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domingo, 24 de enero de 2021
Las peores mentiras (malditas mentiras)
Afirmaba Mark Twain que hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas. Sobre las últimas poco puedo decir que no se haya dicho ya, sobre todo, por personas mucho más capacitadas que yo. Sobre las primeras poco puedo decir tampoco, pero sobre las malditas mentiras, si que puedo añadir un pequeño matiz.
Para mi son las peores. ¿Por qué? Porqué juegan con la ilusión del otro.
Por supuesto creo que las hay de dos tipos, las conscientes y las inconscientes, intencionadas o no. Las primeras suelen ser manipulaciones más o menos burdas, pero las segundas, las segundas tienden a destrozar al que se las cree.
Una maldita mentira expresa un doble vínculo, expresa un dilema implicativo que nos atrevemos a resolver, pero ilusionamos al otro, u otra, creyendo que sí. Afirmamos convencidos que vamos a hacer algo que, o no queremos hacer o nos da miedo hacer, pero luego olvidamos o nos excudamos bajo cualquier pretexto... lo que comúnmente llamamos una excusa cutre.
Para que esto ocurra es necesario que la persona que mienta tengo una posición jerárquicamente superior sobre quien cree la mentira. Esto puede ser a nivel profesional, familiar o moral. Todos tenemos en nuestras vidas alguien respecto a quien nos sentimos, como mínimo, un poquito por debajo, aunque este posicionamiento sea sólo temporal o puntual.
También es necesario que la persona que cree la mentira confíe en el valor de la palabra, o en la capacida de sobreponerse al miedo del mentiroso, que crea que para quien miente, él o ella es más valioso que el miedo que el otro siente... Porque hay que tener mucho valor para dar el valor adecuado a quien decimos amar.
Supongo que por es este motivo que estas mentiras se dan, sobre todo, en pareja y dentro de las relaciones familiares.
Photo by Jametlene Reskp on Unsplash
jueves, 10 de octubre de 2019
Cómo gripar mi cerebro
Tal vez el diagnóstico al que con más frecuencia nos enfrentamos en la clínica de adultos, sea cual sea nuestra especialidad, es el de cerebro gripado. Pero claro, este es un diagnóstico que no aparece recogido en el DSM-5, ni seguramente en ninguno posterior que esté por llegar, aunque estoy seguro que si leemos entre líneas sí que aparece... Pero los DSM mejor los dejamos para otro día.
¿Qué caracteriza a un cerebro gripado? Lo primero que hemos de señalar es que el cerebro tiene dos estados básicos: puede estar en proceso de griparse o estar ya gripado. La mayoría nos encontramos en la primera fase, en un estado más o menos cercano al gripamiento, en cambio, la mayoría de las personas que solicitan terapia psicológica están en el segundo. Pero volvamos para contestar la pregunta con la que abría el párrafo: Un cerebro gripado se caracteriza básicamente por lo que vulgarmente se llama "pensar demasiado". ¡Cómo si eso fuese realmente posible!
El cerebro humano tiende a la eficiencia, de manera que nunca malgasta energía. El cerebro no puede pensar mucho ni poco. Piensa, y ya está. Tiende a pensar en bucle y mediante rutinas, pero estos bucles no suelen ser cerrados y permiten el avance del pensamiento. El problema se produce cuando el bucle se cierra y el pensamiento se vuelve recurrente u obsesivo. Y este es el punto clave, la obsesión.
Cuando una persona afirma pensar demasiado lo que en realidad quiere decir, bueno, si tuviese conocimientos básicos de psicología, es que piensa de manera obsesiva. Por eso, cuando busca pensar menos, se encuentra con que no puede, puesto que lo que le obsesiona no le permite avanzar si no lo resuelve. Y no le permitirá ni ahora ni en el futuro...
¿Cómo puedo gripar mi cerebro? Facilitando la obsesión llevado por el miedo a lo incierto o al fracaso. Tengo que resignarme a creer que la solución está dentro del bucle de mi obsesión y no en ninguna ilusión. He de sentirme seguro en mi estado de agobio. He de creer que no hay más posibilidad que la que estoy explorando obsesivamente. Como el chiste del borracho y la farola.
Y no hacer caso a nadie.
A nadie.
Hasta que creas que has de ir a un psicólogo.
O a un coach. Pero ellos te hablarán de tu zona de confort... ¿O era de resignación pasiva?
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| Photo by Natasha Connell on Unsplash |
¿Qué caracteriza a un cerebro gripado? Lo primero que hemos de señalar es que el cerebro tiene dos estados básicos: puede estar en proceso de griparse o estar ya gripado. La mayoría nos encontramos en la primera fase, en un estado más o menos cercano al gripamiento, en cambio, la mayoría de las personas que solicitan terapia psicológica están en el segundo. Pero volvamos para contestar la pregunta con la que abría el párrafo: Un cerebro gripado se caracteriza básicamente por lo que vulgarmente se llama "pensar demasiado". ¡Cómo si eso fuese realmente posible!
El cerebro humano tiende a la eficiencia, de manera que nunca malgasta energía. El cerebro no puede pensar mucho ni poco. Piensa, y ya está. Tiende a pensar en bucle y mediante rutinas, pero estos bucles no suelen ser cerrados y permiten el avance del pensamiento. El problema se produce cuando el bucle se cierra y el pensamiento se vuelve recurrente u obsesivo. Y este es el punto clave, la obsesión.
Cuando una persona afirma pensar demasiado lo que en realidad quiere decir, bueno, si tuviese conocimientos básicos de psicología, es que piensa de manera obsesiva. Por eso, cuando busca pensar menos, se encuentra con que no puede, puesto que lo que le obsesiona no le permite avanzar si no lo resuelve. Y no le permitirá ni ahora ni en el futuro...
¿Cómo puedo gripar mi cerebro? Facilitando la obsesión llevado por el miedo a lo incierto o al fracaso. Tengo que resignarme a creer que la solución está dentro del bucle de mi obsesión y no en ninguna ilusión. He de sentirme seguro en mi estado de agobio. He de creer que no hay más posibilidad que la que estoy explorando obsesivamente. Como el chiste del borracho y la farola.
Y no hacer caso a nadie.
A nadie.
Hasta que creas que has de ir a un psicólogo.
O a un coach. Pero ellos te hablarán de tu zona de confort... ¿O era de resignación pasiva?
sábado, 26 de enero de 2019
1/168
- La suerte es de quien la aprovecha, y tú la has aprovechado al máximo.
- Sí, pero si no hubiese sido por vosotros no lo habría conseguido.
- Gracias pero, si eso fuese así, nuestra intervención funcionaría con todo el mundo, ¿no te parece? entonces tendríamos que sentirnos responsables de aquellas personas a las que la terapia no ha funcionado. Como te he dicho, ha coincidido la oportunidad con tu deseo de estar bien.
- Ya, pero cuando empecé no estaba bien. Gracias a lo que trabajamos he ido saliendo adelante y me he sentido mejor. Ahora veo como estaba y alucino.
- Por supuesto, ha sido un trabajo encomiable. Como te explicamos en la segunda condición innegociable, esto ha funcionado por el principio de Arquímedes: hemos buscado un punto de apoyo y tú has movido tu mundo.
- A eso justamente me refiero, sigo sin verlo como tú. Yo no tengo la sensación de haber movido nada.
- ¿No? ¿Y quién lo hizo? ¿Tu hada madrina?
- ¡Vosotros! El tratamiento es lo que me ha ayudado...
- ¡Exacto! Te ha ayudado. pero lo has hecho tú. Fíjate un momento... Piensa en el principio de la terapia, ¿con qué frecuencia nos veíamos?
- Una vez a la semana.
- Correcto. ¿Te has parado a pensar en la proporción que eso resultaba en tu vida? Ya veo que no... Pensemos un segundo ya hagamos un cálculo rápido. Una sesión de una hora de psicoterapia a la semana, ¿qué proporción resulta?
- Pues una entre todas las horas de la semana que son...
- 168.
- Sí creo que sí...
- Entonces, al principio del tratamiento, cuando tú dices que estabas peor y que más ayuda necesitabas y más significativa resultó para ti la terapia... la proporción era de 1 hora cada 168. O sea, por cada hora de terapia que recibías, estabas 167 horas luchando tú sola. ¿Intentas convencerme de que las 167 horas en las que reflexionabas, aplicabas, contrastabas y afrontabas todo lo que hablábamos en la sesión son menos importantes o significativas que la hora de terapia que pasábamos juntos?
- Es que visto así...
- No sé cómo lo quieres ver si no.
-Bueno... yo lo que sé es que me siento muy agradecida.
- Eso es muy diferente. La verdad es que ha sido un placer verte crecer ante las adversidades.
- Sí, pero si no hubiese sido por vosotros no lo habría conseguido.
- Gracias pero, si eso fuese así, nuestra intervención funcionaría con todo el mundo, ¿no te parece? entonces tendríamos que sentirnos responsables de aquellas personas a las que la terapia no ha funcionado. Como te he dicho, ha coincidido la oportunidad con tu deseo de estar bien.
- Ya, pero cuando empecé no estaba bien. Gracias a lo que trabajamos he ido saliendo adelante y me he sentido mejor. Ahora veo como estaba y alucino.
- Por supuesto, ha sido un trabajo encomiable. Como te explicamos en la segunda condición innegociable, esto ha funcionado por el principio de Arquímedes: hemos buscado un punto de apoyo y tú has movido tu mundo.
- A eso justamente me refiero, sigo sin verlo como tú. Yo no tengo la sensación de haber movido nada.
- ¿No? ¿Y quién lo hizo? ¿Tu hada madrina?
- ¡Vosotros! El tratamiento es lo que me ha ayudado...
- ¡Exacto! Te ha ayudado. pero lo has hecho tú. Fíjate un momento... Piensa en el principio de la terapia, ¿con qué frecuencia nos veíamos?
- Una vez a la semana.
- Correcto. ¿Te has parado a pensar en la proporción que eso resultaba en tu vida? Ya veo que no... Pensemos un segundo ya hagamos un cálculo rápido. Una sesión de una hora de psicoterapia a la semana, ¿qué proporción resulta?
- Pues una entre todas las horas de la semana que son...
- 168.
- Sí creo que sí...
- Entonces, al principio del tratamiento, cuando tú dices que estabas peor y que más ayuda necesitabas y más significativa resultó para ti la terapia... la proporción era de 1 hora cada 168. O sea, por cada hora de terapia que recibías, estabas 167 horas luchando tú sola. ¿Intentas convencerme de que las 167 horas en las que reflexionabas, aplicabas, contrastabas y afrontabas todo lo que hablábamos en la sesión son menos importantes o significativas que la hora de terapia que pasábamos juntos?
- Es que visto así...
- No sé cómo lo quieres ver si no.
-Bueno... yo lo que sé es que me siento muy agradecida.
- Eso es muy diferente. La verdad es que ha sido un placer verte crecer ante las adversidades.
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| Photo by Samuel Zeller on Unsplash |
miércoles, 11 de julio de 2018
El efecto L'Oréal
- Hay diversas maneras de trabajar para conseguir una mejora de tu autoestima, pero todas implican tener una actitud más activa por tu parte.
- ¿Actitud activa?
- Por supuesto.
- ¿Crees que he tenido una actitud pasiva hasta ahora?
- Estoy casi seguro de ello.
- ¿En qué te basas?
- En tu conducta, obviamente. No has estado tomando decisiones desde hace un tiempo, y eso ha provocado que no hayas podido escoger las consecuencias a las que te has enfrentado.
- ¿Hay alguien que las escoja?
- Por supuesto que sí. Mucha gente. Y antes de que me hagas otra pregunta obvia, te diré que los reconocerás porque se quejan poco. Tienen mucho que hacer y la queja les resta a tiempo y energía.
- ¿Me estás pidiendo que sea arrogante?
- Hmmmmm..., no. Te estoy pidiendo que te sitúes en un punto medio y que busques ser coherente.
- No sé si lo veo claro. Es como ir muy a saco, al menos para mi... Es como ir por la vida con una camiseta de esas que pone "soy la hostia" y cosas así... No me siento muy cómoda, la verdad.
- Bueno... No creo que una camiseta sea la mejor opción, en eso estamos de acuerdo. Pero ahora que mencionas lo de la camiseta, se me ocurre una tarea que puedes hacer para la próxima sesión y que puede provocar cambios que nos ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión.
- Ok, dime.
- Te voy a pedir que consigas una camiseta promocional de la marca L'Oréal. Mejor varias. Y te las vas a poner para ir por la vida durante una temporada.
- ¿De la marca L'Oréal? ¿y por qué de esa marca?
- Eso es lo que me gustaría que la gente de tu vida te pregunte. "¿Por qué L'Oréal"?
- ¿Y qué les contesto?
- Creo que el eslogan es bastante apropiado...
- ¿Y cuál es?
- Creo que si piensas un poco lo recuerdas. Si no, búscalo.
- ¿Actitud activa?
- Por supuesto.
- ¿Crees que he tenido una actitud pasiva hasta ahora?
- Estoy casi seguro de ello.
- ¿En qué te basas?
- En tu conducta, obviamente. No has estado tomando decisiones desde hace un tiempo, y eso ha provocado que no hayas podido escoger las consecuencias a las que te has enfrentado.
- ¿Hay alguien que las escoja?
- Por supuesto que sí. Mucha gente. Y antes de que me hagas otra pregunta obvia, te diré que los reconocerás porque se quejan poco. Tienen mucho que hacer y la queja les resta a tiempo y energía.
- ¿Me estás pidiendo que sea arrogante?
- Hmmmmm..., no. Te estoy pidiendo que te sitúes en un punto medio y que busques ser coherente.
- No sé si lo veo claro. Es como ir muy a saco, al menos para mi... Es como ir por la vida con una camiseta de esas que pone "soy la hostia" y cosas así... No me siento muy cómoda, la verdad.
- Bueno... No creo que una camiseta sea la mejor opción, en eso estamos de acuerdo. Pero ahora que mencionas lo de la camiseta, se me ocurre una tarea que puedes hacer para la próxima sesión y que puede provocar cambios que nos ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión.
- Ok, dime.
- Te voy a pedir que consigas una camiseta promocional de la marca L'Oréal. Mejor varias. Y te las vas a poner para ir por la vida durante una temporada.
- ¿De la marca L'Oréal? ¿y por qué de esa marca?
- Eso es lo que me gustaría que la gente de tu vida te pregunte. "¿Por qué L'Oréal"?
- ¿Y qué les contesto?
- Creo que el eslogan es bastante apropiado...
- ¿Y cuál es?
- Creo que si piensas un poco lo recuerdas. Si no, búscalo.
jueves, 17 de mayo de 2018
Sobre el arte de escribir
Creo que tenemos tres formas de reflexionar que no son incompatibles entre sí: Pensar, hablar y escribir. De ellas, creo que escribir tiene un valor mayor que las otras dos por la influencia que tiene sobre ellas.
Obviamente me refiero a escribir a mano. No tengo nada contra escribir a ordenador y mucho menos contra escribir a máquina (¡cómo echo de menos el gesto de pasar de línea!) pero escribir a ordenador es menos natural porque se escribe más rápido que a mano y te permite retocar demasiado lo que escribes, eso no es natural...
Cuando nos enfrentamos con un bolígrafo (o pluma, o lápiz, o lo que desees) a una hoja en blanco, tenemos un universo de posibilidades para desarrollar un texto coherente, y eso nos lleva a algo que los psicólogos adoramos, nos lleva a tomar decisiones y asumir las consecuencias que de ellas se desprenden. No importa quien lo vaya a leer. Lo estamos leyendo nosotros mientras los reflexionamos al escribirlo. Y nosotros somos nuestros más crueles jueces.
El pensamiento no es coherente en sí mismo, en mi opinión es como un flujo de sensaciones que en algunos momentos podemos dirigir y hasta disfrutar, pero en la mayor parte de tiempo no podemos concretar. Escribir nos obliga a concretar, a cuestionarnos lo que pensamos. Por eso es tan difícil al comienzo. Cuando empezamos a escribir no nos gusta lo que escribimos. Deseamos que sea mejor, más interesante, más atractivo, pero no, es lo que es.
Somos lo que somos. Y si queremos ser algo diferente, algo mejor, tendremos que esforzarnos, practicar. Y eso no nos gusta. ¿Por qué? Porque lo hacemos todo el rato en infinidad de cosas de la vida en las que no nos apetece.
¡Qué curioso! Dedicamos nuestro esfuerzo y hasta nuestro sacrificio en cosas que no nos interesan o nos importan de forma que cuando debemos hacer algo que nos puede interesar, no tenemos fuerzas...
Pero volvamos a la escritura... Cuando cogemos el hábito de escribir y aprendemos a disfrutar de practicarlo, nos acabamos por dar cuenta que pensamos de una manera muy diferente a cuando empezamos a practicar. Somos más reflexivos, más tranquilos (y por tanto menos reactivos) y adquirimos la capacidad de adoptar diferentes puntos de vista y ser más estratégicos en nuestra conducta. Nos ayuda a mejorar la calidad de nuestro sueño (otro día lo explico), nos ayuda a mejora nuestra memoria al anular efecto de primacía y recencia.
Aprendemos a preguntarnos más para qué y menos por qué, ya que el primero nos lleva a buscar motivaciones y el segundo a buscar justificaciones y excusas. Vamos, que nos vuelve más inteligentes y mejores personas.
Escribir es un proceso que nos ayuda a pensar mejor, nos ayuda a tomar mejores decisiones y por tanto, facilita que no tengamos que tomar medicación (para la ansiedad y la depresión) y nos mantiene alejados de los psicólogos...
Obviamente me refiero a escribir a mano. No tengo nada contra escribir a ordenador y mucho menos contra escribir a máquina (¡cómo echo de menos el gesto de pasar de línea!) pero escribir a ordenador es menos natural porque se escribe más rápido que a mano y te permite retocar demasiado lo que escribes, eso no es natural...
Cuando nos enfrentamos con un bolígrafo (o pluma, o lápiz, o lo que desees) a una hoja en blanco, tenemos un universo de posibilidades para desarrollar un texto coherente, y eso nos lleva a algo que los psicólogos adoramos, nos lleva a tomar decisiones y asumir las consecuencias que de ellas se desprenden. No importa quien lo vaya a leer. Lo estamos leyendo nosotros mientras los reflexionamos al escribirlo. Y nosotros somos nuestros más crueles jueces.
El pensamiento no es coherente en sí mismo, en mi opinión es como un flujo de sensaciones que en algunos momentos podemos dirigir y hasta disfrutar, pero en la mayor parte de tiempo no podemos concretar. Escribir nos obliga a concretar, a cuestionarnos lo que pensamos. Por eso es tan difícil al comienzo. Cuando empezamos a escribir no nos gusta lo que escribimos. Deseamos que sea mejor, más interesante, más atractivo, pero no, es lo que es.Somos lo que somos. Y si queremos ser algo diferente, algo mejor, tendremos que esforzarnos, practicar. Y eso no nos gusta. ¿Por qué? Porque lo hacemos todo el rato en infinidad de cosas de la vida en las que no nos apetece.
¡Qué curioso! Dedicamos nuestro esfuerzo y hasta nuestro sacrificio en cosas que no nos interesan o nos importan de forma que cuando debemos hacer algo que nos puede interesar, no tenemos fuerzas...
Pero volvamos a la escritura... Cuando cogemos el hábito de escribir y aprendemos a disfrutar de practicarlo, nos acabamos por dar cuenta que pensamos de una manera muy diferente a cuando empezamos a practicar. Somos más reflexivos, más tranquilos (y por tanto menos reactivos) y adquirimos la capacidad de adoptar diferentes puntos de vista y ser más estratégicos en nuestra conducta. Nos ayuda a mejorar la calidad de nuestro sueño (otro día lo explico), nos ayuda a mejora nuestra memoria al anular efecto de primacía y recencia.
Aprendemos a preguntarnos más para qué y menos por qué, ya que el primero nos lleva a buscar motivaciones y el segundo a buscar justificaciones y excusas. Vamos, que nos vuelve más inteligentes y mejores personas.
Escribir es un proceso que nos ayuda a pensar mejor, nos ayuda a tomar mejores decisiones y por tanto, facilita que no tengamos que tomar medicación (para la ansiedad y la depresión) y nos mantiene alejados de los psicólogos...
martes, 1 de agosto de 2017
Como salir de un bucle obsesivo fácilmente
Todos hemos pasado en algún momento de nuestra vida por un momento en que que nos hemos obsesionado con alguna idea que nos conseguimos sacarnos de la cabeza ni solucionar, como si fuese un bucle perpetuo del que no podemos salir.
¿Por qué nos ocurre esto? La mayoría de las veces esto ocurre por miedo.
El miedo, como emoción que es, nos prepara, nos activa, para enfrentarnos a un peligro, a algo que nos asusta o a una situación de incertidumbre. Esta activación es energética, y se manifiesta tanto de forma física (tensión muscular, mayor tensión arterial, etc) como mental. Una de las consecuencias del aumento de tensión es la focalización de nuestros sentidos y de nuestra actividad mental. Decimos focalización porque el es algo positivo. Focalizamos aquello que nos asusta o deseamos solucionar y le dedicamos todos nuestros recursos a finalizarlo.
Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Y si no conseguimos una solución más o menos inmediata?
Entonces la activación física y mental no es vivida como agradable ni productiva y la llamamos ansiedad. La focalización tampoco es bien vivida y pasamos a llamarla efecto túnel, bucle o directamente obsesión.
¿Cómo salimos de esto? En mi opinión la solución está en la división que he explicado antes entre tensión física y mental. Es imposible mantener niveles elevados de ambas durante un período de tiempo largo, y cuando eso ocurre siempre muestra una preferencia. Para aquellos que tenemos tendencia a preferir la tensión mental y acabamos desarrollando ideas obsesivas, la solución más fácil es generar un conflicto entre ambas tensiones, de manera que el cuerpo se vea obligado a reducir la tensión mental por un aumento de la tensión física.
Dicho así puede sonar un poco raro, pero es sencillo.
Si deseas dejar de pensar obsesivamente el truco no es dejar de pensar (cosa que cree mucha gente), el truco es pensar de manera diferente, y la forma más sencilla de conseguirlo es haciendo algo de ejercicio.
Si nos proponemos pensar en aquello que nos preocupa mientras hacemos ejercicio moderado, como por ejemplo caminar, notaremos enseguida que pensamos de una manera mucho más relajada. Incluso si lo hablamos con alguien mientras caminamos, notaremos que nuestra forma de comunicarnos es menos apresurada.
Hacer ejercicio es la manera más sencilla de quemar energía, y por tanto, de dar salida a la ansiedad física. Si estamos activos físicamente, nuestra mente se relaja un poco. No es la solución en sí misma, pero es una forma de ayudarnos a buscarla diferente.
Recordemos que la locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes...
¿Por qué nos ocurre esto? La mayoría de las veces esto ocurre por miedo.
El miedo, como emoción que es, nos prepara, nos activa, para enfrentarnos a un peligro, a algo que nos asusta o a una situación de incertidumbre. Esta activación es energética, y se manifiesta tanto de forma física (tensión muscular, mayor tensión arterial, etc) como mental. Una de las consecuencias del aumento de tensión es la focalización de nuestros sentidos y de nuestra actividad mental. Decimos focalización porque el es algo positivo. Focalizamos aquello que nos asusta o deseamos solucionar y le dedicamos todos nuestros recursos a finalizarlo.
Pero, ¿qué ocurre cuando no es así? ¿Y si no conseguimos una solución más o menos inmediata?
Entonces la activación física y mental no es vivida como agradable ni productiva y la llamamos ansiedad. La focalización tampoco es bien vivida y pasamos a llamarla efecto túnel, bucle o directamente obsesión.
¿Cómo salimos de esto? En mi opinión la solución está en la división que he explicado antes entre tensión física y mental. Es imposible mantener niveles elevados de ambas durante un período de tiempo largo, y cuando eso ocurre siempre muestra una preferencia. Para aquellos que tenemos tendencia a preferir la tensión mental y acabamos desarrollando ideas obsesivas, la solución más fácil es generar un conflicto entre ambas tensiones, de manera que el cuerpo se vea obligado a reducir la tensión mental por un aumento de la tensión física.
Dicho así puede sonar un poco raro, pero es sencillo.
Si deseas dejar de pensar obsesivamente el truco no es dejar de pensar (cosa que cree mucha gente), el truco es pensar de manera diferente, y la forma más sencilla de conseguirlo es haciendo algo de ejercicio.
Si nos proponemos pensar en aquello que nos preocupa mientras hacemos ejercicio moderado, como por ejemplo caminar, notaremos enseguida que pensamos de una manera mucho más relajada. Incluso si lo hablamos con alguien mientras caminamos, notaremos que nuestra forma de comunicarnos es menos apresurada.
Hacer ejercicio es la manera más sencilla de quemar energía, y por tanto, de dar salida a la ansiedad física. Si estamos activos físicamente, nuestra mente se relaja un poco. No es la solución en sí misma, pero es una forma de ayudarnos a buscarla diferente.
Recordemos que la locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados diferentes...
martes, 25 de julio de 2017
Pensamiento Lateral
Hay días que empiezan bien, y hay días que empiezan con un mail en el que alguien que te gusta como piensa y como escribe te informa que se ha tomado la molestia de hacer dos entradas para tu blog, ¡dos!
Ricard Pallarés, aka Sr Monstro, ha ido enriqueciendo este blog con sus agudos comentarios en algunas entradas, y ahora sube de nivel.
La segunda la reservaremos para más adelante. Hoy comparto esta referida al pensamiento lateral, esa capacidad que algunos no han oído hablar y que por tanto, no apreciarán ni mucho menos entenderán de qué va ni lo importante que es:
"Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo" - Albert Einstein
Siempre me ha sorprendido la capacidad para transformar la realidad que tenemos cuando somos niños. A mis 8 años, jugaba con mis amigos en un edificio en obras al que, curiosamente, sólo le faltaban las puertas. Esto nos permitió poder entrar en todos los pisos y convertir algo inacabado en nuestro castillo personal.
Al igual que algunos físicos teóricos tienen su manera de demostrar una ecuación que se sale de lo normal, la mente de un niño se nutre de las ideas más ingeniosas, incluso absurdas, pero con un enfoque totalmente creativo. Es la belleza del pensamiento lateral que, consigue llegar a soluciones útiles y adaptarse de formas imaginativas, dejando la lógica a un lado.
Y aunque, en general, nuestro entorno no nos enseña a pensar creativamente, aún existen personas que utilizan este método de forma innata, reinventando su rutina diaria de formas muy peculiares. Como una niña que resuelve un problema matemático sin usar las fórmulas del libro, la persona que tuvo la idea de que un caramelo se pudiese coger con un palo, o el que, en una ilustración ve una boa que se ha tragado un elefante y no un sombrero...
Hay algo de "magia" en todos ellos porque su proceso de pensamiento es totalmente improvisado y atípico, y es precisamente ese detalle lo que los hace brillar sobre los demás.
Tal vez con tantas responsabilidades y cargas emocionales, hayamos olvidado esta preciosa cualidad infantil. Tener imaginación y ser valiente para aplicarla. Porque, el pensamiento lateral no tiene límites ni se puede encasillar, y eso hace que por muy absurda que nos pueda parecer una idea, siempre podrá transformarse en algo bello.
Ricard Pallarés, aka Sr Monstro, ha ido enriqueciendo este blog con sus agudos comentarios en algunas entradas, y ahora sube de nivel.
La segunda la reservaremos para más adelante. Hoy comparto esta referida al pensamiento lateral, esa capacidad que algunos no han oído hablar y que por tanto, no apreciarán ni mucho menos entenderán de qué va ni lo importante que es:
"Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo" - Albert Einstein
Siempre me ha sorprendido la capacidad para transformar la realidad que tenemos cuando somos niños. A mis 8 años, jugaba con mis amigos en un edificio en obras al que, curiosamente, sólo le faltaban las puertas. Esto nos permitió poder entrar en todos los pisos y convertir algo inacabado en nuestro castillo personal.
Al igual que algunos físicos teóricos tienen su manera de demostrar una ecuación que se sale de lo normal, la mente de un niño se nutre de las ideas más ingeniosas, incluso absurdas, pero con un enfoque totalmente creativo. Es la belleza del pensamiento lateral que, consigue llegar a soluciones útiles y adaptarse de formas imaginativas, dejando la lógica a un lado.
Y aunque, en general, nuestro entorno no nos enseña a pensar creativamente, aún existen personas que utilizan este método de forma innata, reinventando su rutina diaria de formas muy peculiares. Como una niña que resuelve un problema matemático sin usar las fórmulas del libro, la persona que tuvo la idea de que un caramelo se pudiese coger con un palo, o el que, en una ilustración ve una boa que se ha tragado un elefante y no un sombrero...
Hay algo de "magia" en todos ellos porque su proceso de pensamiento es totalmente improvisado y atípico, y es precisamente ese detalle lo que los hace brillar sobre los demás.
Tal vez con tantas responsabilidades y cargas emocionales, hayamos olvidado esta preciosa cualidad infantil. Tener imaginación y ser valiente para aplicarla. Porque, el pensamiento lateral no tiene límites ni se puede encasillar, y eso hace que por muy absurda que nos pueda parecer una idea, siempre podrá transformarse en algo bello.
lunes, 19 de junio de 2017
Circunstancias
Si hacemos el sano ejercicio mental de acudir a consultar un diccionario etimológico (sobre el origen y significado literal de las palabras que usamos) veremos que circunstancia es una palabra compuesta por una raíz y varios prefijos que se deriva del griego y del latín y significa "la cualidad de lo que está parado alrededor". ¿Alrededor de qué? Pues del sujeto u objeto sobre quien se habla. Esto significa que las circunstancias son lo que rodeaal sujeto pero no son el sujeto en sí mismo.
Lo que nos hace a cada uno de nosotros no son nuestras circunstancias si no nuestras actitudes e intenciones, y las consecuencias que se derivan. Pero, una vez aclarado esto, ¿se pueden modificar nuestras circunstancias? Sí. ¿Se pueden controlar nuestras circunstancias? No. ¿Cómo es que se pueden cambiar pero no se pueden controlar? Porque las circunstancias son interpretables, y la interpretación puede cambiar la percepción que tenemos de las mismas.
No somos conscientes de la libertad de análisis que podemos llegar a disfrutar si nos lo proponemos. Lo digo en serio. La mayoría de las veces nos conformamos con reevaluar las circunstancias de nuestra vida de una manera prejuiciosa y obsesiva, constantando que todo sigue siendo lo mismo y sin plantearnos que podamos hacer algo para cambiarlas. Aquí entra aquello de "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Como no esperamos (ni soñamos) que nada cambie, nada cambia. Y así hasta el infinito...
Observemos un momento esta viñeta (cortesía de Yolanda Rey):
Esta viñeta nos arranca una sonrisa porque no acaba ni remotamente como creíamos al comienzo que iba a acabar. Nos sorprende, pero, ¿cómo lo hace? Nuestra atención se centra en un par de detalles de las dos primeras viñetas: La actitud derrotada del protagonista y una soga colgda de un árbol. Nuestra mente prejuiciosa anticipa el final de la secuencia: la actitud derrotada lleva a ahorcarse.
¿Nos hemos cuestionado realmente que la circunstancia (la soga) pueda tener otra función? Es obvio que nosotros no, pero, afortunadamente, el protagonista sí. Y acaba usando la soga para cambiar su actitud derrotada.
Como sería nuestra vida si en vez de herramientas de suicidio viésemos herramientas de juego...
Lo que nos hace a cada uno de nosotros no son nuestras circunstancias si no nuestras actitudes e intenciones, y las consecuencias que se derivan. Pero, una vez aclarado esto, ¿se pueden modificar nuestras circunstancias? Sí. ¿Se pueden controlar nuestras circunstancias? No. ¿Cómo es que se pueden cambiar pero no se pueden controlar? Porque las circunstancias son interpretables, y la interpretación puede cambiar la percepción que tenemos de las mismas.
No somos conscientes de la libertad de análisis que podemos llegar a disfrutar si nos lo proponemos. Lo digo en serio. La mayoría de las veces nos conformamos con reevaluar las circunstancias de nuestra vida de una manera prejuiciosa y obsesiva, constantando que todo sigue siendo lo mismo y sin plantearnos que podamos hacer algo para cambiarlas. Aquí entra aquello de "más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer". Como no esperamos (ni soñamos) que nada cambie, nada cambia. Y así hasta el infinito...
Observemos un momento esta viñeta (cortesía de Yolanda Rey):
Esta viñeta nos arranca una sonrisa porque no acaba ni remotamente como creíamos al comienzo que iba a acabar. Nos sorprende, pero, ¿cómo lo hace? Nuestra atención se centra en un par de detalles de las dos primeras viñetas: La actitud derrotada del protagonista y una soga colgda de un árbol. Nuestra mente prejuiciosa anticipa el final de la secuencia: la actitud derrotada lleva a ahorcarse.
¿Nos hemos cuestionado realmente que la circunstancia (la soga) pueda tener otra función? Es obvio que nosotros no, pero, afortunadamente, el protagonista sí. Y acaba usando la soga para cambiar su actitud derrotada.
Como sería nuestra vida si en vez de herramientas de suicidio viésemos herramientas de juego...
martes, 13 de junio de 2017
Pretérito imperfecto
Dicen que la vida se vive hacia adelante y se comprende hacia atrás. El pasado es un lugar al que sólo podemos ir cuando deseamos recordar y el futuro cuando deseamos soñar, pero el presente es el momento en el que construimos nuestros recuerdos y nuestros sueños, o donde esperamos que otros los construyan por nosotros. Pero, hay quien vive recordando el pasado, ya fuese bueno o malo, tanto da, y no se da cuenta que no está trabajando en su futuro.
No es necesario trabajar como psicoterapeuta para encontrar gente que vive así, los reconoceremos por su rígida costumbre de hablar en pasado, recordando lo que hicieron, vivieron, o les hicieron. Rememorándolo de manera repetitiva, como si al recordarlo continuamente lo pudiesen cambiar o resucitar. El pasado nos hizo lo que somos, pero nosotros decidiremos que deseamos ser en el futuro.
Un detalle significativo que les caracteriza es el de hablar en tiempo verbal pasado,concretamente tienden a sobreutilizar el pretérito imperfecto. Así, hablan de lo mucho que amaban, o les amaban, lo mucho que se esforzaban o les forzaban, etc.
¿Cuál es el sentido de su tremendo esfuerzo? Porque hablar del pasado cansa, oirlo también.
Mi teoría es que pretenden revivirlo. Desean que se vuelvan a dar aquellas circunstancias que permitieron que las cosas fuesen como fueron antes de venirse abajo. Como si hubiese habido un momento en que se pudo haber mantenido ad infinitum lasituación deseada. Como si hubiese sido perfecta. Como si hubiera podido ser inmutable...
Pero claro, no son conscientes que ese recuerdo pertenece a un pretérito (pasado) imperfecto, y que por eso no volverá. Porque era demasiado imperfecto. Menos en nuestro recuerdo.
No es necesario trabajar como psicoterapeuta para encontrar gente que vive así, los reconoceremos por su rígida costumbre de hablar en pasado, recordando lo que hicieron, vivieron, o les hicieron. Rememorándolo de manera repetitiva, como si al recordarlo continuamente lo pudiesen cambiar o resucitar. El pasado nos hizo lo que somos, pero nosotros decidiremos que deseamos ser en el futuro.
Un detalle significativo que les caracteriza es el de hablar en tiempo verbal pasado,concretamente tienden a sobreutilizar el pretérito imperfecto. Así, hablan de lo mucho que amaban, o les amaban, lo mucho que se esforzaban o les forzaban, etc.
¿Cuál es el sentido de su tremendo esfuerzo? Porque hablar del pasado cansa, oirlo también.
Mi teoría es que pretenden revivirlo. Desean que se vuelvan a dar aquellas circunstancias que permitieron que las cosas fuesen como fueron antes de venirse abajo. Como si hubiese habido un momento en que se pudo haber mantenido ad infinitum lasituación deseada. Como si hubiese sido perfecta. Como si hubiera podido ser inmutable...
Pero claro, no son conscientes que ese recuerdo pertenece a un pretérito (pasado) imperfecto, y que por eso no volverá. Porque era demasiado imperfecto. Menos en nuestro recuerdo.
lunes, 22 de mayo de 2017
Equilibrio precario
Tendemos a relacionarnos con la realidad con la que nos enfrentamos a diario en términos de justicia o injusticia, aunque somos mucho más sensibles a esta última. Hacemos más referencia a aquellas situaciones que consideramos injustas que a las que no... Pero parece que la realidad se rige por criterios de equilibrio y desequilibrio, siendo tambien mucho más sensibles a este último. Dicen que la felicidad (situación de equilibrio perfecto) es un estado que se recuerda más de lo que se disfruta...
Siguiendo esta línea de pensamiento podríamos decir que hay dos tipos de personas: Las equilibradas y las desequilibradas, pero si os he de ser sincero, creo que las del primer grupo no existen, o al menos no existen tal y como desearíamos que fuesen. Vamos que todos somos desequilibrados. Lo que nos diferencia a unos de otros es el grado de desequilibrio, hay gente muy desequilibrada y gente menos desequilibrada.
Entonces, ¿quién parece equilibrado? Porque hay personas que parecen muy equilibradas. Mi teoría, es que son personas que tiene n mucha capacidad de adaptarse al cambio, al desequilibrio, a la incertidumbre... Recordemos que aquello que no es flexible, que es incapaz de adaptarse a la presión, siempre acabará rompiéndose. Aquello de "antes partido que doblado" es una estúpidez.
Llegados a este punto debemos recordar que por muy flexible qque seamos, siempre habrá una presión lo suficientemente fuerte como para quebrarnos, o si hemos lleegado al summum de la flexibilidad, la presión nos aplastará. ¿Por qué? Porque no somos eternos.
En conclusión: Somos seres temporales que se enfrentan a una realidad incierta y eternamente cambiante desde una posición de desequilibrio. Cada cual desde su grado aceptable de desequilibrio. O de deseaquilibrio precario, como prefiráis...
Siguiendo esta línea de pensamiento podríamos decir que hay dos tipos de personas: Las equilibradas y las desequilibradas, pero si os he de ser sincero, creo que las del primer grupo no existen, o al menos no existen tal y como desearíamos que fuesen. Vamos que todos somos desequilibrados. Lo que nos diferencia a unos de otros es el grado de desequilibrio, hay gente muy desequilibrada y gente menos desequilibrada.
Entonces, ¿quién parece equilibrado? Porque hay personas que parecen muy equilibradas. Mi teoría, es que son personas que tiene n mucha capacidad de adaptarse al cambio, al desequilibrio, a la incertidumbre... Recordemos que aquello que no es flexible, que es incapaz de adaptarse a la presión, siempre acabará rompiéndose. Aquello de "antes partido que doblado" es una estúpidez.
Llegados a este punto debemos recordar que por muy flexible qque seamos, siempre habrá una presión lo suficientemente fuerte como para quebrarnos, o si hemos lleegado al summum de la flexibilidad, la presión nos aplastará. ¿Por qué? Porque no somos eternos.
En conclusión: Somos seres temporales que se enfrentan a una realidad incierta y eternamente cambiante desde una posición de desequilibrio. Cada cual desde su grado aceptable de desequilibrio. O de deseaquilibrio precario, como prefiráis...
martes, 14 de marzo de 2017
La caja de herramientas
Todos disponemos de una caja de herramientas del mismo tamaño para enfrentarnos lo mejor posible a las circunstancias que nos plantea la vida y a las que nos empeñamos nosotros mismos en enfrentarnos.
Lo que nos diferencia son una serie de detalles que pueden resultar muy significativos:
- Cada cual tenemos una herramienta preferida. Aquella con la que nos sentimos más cómodos. Lo que nos diferencia es que una cosa es tener una preferencia y otra es no plantearse la posibilidad de utilizar otras. No sé si fue Mark Twain o Maslow quien dijo "si tu única herramienta es un martillo resolverás todos tus problemas a martillazos". Creer que hay una herramienta universal que sirve para solucionarlo todo no sólo es erróneo, resulta peligroso. Más aún en el caso de aquellas personas que se sienten orgullosas de ello y se reafirman públicamente diciendo eso de "yo soy así, y no pienso cambiar", como si el orgullo por ser estúpido fuese algo de lo que presumir...
- Podemos incorporar nuevas herramientas de las que veamos en nuestro entorno. Todos nacemos con una "caja genética" y nuestro entorno familiar nos ayuda a ampliarla. Pero luego la actitud que tengamos en diferentes etapas de nuestra vida nos ayudará más o menos a ampliar la variedad. Personas con una actitud más abierta acostumbran a tener más herramientas que personas con actitudes más cerradas.
- Hay quien concede a sus herramientas un poder casi mágico, otorgando el mérito de casi todo lo bueno que le ocurre a las herramientas que sabe manejar. En cambio, hay personas que sin ser arrogantes saben que las herramientas ayudan, pero lo importante es el cerebro de quien las maneja. Los primeros viven obsesionados con el cuidado exhaustivo de su caja, los segundos centran su atención en sus necesidades y en las de su entorno.
Recordemos que no somos las herramientas que tenemos, sino las que sabemos utilizar adecuadamente...
Lo que nos diferencia son una serie de detalles que pueden resultar muy significativos:
- Cada cual tenemos una herramienta preferida. Aquella con la que nos sentimos más cómodos. Lo que nos diferencia es que una cosa es tener una preferencia y otra es no plantearse la posibilidad de utilizar otras. No sé si fue Mark Twain o Maslow quien dijo "si tu única herramienta es un martillo resolverás todos tus problemas a martillazos". Creer que hay una herramienta universal que sirve para solucionarlo todo no sólo es erróneo, resulta peligroso. Más aún en el caso de aquellas personas que se sienten orgullosas de ello y se reafirman públicamente diciendo eso de "yo soy así, y no pienso cambiar", como si el orgullo por ser estúpido fuese algo de lo que presumir...
- Podemos incorporar nuevas herramientas de las que veamos en nuestro entorno. Todos nacemos con una "caja genética" y nuestro entorno familiar nos ayuda a ampliarla. Pero luego la actitud que tengamos en diferentes etapas de nuestra vida nos ayudará más o menos a ampliar la variedad. Personas con una actitud más abierta acostumbran a tener más herramientas que personas con actitudes más cerradas.
- Hay quien concede a sus herramientas un poder casi mágico, otorgando el mérito de casi todo lo bueno que le ocurre a las herramientas que sabe manejar. En cambio, hay personas que sin ser arrogantes saben que las herramientas ayudan, pero lo importante es el cerebro de quien las maneja. Los primeros viven obsesionados con el cuidado exhaustivo de su caja, los segundos centran su atención en sus necesidades y en las de su entorno.
Recordemos que no somos las herramientas que tenemos, sino las que sabemos utilizar adecuadamente...
lunes, 13 de febrero de 2017
¿Para qué sirve la psicoterapia? La terapia como extintor (I)
Un proceso de psicoterapia es un proceso de cambio. La necesidad de cambiar suele nacer de la percepción de que necesitamos adaptarnos a unas nuevas circunstancias o que necesitamos realizar algo nuevo porque la estrategia anterior no era útil.
Dentro de un marco definitorio tan grande encontramos diferentes tipos de psicoterapias en función del psicoterapeuta que la realiza, pero hablar de esto no es el objetivo de esta entrada. Quisiera hablar de los diferentes tipos de psicoterapias que hay en función de la intención de la persona que viene a demandar terapia. ¿Por qué? Porque un proceso de terapia se da entre dos personas, y de la capacidad de llegar a acuerdos de ambos depende lo que se conseguirá.
En base a mi experiencia clínica he encontrado varios tipos de intenciones por parte de los pacientes. Aquí me gustaría centrarme en una de las más comunes: La terapia como extintor.
La función de un extintor es básicamente una: Apagar fuegos. Una vez que el fuego se ha extinguido el extintos deja de ser útil, es más, resulta molesto. Es pesado y aparatoso, ocupa nuestras manos y nos obliga a centrar nuestra atención en él. ¿Qué hacemos cuando hemos apagado el fuego? Dejamos el extintor a un lado y nos dedicamos a otra cosa. Limpiar suele ser una opción, en el caso de que no sea nuestra casa, disfrutar de nuestra vida.
Un extintor no nos cambia la vida, nos permite enfrentarnos a un peligro y superarlo. Ya está. Las terapias apagafuegos son idénticas.
¿Quién desea una terapia extintor? Generalmente aquellas personas que no desean cambiar la dinámica conflictiva que es su vida. Lo único que desean es que la intensidad del conflicto sea llevadera, sea tolerables, que la puedan gestionar. Creen que es lo único que pueden hacer. No es que no crean que no puedan cambiar, es que no se lo plantean. Puede ser que lo teman, no lo sé, porque nunca se quedan lo suficiente para averiguarlo, porque se conformar con volver al punto en que no sentían que hubiese un problema.
Y ese conformismo puede ser muy dañino, porque las actitudes, o circunstancias, que una vez te llevaron al problema seguramente te volverán a llevar en un futuro.
Creer que el extintor se puede usar indefinidamente es un error, hay que rellenarlos. En terapia se rellenan con confianza, pero quien no confía en uno mismo difícilmente confiará en nadie más, por muy profesional que sea...
Dentro de un marco definitorio tan grande encontramos diferentes tipos de psicoterapias en función del psicoterapeuta que la realiza, pero hablar de esto no es el objetivo de esta entrada. Quisiera hablar de los diferentes tipos de psicoterapias que hay en función de la intención de la persona que viene a demandar terapia. ¿Por qué? Porque un proceso de terapia se da entre dos personas, y de la capacidad de llegar a acuerdos de ambos depende lo que se conseguirá.
En base a mi experiencia clínica he encontrado varios tipos de intenciones por parte de los pacientes. Aquí me gustaría centrarme en una de las más comunes: La terapia como extintor.
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| www.trabajoglobal.org |
La función de un extintor es básicamente una: Apagar fuegos. Una vez que el fuego se ha extinguido el extintos deja de ser útil, es más, resulta molesto. Es pesado y aparatoso, ocupa nuestras manos y nos obliga a centrar nuestra atención en él. ¿Qué hacemos cuando hemos apagado el fuego? Dejamos el extintor a un lado y nos dedicamos a otra cosa. Limpiar suele ser una opción, en el caso de que no sea nuestra casa, disfrutar de nuestra vida.
Un extintor no nos cambia la vida, nos permite enfrentarnos a un peligro y superarlo. Ya está. Las terapias apagafuegos son idénticas.
¿Quién desea una terapia extintor? Generalmente aquellas personas que no desean cambiar la dinámica conflictiva que es su vida. Lo único que desean es que la intensidad del conflicto sea llevadera, sea tolerables, que la puedan gestionar. Creen que es lo único que pueden hacer. No es que no crean que no puedan cambiar, es que no se lo plantean. Puede ser que lo teman, no lo sé, porque nunca se quedan lo suficiente para averiguarlo, porque se conformar con volver al punto en que no sentían que hubiese un problema.
Y ese conformismo puede ser muy dañino, porque las actitudes, o circunstancias, que una vez te llevaron al problema seguramente te volverán a llevar en un futuro.
Creer que el extintor se puede usar indefinidamente es un error, hay que rellenarlos. En terapia se rellenan con confianza, pero quien no confía en uno mismo difícilmente confiará en nadie más, por muy profesional que sea...
lunes, 6 de febrero de 2017
¿Qué significa "no lo sé"? (y cómo cuestionarlo...)
Las sesiones de psicoterapia se dan en un contexto relacional que se fundamenta en el arte de preguntar y de contestar. Generalmente quien pregunta es la terapeuta y una de las respuestas más frecuentes es "no lo sé" o la variante reducida "no sé".
¿Qué significa esta respuesta? Generalmente que no sabe qué responder. Y eso es muy bueno. ¿Por qué? Porque cuando no sabemos qué hemos de responder nos vemos obligados a pensar en una respuesta que dar, generalmente una respuesta nueva, creativa, con posibilidades de equivocación y, por tanto, con posibilidades de aprendizaje.
Pero no seamos tan optimistas. La mayoría de las personas que responden "no lo sé" están contestando preguntas en la variante Pasapalabra. Esto es, respuestas rápidas y concisas a la espera de que se les conceda un premio. ¿Qué premio? La resolución de su mal, de su dolor, de su conflicto... sin hacer nada.
Por eso es importante interpelar a nuestro interlocutor cuando nos contesta "no lo sé". Si nos conformamos con esta respuesta estamos llegando a un callejón sin salida comunicacional que no nos aporta nada y que lastrará todo lo acontezca luego.
Es muy útil en estos casos quedarnos en silencio esperando a que piense. Sí, lo sé, el silencio es muy provocador para muchas personas, se pueden sentir cohibidos o apremiados, pero no hemos de perder de vista que la oportunidad de dar con una respuesta nueva, una posibilidad diferente, una opción de aprendizaje vale tanto la pena que podemos el correr el riesgo de parecer inquisitivos.
¿Por qué no lo sabes? ¿No lo quieres saber/averiguar/suponer? ¿Por qué te resignas a permanecer ignorante sobre esta cuestión? ¿Tanto poder tiene el miedo que prefieres no pensar?
¿Qué significa esta respuesta? Generalmente que no sabe qué responder. Y eso es muy bueno. ¿Por qué? Porque cuando no sabemos qué hemos de responder nos vemos obligados a pensar en una respuesta que dar, generalmente una respuesta nueva, creativa, con posibilidades de equivocación y, por tanto, con posibilidades de aprendizaje.
Pero no seamos tan optimistas. La mayoría de las personas que responden "no lo sé" están contestando preguntas en la variante Pasapalabra. Esto es, respuestas rápidas y concisas a la espera de que se les conceda un premio. ¿Qué premio? La resolución de su mal, de su dolor, de su conflicto... sin hacer nada.
Por eso es importante interpelar a nuestro interlocutor cuando nos contesta "no lo sé". Si nos conformamos con esta respuesta estamos llegando a un callejón sin salida comunicacional que no nos aporta nada y que lastrará todo lo acontezca luego.
Es muy útil en estos casos quedarnos en silencio esperando a que piense. Sí, lo sé, el silencio es muy provocador para muchas personas, se pueden sentir cohibidos o apremiados, pero no hemos de perder de vista que la oportunidad de dar con una respuesta nueva, una posibilidad diferente, una opción de aprendizaje vale tanto la pena que podemos el correr el riesgo de parecer inquisitivos.
¿Por qué no lo sabes? ¿No lo quieres saber/averiguar/suponer? ¿Por qué te resignas a permanecer ignorante sobre esta cuestión? ¿Tanto poder tiene el miedo que prefieres no pensar?
martes, 24 de enero de 2017
Palabras enormes para males pequeños
¿Y si somos el significado de las palabras que sabemos utilizar? Seríamos como abanicos de opciones de significado...
Eso implicaría que escogeríamos con cuidado lo que decimos. También implicaría que estaríamos deseosos de incorporar nuevas palabras para ampliar el abanico de nuestras posibilidades comunicativas, y de significado. Todos deseosos de leer, de culturizarnos, de crecer, de cambiar. Todos consultaríamos el diccionario etimológico para saber el significado original y el desglose de palabras que usamos cotidianamente para hacerlo de manera apropiada...
Pero por desgracia no es así. Nos conformamos con una cantidad pequeña de palabras que usar y, sobre todo, tenemos muchas palabras comodín que utilizamos, sin saber su significado o sin saber qué significado va a tener en nuestro interlocutor.
¿Un ejemplo? En una primera sesión de terapia suele darse este tipo de conversación:
- ¿Cómo estás?
- Mal.
- Ya veo... ¿Cómo de mal?
- Pues mal, no sé, muy mal.
- Es que mal es una palabra que no aporta significado específico, lo que es mal para mi tal vez no lo sea para ti.
- Ya, ya,,, estoy fatal.
Si continuamos con este ejemplo y entendiendo que mal hace referencia a dolor emocional, ¿a qué tipo de emoción se refiere? Evidentemente no es alegría, pero tal vez para mi mal sea estar triste, y para esa persona sea estar enfadado. ¿Puede haber algún tipo de conversación constructiva cuando intentamos ayudar a dejar de estar triste a alguien que está enfadado? ¿O con miedo? ¿O con culpa? ¿O avergonzado?
Las emociones guían nuestra conducta. Emoción significa "hacia donde moverse" (e-moción), y no es lo mismo articular una conducta para ayudar a alguien a dar significado a una pérdida (tristeza) que ayudar a canalizar la energía por una amenaza (rabia). Aún así, seguimos diciendo "mal" constantemente en vez de especificar para que seamos adecuadamente entendidos.
Así, ante la incomunicación que provoca nuestra falta de vocabulario, acabamos tirando de intensidad, como en el ejemplo: de mal a fatal. Como si fatal tuviese un significado más claro...
Y lo mismo ocurre con las palabras críticas: todo, nada, siempre, nunca, todos y nadie.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Estrés postvocacional
Nacemos. Crecemos un poco. Nos llevan a la escuela. Nos obligan a escoger en lo que deseamos formarnos para trabajar hasta que nos jubilamos (si hay suerte) y después nos dejamos fluir hasta la muerte con la dulce complacencia de que hemos hecho lo que socialmente se esperaba.
En algunos casos había insatisfacción, en otros algo de incomodidad y puede que hasta resignación. Pero hasta hace poco eran escasas las personas que no se sentían con la trayectoria laboral que habían realizado hasta la muerte. La mayoría afirmaban con orgullo haber pertenecido a la misma empresa desde el inicio. Incluso decían haber iniciado como aprendices y haber llegado a director general (!!). Pero la mayoría hablaban con cierto cariño de su trabajo.
Pero, ¿eso mismo ocurre hoy día?
Hoy día seguimos el mismo trayecto, el que he descrito al comienzo, pero con una peculiaridad. Estamos saturados de información inútil. Y digo inútil por no decir falsa. Bueno, ya que lo he dicho, FALSA. Nos mienten. Hoy día un adolescente ha de decidir a que se quiere dedicar a los 16 años, cuando ha de escoger qué rama del bachillerato desea (¡JA!) estudiar, o qué CFGM desea estudiar. Esta simple decisión ya restringe posibilidades de elección futuras. Luego escogen carrera. Bueno, la nota media obtenida con la selectividad indica a qué carrera puedes aspirar.
Hasta este punto las personas de 17-18 años conservan en su mayoría intacta su ilusión. Quienes han conseguido entrar en la carrera que deseaban, están satisfechas de sí mismas. Pero el tramo final es el definitivo. Los grados universitarios están diseñados según el modelo darwiniano, no para aquellas personas con más ilusión si no para aquellas personas con más capacidad de tolerancia a la frustración o bajas expectativas. Por ejemplo, en psicología, la mayoría de los profesores de la carrera no han ejercido como psicólogos fuera del ámbito universitario. Aún así, pontifican continuamente sobre como es la realidad profesional de los psicólogos. ¿Os lo imagináis? Pues yo lo he vivido. Y lo que es peor, los actuales alumnos de las carreras universitarias lo están viviendo.
Y así, llegamos la obtención del título (grado o master) y la persona que empezó su trayectoria académica con 3-4 años se encuentra a los 23-24 con el mercado laboral.
Y aquí es donde llega la tragedia. Toda la información acumulada (mayormente mentiras, recordémoslo) colisionan con la realidad profesional. Entonces, ante la invalidación que supone la evidencia de que la realidad no se corresponde con lo que uno creía, que no ha llegado al paraíso profesional, aparecen toda una serie de síntomas que pueden ser de diferente intensidad, y que van desde la ansiedad y el bloqueo cognitivo hasta la apatía y desesperanza.
Poco se puede hacer a estas alturas. Trabajar sobre las expectativas rebajándolas, flexibilizar creencias, apoyar en la toma de decisiones nuevas y, en muchos casos, arriesgadas. Pero hay quien no lo supera y se deja languidecer toda su vida profesional, que no olvidemos que es la mayor parte de la vida biológica...
Hablamos mucho del síndrome postvacacional, pero hablamos muy poco del síndrome postvocacional. Sólo hay una vocal de diferencia, pero es una diferencia muy significativa, ¿no creéis?
En algunos casos había insatisfacción, en otros algo de incomodidad y puede que hasta resignación. Pero hasta hace poco eran escasas las personas que no se sentían con la trayectoria laboral que habían realizado hasta la muerte. La mayoría afirmaban con orgullo haber pertenecido a la misma empresa desde el inicio. Incluso decían haber iniciado como aprendices y haber llegado a director general (!!). Pero la mayoría hablaban con cierto cariño de su trabajo.
Pero, ¿eso mismo ocurre hoy día?
Hoy día seguimos el mismo trayecto, el que he descrito al comienzo, pero con una peculiaridad. Estamos saturados de información inútil. Y digo inútil por no decir falsa. Bueno, ya que lo he dicho, FALSA. Nos mienten. Hoy día un adolescente ha de decidir a que se quiere dedicar a los 16 años, cuando ha de escoger qué rama del bachillerato desea (¡JA!) estudiar, o qué CFGM desea estudiar. Esta simple decisión ya restringe posibilidades de elección futuras. Luego escogen carrera. Bueno, la nota media obtenida con la selectividad indica a qué carrera puedes aspirar.
Hasta este punto las personas de 17-18 años conservan en su mayoría intacta su ilusión. Quienes han conseguido entrar en la carrera que deseaban, están satisfechas de sí mismas. Pero el tramo final es el definitivo. Los grados universitarios están diseñados según el modelo darwiniano, no para aquellas personas con más ilusión si no para aquellas personas con más capacidad de tolerancia a la frustración o bajas expectativas. Por ejemplo, en psicología, la mayoría de los profesores de la carrera no han ejercido como psicólogos fuera del ámbito universitario. Aún así, pontifican continuamente sobre como es la realidad profesional de los psicólogos. ¿Os lo imagináis? Pues yo lo he vivido. Y lo que es peor, los actuales alumnos de las carreras universitarias lo están viviendo.
Y así, llegamos la obtención del título (grado o master) y la persona que empezó su trayectoria académica con 3-4 años se encuentra a los 23-24 con el mercado laboral.
Y aquí es donde llega la tragedia. Toda la información acumulada (mayormente mentiras, recordémoslo) colisionan con la realidad profesional. Entonces, ante la invalidación que supone la evidencia de que la realidad no se corresponde con lo que uno creía, que no ha llegado al paraíso profesional, aparecen toda una serie de síntomas que pueden ser de diferente intensidad, y que van desde la ansiedad y el bloqueo cognitivo hasta la apatía y desesperanza.
Poco se puede hacer a estas alturas. Trabajar sobre las expectativas rebajándolas, flexibilizar creencias, apoyar en la toma de decisiones nuevas y, en muchos casos, arriesgadas. Pero hay quien no lo supera y se deja languidecer toda su vida profesional, que no olvidemos que es la mayor parte de la vida biológica...
Hablamos mucho del síndrome postvacacional, pero hablamos muy poco del síndrome postvocacional. Sólo hay una vocal de diferencia, pero es una diferencia muy significativa, ¿no creéis?
domingo, 13 de noviembre de 2016
Zona de desarrollo próximo
- Como intentaba explicar antes, tu situación actual se explica mejor, en mi opinión, por el concepto de la zona de desarrollo próximo que por la zona de confort esa. ¿Por qué? Porque la zona de confort es falsa, nadie está confortable en esa famosa zona, más bien parecen resignados y no hacen nada para cambiar, para crecer, para adaptarse...
-¿Y con la zona de desarrollo esa, sí?
- El concepto de zona de desarrollo próximo es muy útil para entender lo que te ha ocurrido en estos últimos tiempos, y además, te da pistas de por dónde has de buscar un cambio efectivo. La idea es que tú tienes una cierta capacidad de aprendizaje, ¿no?
- Como todo el mundo, supongo. Debe ser algo genético, ¿no?
- No lo sé. Supongo que sí, pero ese es un detalle que no nos aporta mucho al análisis de tu situación. Veamos, como decía, tú tienes una determinada capacidad de aprendizaje. Pero si nos regimos por esa idea, nos encontramos con que nunca podrías superar esa capacidad, ¿no?
- Claro. No puedo ir más allá de mi capacidad.
- ¿No? Si es por capacidad solamente, ¿cómo lo hace un niño para aprender a hablar o caminar?
- Porque le enseñan los adultos.
- Exacto. Pero, ¿cómo enseñamos a un niño a hacer algo que puede hacer pero que no sabe que puede
- No tengo ni idea.
- Bueno, estarás de acuerdo conmigo que tenemos que bajar hasta estar casi a su nivel.
- ¿Casi? Tienes que ponerte a su nivel, si no, ¿cómo te va a entender?
- Si te pones a su mismo nivel, ¿dónde está el aprendizaje? La zona de desarrollo próximo es aquella que se sitúa entre tu capacidad de aprendizaje real y tu capacidad potencial. Vamos que es aquella que indica que si recibes la ayuda que necesitas, puedes aprender mucho más.
- Ya veo. Si tengo alguien que me enseñe bien, ¿podré aprender más de lo que puedo por mi mismo?
- Correcto.
- Pues esta teoría tuya me da la razón en lo que te comentaba, mis padres nunca ejercieron correctamente esa capacidad de influencia.
- Eso lo dices porque sólo analizas la responsabilidad de tus padres de influirte en ti. Si te paras un poco a pensar antes de contestar, te darás cuenta que tanta responsabilidad tienen ellos de no influirte como tienes tú de empeñarte en que ellos sean la influencia que deseas.
- ¡Son mis padres!
- Sí. ¿Acaso si tus padres fuesen mudos no hubieses aprendido a hablar? ¿Si tus padres no pudiesen caminar no habrías aprendido tú? ¿Te habrías conformado con su incapacidad de influirte o te habrías abierto a nuevas influencias?
- Creo que mis padres no se habrían opuesto a que aprendiese todo eso, pero sí que mostraron oposición a que aprendiese otras cosas que me habría gustado.
- Ya no eres aquel niño. Ahora eres adulto. Puedes decidir.
- ¿Qué puedo decidir?
- Resignarte o cambiar. Si optas por la primera opción le estás dando la razón a esos padres que no deseaban que crecieses libre, si optas por la segunda estás cumpliendo un sueño de tu infancia.
- Pero eso es muy difícil.
- Esa no es la pregunta que debes hacerte.
- ¿No debo preguntarme si va a resultar difícil?
- Deberías preguntarte si vale la pena-
-¿Y con la zona de desarrollo esa, sí?
- El concepto de zona de desarrollo próximo es muy útil para entender lo que te ha ocurrido en estos últimos tiempos, y además, te da pistas de por dónde has de buscar un cambio efectivo. La idea es que tú tienes una cierta capacidad de aprendizaje, ¿no?
- Como todo el mundo, supongo. Debe ser algo genético, ¿no?
- No lo sé. Supongo que sí, pero ese es un detalle que no nos aporta mucho al análisis de tu situación. Veamos, como decía, tú tienes una determinada capacidad de aprendizaje. Pero si nos regimos por esa idea, nos encontramos con que nunca podrías superar esa capacidad, ¿no?
- Claro. No puedo ir más allá de mi capacidad.
- ¿No? Si es por capacidad solamente, ¿cómo lo hace un niño para aprender a hablar o caminar?
- Porque le enseñan los adultos.
- Exacto. Pero, ¿cómo enseñamos a un niño a hacer algo que puede hacer pero que no sabe que puede
- No tengo ni idea.
- Bueno, estarás de acuerdo conmigo que tenemos que bajar hasta estar casi a su nivel.
- ¿Casi? Tienes que ponerte a su nivel, si no, ¿cómo te va a entender?
- Si te pones a su mismo nivel, ¿dónde está el aprendizaje? La zona de desarrollo próximo es aquella que se sitúa entre tu capacidad de aprendizaje real y tu capacidad potencial. Vamos que es aquella que indica que si recibes la ayuda que necesitas, puedes aprender mucho más.
- Ya veo. Si tengo alguien que me enseñe bien, ¿podré aprender más de lo que puedo por mi mismo?
- Correcto.
- Pues esta teoría tuya me da la razón en lo que te comentaba, mis padres nunca ejercieron correctamente esa capacidad de influencia.
- Eso lo dices porque sólo analizas la responsabilidad de tus padres de influirte en ti. Si te paras un poco a pensar antes de contestar, te darás cuenta que tanta responsabilidad tienen ellos de no influirte como tienes tú de empeñarte en que ellos sean la influencia que deseas.
- ¡Son mis padres!
- Sí. ¿Acaso si tus padres fuesen mudos no hubieses aprendido a hablar? ¿Si tus padres no pudiesen caminar no habrías aprendido tú? ¿Te habrías conformado con su incapacidad de influirte o te habrías abierto a nuevas influencias?
- Creo que mis padres no se habrían opuesto a que aprendiese todo eso, pero sí que mostraron oposición a que aprendiese otras cosas que me habría gustado.
- Ya no eres aquel niño. Ahora eres adulto. Puedes decidir.
- ¿Qué puedo decidir?
- Resignarte o cambiar. Si optas por la primera opción le estás dando la razón a esos padres que no deseaban que crecieses libre, si optas por la segunda estás cumpliendo un sueño de tu infancia.
- Pero eso es muy difícil.
- Esa no es la pregunta que debes hacerte.
- ¿No debo preguntarme si va a resultar difícil?
- Deberías preguntarte si vale la pena-
domingo, 25 de septiembre de 2016
Ilusión
- ¿Por qué insistes tanto en que me busque una ilusión?
- La verdad es que prefiero que encuentres varias, una sola me parece muy poco para una persona. Pero el motivo que me impulsa a repetirte de manera continúa, casi obsesiva, que te encuentres ilusiones es para que no necesites venir a verme más. Las personas que tienen ilusiones no acuden a las consultas de los psicólogos, ni de psiquiatras, tarotistas o coachs.
- ¿Por qué?
- Porque están muy ocupados disfrutando de sus ilusiones. Puede ser que en alguna ocasiones tengan una crisis, pero en general tienen opciones a las que agarrarse e impedir la caída.
- ¿Las ilusiones?
- Exacto. Se trata de una palabra muy interesante, sobre todo si te fijas en la raíz que comparte con otra palabra. Si tuvieses que dividir la palabra en dos, ¿cómo lo harías?
- Supongo que ilu - sión, ¿no?
- ¿Qué significa "ilu"?
- No sé... Me viene a la cabeza la palabra iluminación... ¿Luz?
- Creo que sí. Tener ilusiones ilumina tu vida, te aporta luz y creo que te permite ver mejor tu realidad.
- ¿Tú crees que no tengo ilusiones?
- Creo que tienes una única ilusión, y de tanto centrarte en ella la has convertido en una obsesión. Las obsesiones oscurecen, y a la larga confunden y angustian. Eres una persona tan obsesionada con ser feliz que no lo vas a conseguir, porque no existe un camino determinado para llegar a ese estado, es una combinación de muchos... Para ser feliz uno tiene que ser muy flexible, no rígidificarse...
- Las obsesiones obscurecen...
- Sí. Y para poder seguir con ellas siempre se acaba necesitando una adicción que te proporcione distracciones...
- Claro...
- Siempre es recomendable centrarse en pequeñas ilusiones porque son más accesibles, más factibles y más inmediatas. Las grandes llegan solas, casi sin que te des cuenta.
- La verdad es que prefiero que encuentres varias, una sola me parece muy poco para una persona. Pero el motivo que me impulsa a repetirte de manera continúa, casi obsesiva, que te encuentres ilusiones es para que no necesites venir a verme más. Las personas que tienen ilusiones no acuden a las consultas de los psicólogos, ni de psiquiatras, tarotistas o coachs.
- ¿Por qué?
- Porque están muy ocupados disfrutando de sus ilusiones. Puede ser que en alguna ocasiones tengan una crisis, pero en general tienen opciones a las que agarrarse e impedir la caída.
- ¿Las ilusiones?
- Exacto. Se trata de una palabra muy interesante, sobre todo si te fijas en la raíz que comparte con otra palabra. Si tuvieses que dividir la palabra en dos, ¿cómo lo harías?
- Supongo que ilu - sión, ¿no?
- ¿Qué significa "ilu"?
- No sé... Me viene a la cabeza la palabra iluminación... ¿Luz?
- Creo que sí. Tener ilusiones ilumina tu vida, te aporta luz y creo que te permite ver mejor tu realidad.
- ¿Tú crees que no tengo ilusiones?
- Creo que tienes una única ilusión, y de tanto centrarte en ella la has convertido en una obsesión. Las obsesiones oscurecen, y a la larga confunden y angustian. Eres una persona tan obsesionada con ser feliz que no lo vas a conseguir, porque no existe un camino determinado para llegar a ese estado, es una combinación de muchos... Para ser feliz uno tiene que ser muy flexible, no rígidificarse...
- Las obsesiones obscurecen...
- Sí. Y para poder seguir con ellas siempre se acaba necesitando una adicción que te proporcione distracciones...
- Claro...
- Siempre es recomendable centrarse en pequeñas ilusiones porque son más accesibles, más factibles y más inmediatas. Las grandes llegan solas, casi sin que te des cuenta.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
¿Cómo diferencio la adicción de la dependencia?
La mejor definición de adicción que he encontrado es "aquello que te acorta la vida mientras te la hace parece mejor de lo que realmente es".
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Podemos concluir que la adicción es algo que utilizamos para mejorar lo que ya tenemos. Teóricamente un adicto está bien, pero consumiendo está mejor. No la necesita, aunque puede considerar que es indispensable para según que ocasiones, situaciones o acontecimientos (cumpleaños, fiestas, etc)
La dependencia en cambio...bueno, todos sabemos las connotaciones de significado cuando oímos que alguien es dependiente. De lo que sea.
La persona dependiente necesita aquello de lo que depende, ya sea una sustancia, una conducta o una persona. Sin eso en su vida, todo es un desastre. Tanto que no puede con la vida. El dependiente obtiene de aquello de lo que depende seguridad, y no les importa pagar con libertad. Lo que sea con estar bien.
Obviamente es mejor ser adicto que dependiente, aunque el proceso terapéutico es casi el mismo.
Si aún así crees que no está suficientemente claro, hay una regla muy sencilla para saber si somos adictos o somos dependientes de algo, se basa en la aplicación de la palabra PUTA a nuestra vida:
Adicto: consume para estar de puta madre.
Dependiente: consume para no estar de puta pena.
lunes, 12 de septiembre de 2016
Tomar una decisión
Primero te das cuenta de que no estás en una situación deseada. No tiene porque ser muy grave. Simplemente con estar algo incómoda ya es suficiente. ¿Tienes que hacer algo al respecto? No necesariamente. Puedes esperar a ver si las circunstancias cambian en tu beneficio y el problema se arregla solo, ¿no? Porque en el pasado ya ocurrió en algunas buenas ocasiones, ¿recuerdas?
Entiéndelo, estamos muy ocupados viviendo. Y decidiendo.
Espera. Distráete con otras cosas. Puedes escuchar música. Puede jugar con el móvil. Puedes pensar en las musarañas.
¿Ya? ¿Ocurrió el cambio milagros? ¿No? Esperemos más, ¿Te parece?
Permíteme que te explique en qué punto estamos. Estamos decidiendo conscientemente. Eso lo hacen las personas que quieren estar cien por cien seguras de acertar, bueno, de no equivocarse. Porque las personas que sois así tenéis claro que hay un momento en el que todo se ve claro, diáfano, transparente. Y entonces se puede ejecutar la decisión con totales garantías de éxito.
Es normal que tomar una decisión te dé miedo. No sólo es que te puedas equivocar, es que también te puedes arrepentir de ello y luego tener que cargar unas consecuencias que no esperabas. Total... lo que tú deseas es una vida cómoda, tranquila, sin sobresaltos, controlada... Y siempre hay una decisión perfecta. Siempre hay una decisión que cuadra con las circunstancias. Sólo hay que esperar.
¿Seguimos esperando? ¿Cuánto tiempo vas a dedicar a la espera? Lo digo porque tal vez el problema es que se te olvide vivir mientras esperas.
Eso sí, luego te puedes quejar amargamente todo lo que quieras...
Que estemos ahí para escucharte es otra cosa.
lunes, 25 de julio de 2016
¿Espejismo emocional? ¿Sesgos emocionales?
Una ilusión sensorial es aquella que se produce cuando interpretamos de manera errónea cualquier información que proviene de nuestros sentidos sensoriales. Por ejemplo, la vista funciona correctamente pero la información que provee al cerebro no es fiable por estar distorsionada, alterada o sobreexpuesta. Todos conocemos el ejemplo de los espejismos en el desierto, pero existen otras muchas alteraciones sensoriales que podéis consultar aquí, y aquí, pero, ¿puede ocurrir algo parecido con las emociones?
Las emociones nos proporcionan información que nos ayuda a guiar nuestra conducta con el fin conseguir llegar a un estado de homeostasis que, por cualquier circunstancia, hemos perdido. Pero, como toda fuente de información, puede estar equivocada... en mi opinión son como un séptimo sentido.
La información emocional es muy subjetiva, y esta subjetividad está muy influida por nuestros aprendizajes, por ese motivo hay tantas entre diferentes personas a la hora de reaccionar emocionalmente a un estímulo, personas que sienten rabia, otros miedo, otros pena, etc... ¿Cúal es la emoción correcta para cada estímulo? No hay reacción emocional correcta a priori, ya que además de las diferencias individuales hemos de tener muy en cuenta que cada circunstancia puede modificar la percepción emocional.
Creer que la información emocional es cierta de per se nos hace esclavos de ella. Siempre resulta una mejor opción tener más opciones, y eso nos lo brindará un análisis lógico de lo que sentimos.
Un ejemplo claro de espejismo emocional nos lo brinda la culpa. ¿Cuántas veces nos hemos sentido culpables y hasta hemos reaccionado expresando este sentimiento para luego descubrir que no teníamos motivos para creerlo? Pero una vez que has expresado la culpa, es muy difícil desdecirse, o al menos que se acepte tu rectificación. No hay nada más cómodo que cuando alguien carga con las culpas.
Que sintamos algo no significa necesariamente que sea así. Tomémonos un tiempo para reflexionar sobre lo que sentimos, sobre si tiene base para ser así, sobre si es indicado, y sobre cómo nos conviene expresarlo, cuándo y para qué. Tal vez así consigamos vivir con menos miedos, rabia, tristeza, culpa y vergüenza, y con un poco más de tranquilidad y satisfacción.
Las emociones nos proporcionan información que nos ayuda a guiar nuestra conducta con el fin conseguir llegar a un estado de homeostasis que, por cualquier circunstancia, hemos perdido. Pero, como toda fuente de información, puede estar equivocada... en mi opinión son como un séptimo sentido.
La información emocional es muy subjetiva, y esta subjetividad está muy influida por nuestros aprendizajes, por ese motivo hay tantas entre diferentes personas a la hora de reaccionar emocionalmente a un estímulo, personas que sienten rabia, otros miedo, otros pena, etc... ¿Cúal es la emoción correcta para cada estímulo? No hay reacción emocional correcta a priori, ya que además de las diferencias individuales hemos de tener muy en cuenta que cada circunstancia puede modificar la percepción emocional.
La información emocional, lo mismo que ocurre con la información sensorial, ha de ser procesada por el córtex, que es la parte del cerebro donde se toman las decisiones, pero hay quien se salta este paso y da veracidad a la información emocional por el simple hecho de haberla sentido. No es algo tan raro, pasa lo mismo con la información sensorial: "lo vi con mis propios ojos" "lo escuché nítidamente", etc...
Creer que la información emocional es cierta de per se nos hace esclavos de ella. Siempre resulta una mejor opción tener más opciones, y eso nos lo brindará un análisis lógico de lo que sentimos.
Un ejemplo claro de espejismo emocional nos lo brinda la culpa. ¿Cuántas veces nos hemos sentido culpables y hasta hemos reaccionado expresando este sentimiento para luego descubrir que no teníamos motivos para creerlo? Pero una vez que has expresado la culpa, es muy difícil desdecirse, o al menos que se acepte tu rectificación. No hay nada más cómodo que cuando alguien carga con las culpas.
Que sintamos algo no significa necesariamente que sea así. Tomémonos un tiempo para reflexionar sobre lo que sentimos, sobre si tiene base para ser así, sobre si es indicado, y sobre cómo nos conviene expresarlo, cuándo y para qué. Tal vez así consigamos vivir con menos miedos, rabia, tristeza, culpa y vergüenza, y con un poco más de tranquilidad y satisfacción.
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