Mostrando entradas con la etiqueta Afrontar cambios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Afrontar cambios. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de mayo de 2021

El plan B

- Tengo la sensación de no haber tomado nunca decisiones por mi mismo, no he sabido qué es lo que quería hacer, lo que deseaba... y por eso siempre me he dejado llevar por las circunstancias o directamente he dejado que los demás decidiesen por mi. El ejemplo más claro que se me ocurre es el del trabajo. Estoy en el negocio familiar pero a mi nunca me ha interesado lo más mínimo esto. Lo hago más o menos bien, más menos que más... pero no tengo otra opción y no me veo haciendo otra cosa.

- ¿Y cómo te hace sentir verte así? 

- No me gusta. 

- ¿Qué te impide cambiar? 

- No tengo plan B. 

- ¿Qué quieres decir? 

- No sé, oígo a todo el mundo decir que tiene un plan B, un plan en la recámara por si el plan A le sale mal. Supongo que eso les da seguridad... Si falla el plan A siempre pueden recurrir al plan B. Pues yo no tengo plan B. 

- ¿Qué es para ti un plan A? 

- Bueno... supongo que es el plan que ilusiona, aquel plan por el que luchan a pesar de la incertidumbre, teniendo la seguridad de que cuentan con un plan B que le hace de red de seguirdad... 

- ¿Tú tienes un plan A? 

- Supongo que sí. El trabajo en el negocio familiar... 

- Ah... pensé que el plan A era ilusionante... 

- ¿Qué quieres decir? Que según lo que tú me has dicho, el plan A es aquel por el que se lucha, aquel que ilusiona... 

- ¿Y?

- Que, y sigo citando lo que tú me has dicho anteriormente, para ti trabajar en el negocio familiar no es algo ilusionante, por lo que no me parece que sea un plan A... 

- ¿Qué plan tengo entonces? 

- Parece que sólo tienes un plan B. El plan B es la opción conformista, ¿no? 

- Sí. Ya veo... 

- Si centras tu atención en buscar un plan más conformista que el que y tienes... 

- No resulta muy motivador, ya... 

- ¿Y qué es lo que te ilusionaba cuando eras más joven?

martes, 24 de marzo de 2020

La música de las circunstancias

- Es una sensació n tan rara... es como si de golpe se hubiese apagado la música y no supiésemos qué hacer. Como en el juego ese de la silla en el que las personas dan vueltas corriendo alrededor de unas sillas y cuando la música deja de sonar hay que sentarse y quien no se sienta pierde, ¿sabes? Pero es como si todos hubiésemos descubierto que no hay sillas y no sabemos qué hacer.

- ¿No hay nada que hacer o no sabes qué hacer?

- En estos momentos no sé ver la diferencia o no me parece significativa.

- Ya. Si no sabes qué hacer, siempre puedes aprender, ¿no?

- Sí, claro.

- Si no hay nada que hacer sólo puedes resignarte.

- No me gusta eso. Prefiero creer que hay algo que puedo hacer pero, ¿cómo saberlo?

- Lo importante no es saberlo, creo que lo importante es aprenderlo, o mejor dicho, decidir si quieres aprenderlo.

- ¿Cómo sabré si quiero aprenderlo o no?

- Supongo que depende de lo que te plantees conseguir... ¿Y si cambiamos la metáfora?

- A ver...

- A mi, toda esta situación del confinamiento me recuerda a otra situación que ya vivimos en nuestra vida, concretamente en la adolescencia, también muy lúdica y muy vinculada a la música. ¿Recuerdas cuando íbamos a una discoteca?

- Como para olvidarlo...

photo by Sarthak Navjivan Unsplash


- Recuerdas aquellas veces que estabas pasándotelo bien, disfrutando de la música y bailando, y parecía que el Dj acertaba siempre con las canciones y te lo estabas pasando dpm, y de repente...

- ¡Te ponían las canciones lentas!

- Correcto. ¿Qué hacías entonces?

- Eso era una putada. Sobre todo para mi, que no se me daba nada bien ligar allí y casi nunca tenía pareja con quien bailarlas...

- ¿Y cómo te sentías?

- Frustrado. Quería seguir bailando como hasta entonces pero no podía.

- ¿Por qué?

- Porque ya no sonaba la misma música y llamaría mucho la atención.

- ¿Qué posibilidades tenías?

- O joderme o aprender a conseguir pareja para poder seguir bailando, aunque fuese canciones lentas.

- ...

- Justo como ahora, ¿no?

- Recuerda que cuando no puedes arreglar una situación siempre puedes no complicarla.

domingo, 13 de octubre de 2019

Sobre el momento para el cambio

Afirman los que saben de esto, que hay dos tipos de psicoterapeutas: los que buscan entender y los que buscan el cambio. Sobre los del primer grupo poco puedo reflexionar ya que es una forma de ejercer la psicoterapia que no acabo de hacer mía. ¡Qué le voy a hacer! Sobre los del segundo grupo, poco puedo decir que los gigantes sobre cuyos hombros ejercemos los terapeutas de hoy día, no hayan dicho ya. Aunque bien pensado hay una pequeña aportación, muy mínima, que se me ocurre y que me gustaría compartir con vosotros:

¿Cuándo llega el momento del cambio? O mejor dicho,  ¿Cómo sabré que el momento de realizar el cambio ha llegado?

Photo by Eric Rothermel on Unsplash

Lo primero que puedo decir es que cuando te haces una pregunta de este tipo es que ya vas tarde: ya deberías haber cambiado.

Date prisa en tomar conciencia de ello. En serio.

Lo segundo y último que diré al respecto es:

La pregunta no tiene sentido. Ningún sentido.

Cuando te haces esta pregunta ya has decidido qué cosa has de cambiar, pero no te atreves a ejecutar, implementar o lo que sea que necesites hacer.

La pregunta que te debes hacerte es otra.

¿Cuál?

Ésta: ¿Cuánto tiempo/recursos/relaciones estás dispuesto a sacrificar por mantener un estado que sabes perfectamente que no puedes seguir manteniendo?

Piénsalo.

En serio.

martes, 24 de julio de 2018

La Señora Rabia y el Señor Miedo

- Una buena forma de entender la complementariedad es un baile en el que los movimientos de los bailarines condicionan los movimientos del otro en un ciclo interminable y cada vez más reducido.
- ¿Más reducido?
- Cada uno hace lo que puede dentro de las posibilidades que le permite los movimientos del otro, de forma que cada vez el abanico de libertad es cada vez menor si se quiere seguir bailando.
- ¿Por qué?
- Las buenas parejas de baile son aquellas que han practicado mucho juntas y se conocen muy bien pudiendo conocerse y anticiparse, permitiendo pequeñas oportunidades de cambio... Y las parejas supongo que funcionan igual.


- Entonces en mi caso... ¿Mi miedo condiciona su miedo?
- Y tanto.
- ¿Cómo puede mi inseguridad afectarla tanto que se enfade?
- Tal vez no sea así. Tal vez sea que ella se siente más cómoda expresando rabia y tú no puedes apreciar qué emoción está sintiendo realmente.
- ¿Le ocurriría lo mismo que a mi?
- Es una opción explicativa. Tú tiendes a expresar miedo ante cualquier emoción que puedas sentir. Ella no ve tu rabia, tu tristeza, tu vergüenza o tu culpa.
- Pero antes no le molestaba ni a mi me parecía ella una persona rabiosa.
- Cuando empezásteis a bailar vuestro abanico de posibilidades debía ser mucho más amplio. El paso de los años ha hecho que se haya reducido drásticamente y que ahora cada vez expreséis menos y provoquéis más.
- Si yo expresara menos miedo ella no expresaría tanta rabia y al revés, ¿no es así?
- Sí.
- ¿Y quién debería ser el primero?
- ¿Importa?
- Claro que sí. Quien hag el primer movimiento será quien demuestre que tiene menos orgullo o que le importa más la relación, ¿no te parece?
- No. De poco importa quien inicia un cambio si nadie le sigue, ¿no te parece?
- Ya veo.
- Ahora bien, podéis seguir así infinitamente, esperando que sea el otro es que de su brazo a torcer o quien se lleve el mérito del cambio. Mientras tanto, seguid sufriendo...

miércoles, 11 de julio de 2018

El efecto L'Oréal

- Hay diversas maneras de trabajar para conseguir una mejora de tu autoestima, pero todas implican tener una actitud más activa por tu parte.
- ¿Actitud activa?
- Por supuesto.
- ¿Crees que he tenido una actitud pasiva hasta ahora?
- Estoy casi seguro de ello.
- ¿En qué te basas?
- En tu conducta, obviamente. No has estado tomando decisiones desde hace un tiempo, y eso ha provocado que no hayas podido escoger las consecuencias a las que te has enfrentado.
- ¿Hay alguien que las escoja?
- Por supuesto que sí. Mucha gente. Y antes de que me hagas otra pregunta obvia, te diré que los reconocerás porque se quejan poco. Tienen mucho que hacer y la queja les resta a tiempo y energía.
- ¿Me estás pidiendo que sea arrogante?
- Hmmmmm..., no. Te estoy pidiendo que te sitúes en un punto medio y que busques ser coherente.
- No sé si lo veo claro. Es como ir muy a saco, al menos para mi... Es como ir por la vida con una camiseta de esas que pone "soy la hostia" y cosas así... No me siento muy cómoda, la verdad.
- Bueno... No creo que una camiseta sea la mejor opción, en eso estamos de acuerdo. Pero ahora que mencionas lo de la camiseta, se me ocurre una tarea que puedes hacer para la próxima sesión y que puede provocar cambios que nos ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión.
- Ok, dime.
- Te voy a pedir que consigas una camiseta promocional de la marca L'Oréal. Mejor varias. Y te las vas a poner para ir por la vida durante una temporada.
- ¿De la marca L'Oréal? ¿y por qué de esa marca?
- Eso es lo que me gustaría que la gente de tu vida te pregunte. "¿Por qué L'Oréal"?
- ¿Y qué les contesto?
- Creo que el eslogan es bastante apropiado...
- ¿Y cuál es?
- Creo que si piensas un poco lo recuerdas. Si no, búscalo.


lunes, 18 de junio de 2018

Ghosting

- ¿Qué es eso?
- Ghosting. Hacerse el fantasma.
- Ah. ¿No hay una palabra más adecuada?
- Supongo. ya sabes cómo van las cosas. Ahora se le llama así.
- ¿Y consiste en...?
- Yo conozco a un chico y comenzamos a quedar, ¿vale? Todo parece ir bien y de repente uno de los dos desaparece, se hace el fantasma.
- ¿Desaparece?
- Bueno, no desaparece, simplemente no se comunica con la otra persona.

lifehacker.com

- ¿Y eso te ha pasado?
- No... Alguna vez lo he hecho.
- ¿Y para qué?
- Bueno... en mi caso es que me daba palo enfrentarme a ella.
- ¿Te daba palo?
- Sí. Es que a mi no me gustaba tanto como parecía gustarle yo a ella.
- Suele ocurrir.
- ¿Verdad que sí? Pues eso, haciendo ghosting te ahorras un montón de dramas.
- Bueno, puede parecer que sí, pero me da que lo que en realidad estás haciendo es rehipotecando el dolor para transformarlo en sufrimiento más adelante.
- ¿Rehipotecando? ¿Por qué dices eso?
- Se me ocurren diferentes aproximaciones para contestarte. La primera es que estás confundiendo actitud con emoción. La segunda es que no pareces saber diferenciar entre dolor y sufrimento. La tercera es que te escudas detrás de palabras raras en otro idioma para evitar etiquetarte con palabras en castellano que te resultarían demasiado dolorosas o vergonzantes.
- Joder. Cualquiera que te escuche pensará que es grave lo que he hecho, como si le hubiese hecho daño a esa pobre chica.
- Bueno, esa chica, diría que es muy afortunada, pero eso es otro tema.
- ¿Afortunada?
- Claro que sí. Supongo que al principio debió sentirse confundida y hasta impotente, pero ahora debe estar aliviada y satisfecha.
- No entiendo nada...
- Veamos pues: Como te he comentado, el problema es que estás confundiendo la pereza con el miedo. La emoción es miedo, y por ello has evitado a esa chica, ¿verdad?
- Miedoooo, hombre, no sé, me parece mucho.
- El miedo lleva a conductas de evitación. La pereza es la excusa en la que te escondes para evitar el conflicto que temes.
- Sí, dicho así...
- Segundo, confundes el dolor, que te puede enseñar cosas y sobre todo te puede ayudar a responsabilizarte de tus decisiones y tus actos con el sufrimiento. Si fuese lo bastante valiente para enfrentarte a la situación de exponerle a esa chica lo que sientes, aprenderías y no te verías condenado a repetir esta historia en el futuro. Por cierto, el sufrimiento es repetir algo sin aprender nada hasta que se te olvida qué lo desencadenó inicialmente, ¿recuerdas?
- Ya... ¿Y por qué crees que ella sería afortunada?
- Porque aunque en un primer momento le duela lo ocurrido, se va a ahorrar mucho dolor en el futuro. De toda esta historia puede aprender mucho.
- ¿Ves? No  todo es malo en actuar así.
- Ella se ha evitado una decepción mayor si la relación hubiese seguido contigo. No me mires con esa cara... Si estás en una relación con alguien tan cobarde que no tiene el valor de tratarte como alguien mínimamente valiosa, tarde o temprano te decepcionará. Y cuanto más tarde, peor, créeme.
- ¿Cobarde?
- Sí, cobarde. Creo que esa es la palabra que la RAE sugeriría en castellano para esa forma de proceder que me has explicado. Sé que no suena tan bien como ghosting. Si quieres, podemos proponer cobarding.

martes, 12 de diciembre de 2017

Intervención para la abstinencia (I)

- ¿ Qué tal con tu ex?
- Contacto inexistente. ¿Qué creías que te iba a decir después de cómo se comportó?
- Bueno, tal vez sea lo mejor para ti.
- Y tanto. ¿Por qué me preguntas por ella?
- Bueno, curiosidad terapéutica...
- ¿Curiosidad terapéutica?
- Claro. No en vano está muy relacionado con el tema principal que nos tiene ocupados.
- No veo la relación,  menos que sea que fumaba cuando estaba con ella...
- Por supuesto que ese es un nexo de unión entre ambos temas, pero hay otro más interno, más profundo. No sé si me explico...
- No, la verdad es que no.
- A ver... La relación que yo veo la baso en cómo te relacionas con lo que te perjudica. Quiero decir, si nos fijamos en el tema del consumo, parece que tienes dificultades para alejarte de aquello que te perjudica, ¿no?
- Estoy de acuerdo que el consumo me perjudica gravemente. También reconozco mi enorme dificultad para mantenerme abstinente.
- Ese es el punto de unión entre ambos temas. Sí, espera, te lo explico. Estaremos de acuerdo en que tu ex te perjudicó, ¿verdad? Vale, y estaremos de acuerdo en que al principio la amabas, al principio te hacía mucha ilusión, ¿recuerdas? Vale. ¿No ves un parecido entre la evolución de tu adicción y la de tu relación de pareja?
- Sí, sí que la veo. Pero también veo una diferencia. Con mi pareja sí conseguí finalizar la relación. La adicción es más fuerte, ¿verdad? Debe ser el componente biológico.
- Seguramente. ¿No te parece injusto? Quiero decir, tu pareja no quería acabar con la relación y te ofreció muchas alternativas... Y aún así, la dejaste.
- No voy a volver con ella porque sea incapaz de dejar mi adicción, si es eso lo que pretendes decir.
- ¡Oh no! Por supuesto que no pretendo eso. ¡Faltaría más! Sólo pretendía centrar tu atención en las similitudes de la evolución de ambos temas y que, contra tu propio criterio, sí que eres capaz de abandonar algo que perjudica gravemente tu salud.
- Ya veo... Pero sea lo que sea que estás tramando quiero dejar claro que no voy a volver a darle ninguna oportunidad a ella, ¿vale?


------ Continuará ------

lunes, 23 de octubre de 2017

La somatización del sufrimiento (Chuck McGill)

Cada uno de nosotros tenemos, en base a nuestra identidad y experiencias, una manera específica de disfrutar y otra de expresar el sufrimiento, que se deriva de la incapacidad de aprender del dolor. Por eso, cada cual se deprime como puede, pero siempre desde lo más alto de nuestras expectativas.

Las expectativas son la parte más alta de una torre que vamos construyendo con los años, y que según en que la basemos, será más estable o no. Es muy importante tener alas, pero conviene tener unas buenas raices. Es importante soñar, pero sin olvidar cuidar aquello que nos da estabilidad.


Chuck McGill tiene, lo que algunos psicólogos llaman, una personalidad burocrática. Es un hombre hecho a sí mismo. El hermano mayor de dos hermanos que, basándose en su inteligencia y su excelente memoria, consiguió superar todas las circunstancias hasta llegar al éxito profesional en aquello que le más le gusta: las leyes. Acabó siendo el orgullo de sus padres y la admiración pasiva de su hermano pequeño.

Él creyó que todo lo bueno de su vida basculaba sobre el éxito profesional. Ahí es es que más sabe. Las leyes, las normas, los códigos, los protocolos, le dan seguridad. Sabe cómo entenderlo y sabe cómo utilizarlos. Y no duda en castigar a quien no los respete. Siempre según su opinión.


Cuando conocemos a Chuck nos lo encontramos en una situación de crisis personal. Tiene "Sensibilidad electromagnética", o algo así. No puede estar cerca de corriente eléctrica ni ondas producidas por móviles. Vive recluido en su casa. A oscuras. Sólo viene a verle su hermano, para traerle comida y productos básicos. Sólo después de haber seguido un protocolo estricto que Chuck le ha marcado.


¿Su pareja? Parece haberle dejado. ¿Cómo puede ser que alguien se divorcie de una persona tan éxitosa? No nos lo explican pero, da la sensación que la crisis de pareja es anterior a la enfermedad. Pero no me hagáis caso, seguramente no existe relación alguna entre ambos acontecimientos... Ya sabéis, deformación profesional... Porque, ¿y si su pareja era la base sobre la que ha sustentado su éxito profesional? ¿Y si no se dio cuenta hasta que la perdió? 

Pensemos por un momento que esto sea así, por favor... ¿Qué opciones tendría alguien tan narciso como Chuck? O mejor dicho, ¿cuál es la opción más probable, aunque sea por más habitual? Obviamente la más habitual es la huida hacia adelante, que te permite no pensar en las consecuencias de lo que hiciste marcándote nuevos retos, pero te impide aprender de los errores y te devuelve a ellos una vez se acaba la huida, cuando no te obliga a cometerlos de nuevo.

Hasta que eso pase transcurren tres fascinantes temporadas. Chuck repetirá el error. Y cuando se vea enfrentado a él no reaccionará como quien desea aprender. Tal vez caer dos veces desde lo más alto de tu imaginación sea demasiado. O tal vez perder dos bases distintas sin darse cuenta.

No puedo dejar de preguntarme cómo se sentiría Chuck si, con el ego que tiene, supiese que sólo es conocidos por todos por ser hermano de Saul Goodman. Ese a quien él tanto repudia...

martes, 1 de agosto de 2017

Como salir de un bucle obsesivo fácilmente

Todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida por un momento en que que nos hemos obsesionado con alguna idea que nos conseguimos sacarnos de la cabeza ni solucionar, como si fuese un bucle perpetuo del que no podemos salir.

¿Por qué nos ocurre esto? La mayoría de las veces esto ocurre por miedo.

El miedo, como emoción que es, nos prepara, nos activa,  para enfrentarnos a un peligro, a algo que nos asusta o a una situación de incertidumbre. Esta activación es energética, y se manifiesta tanto de forma física (tensión muscular, mayor tensión arterial, etc) como mental. Una de las consecuencias del aumento de tensión es la focalización de nuestros sentidos y de nuestra actividad mental. Decimos focalización porque el es algo positivo. Focalizamos aquello que nos asusta o deseamos solucionar y le dedicamos todos nuestros recursos a finalizarlo.

Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Y si no conseguimos una solución más o menos inmediata?

Entonces la activación física y mental no es vivida como agradable ni productiva y la llamamos ansiedad. La focalización tampoco es bien vivida y pasamos a llamarla efecto túnel, bucle o directamente obsesión.



¿Cómo salimos de esto? En mi opinión la solución está en la división que he explicado antes entre tensión física y mental. Es imposible mantener niveles elevados de ambas durante un período de tiempo largo, y cuando eso ocurre siempre muestra una preferencia. Para aquellos que tenemos tendencia a preferir la tensión mental y acabamos desarrollando ideas obsesivas, la solución más fácil es generar un conflicto entre ambas tensiones, de manera que el cuerpo se vea obligado a reducir la tensión mental por un aumento de la tensión física.

Dicho así puede sonar un poco raro, pero es sencillo.

Si deseas dejar de pensar obsesivamente el truco no es dejar de pensar (cosa que cree mucha gente), el truco es pensar de manera diferente, y la forma más sencilla de conseguirlo es haciendo algo de ejercicio.

Si nos proponemos pensar en aquello que nos preocupa mientras hacemos ejercicio moderado, como por ejemplo caminar, notaremos enseguida que pensamos de una manera mucho más relajada. Incluso si lo hablamos con alguien mientras caminamos, notaremos que nuestra forma de comunicarnos es menos apresurada.

Hacer ejercicio es la manera más sencilla de quemar energía, y por tanto, de dar salida a la ansiedad física. Si estamos activos físicamente, nuestra mente se relaja un poco. No es la solución en sí misma, pero es una forma de ayudarnos a buscarla diferente.

Recordemos que la locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes...


martes, 27 de junio de 2017

Should I stay or should I go?

Vivimos en una época en la que se valora sobre todo el éxito, casi a cualquier precio. Podemos adquirir libros que nos prometen explicar claves desconocidas (¿?) para conseguir aquello que nos proponemos, o podemos recurrir a coachs mediáticos que nos explicarán trivialidades con la intención de que vayamos a un curso intensivo suyo que cambiará nuestras vidas...

En esta linea uno de estos coaches, Emilio Duró, puso de moda un video musical de Moby en el que un grupo de extraterrestres minúsculos llegaban a la tierra con la intención de contactar con los humanos. Como buen couch, él añadió unas frases explicativas en la parte inferior del video (no fuese el caso que alguien no lo entendiera) y le cambió la música. Yo opto por el original:


En el video se puede observar como estos pobres seres buscan sin éxito llamar la etención de gente que está más ofuscada en cosas más grandes que ellos, y por ello fracasan. Al final deciden hacer lo que se conoce como un "back to basics" y vuelven a su planeta para diseñar un nuevo enfoque y volver a intentarlo mejor.

Hasta aquí bien. El éxito es responsabilidad de quien lo busca. Puede fracasar y rendirse; fracasar y volver a fracasar haciendo lo mismo; o fracasar y buscar el éxito de manera diferente (lo cual no anula la posibilidad de un nuevo fracaso).

Y entonces Moby sacó un otro sencillo de su álbum "18" y aprovechó para contarnos qué le pasó a estos aliens en su segundo intento. Ya os lo adelanto yo: tuvieron éxito:



Ahora bien, ¿qué hacemos cuando tenemos éxito y descubrimos que no es lo que esperábamos? ¿Somos unos fracasados? ¿Cómo podemos empeorar las cosas? No hay nada peor que empecinarse en que algo que deseábamos nos satisfaga cuando no lo hace. Da igual si es un trabajo, una experiencia, un objeto o una pareja. Persistir en lo que no funciona nos hará más miserables, y nos creeremos víctimas cuando en realidad fuimos sujetos activos.

Porque, tal y como hacen estos bichitos, siempre es mejor dar un paso atrás si estuvimos más satisfechos. Es peor desperdiciar nuestra felicidad que el esfuerzo.

lunes, 22 de mayo de 2017

Equilibrio precario

Tendemos a relacionarnos con la realidad con la que nos enfrentamos a diario en términos de justicia o injusticia, aunque somos mucho más sensibles a esta última. Hacemos más referencia a aquellas situaciones que consideramos injustas que a las que no... Pero parece que la realidad se rige por criterios de equilibrio y desequilibrio, siendo tambien mucho más sensibles a este último. Dicen que la felicidad (situación de equilibrio perfecto) es un estado que se recuerda más de lo que se disfruta...

Siguiendo esta línea de pensamiento podríamos decir que hay dos tipos de personas: Las equilibradas y las desequilibradas, pero si os he de ser sincero, creo que las del primer grupo no existen, o al menos no existen tal y como desearíamos que fuesen. Vamos que todos somos desequilibrados. Lo que nos diferencia a unos de otros es el grado de desequilibrio, hay gente muy desequilibrada y gente menos desequilibrada.

Entonces, ¿quién parece equilibrado? Porque hay personas que parecen muy equilibradas. Mi teoría, es que son personas que tiene n mucha capacidad de adaptarse al cambio, al desequilibrio, a la incertidumbre... Recordemos que aquello que no es flexible, que es incapaz de adaptarse a la presión, siempre acabará rompiéndose. Aquello de "antes partido que doblado" es una estúpidez.

Llegados a este punto debemos recordar que por muy flexible qque seamos, siempre habrá una presión lo suficientemente fuerte como para quebrarnos, o si hemos lleegado al summum de la flexibilidad, la presión nos aplastará. ¿Por qué? Porque no somos eternos.

En conclusión: Somos seres temporales que se enfrentan a una realidad incierta y eternamente cambiante desde una posición de desequilibrio. Cada cual desde su grado aceptable de desequilibrio.   O de deseaquilibrio precario, como prefiráis...

miércoles, 19 de abril de 2017

¿Qué podemos aprender de la leyenda de Sant Jordi?

www.pipiripipstudio.com
- Se me hace muy cuesta arriba. Lo que mi pareja me pide es muy complicado, muy difícil. No es que no me lo haya planteado desde diversas perspectivas o no haya sopesado los pros y los contras, pero la verdad es que me bloquea. Me angustia. No sé qué hacer.
- Siempre puedes no hacer nada...
- Eso ya me has quedado claro que es inviable. El cambio es inevitable, aunque yo no lo desee. Lo que yo puedo decidir es si me sumo al cambio o me quedo fuera.
- ¿Quedarse fuera es asumible?
- No. No me veo capaz de renunciar a nuestra relación.
- ¿Por qué?
- Es la mejor que he tenido. A todos los niveles, eso ya lo hemos hablado. La verdad es que no me lo perdonaría.
- Entiendo entonces que es una relación por la que vale la pena luchar...
- ¡Por supuesto!
- Claro... da igual lo difícil que resulta cualquier objetivo si realmente vale la pena, ¿no te parece?
- Supongo que sí. Pero la situación me atenaza.
- ¿Qué emoción es la que te está fastidiando?
- El miedo. Sin duda. Sé que he de enfrentarme para superarlo porque todas las ocasiones anteriores en las que me he limitado a ignorarlo no ha funcionado. Pero, como te he dicho, me bloquea.

www.pipiripipstudio.com
- En breve celebraremos la festividad de Sant Jordi, ¿qué has aprendido de esa leyenda? Porque parece que comparte los mismos tres elementos que tu tu historia...
- En mi realidad no veo ningún dragón.
- Digamos que el dragón es una licencia retórica para explicar de manera más atractiva una historia más sencilla. Quiero decir, si tuvieses que enfrentarte a un dragón, ¿qué sentirías?
- Miedo. ¿El dragón representa el miedo que sentimos al enfrentarnos a una crisis para conseguir aquello que deseamos?
- Por supuesto. Sant Jordi podría ser muy caballero, pero enfrentarte a un dragón que atemorizaba a toda la población de Montblanc debió de producirle miedo, a menos que fuese un temerario, pero eso ya es otra historia. 
- No lo había visto así. El dragón es el miedo que sentimos. Si vencemos el miedo conseguimos lo que deseamos, o sea la princesa. Es una visión muy medieval, pero la pillo.
- Supongo que las representaciones del miedo han ido cambiando con el paso de los años, pero la forma en como nos afecta y la forma de superarlo es siempre la misma, ¿no te parece?

www.pipiripipstudio.com

lunes, 13 de febrero de 2017

¿Para qué sirve la psicoterapia? La terapia como extintor (I)

Un proceso de psicoterapia es un proceso de cambio. La necesidad de cambiar suele nacer de la percepción de que necesitamos adaptarnos a unas nuevas circunstancias o que necesitamos realizar algo nuevo porque la estrategia anterior no era útil.

Dentro de un marco definitorio tan grande encontramos diferentes tipos de psicoterapias en función del psicoterapeuta que la realiza, pero hablar de esto no es el objetivo de esta entrada. Quisiera hablar de los diferentes tipos de psicoterapias que hay en función de la intención de la persona que viene a demandar terapia. ¿Por qué? Porque un proceso de terapia se da entre dos personas, y de la capacidad de llegar a acuerdos de ambos depende lo que se conseguirá.

En base a mi experiencia clínica he encontrado varios tipos de intenciones por parte de los pacientes. Aquí me gustaría centrarme en una de las más comunes: La terapia como extintor.

www.trabajoglobal.org

La función de un extintor es básicamente una: Apagar fuegos. Una vez que el fuego se ha extinguido el extintos deja de ser útil, es más, resulta molesto. Es pesado y aparatoso, ocupa nuestras manos y nos obliga a centrar nuestra atención en él. ¿Qué hacemos cuando hemos apagado el fuego? Dejamos el extintor a un lado y nos dedicamos a otra cosa. Limpiar suele ser una opción, en el caso de que no sea nuestra casa, disfrutar de nuestra vida.

Un extintor no nos cambia la vida, nos permite enfrentarnos a un peligro y superarlo. Ya está. Las terapias apagafuegos son idénticas.

¿Quién desea una terapia extintor? Generalmente aquellas personas que no desean cambiar la dinámica conflictiva que es su vida. Lo único que desean es que la intensidad del conflicto sea llevadera, sea tolerables, que la puedan gestionar. Creen que es lo único que pueden hacer. No es que no crean que no puedan cambiar, es que no se lo plantean. Puede ser que lo teman, no lo sé, porque nunca se quedan lo suficiente para averiguarlo, porque se conformar con volver al punto en que no sentían que hubiese un problema.

Y ese conformismo puede ser muy dañino, porque las actitudes, o circunstancias, que una vez te llevaron al problema seguramente te volverán a llevar en un futuro.

Creer que el extintor se puede usar indefinidamente es un error, hay que rellenarlos. En terapia se rellenan con confianza, pero quien no confía en uno mismo difícilmente confiará en nadie más, por muy profesional que sea...

martes, 27 de diciembre de 2016

¿Por qué dudo si volver con mi ex?

Cuando una pareja rompe su relación es, generalmente, después de haber pasado por un largo proceso de dolor emocional saturado de información negativa sobre su pasado, presente y nulo futuro. Es lo que llamamos crisis de pareja.

Hay parejas que lo llevan con algo de respeto y hay otras que no. De las primeras poco hablaré hoy, puesto que sus crisis pueden ser constructivas, y sus reconciliaciones también. Pero de las segundas podría hablar mucho, pero me centraré en las reconciliaciones que suelen ser dolorosas y condenadas al sufrimiento.

Pero, empecemos por el comienzo: La Crisis. Cuando vemos algunas de las crisis de pareja que se producen cuesta imaginar qué motivó que esas dos personas puedan estar juntas, cuesta creer que dos personas que sufren tanto juntas, cada uno a causa de la otra, en un comienzo se hiciesen sentir especiales. Lo increíble es que cuando les preguntas: "¿Qué te enamoró de tu pareja?" La mayoría no saben qué contestar.

Y no saben qué contestar porque el dolor de las crisis largas tapa todo, incluso los buenos recuerdos.

Pero, cuando la crisis se ha resuelto en forma de ruptura de la relación, se produce un alivio instantáneo, un descanso, una relajación que permiten que cada miembro de la pareja revise TODA la información de la relación, incluso aquella que es positiva y se echa de menos.

Aquí llegamos a un punto crucial: Todo el mundo debería pasar por esta fase, la del recuerdo de lo bueno vivido. Y debería pasar por esta fase con una sensación de cierta nostalgia. Digo esto porque hay quien pasa por esta fase y siente una ira vengativa que no le conduce a la resolución de nada positivo en su vida. Pero de estos hablaré en un futuro no muy lejano.

Quisiera destacar que recordar con nostalgia, con cariño y hasta con ilusión aquellos aspectos positivos que nos ilusionaban o nos hacían vivir bien la relación, es una señal de salud mental. Así de claro. Lo que no es una señal de salud mental es aspirar a revivirlos creyendo que ahora, con la relación rota y después de todo el sufrimiento acumulado, lo haremos mejor.

La verdad no nos hace libres, lo que nos hace libres es lo que seamos capaces de hacer con esa verdad. Y en una relación de pareja rota, las responsabilidades se reparten al 50%. SIEMPRE. Por tanto, aspirar a resolver una relación de pareja sin la implicación de la otra parte es un acto de temeridad.

Por tanto, respondiendo a la pregunta que titula este texto, dudas sobre si volver con tu ex porque eso es una señal de salud mental, porque eres capaz de recordar lo bueno que hubo en esa relación, porque eres capaz de conectar con tus ilusiones iniciales a pesar del dolor sufrido. Recuerda que hay relaciones que generan tanto dolor, y a la larga tanto sufrimiento, que ninguno de los miembros de la pareja recuerdan nada bueno del otro...


Dudas porque eres capaz de dudar, y por desgracia no todo el mundo lo es, y por eso no todo el mundo aprende de su pasado.

Dudar es una señal de salud mental, y de inteligencia emocional.

Dejarse llevar por las dudas puede ser una señal de estupidez. Y de placer por sufrir.

martes, 25 de octubre de 2016

¿Para qué es útil el antabús en el tratamiento de las adicciones?

- ¿Recuerdas el día que nos conocimos?
- Sí, y tanto, como si fuese el primer día... ¡Qué vergüenza!
- ¿Por qué?
- Por mi comportamiento... Estaba más perdido que un pulpo en un garaje. ¡Qué cambio! ¿Eh?
- Sí, la verdad es que visto desde fuera, y ahora que han pasado seis meses, se nota un cambio enorme. ¿Cuál crees que ha sido el cambio más significativo que has realizado desde entonces?
- Desde luego reconocer que tenía un problema. Mi pareja me ayudó mucho teniendo las cosas claras y poniéndome un ultimatum, pero si no lo hago yo, no lo hubiese hecho nadie. ¡Y el antabús, por supuesto!
- ¿Por qué el antabús?
- Me da mucha tranquilidad el hecho de tomármelo cada mañana... Es como si me olvidase del alcohol, como si lo borrase como posibilidad alguna. Sé que no tiene ningún efecto psicológico, pero a mi y a mi pareja nos ha ayudado mucho. Ella no tiene que andar pendiente de si he bebido o hay algún riesgo de que beba, y yo no tengo la opción de beber y eso me ha permitido explorar y afianzar otras opciones.
- Sí, creo que ese es el principal efecto... y eso que al principio te resististe a tomarlo.
- Al principio lo viví como una imposición, una sumisión, ¡y me costó! Pensaba diferente, muy diferente, supongo que debido al hecho de que llevaba poco sin beber, pero, ¡qué cambio! Es como si pudiese centrarme en lo que de verdad importa, en aquello que me renta...
- ¿Qué crees que habría pasado si hubieses seguido sin antabús?
- Creo que todo hubiese sido más difícil. Cuando dejé de beber tuve que esforzarme mucho para no beber, las ganas de beber eran constantes, en cualquier momento. Supongo que hubiese tenido que dedicar mucha energía a luchar contra las ganas de volver a beber, y esas energías no las hubiese dedicado a otras cosas más importantes.
- ¿Qué ha resultado más rentable que luchar contra las ganas de beber?
- Yo antes creía que dejar de beber era, con perdón de la expresión, una cosa de echarle cojones. Con eso se arreglaba todo. Ponerle ganas. Pero ahora me doy cuenta que eso no sirve, que no es suficiente para dejar esta adicción.
- ¿Qué es lo que hace falta?
- Trabajar en todo lo que quiero que llene mi vida: Mi pareja, mi familia, mi trabajo, mis amigos... ¡Lo que de verdad me llena! Todo esto me ilusiona, y cada vez que algo sale bien me da un chute de energía enorme, había días que sentía que subía de nivel, no sé si me explico...
- Sí, ¿cómo en los juegos arcade?
- ¡Exacto! Cuando en uno de aquellos juegos superabas un nivel, te centrabas en la ilusión del siguiente y dejabas atrás el anterior.
- ¿Sientes que has dejado muchas cosas atrás?
- Siento que hay muchas cosas que antes consideraba imprescindibles y que a día de hoy me parecen que no son ni significativas. Es increíble la de cosas que me hacían perder mi vida y no me daba cuenta...


lunes, 17 de octubre de 2016

Tipos de Cambio Terapeútico

- Algunos psicólogos, los que trabajamos desde perspectivas más breves, entendemos que el cambio es la forma que tenemos las personas de superar las crisis circunstanciales de la vida. Entendemos que hay tres tipos de cambio ante una crisis. Por ejemplo, decimos que un cambio es de Tipo I cuando en sí mismo no provoca una solución de la crisis si no que, con este cambio favorecemos que la crisis cambie de nivel, ayudando a sí perpetuarla o enquistarla...
- Seria un cambio... ¿homeostático?
- Sí, un cambio equilibrante. Luego tenemos los cambios de Tipo II, que son aquellos que al aplicarlos se produce un cambio en la naturaleza de la crisis, y por ello suponen su superación. Vamos, que el problema deja de serlo.
- Bien...
- Pongamos un ejemplo, no es mío, es de Watzlawick, que era un genio. Imagínate que tienes una pesadilla en la que intentan matarte. ¿Qué haces?
- Supongo que huir o enfrentarme, depende de quién lo intente, ¿no?
- De acuerdo. Cualquiera de esas dos opciones es un cambio tipo I, porque no te permite salir del problema. Huir o enfrentarte no cambia el hecho de que intenten matarte. Tampoco si gritas, buscas ayuda o te dejas matar...
- Aja...
- Pero si de lo que hablamos es de hacer un cambio Tipo II, tendrías que...
- ¿Despertarme?
- Correcto. Si te despiertas ya no hay pesadilla. Si no hay pesadilla, ya nadie intenta matarte.
- Claro. Pero... Antes me has dicho que hay tres tipos de cambio y sólo me has explicado dos. ¿cuál es el tercero?
- Bueno, a ese le llamamos el cambio tipo 0.
- ¿Tipo 0?
- El no cambio. Es la actitud resignada que tienen algunas personas ante los problemas que le agobian. Viven esperando que alguien le solucione el problema, o peor aún, esperando que se solucione sola... ¿Es este tu caso?


lunes, 12 de septiembre de 2016

Tomar una decisión

Primero te das cuenta de que no estás en una situación deseada. No tiene porque ser muy grave. Simplemente con estar algo incómoda ya es suficiente. ¿Tienes que hacer algo al respecto? No necesariamente. Puedes esperar a ver si las circunstancias cambian en tu beneficio y el problema se arregla solo, ¿no? Porque en el pasado ya ocurrió en algunas buenas ocasiones, ¿recuerdas?


Espera. Distráete con otras cosas. Puedes escuchar música. Puede jugar con el móvil. Puedes pensar en las musarañas.

¿Ya? ¿Ocurrió el cambio milagros? ¿No? Esperemos más, ¿Te parece?

Permíteme que te explique en qué punto estamos. Estamos decidiendo conscientemente. Eso lo hacen las personas que quieren estar cien por cien seguras de acertar, bueno, de no equivocarse. Porque las personas que sois así tenéis claro que hay un momento en el que todo se ve claro, diáfano, transparente. Y entonces se puede ejecutar la decisión con totales garantías de éxito. 

Es normal que tomar una decisión te dé miedo. No sólo es que te puedas equivocar, es que también te puedes arrepentir de ello y luego tener que cargar unas consecuencias que no esperabas. Total... lo que tú deseas es una vida cómoda, tranquila, sin sobresaltos, controlada... Y siempre hay una decisión perfecta. Siempre hay una decisión que cuadra con las circunstancias. Sólo hay que esperar. 

¿Seguimos esperando? ¿Cuánto tiempo vas a dedicar a la espera? Lo digo porque tal vez el problema es que se te olvide vivir mientras esperas.

Eso sí, luego te puedes quejar amargamente todo lo que quieras...

Que estemos ahí para escucharte es otra cosa.

Entiéndelo, estamos muy ocupados viviendo. Y decidiendo.









viernes, 15 de julio de 2016

Spread your wings

Sufres, no aprendes, y te condenas a sufrir más.
Tomas conciencia, y no te gusta. 
Aprendes algo de ti.
Pero no te gusta. sabes que algo has de cambiar.
Tu entorno más próximo te anima. Están cansados de verte sufrir.
Empiezas por pequeños cambios, más fáciles serán.
Y lo son.Y te gustan. Y deseas cambiar más.
Te animan. Sigue así. Da gusto verte cambiar.
Ganas confianza. Tomas conciencia de todo lo no aprovechado.
Comienzas a realizar cambios significativos. Antes los temías.
Ahora son realidad.
Notas unos bultos en tu espalda.
En breve unas buenas alas tendrás.
Te sientes fuerte. Te sientes con poder. 
Crees que nadie te puede parar.
Alguien de tu entorno tuerce el morro.
Tanto cambio nada bueno puede acarrear.
De repente notas el vértigo. 
¿Qué hacer?
Puedes volver a la jaula, o tus alas desplegar.


¿Será que quien bien te quiere, libre te ha de querer?


lunes, 11 de julio de 2016

Familias centrípetas

Las familias centrípetas se organizan alrededor de un núcleo duro que ejerce una fuerza de atracción tan fuerte que no permite que ningún elemento de la familia se aleje demasiado. Este núcleo duro lo suelen formar los progenitores que, por su incapacidad para gestionar la pareja necesitan "invitados" que les permitan no estar solos.

En el mejor de los casos se pide que uno de los hijos haga de acompañante perpetuo y se sacrifique por la relación de los padres. Este hijo es el que decide no crecer, el que se queda a ejercer de hijo para que los padres no puedan mirarse el uno al otro sin distracciones. Lo cruel de la historia es que lo padres acostumbraban a quejarse de los sacrificios que han tenido que realizar por este hijo, que no han podido disfrutar plenamente la relación de pareja, etc...

En el peor de los casos ninguno de los hijos, y es algo que se dan en familias muy numerosas, puede salir de la dinámica familiar sin pagar el precio de la culpa. Porque la culpa es la emoción que canaliza todas las sinergias de estas familias, o más bien el miedo a la culpa. Uno de los padres es percibido como una figura poderosa, fuerte, con una enorme capacidad de castigo. El otro, no. En muchos casos el otro es percibido como un cero a la izquierda. Alguien prescindible que ha tenido la suerte de casarse con un/a cónyuge tan poderosa.

El problema del miedo a sentir culpa es que en sí mismo este miedo ya es un castigo, y eso hace que no se atrevan a moverse. Si se mueven, si deciden romper la disciplina, generalmente por un pareja con una realidad muy ajena a la de una familia centrípeta, el resto de la familia le criticará. Los padres con rabia, pero también con miedo: ¿Y si los demás se dan cuenta que se puede vivir mejor? El resto de hermanos castigan con rabia, pero también con algo de envidia: Si el puede, ¿por qué no puedo yo?

Es duro romper la disciplina de la una familia centrípeta, pero necesario si te ahoga. Y tampoco es sencillo ayudar a romperla, serás señalado/a como una muy mala influencia.

Pero, si es realmente necesario, vale tanto la pena...

Si quieres leer sobre familias centrífugas...

lunes, 4 de julio de 2016

¿Entenderse o cambiar?

Creo que básicamente hay dos tipos de psicólogos: aquellos que desean entender con quien trata y los que deseamos que cambie. Queda claro que me sitúo entre los segundos.
El entendimiento de las circunstancias, de las actitudes, aprendizajes o lo que sea no genera necesariamente ningún cambio, puede hacerlo, pero soy de los que creen que más conocimiento no significa necesariamente más aprendizaje.
Para mi, el aprendizaje es básicamente experiencial, y no hay mejor experiencia que la de cambiar, ya sea adaptándose o transformándose ante las circunstancias de la vida.
El cambio siempre proporciona una nueva ubicación en la que situarse. Esa ubicación nos permite, en primer lugar afrontar las consecuencias positivas y negativas de nuestra decisión, pero también nos proporciona una nueva perspectiva de quienes eramos antes del cambio. Una perspectiva que antes no disfrutábamos y que ahora nos permitirá entender quiénes éramos.
El camino a la inversa no siempre se hace, por eso muchas personas que buscaban entenderse no cambian nada y sólo aprenden a justificarse con el ya conocido "Es que yo soy así".