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martes, 24 de marzo de 2020

La música de las circunstancias

- Es una sensació n tan rara... es como si de golpe se hubiese apagado la música y no supiésemos qué hacer. Como en el juego ese de la silla en el que las personas dan vueltas corriendo alrededor de unas sillas y cuando la música deja de sonar hay que sentarse y quien no se sienta pierde, ¿sabes? Pero es como si todos hubiésemos descubierto que no hay sillas y no sabemos qué hacer.

- ¿No hay nada que hacer o no sabes qué hacer?

- En estos momentos no sé ver la diferencia o no me parece significativa.

- Ya. Si no sabes qué hacer, siempre puedes aprender, ¿no?

- Sí, claro.

- Si no hay nada que hacer sólo puedes resignarte.

- No me gusta eso. Prefiero creer que hay algo que puedo hacer pero, ¿cómo saberlo?

- Lo importante no es saberlo, creo que lo importante es aprenderlo, o mejor dicho, decidir si quieres aprenderlo.

- ¿Cómo sabré si quiero aprenderlo o no?

- Supongo que depende de lo que te plantees conseguir... ¿Y si cambiamos la metáfora?

- A ver...

- A mi, toda esta situación del confinamiento me recuerda a otra situación que ya vivimos en nuestra vida, concretamente en la adolescencia, también muy lúdica y muy vinculada a la música. ¿Recuerdas cuando íbamos a una discoteca?

- Como para olvidarlo...

photo by Sarthak Navjivan Unsplash


- Recuerdas aquellas veces que estabas pasándotelo bien, disfrutando de la música y bailando, y parecía que el Dj acertaba siempre con las canciones y te lo estabas pasando dpm, y de repente...

- ¡Te ponían las canciones lentas!

- Correcto. ¿Qué hacías entonces?

- Eso era una putada. Sobre todo para mi, que no se me daba nada bien ligar allí y casi nunca tenía pareja con quien bailarlas...

- ¿Y cómo te sentías?

- Frustrado. Quería seguir bailando como hasta entonces pero no podía.

- ¿Por qué?

- Porque ya no sonaba la misma música y llamaría mucho la atención.

- ¿Qué posibilidades tenías?

- O joderme o aprender a conseguir pareja para poder seguir bailando, aunque fuese canciones lentas.

- ...

- Justo como ahora, ¿no?

- Recuerda que cuando no puedes arreglar una situación siempre puedes no complicarla.

domingo, 13 de octubre de 2019

Sobre el momento para el cambio

Afirman los que saben de esto, que hay dos tipos de psicoterapeutas: los que buscan entender y los que buscan el cambio. Sobre los del primer grupo poco puedo reflexionar ya que es una forma de ejercer la psicoterapia que no acabo de hacer mía. ¡Qué le voy a hacer! Sobre los del segundo grupo, poco puedo decir que los gigantes sobre cuyos hombros ejercemos los terapeutas de hoy día, no hayan dicho ya. Aunque bien pensado hay una pequeña aportación, muy mínima, que se me ocurre y que me gustaría compartir con vosotros:

¿Cuándo llega el momento del cambio? O mejor dicho,  ¿Cómo sabré que el momento de realizar el cambio ha llegado?

Photo by Eric Rothermel on Unsplash

Lo primero que puedo decir es que cuando te haces una pregunta de este tipo es que ya vas tarde: ya deberías haber cambiado.

Date prisa en tomar conciencia de ello. En serio.

Lo segundo y último que diré al respecto es:

La pregunta no tiene sentido. Ningún sentido.

Cuando te haces esta pregunta ya has decidido qué cosa has de cambiar, pero no te atreves a ejecutar, implementar o lo que sea que necesites hacer.

La pregunta que te debes hacerte es otra.

¿Cuál?

Ésta: ¿Cuánto tiempo/recursos/relaciones estás dispuesto a sacrificar por mantener un estado que sabes perfectamente que no puedes seguir manteniendo?

Piénsalo.

En serio.

jueves, 10 de octubre de 2019

Cómo gripar mi cerebro

Tal vez el diagnóstico al que con más frecuencia nos enfrentamos en la clínica de adultos,  sea cual sea nuestra especialidad, es el de cerebro gripado. Pero claro, este es un diagnóstico que no aparece recogido en el DSM-5, ni seguramente en ninguno posterior que esté por llegar, aunque estoy seguro que si leemos entre líneas sí que aparece... Pero los DSM mejor los dejamos para otro día.

Photo by Natasha Connell on Unsplash

¿Qué caracteriza a un cerebro gripado? Lo primero que hemos de señalar es que el cerebro tiene dos estados básicos: puede estar en proceso de griparse o estar ya gripado. La mayoría nos encontramos en la primera fase, en un estado más o menos cercano al gripamiento, en cambio, la mayoría de las personas que solicitan terapia psicológica están en el segundo. Pero volvamos para contestar la pregunta con la que abría el párrafo: Un cerebro gripado se caracteriza básicamente por lo que vulgarmente se llama "pensar demasiado". ¡Cómo si eso fuese realmente posible!

El cerebro humano tiende a la eficiencia, de manera que nunca malgasta energía. El cerebro no puede pensar mucho ni poco. Piensa, y ya está. Tiende a pensar en bucle y mediante rutinas, pero estos bucles no suelen ser cerrados y permiten el avance del pensamiento. El problema se produce cuando el bucle se cierra y el pensamiento se vuelve recurrente u obsesivo. Y este es el punto clave, la obsesión.

Cuando una persona afirma pensar demasiado lo que en realidad quiere decir, bueno, si tuviese conocimientos básicos de psicología, es que piensa de manera obsesiva. Por eso, cuando busca pensar menos, se encuentra con que no puede, puesto que lo que le obsesiona no le permite avanzar si no lo resuelve. Y no le permitirá ni ahora ni en el futuro...

¿Cómo puedo gripar mi cerebro? Facilitando la obsesión llevado por el miedo a lo incierto o al fracaso. Tengo que resignarme a creer que la solución está dentro del bucle de mi obsesión y no en ninguna ilusión. He de sentirme seguro en mi estado de agobio. He de creer que no hay más posibilidad que la que estoy explorando obsesivamente. Como el chiste del borracho y la farola.

Y no hacer caso a nadie.

A nadie.

Hasta que creas que has de ir a un psicólogo.

O a un coach. Pero ellos te hablarán de tu zona de confort... ¿O era de resignación pasiva?

jueves, 28 de febrero de 2019

¿Cómo va a ir mi terapia?

- Basándote en tu experiencia, ¿crees que puedo salir de este embrollo?
- Depende.
- ¿De qué?
- De factores circunstanciales y de otros actitudinales. Mira, he visto a personas en situaciones mucho más graves y complicadas que la tuya salir adelante, superar la crisis y seguir con su vida.
- Entonces crees que tengo muchas posibilidades de superar todo esto, ¿no?
- Como te he dicho antes, depende. También he visto a mucha gente que teniendo situaciones menos comprometidas que la tuya y con muchos recursos no conseguirlo y hundirse en una miseria más profunda.
- Joder, ¿y qué tuvo la culpa de que no saliesen adelante?
- Bueno, la pregunta que te deberías hacer es por qué consideras que la culpa no fue suya en el segundo caso que te he dicho.
- Bueno, como has dicho que lo tenían más fácil he pensado que tendría que haber ocurrido algo muy gordo para que no salgan adelante, ¿no?
- Tal vez eso es porque tendemos a sacar factor común centrando nuestra atención en las circunstancias, y tal vez deberíamos extraer factor común centrándonos en factores actitudinales.
- ¿Actitudinales?
- Por supuesto. Quien quiere estar bien y considera que vale la pena (o la alegría), se esfuerza a pesar de las circunstancias y lo logra. También hay quien aprovecha cualquier pequeño inconveniente del camino para justificar su deseo de abandonar la lucha.
- Ya veo. (...) ¿Cuál de los dos tipos crees que soy yo?
- No tengo ni idea.
- ¿No?
-  ¿Cómo quieres que lo sepa? Yo no soy adivino. Depende de lo que muestres veremos qué camino deseas emprender.
- ¡Yo quiero estar bien!
- Y yo que me lo demuestres.

Photo by Peter Vanosdall on Unsplash
Dedicado a Rubén y su pareja ;)

sábado, 26 de enero de 2019

1/168

- La suerte es de quien la aprovecha, y tú la has aprovechado al máximo.

- Sí, pero si no hubiese sido por vosotros no lo habría conseguido.

- Gracias pero, si eso fuese así, nuestra intervención funcionaría con todo el mundo, ¿no te parece? entonces tendríamos que sentirnos responsables de aquellas personas a las que la terapia no ha funcionado. Como te he dicho, ha coincidido la oportunidad con tu deseo de estar bien.

- Ya, pero cuando empecé no estaba bien. Gracias a lo que trabajamos he ido saliendo adelante y me he sentido mejor. Ahora veo como estaba y alucino.

- Por supuesto, ha sido un trabajo encomiable. Como te explicamos en la segunda condición innegociable, esto ha funcionado por el principio de Arquímedes: hemos buscado un punto de apoyo y tú has movido tu mundo.

- A eso justamente me refiero, sigo sin verlo como tú. Yo no tengo la sensación de haber movido nada.

- ¿No? ¿Y quién lo hizo? ¿Tu hada madrina?

- ¡Vosotros! El tratamiento es lo que me ha ayudado...

- ¡Exacto! Te ha ayudado. pero lo has hecho tú. Fíjate un momento... Piensa en el principio de la terapia, ¿con qué frecuencia nos veíamos?

- Una vez a la semana.

- Correcto. ¿Te has parado a pensar en la proporción que eso resultaba en tu vida? Ya veo que no... Pensemos un segundo ya hagamos un cálculo rápido. Una sesión de una hora de psicoterapia a la semana, ¿qué proporción resulta?

- Pues una entre todas las horas de la semana que son...

- 168.

- Sí creo que sí...

- Entonces, al principio del tratamiento, cuando tú dices que estabas peor y que más ayuda necesitabas y más significativa resultó para ti la terapia... la proporción era de 1 hora cada 168. O sea, por cada hora de terapia que recibías, estabas 167 horas luchando tú sola. ¿Intentas convencerme de que las 167 horas en las que reflexionabas, aplicabas, contrastabas y afrontabas todo lo que hablábamos en la sesión son menos importantes o significativas que la hora de terapia que pasábamos juntos?

- Es que visto así...

- No sé cómo lo quieres ver si no.

-Bueno... yo lo que sé es que me siento muy agradecida.

- Eso es muy diferente. La verdad es que ha sido un placer verte crecer ante las adversidades.

Photo by Samuel Zeller on Unsplash

miércoles, 23 de enero de 2019

Lo que te mantiene en la crisis

- Hace ya algunos años, cuando trabajaba en un centro público de salud mental, el psiquiatra del centro me derivó un caso. Yo estaba realizando una suplencia, y la chica había realizado terapia con la psicóloga titular y al parecer no había funcionado. El psiquiatra creyó que un enfoque nuevo podía producir algún tipo de cambio.

- Suena lógico.

- Lo que hice fue leerme la historia que había redactado mi antecesora, y vi que prácticamente yo iba a hacer lo mismo que había hecho ella, de manera que la única esperanza que albergaba residía en que como había pasado algunos meses, hubiese la posibilidad que encontrase algún matiz nuevo que me ayudase a no quedar mal ante el psiquiatra. Pero cuando la visité, seguía en el mismo punto. Llevaba ya más de dos años atascada.

By Ian Espinosa www.unsplash.com
- ¿Por qué?

- La respuesta más habitual es el miedo. Pero en aquella terapia me enfrentaba a la impotencia. La situación que ella estaba pasando era injusta y realmente desesperante, no entraré en detalles, y la actitud que ella tenía no ayudaba. ¿Cómo puede un psicólogo ayudar a alguien en esa situación tan sostenida en el tiempo? La respuesta es clara: Preguntar. Pero claro, las preguntas ya las había hecho mi compañera un año antes y no había funcionado. Yo podía hacer las mismas, pero tenía la casi certeza  de que obtendría las mismas respuestas... Y ahí andaba yo en la visita, predesesperado, pensando en cómo ayudar a alguien que estaba pasando por un momento de mierda, y casi sin darme cuenta resulta que se lo pregunté en voz alta.

- Venga ya...

- Sí, su cara cambió cuando yo se lo pregunté: "¿Cómo puedes aguantar este momento de mierda tan largo que estás viviendo?"

- Menuda cara debió poner...

- No lo recuerdo, creo que no, aunque si lo hizo se sobrepuso rápidamente y me contestó: "Hombre, no te creas, yo también me doy mis homenajes". Como te puedes imaginar a un psicólogo especializado en adicciones la palabra homenaje le despierta mucho la curiosidad.

- Ya te digo.

- Cada día, cuando llegaba de trabajar más de doce horas puteada, compraba un pack de 6 latas de cerveza en el colmado que había debajo de su casa y se las tomaba cenando, o sin cenar.

- ¡Olé!

- Y el fin de semana más, claro. Ella me dijo que esas cervezas nocturnas eran el motivo por el cual ella podía aguantar su día a día, las putadas que le hacía y los silencios cómplices de us familia de origen... No entraré en detalles.

- ¿Y qué hiciste?

- Llamé al psiquiatra para que lo oyese por sí mismo. Evidentemente se produjo un cambio de abordaje en el caso: pasó a ser una terapia de adicciones desde un centro de Salud mental, interdictor para el alcohol y cosas así. El caso es que a las dos semanas ella no bebía, pero no se encontraba bien. ¿Por qué?

- Ya no tenía homenajes...

- Exacto. ¿Y qué crees que pasó?

- Hombre, o dejó el tratamiento o cambió de actitud ante la situación de mierda que vivía...

- Correcto.

- ¿Qué hizo finalmente?

- Afortunadamente lo que su psiquiatra y su terapeuta sustituto le recomendaron muy encarecidamente...

sábado, 13 de octubre de 2018

La araña sanguijuela

- Creo que la mejor metáfora que se me ocurre para explicar tu situación es a través de la creación, imaginaria, de un animal nuevo mezclando las características de dos ya existentes.

- A ver...

- Una araña que se comporte como una sanguijuela.

By Robert Anasch (unsplash.com)
- Joder. ¡Menudo bicho!

- Nos la podemos imaginar en su tela... nunca sale de allí. ¿para qué? Allí tiene todo lo que necesita: seguridad y alimento. Allí nunca pasa hambre porque a diferencia de las demás arañas ella no devora a sus víctimas; ella se limita a ir chupándoles la vida poco a poco, lo suficiente como para poder estar ella bien y sin llegar a matarlas. Total, las víctimas están atrapadas en su red.

- Ya veo.

- Respecto a las demás arañas, la del subtipo sanguijuela siempre tiene varias atrapadas y vegetando a la vez en su tela.

- ¿Varias?

- Por supuesto. Tener atrapadas a diferentes víctimas de las que ir alimentándose aumenta considerablemente las opciones de supervivencia, sobre todo con un estilo de vida tan poco activo y productivo como el suyo. Las arañas no hacen nada más que construir una trampa y vivir esperando a ver qué cae.

- Ya.

- Obviamente la araña que disfruta de una mejor calidad de vida es la que tiene varias víctimas atrapadas en su red al mismo tiempo. Esto le permite ir alimentándose sin agotar la vida de las mismas y le permite disfrutar de "diferentes sabores". La única preocupación que tiene es tener espacio en su tela para nuevas víctimas...

- ¿Nuevas víctimas?

- Claro. Eso le permite tener un margen de despensa y...

- ... y una nueva ilusión, ¿verdad?

- Verdad.

- Una de estas arañas no valora las víctimas que ya tiene atrapadas y de las que se ha alimentado, siempre está pensando en la próxima que llegará...

- ... o en la que está consiguiendo escapar.

- Como yo.

- Como tú.

sábado, 29 de septiembre de 2018

El grupo (by Ricard Pallarès)

“No le importaba el sentido lógico de aquello, por fin había encontrado esa motivación que, aunque no fuese real, valía la pena. Eligió y se dejó guiar por una sensación que aún no había experimentado. Su mente pertenecía a algo mayor, su corazón obedecía y su alma se marchitó tratando de dar sentido a un espejismo.
Y entonces, dejó de ser quien era. Arrastrado por una energía colectiva alimentada por algo inquebrantable, la unión.
El precio era alto, pero había encontrado un poder sin límite que le daría la felicidad. Un lugar donde no existe el color gris, una tierra donde no sentirse solo…”

Photo by Bin Thiều on Unsplash

En una ocasión estaba paseando por el centro de mi ciudad cuando, de repente, me llamó la atención una tienda bastante grande. En la puerta, había una cola de gente muy alegre por lo que estaba pasando dentro. Una de las personas que había comprado el nuevo gadget tecnológico salía entre aplausos de los trabajadores de la tienda.

Me quedé perplejo. Aquel hombre, poco más que no podía evitar emocionarse y su mirada lo decía todo, ya no era “nadie” sino el “primero de muchos”. Había una sinergia enorme y se notaba que todo el mundo quería y deseaba lo mismo. Vivir esa experiencia, estar a la última… Pertenecer al grupo.

Muchas marcas llevan tiempo entendiéndolo muy bien y saben lo que la gente de esa cola quiere. Saben cómo recompensar la fidelidad con algo mucho más poderoso que su producto, sentir que formas parte de un ente que va más allá de ti mismo. Tú ya no eres importante, la marca lo es.

Dicen que somos seres gregarios, que el sentimiento de grupo nos proporciona una sensación cálida y envolvente. No en vano, uno de nuestros mayores miedos es el de la soledad. Por ello y, gracias a los grupos, podemos formar parte de un objetivo común donde compartimos, aprendemos y evolucionamos. Básicamente y, como decían en La Bola de Cristal: “Solo no puedes, con amigos sí”

No vamos a negar que es bonito disfrutar de algo nuevo y, que nos aplaudan claro, pero ¿Hasta qué punto perdemos nuestra identidad?

Lo peor es que el deseo de sentirse parte de algo más grande no se reduce al marketing de algunas marcas, sino que puede extrapolarse a la política, la religión y, en definitiva, a prácticamente todo en nuestra vida.

Entonces, siendo muy probable que ya pertenezcamos a uno o varios grupos, lo que nos debería preocupar no es el grupo en sí, sino la falta de matices. La necesidad de encajar socialmente nos lleva, en no pocas ocasiones, al encasillamiento y la triste costumbre de que cada día nos cuestionemos menos cosas.

Nos dicen qué producto comprar, o qué ideología seguir, pero no nos enseñan a pensar. Es comprensible, ya que potenciar nuestra identidad individual es largo y, a veces, tedioso además de tener un precio. Nadie puede etiquetarte al 100% en su grupo y, por tanto, pasas a ser un proscrito. 

Reconozco que hay veces en las que, rodeado de gente, me he sentido solo. Pero me resisto a creer que no podamos escoger lo mejor de cada ideología, cultura o sistema y romper con los tópicos más rancios siendo críticos con ellos para tratar de mejorarlos.


Porque al final del día, sin nuestro pensamiento abstracto o nuestra infravalorada capacidad de elección, no seremos nada más que una masa uniforme siempre en favor del viento dominante.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Renunciar a la herencia

- Al final decidí que lo mejor que podía hacer es renunciar a la herencia de mi padre. No sé si es lo que me conviene económicamente hablando porque no hay manera de saberlo, tal y como es mi familia, pero si tengo en cuenta que él es el nexo con todos y que ya no está... Es una lucha que no creo que me valga la pena.

- ¿Y cómo te encuentras habiendo decidido esto?

- Bien. Bueno, bien a ratos. A pesar de esta decisión, no puedo evitar pensar en todo lo que se me va a venir encima en un futuro más o menos breve.

- ¿Qué se te va a venir encima?

- Todo. ¿No te he dicho ya que mi familia es muy caótica? Creo que las llamáis familias multiproblemáticas. A partir de ahora tendré que lidiar con las movidas de mi madre y de mis hermanos.

- ¿Por qué?

- Porque son mi familia.

- Pero tú has renunciado a la herencia...

- Claro que sí. ¿Qué tiene que ver?

- ¿Quieres decir que has renunciado a la parte potencialmente positiva para evitar posibles consecuencias negativas pero que no renuncias a la parte negativa segura?

- Dicho así suena como si fuese tonta.

- Tonta no lo sé, pero injusta sí que suena. Imagínate que fuera al revés...

- ¿Coger el posible dinero y renunciar a las movidas de mi familia? ¡Eso es egoísta!

- (...)

- Ya veo...

- Tu valoración parece sesgada claramente en tu defecto.

- Siempre ha sido así...

- Eso no significa que tenga que continuar siéndolo, ¿no te parece?

- Visto así...

- Lo que te puedes proponer si haces esto, no es cambio fácil, pero has de valorar si es un cambio que vale la pena.

- La pena sí que lo vale, sí, pero difícil va a ser un rato. No me lo van a poner fácil...

- Deberías aceptar que si son adultos y responsables para gestionar una herencia, entonces también lo son para gestionar las consecuencias de lo que hacen, eso que tú llamas movidas...






miércoles, 11 de julio de 2018

El efecto L'Oréal

- Hay diversas maneras de trabajar para conseguir una mejora de tu autoestima, pero todas implican tener una actitud más activa por tu parte.
- ¿Actitud activa?
- Por supuesto.
- ¿Crees que he tenido una actitud pasiva hasta ahora?
- Estoy casi seguro de ello.
- ¿En qué te basas?
- En tu conducta, obviamente. No has estado tomando decisiones desde hace un tiempo, y eso ha provocado que no hayas podido escoger las consecuencias a las que te has enfrentado.
- ¿Hay alguien que las escoja?
- Por supuesto que sí. Mucha gente. Y antes de que me hagas otra pregunta obvia, te diré que los reconocerás porque se quejan poco. Tienen mucho que hacer y la queja les resta a tiempo y energía.
- ¿Me estás pidiendo que sea arrogante?
- Hmmmmm..., no. Te estoy pidiendo que te sitúes en un punto medio y que busques ser coherente.
- No sé si lo veo claro. Es como ir muy a saco, al menos para mi... Es como ir por la vida con una camiseta de esas que pone "soy la hostia" y cosas así... No me siento muy cómoda, la verdad.
- Bueno... No creo que una camiseta sea la mejor opción, en eso estamos de acuerdo. Pero ahora que mencionas lo de la camiseta, se me ocurre una tarea que puedes hacer para la próxima sesión y que puede provocar cambios que nos ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión.
- Ok, dime.
- Te voy a pedir que consigas una camiseta promocional de la marca L'Oréal. Mejor varias. Y te las vas a poner para ir por la vida durante una temporada.
- ¿De la marca L'Oréal? ¿y por qué de esa marca?
- Eso es lo que me gustaría que la gente de tu vida te pregunte. "¿Por qué L'Oréal"?
- ¿Y qué les contesto?
- Creo que el eslogan es bastante apropiado...
- ¿Y cuál es?
- Creo que si piensas un poco lo recuerdas. Si no, búscalo.


jueves, 17 de mayo de 2018

Sobre el arte de escribir

Creo que tenemos tres formas de reflexionar que no son incompatibles entre sí: Pensar, hablar y escribir. De ellas, creo que escribir tiene un valor mayor que las otras dos por la influencia que tiene sobre ellas.

Obviamente me refiero a escribir a mano. No tengo nada contra escribir a ordenador y mucho menos contra escribir a máquina (¡cómo echo de menos el gesto de pasar de línea!) pero escribir a ordenador es menos natural porque se escribe más rápido que a mano y te permite retocar demasiado lo que escribes, eso no es natural...

Cuando nos enfrentamos con un bolígrafo (o pluma, o lápiz, o lo que desees) a una hoja en blanco, tenemos un universo de posibilidades para desarrollar un texto coherente, y eso nos lleva a algo que los psicólogos adoramos, nos lleva a tomar decisiones y asumir las consecuencias que de ellas se desprenden. No importa quien lo vaya a leer. Lo estamos leyendo nosotros mientras los reflexionamos al escribirlo. Y nosotros somos nuestros más crueles jueces.

El pensamiento no es coherente en sí mismo, en mi opinión es como un flujo de sensaciones que en algunos momentos podemos dirigir y hasta disfrutar, pero en la mayor parte de tiempo no podemos concretar. Escribir nos obliga a concretar, a cuestionarnos lo que pensamos. Por eso es tan difícil al comienzo. Cuando empezamos a escribir no nos gusta lo que escribimos. Deseamos que sea mejor, más interesante, más atractivo, pero no, es lo que es.

Somos lo que somos. Y si queremos ser algo diferente, algo mejor, tendremos que esforzarnos, practicar. Y eso no nos gusta. ¿Por qué? Porque lo hacemos todo el rato en infinidad de cosas de la vida en las que no nos apetece.

¡Qué curioso! Dedicamos nuestro esfuerzo y hasta nuestro sacrificio en cosas que no nos interesan o nos importan de forma que cuando debemos hacer algo que nos puede interesar, no tenemos fuerzas...

Pero volvamos a la escritura... Cuando cogemos el hábito de escribir y aprendemos a disfrutar de practicarlo, nos acabamos por dar cuenta que pensamos de una manera muy diferente a cuando empezamos a practicar. Somos más reflexivos, más tranquilos (y por tanto menos reactivos) y adquirimos la capacidad de adoptar diferentes  puntos de vista y ser más estratégicos en nuestra conducta. Nos ayuda a mejorar la calidad de nuestro sueño (otro día lo explico), nos ayuda a mejora nuestra memoria al anular efecto de primacía y recencia.

Aprendemos a preguntarnos más para qué y menos por qué, ya que el primero nos lleva a buscar motivaciones y el segundo a buscar justificaciones y excusas. Vamos, que nos vuelve más inteligentes y mejores personas.

Escribir es un proceso que nos ayuda a pensar mejor, nos ayuda a tomar mejores decisiones y por tanto, facilita que no tengamos que tomar medicación (para la ansiedad y la depresión) y nos mantiene alejados de los psicólogos...

jueves, 8 de marzo de 2018

Siusplauitis

La siusplauitis es una patología que puede afectar a cualquiera, pero que muestra una mayor prevalencia entre la población de aspirantes a policía en el Institut de Seguretat Pública de Catalunya (ISPC). Esto lo sé porque estuve 14 años trabajando allí como psicólogo evaluador de prácticas interdisciplinarias (Módul 8 para los iniciados) y así tuve la oportunidad de diagnosticar muchos casos.

Estoy seguro que es una patología que no se restringe a una zona tan específica de la comarca del Vallès Oriental, si no que se debe producir en cualquier parte del mundo, pero, lo que hace que allí haya más casos es que hay un entorno de evaluación de habilidades comunicativas muy intenso (aprobar el M8 es casi conseguir el aprobado para ser policía en Catalunya).

¿En que consiste esta patología? Se trata de una inflamación aguda de la glándula de los "Si us Plau" ("Por favor" en catalán) que hace que una persona repita de manera repetitiva y en ocasiones absurda, si us plau.



¿Por qué ocurre esto? La explicación que encontramos los psicólogos de M8 fue puramente psicológica: La confusión de significado entre las palabras educación, empatía y asertividad.

Un policía tiene que mostrar una actitud perfectamente equilibrada entre las tres palabras anteriores. Ha de ser próximo (empático y educado) pero demostrar seguridad (asertivo). Lo que ocurre es que se suele poner el acento en aquella palabra que uno utiliza más, y en este caso es la educación. De aquí, que cuando un aspirante a policía se enfrentaba a una situación simulada, siempre que quería parecer educado utilizaba la expresión "por favor" para todo.

El problema es que cuando uno muestra un patrón tan repetitivo de por favores se posiciona en una actitud muy "down" de la que da un poco de vértigo salir cuando el interlocutor se muestra asertivo, porque los saltos actitudinales nos asustan por si nos pasamos... en este caso de agresivos. La espiral que se producía entre querer mostrarse educado y desear controlar una situación en la que había que mostrarse asertivo acostumbraba a producir un bloqueo emocional en muchos que les llevaba a la impotencia. Y ya sabemos que cada cual explota en su impotencia como puede, no como desea.

En la charla posterior que mantenía con los alumnos les informaba de que tenían siusplauitis (esto relajaba mucho la situación y los predisponía en mi opinión, a estar más abiertos) y cuando les preguntaba por qué decían tanto por favor, se producía más o menos la siguiente conversación:

- Pido las cosas por favor para ser educado.
- ¿Ser educado es pedir las cosas por favor?
- Claro.
- Ahh, ya veo. A ver, hagamos una prueba. Yo haré de policía y usted de ciudadano, ¿de acuerdo?
- Sí, vale.
- Por favor, ¿me da su dni idiota, por favor? -(el aspirante se mostraba muy sorprendido en este punto) - ¿he sido educado?
- No.
- ¿Por qué? He dicho por favor dos veces. He sido bieducado.
- Sí, pero me ha insultado.
- ¿Y?
- Que si me insulta no es usted educado.
- ¿Quiere decir que para ser educado es condición básica no insultar?
- Sí, claro.
- ¿Y decir por favor?
- No. Ya veo.
- Pidame el dni sin utilizar la expresión por favor.
- Deme su dni.
- ¿Se ha sentido mal educado?
- No.
- ¿Cómo describiría su intervención si no es mal educado?
- Seco, directo...
- ¿Más preparado para subir el tono en caso necesario?
- Sí.

No todo el mundo era capaz de superar una siusplauitis. Hacerlo requiere mucho entrenamiento para enfrentarse a los propios miedos y ser capaz de aprender de los errores. Claro que la mayoría no suspendían sólo por esto, también había importantes inflamaciones en las áreas neuronales de la empatía, pero eso lo dejaré para otra entrada futura, si Mercadona me da permiso...

martes, 12 de diciembre de 2017

Intervención para la abstinencia (I)

- ¿ Qué tal con tu ex?
- Contacto inexistente. ¿Qué creías que te iba a decir después de cómo se comportó?
- Bueno, tal vez sea lo mejor para ti.
- Y tanto. ¿Por qué me preguntas por ella?
- Bueno, curiosidad terapéutica...
- ¿Curiosidad terapéutica?
- Claro. No en vano está muy relacionado con el tema principal que nos tiene ocupados.
- No veo la relación,  menos que sea que fumaba cuando estaba con ella...
- Por supuesto que ese es un nexo de unión entre ambos temas, pero hay otro más interno, más profundo. No sé si me explico...
- No, la verdad es que no.
- A ver... La relación que yo veo la baso en cómo te relacionas con lo que te perjudica. Quiero decir, si nos fijamos en el tema del consumo, parece que tienes dificultades para alejarte de aquello que te perjudica, ¿no?
- Estoy de acuerdo que el consumo me perjudica gravemente. También reconozco mi enorme dificultad para mantenerme abstinente.
- Ese es el punto de unión entre ambos temas. Sí, espera, te lo explico. Estaremos de acuerdo en que tu ex te perjudicó, ¿verdad? Vale, y estaremos de acuerdo en que al principio la amabas, al principio te hacía mucha ilusión, ¿recuerdas? Vale. ¿No ves un parecido entre la evolución de tu adicción y la de tu relación de pareja?
- Sí, sí que la veo. Pero también veo una diferencia. Con mi pareja sí conseguí finalizar la relación. La adicción es más fuerte, ¿verdad? Debe ser el componente biológico.
- Seguramente. ¿No te parece injusto? Quiero decir, tu pareja no quería acabar con la relación y te ofreció muchas alternativas... Y aún así, la dejaste.
- No voy a volver con ella porque sea incapaz de dejar mi adicción, si es eso lo que pretendes decir.
- ¡Oh no! Por supuesto que no pretendo eso. ¡Faltaría más! Sólo pretendía centrar tu atención en las similitudes de la evolución de ambos temas y que, contra tu propio criterio, sí que eres capaz de abandonar algo que perjudica gravemente tu salud.
- Ya veo... Pero sea lo que sea que estás tramando quiero dejar claro que no voy a volver a darle ninguna oportunidad a ella, ¿vale?


------ Continuará ------

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tener mérito

- ¿Cómo crees que has superado esta crisis? Quiero decir, ¿cuál crees que ha sido el factor determinante?
- Lo he pensado mucho y la conclusión que a la que he llegado es que he tenido mucha suerte...
- ¿Suerte?
- Sí, por supuesto. Las circunstancias me han sido favorables, no sólo en el momento decisivo, si no también con anterioridad. Si no hubiese gozado de esas dosis de suerte a mi favor no sé cómo habría acabado esta historia.
- ¿Crees que te habrías rendido?
- No, eso no. No creo que me hubiese rendido porque estaba muy convencido de qué era lo que tenía que hacer. Eso no lo dudo... Pero, ¿sabes? pienso, si no hubiese contado con el apoyo de mis amigos, ¿cómo me habría salido de esta?
- Está claro que las circunstancias te han sido favorables...
- Eso es lo que quiero decir. Estoy terriblemente agradecido por la ayuda que he recibido en toda esta historia, tanto la ayuda voluntaria como la involuntaria.
- Eso te honra.
- Gracias. La verdad es que no me canso de repetirlo...
- Te sientes muy afortunado.
- Sí, desde luego.
- ¿Te sientes merecedor?
- ¿Qué quieres decir?
- Te he estado escuchando atentamente y no haces otra cosa que hablar de tu suerte, tu fortuna, pero no has hecho ni una sola referencia a si tienes mérito en esta historia.
- No sé si te entiendo. ¿Qué mérito puedo tener? El mérito es si acaso de mis amigos.
- Supongo que tus amigos son gente altruista.
- No.
- ¿Entonces? ¿Por qué te ayudaron?
- Supongo que porque me quieren.
- ¿Y por qué te quieren?
- ¡Hombre yo también me he portado muy bien con ellos en el pasado!
- Ah...
- ¿Qué quieres decir?
- Que ahí tienes tu mérito. Lo labraste hace mucho tiempo, y de manera desinteresada. Y luego lo has aprovechado. Recuerda que la suerte es aquello que decides aprovechar.

martes, 1 de agosto de 2017

Como salir de un bucle obsesivo fácilmente

Todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida por un momento en que que nos hemos obsesionado con alguna idea que nos conseguimos sacarnos de la cabeza ni solucionar, como si fuese un bucle perpetuo del que no podemos salir.

¿Por qué nos ocurre esto? La mayoría de las veces esto ocurre por miedo.

El miedo, como emoción que es, nos prepara, nos activa,  para enfrentarnos a un peligro, a algo que nos asusta o a una situación de incertidumbre. Esta activación es energética, y se manifiesta tanto de forma física (tensión muscular, mayor tensión arterial, etc) como mental. Una de las consecuencias del aumento de tensión es la focalización de nuestros sentidos y de nuestra actividad mental. Decimos focalización porque el es algo positivo. Focalizamos aquello que nos asusta o deseamos solucionar y le dedicamos todos nuestros recursos a finalizarlo.

Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Y si no conseguimos una solución más o menos inmediata?

Entonces la activación física y mental no es vivida como agradable ni productiva y la llamamos ansiedad. La focalización tampoco es bien vivida y pasamos a llamarla efecto túnel, bucle o directamente obsesión.



¿Cómo salimos de esto? En mi opinión la solución está en la división que he explicado antes entre tensión física y mental. Es imposible mantener niveles elevados de ambas durante un período de tiempo largo, y cuando eso ocurre siempre muestra una preferencia. Para aquellos que tenemos tendencia a preferir la tensión mental y acabamos desarrollando ideas obsesivas, la solución más fácil es generar un conflicto entre ambas tensiones, de manera que el cuerpo se vea obligado a reducir la tensión mental por un aumento de la tensión física.

Dicho así puede sonar un poco raro, pero es sencillo.

Si deseas dejar de pensar obsesivamente el truco no es dejar de pensar (cosa que cree mucha gente), el truco es pensar de manera diferente, y la forma más sencilla de conseguirlo es haciendo algo de ejercicio.

Si nos proponemos pensar en aquello que nos preocupa mientras hacemos ejercicio moderado, como por ejemplo caminar, notaremos enseguida que pensamos de una manera mucho más relajada. Incluso si lo hablamos con alguien mientras caminamos, notaremos que nuestra forma de comunicarnos es menos apresurada.

Hacer ejercicio es la manera más sencilla de quemar energía, y por tanto, de dar salida a la ansiedad física. Si estamos activos físicamente, nuestra mente se relaja un poco. No es la solución en sí misma, pero es una forma de ayudarnos a buscarla diferente.

Recordemos que la locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes...


martes, 27 de junio de 2017

Should I stay or should I go?

Vivimos en una época en la que se valora sobre todo el éxito, casi a cualquier precio. Podemos adquirir libros que nos prometen explicar claves desconocidas (¿?) para conseguir aquello que nos proponemos, o podemos recurrir a coachs mediáticos que nos explicarán trivialidades con la intención de que vayamos a un curso intensivo suyo que cambiará nuestras vidas...

En esta linea uno de estos coaches, Emilio Duró, puso de moda un video musical de Moby en el que un grupo de extraterrestres minúsculos llegaban a la tierra con la intención de contactar con los humanos. Como buen couch, él añadió unas frases explicativas en la parte inferior del video (no fuese el caso que alguien no lo entendiera) y le cambió la música. Yo opto por el original:


En el video se puede observar como estos pobres seres buscan sin éxito llamar la etención de gente que está más ofuscada en cosas más grandes que ellos, y por ello fracasan. Al final deciden hacer lo que se conoce como un "back to basics" y vuelven a su planeta para diseñar un nuevo enfoque y volver a intentarlo mejor.

Hasta aquí bien. El éxito es responsabilidad de quien lo busca. Puede fracasar y rendirse; fracasar y volver a fracasar haciendo lo mismo; o fracasar y buscar el éxito de manera diferente (lo cual no anula la posibilidad de un nuevo fracaso).

Y entonces Moby sacó un otro sencillo de su álbum "18" y aprovechó para contarnos qué le pasó a estos aliens en su segundo intento. Ya os lo adelanto yo: tuvieron éxito:



Ahora bien, ¿qué hacemos cuando tenemos éxito y descubrimos que no es lo que esperábamos? ¿Somos unos fracasados? ¿Cómo podemos empeorar las cosas? No hay nada peor que empecinarse en que algo que deseábamos nos satisfaga cuando no lo hace. Da igual si es un trabajo, una experiencia, un objeto o una pareja. Persistir en lo que no funciona nos hará más miserables, y nos creeremos víctimas cuando en realidad fuimos sujetos activos.

Porque, tal y como hacen estos bichitos, siempre es mejor dar un paso atrás si estuvimos más satisfechos. Es peor desperdiciar nuestra felicidad que el esfuerzo.

lunes, 19 de junio de 2017

Circunstancias

Si hacemos el sano ejercicio mental de acudir a consultar un diccionario etimológico (sobre el origen y significado literal de las palabras que usamos) veremos que circunstancia es una palabra compuesta por una raíz y varios prefijos que se deriva del griego y del latín y significa "la cualidad de lo que está parado alrededor". ¿Alrededor de qué? Pues del sujeto u objeto sobre quien se habla. Esto significa que las circunstancias son lo que rodeaal sujeto pero no son el sujeto en sí mismo.

Lo que nos hace a cada uno de nosotros no son nuestras circunstancias si no nuestras actitudes e intenciones, y las consecuencias que se derivan. Pero, una vez aclarado esto, ¿se pueden modificar nuestras circunstancias? Sí. ¿Se pueden controlar nuestras circunstancias? No. ¿Cómo es que se pueden cambiar pero no se pueden controlar? Porque las circunstancias son interpretables, y la interpretación puede cambiar la percepción que tenemos de las mismas.

No somos conscientes de la libertad de análisis que podemos llegar a disfrutar si nos lo proponemos. Lo digo en serio. La mayoría de las veces nos conformamos con reevaluar las circunstancias de nuestra vida de una manera prejuiciosa y obsesiva, constantando que todo sigue siendo lo mismo y sin plantearnos que podamos hacer algo para cambiarlas. Aquí entra aquello de "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Como no esperamos (ni soñamos) que nada cambie, nada cambia. Y así hasta el infinito...

Observemos un momento esta viñeta (cortesía de Yolanda Rey):



Esta viñeta nos arranca una sonrisa porque no acaba ni remotamente como creíamos al comienzo que iba a acabar. Nos sorprende, pero, ¿cómo lo hace? Nuestra atención se centra en un par de detalles de las dos primeras viñetas: La actitud derrotada del protagonista y una soga colgda de un árbol. Nuestra mente prejuiciosa anticipa el final de la secuencia: la actitud derrotada lleva a ahorcarse.

¿Nos hemos cuestionado realmente que la circunstancia (la soga) pueda tener otra función? Es obvio que nosotros no, pero, afortunadamente, el protagonista sí. Y acaba usando la soga para cambiar su actitud derrotada.

Como sería nuestra vida si en vez de herramientas de suicidio viésemos herramientas de juego...

martes, 13 de junio de 2017

Pretérito imperfecto

Dicen que la vida se vive hacia adelante y se comprende hacia atrás. El pasado es un lugar al que sólo podemos ir cuando deseamos recordar y el futuro cuando deseamos soñar, pero el presente es el momento en el que construimos nuestros recuerdos y nuestros sueños, o donde esperamos que otros los construyan por nosotros. Pero, hay quien vive recordando el pasado, ya fuese bueno o malo, tanto da, y no se da cuenta que no está trabajando en su futuro.

No es necesario trabajar como psicoterapeuta para encontrar gente que vive así, los reconoceremos por su rígida costumbre de hablar en pasado, recordando lo que hicieron, vivieron, o les hicieron. Rememorándolo de manera repetitiva, como si al recordarlo continuamente lo pudiesen cambiar o resucitar. El pasado nos hizo lo que somos, pero nosotros decidiremos que deseamos ser en el futuro.

Un detalle significativo que les caracteriza es el de hablar en tiempo verbal pasado,concretamente tienden a sobreutilizar el pretérito imperfecto. Así, hablan de lo mucho que amaban, o les amaban, lo mucho que se esforzaban o les forzaban, etc.

¿Cuál es el sentido de su tremendo esfuerzo? Porque hablar del pasado cansa, oirlo también.

Mi teoría es que pretenden revivirlo. Desean que se vuelvan a dar aquellas circunstancias que permitieron que las cosas fuesen como fueron antes de venirse abajo. Como si hubiese habido un momento en que se pudo haber mantenido ad infinitum lasituación deseada. Como si hubiese sido perfecta. Como si hubiera podido ser inmutable...

Pero claro, no son conscientes que ese recuerdo pertenece a un pretérito (pasado) imperfecto, y que por eso no volverá. Porque era demasiado imperfecto. Menos en nuestro recuerdo.


lunes, 22 de mayo de 2017

Equilibrio precario

Tendemos a relacionarnos con la realidad con la que nos enfrentamos a diario en términos de justicia o injusticia, aunque somos mucho más sensibles a esta última. Hacemos más referencia a aquellas situaciones que consideramos injustas que a las que no... Pero parece que la realidad se rige por criterios de equilibrio y desequilibrio, siendo tambien mucho más sensibles a este último. Dicen que la felicidad (situación de equilibrio perfecto) es un estado que se recuerda más de lo que se disfruta...

Siguiendo esta línea de pensamiento podríamos decir que hay dos tipos de personas: Las equilibradas y las desequilibradas, pero si os he de ser sincero, creo que las del primer grupo no existen, o al menos no existen tal y como desearíamos que fuesen. Vamos que todos somos desequilibrados. Lo que nos diferencia a unos de otros es el grado de desequilibrio, hay gente muy desequilibrada y gente menos desequilibrada.

Entonces, ¿quién parece equilibrado? Porque hay personas que parecen muy equilibradas. Mi teoría, es que son personas que tiene n mucha capacidad de adaptarse al cambio, al desequilibrio, a la incertidumbre... Recordemos que aquello que no es flexible, que es incapaz de adaptarse a la presión, siempre acabará rompiéndose. Aquello de "antes partido que doblado" es una estúpidez.

Llegados a este punto debemos recordar que por muy flexible qque seamos, siempre habrá una presión lo suficientemente fuerte como para quebrarnos, o si hemos lleegado al summum de la flexibilidad, la presión nos aplastará. ¿Por qué? Porque no somos eternos.

En conclusión: Somos seres temporales que se enfrentan a una realidad incierta y eternamente cambiante desde una posición de desequilibrio. Cada cual desde su grado aceptable de desequilibrio.   O de deseaquilibrio precario, como prefiráis...

martes, 16 de mayo de 2017

Declinaciones

Una de las peculiaridades del latín, creo que del griego también, es el hecho de que las palabras "se declinan" adaptándose a la función que tienen en la frase. Por eso aquella coña del rosa, rosae. Cuando estudiábamos latín eso se nos hacía pesado, pero si pensamos en el castellano actual tenemos algo de declinaciones todavía, como los masculinos, femeninos, singulares y plurales. Adaptamos las palabras a la función que van a tener en la frase, no de una manera tan complicada como el latín, pero bueno, algo queda.

Y con este bagaje cultural, estando el otro día en terapia una persona me preguntó: "¿cómo podría decirle yo que no sin que se lo tome mal?". así, a bocajarro, como si los psicólogos tuviesemos respuestas certeras para las incertidumbres relacionales cotidianas. Por suerte, tenía el ipad a mano y recuperé una antigua imagen, esta:

La reación fue una sonrisa, pero me dijo que si le decía esto se enfadaría. ¿Pero, acaso podemos controlar la reacción de los demás? No. Tenemos que saber diferenciar las peticiones de las ordenes. Si alguien se ofende por una respuesta tan educada, es porque no tolera que se cumpla su voluntad. 

Y en este punto llegó el meollo sobre lo que deseaba reflexionar hoy. "La frase está bien, pero no se puede utilizar en todas las ocasiones" - me dijo - "Deberías tener una colección de frases como esta para quienes las necesitemos". La sesión derivó hacia otras cuestiones, pero yo me quedé preocupado.

¿Es el deber de un psicólogo tener tal colección? En caso afirmativo, ¿Existe esa colección? ¿Me la tengo que inventar? Imaginaos el estado de confusión en el que me hallé, así sin quererlo. Y entonces me acordé de las declinaciones latinas. ¿Y si pudiesemos hacer declinaciones de frases que consideramos adecuadas para diferentes situaaciones? La idea me pareció inspiradora...

Empecemos por la frase de la imagen:

"Me encantaría, pero no me apetece" Frase adecuada estandar.
"Me haría mucha ilusión, pero no me veo capacitado" Frase para rechazar una oferta profesional.
"Me gustas, pero como amigo" Esta ya existe, muchos la han oído, ¿verdad?
"Quiero hacerlo, pero tengo otras responsabilidades" Cuando quieres ecudarte en tu perfeccionismo.
"Me parece correcto, pero no se dan las circunstancias" Cuando quieres excusarte sin ser cutre.

Y así podría seguir, porque en el fondo no se trata más que de construir oraciones adversativas en las que la segunda parte de la frase se carga la primera, pero entonces recordé mis aprendizajes de lengua castellana, y me acordé que siempre me gustaron más las frases copulativas...