detalles, ¿No te parece?

lunes, 26 de enero de 2015

El secreto en terapia

- La sexta condición innegociable para realizar terapia es que lo que hablamos en terapia no se puede hablar fuera de aquí.
- ¿Es secreto?
- Sí.
- ¿Por qué?
- En mi experiencia, cuando se comenta el contenido de las sesiones con otras personas, el proceso de terapia se ve seriamente afectado. ¿Por qué? Yo necesito saber lo que tú piensas, lo que tú crees, no lo que creen o piensan los demás. Como te he comentado antes, si quieren saber, que vengan.
- Ya... Pero, ¿y si lo que yo creo resulta ser inexacto o no cierto?
- ¿Cuál es el problema?
- Que si me equivoco en lo que digo o en mis opiniones también se verá afectada la terapia, ¿no?
- No, y no tanto como con las interferencias de los demás.
- ¿Por qué?
- Porque este es tu espacio, para lo correcto y para lo incorrecto, en lo bueno y en lo malo. Además, cuando te equivocas aprendes, cuando se equivocan los demás y no lo sabemos, no aprendes nada.
- Ya... ¿no puedo comentar nada de nada?
- Mejor que no. Y si me estás preguntando por personas en concreto, con tu pareja menos todavía.
- ¿Por qué? Todo lo que hace lo hace por mi bien, porque me quiere...
- Bueno, si quiere saber sobre lo que hablamos, que venga un día a sesión contigo. Pero, querer saber de algo sin participar en el proceso no me parece de buena voluntad, me parece manipulativo.
- ¿Y si me insiste mucho?
- Niégate mucho.
- Ya, pero...
- Mira, si quieres escurrir el bulto, puedes decirle que te lo he prohibido yo. Y te aviso, si se enfada porque no le explicas nada de tu terapia, es que lo estás haciendo bien.

lunes, 18 de agosto de 2014

Procurar

Desde hace mucho tiempo he mantenido una relación de ambivalencia con la palabra INTENTAR ya que por un lado es una palabra por la que no siento excesiva simpatía y por otro lado es una palabra que he utilizado con mucha frecuencia. Permitidme que me explique.
Mi rechazo por esta palabra es anterior a que comenzase a trabajar de psicólogo, me suena a justificación por lo ocurrido "al menos lo intenté" o de prejustificación ante el futuro "lo intentaré". Pero ya bien sea por desidia o por ignorancia, no dejé de utilizarla, y la incomodidad con la que la expresaba empezó a ser evidente. ¿Cómo puedo decirle a la gente que deje de hablar de intentar cuando luego yo utilizo esta palabra para definir aquellos actos que deseo llevar a cabo? Tenía que buscar una palabra que se ajustase mejor a lo que deseo decir pero claro, la vagancia a veces me puede...
Con este conflicto lingüístico-existencial me encontraba yo estos últimos meses cuando no hace mucho, por serindipia, encontré una palabra que me gustaba más. ¿Qué palabra es? PROCURAR.
Me gusta esta palabra, todo me gusta de ella. La busqué en el diccionario de la RAE para asegurarme y la definición me encantó: "Hacer diligencias o esfuerzos para que suceda lo que se expresa" 
Básicamente significa "Haré lo que pueda". Me encanta. Y si la analizamos con un poco más de detalle veremos que la podemos dividir en dos "PRO - CURAR" y llegados a este punto, me rendí. Una palabra que expresa el deseo de CURAR, de superar el obstáculo, de vencer y convencer lo que se desea para sentirse uno mejor (CURADO). 
Ahora estoy en esa dura fase en la que intento no pronunciar la palabra acostumbrada y procuro (¿veis?) utilizar la nueva? 
Será duro, como todo cambio de costumbres, pero creo que valdrá la pena y me hará un poco más coherente con lo que deseo trasmitir.

lunes, 4 de agosto de 2014

Tercera condición innegociable

- La tercera condición innegociable de terapia es que yo no voy a ser Moisés. ¿Esto qué quiere decir? Yo no voy a descender desde lo alto del Monte Sinaí con los mandamientos de lo que has de hacer en tu vida.
- Ya...
- Lo que sí que voy a pedir es que seas una especie de Arquímedes, buscaremos puntos de apoyo para que tú puedas mover tu mundo.
- A eso he venido, a que me digan cómo hacer las cosas que necesito hacer para estar bien.
- En el mejor de los casos yo sólo te indicaré algunos puntos de apoyo.
- No sé si te estoy entendiendo...
- Utilizaré otra metáfora, ¿te gusta el montañismo?
- Algo he hecho...
- Bien, ¿cómo crees que es más fácil subir una montaña, con bastones o sin ellos?
- Hombre, creo que es más fácil con bastones...
- ¿Por qué?
- Supongo que porque repartes el esfuerzo entre más partes del cuerpo.
- Correcto, pero paradójicamente llevas más peso, ¿verdad?
- Sí, claro, pero es más fácil...
- Fíjate que además el bastón en ningún momento tira de ti, eres tú quien tira de él porque no tiene ningún sistema de propulsión que facilite tu ascensión.
- No, claro, el esfuerzo tienes que hacerlo tú mismo...
- Pues mira, el proceso de terapia que deseas iniciar no es más que un bastón sobre el que apoyarte para poder realizar los cambios necesarios para poder vivir tu vida de manera diferente a como lo haces ahora. Pero si no avanzas en ninguna dirección no encontrarás puntos de apoyo diferentes en los que apoyar el bastón.

Cortesía de Carla Pijoan - http://cargocollective.com/carlapijoan

Si deseas conocer la primera condición innegociable...




domingo, 22 de junio de 2014

Tipos de personalidad

- ¿Qué es la personalidad?
- Supongo que es aquello que te define como persona, lo que te da una identidad que cohesiona todas las variables de tu persona y te permite relacionarte con los demás. Es una definición muy poco académica, lo sé, si la quieres mejor pregunta a un profesor de la facultad.
- ¿Hay tipos de personalidad? ¿Alguna teoría?
- Y tanto que sí, hay muchas clasificaciones realizadas por diversos psicólogos, psiquiatras, filósofos, médicos, religiosos, curanderos, chamanes y cualquiera que se atreva a realizar una.
- ¿Cuál es la buena?
- No creo que ninguna sea buena. Las personas somos demasiados complejas como para sintetizarlas en una tipología concreta. Aparecen tipologías que desbancan a las antiguas, algunas se ponen de moda por novedosas y luego se extinguen por inútiles, otras aparecen y llaman la atención por alternativas a la que predomina, y siempre hay aquellas que de raras y peculiares te aportan información útil.
- ¿Las conoces todas?
- No, ni lo pretendo. Sólo recuerdo unas pocas y que sean útiles.
- ¿Útiles?
- Una teoría o una tipología ha de ser útil para que le dedique espacio mental y la pueda utilizar en mi trabajo. Si no es útil es un divertimento, y de eso ya tengo fuera de mi profesión.
- ¿Qué teoría o tipología utilizas tú?
- La de Theodore Millon, que es muy parecida a la que propone la APA en los sucesivos DSM.
- ¿Qué tipos de personalidad dice esta teoría que hay?
- Afirma que hay unos once tipos de personalidad que se agrupan en tres clusters o grupos. El grupo A recoge las personalidades ESQUIZOTÍPICA, ESQUIZOIDE y PARANOIDE; el grupo B recoge las personalidades NARCISISTA, HISTRIÓNICA, LÍMITE, PASIVOAGRESIVA y ANTISOCIAL y el grupo C recoge las personalidades COMPULSIVA, DEPENDIENTE y FÓBICA.
- ¿Por qué se les llama grupos A, B y C?
- No tengo ni idea. Lo importante de esta clasificación es que es muy útil para mi trabajo, y en algunos momentos ha sido muy útil para mi vida, porque cada grupo hace referencia a las emociones que transmite el tipo de personalidad en los otros. Analizando lo que te suscita la persona con la que hablas puedes llegar a determinar su personalidad.
- ¿Cómo?
- Bueno, se basa en un chiste de psicólogos. A estas tres agrupaciones de personalidad se les llama la clasificaciónde los cojones.
- ¿De los cojones?
- Sí, por que cada una de las tres utiliza la palabra cojones de una manera diferente. Los del grupo A son "raros de cojones", tienen un comportamiento que provoca extrañeza en el interlocutor, piensas "¿qué le pasa a esta persona?, ¿por qué se comporta así de raro?". Los del grupo B "te tocan los cojones", es decir son personas que te alteran, te ponen de mala leche, generan rabia y miedo a su alrededor. El grupo C son los que "tienen un miedo de cojones". En este grupo estamos la mayoría, porque lo que sentimos es miedo a la incertidumbre, y la intentamos controlar ya sea a través de nuestra conducta, de los que nos rodean o evitando.
- ¿Quieres decir que lo normal es tener miedo?
- Sí, con un matiz, es lo normal y es lo sano, pero además, hay que gestionar ese miedo para superarlo que nos asusta, no para sufrir sin sentido ni para hacer sufrir a los demás.

Dedicado a David Fernández, por su insistencia...

lunes, 14 de abril de 2014

Ser amable

- ¿No existe un truco que me ayude a dejar de sufrir por amor? Sé que puede sonar estúpido, pero después de pensar mucho en las últimas relaciones de pareja que he mantenido he llegado a la conclusión de que no han funcionado por que no he sabido escoger adecuadamente. En serio, ¿no hay algún truco para saber escoger a la persona adecuada?
- Sí que lo hay.
- ¿Y a qué esperas para decírmelo?
- Bueno, supongo que considero que es algo tan básico y tan sencillo que no me planteo la posibilidad de que no lo sepas.
- ¿...?
- Yo creo que el truco, como tú lo llamas, para escoger a la persona adecuada y que, como mínimo te evite sufrir innecesariamente por amor en una relación de pareja es escoger a alguien que sea amable.
- ¿Amable? ¿Sólo eso?
- ¿Qué significa para ti una persona amable?
- Agradable, de trato fácil, aburrida...
- Para mi la palabra amable tiene dos significados muy relacionados entre sí. Por un lado significa "fácil de amar" y por otro significa "digno de ser amado", y yo subrayaría las palabras fácil y digno. Y si te parece nos quedamos un rato en silencio para que pienses sobre ello...

lunes, 27 de enero de 2014

Descomprimir el problema

- El problema es que yo me obsesiono con demasiada facilidad y no consigo salir del bucle y ver las cosas desde otra perspectiva con la misma facilidad.
- ¿Cómo te sientes ahora, después de habérmelo contado?
- Mucho mejor, más tranquila... Tengo la sensación de que se me ha evaporado ese peso que te comentaba que tenía aquí,m en el pecho.
- Me alegro. ¿Eres consciente de lo que hemos hecho para que esto ocurra? ¿O crees que ha sido magia?
- No, magia no... Hemos hablado del problema que me obsesionaba.
- Has hablado del problema, yo sólo he hecho preguntas.
- ¡Pero tus preguntas han resultado muy importantes!
- ¿Por qué crees eso?
- Tengo la sensación que algunas de tus preguntas me incitaban a buscar nuevas opciones, nuevas ideas, o incluso algunas viejas que consideraba inútiles y que a analizadas desde una nueva óptica me han vuelto a aparecer muy útiles.
- ¿El mérito es de las preguntas o de tu capacidad para aprovecharlas y explorar?
- Supongo que es una capacidad y un mérito mío, pero creo que no lo podría haber conseguido sin tus preguntas.
- ¿No crees que podrías?
- Ahora mismo no, ni de coña... ¿Cómo podría?
- Pensando más lento. Hemos de conseguir ralentizar tu pensamiento... ¿Cómo crees que se puede conseguir eso?
- Escribiendo, ¿no?
- Exacto. Escribir sobre lo que te preocupa te ayuda a evidenciar las lagunas que hay en tu discurso obsesivo y te obliga a explorar, si eres coherente, aspectos diferentes del mismo. En el fondo es como si descomprimieses el problema y con ello obtuvieses información nueva.