Mostrando entradas con la etiqueta Relaciones interpersonales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relaciones interpersonales. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de mayo de 2019

Porque no te funciona el uso de Tinder (y otras)

- La emoción que mueve el mundo es el miedo.
- ¿Miedo a qué?
- Al dolor, al fracaso, a perder, a no ganar, a la incertidumbre, a la soledad, al propio miedo... Puedes escoger.
- ¿Y qué tiene eso que ver con Tinder?
- Mucho, creo yo. Lo importante no es la herramienta, es el uso que haces de ella. Y la actitud emocional que te mueve.
Photo by Pratik Gupta on Unsplash

- Entonces, ¿no lo recomiendas?
- No me he explicado bien. Ni lo recomiendo ni lo rechazo. Depende de lo que quieras obtener del uso de esa herramienta. ¿conocer gente? Buena idea. ¿Conocer el amor de tu vida? Mala idea.
- ¿Por qué?
- Bueno, supongo que habrá alguna pareja que se haya conocido por estas aplicaciones y que tenga un funcionamiento sano, pero por lo que todo el mundo me comenta, no es lo habitual.
- ¿Por qué? ¿Qué explicación le das?
- Creo que en el fondo Tinder es un acelerador de procesos, y eso es así para lo bueno y para lo malo. Y lo malo, supongo que es muy evidente. Imagínate que yo te llevo a una tienda de alimentación y te digo que cada vez que entres puedes escoger un producto y llevártelo y probarlo. ¿Qué harás?
- Pues tomar un producto y llevármelo a casa... ¿Un producto cada vez?
- Correcto. El funcionamiento es claro, ¿no? Pero, imaginemos que el producto te ha gustado mucho... ¿Te conformarás con ese producto? ¿O querrás probar alguno más?
- ¡Hombre claro! No me conformaré con lo primero que pruebe, ¿no?
- Vale. Vuelves a ir a la tienda y escoges un producto diferente. Aunque te guste mucho este nuevo producto, ¿querrás volver?
- Imagino que sí. Cuanta más diversidad haya probado mejor escogeré al final, ¿no?
- Posiblemente. Pero, ¿dónde pondrías el límite? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Cien?
- No lo sé...
- Y si alguno de esos productos que has escogido se encariña contigo, ¿qué le dices? " Ah, no, perdona, es que sí que me gustas, pero deseo seguir probando, no sea que haya algo que me guste más, algo mejor que tú.
- Ya... Pero eso siempre ha pasado. Yo tenía amigos que estaban en pareja y pensaban que podían estar perdiéndose algo mejor que lo que tenían.
- Sí. Es que Tinder no produce nada nuevo, sólo acelera e incrementa los procesos...
- Y al final, supongo que se puede caer en la trampa aquella del cuento que me explicaste de la novia perfecta, ¿verdad?
- Todo está inventado...
- Sólo han acelerado los procesos...
- E incrementado las posibilidades de frustración haciendo creer que aumenta las posibilidades de éxito...
Photo by Austin Distel on Unsplash

sábado, 29 de septiembre de 2018

El grupo (by Ricard Pallarès)

“No le importaba el sentido lógico de aquello, por fin había encontrado esa motivación que, aunque no fuese real, valía la pena. Eligió y se dejó guiar por una sensación que aún no había experimentado. Su mente pertenecía a algo mayor, su corazón obedecía y su alma se marchitó tratando de dar sentido a un espejismo.
Y entonces, dejó de ser quien era. Arrastrado por una energía colectiva alimentada por algo inquebrantable, la unión.
El precio era alto, pero había encontrado un poder sin límite que le daría la felicidad. Un lugar donde no existe el color gris, una tierra donde no sentirse solo…”

Photo by Bin Thiều on Unsplash

En una ocasión estaba paseando por el centro de mi ciudad cuando, de repente, me llamó la atención una tienda bastante grande. En la puerta, había una cola de gente muy alegre por lo que estaba pasando dentro. Una de las personas que había comprado el nuevo gadget tecnológico salía entre aplausos de los trabajadores de la tienda.

Me quedé perplejo. Aquel hombre, poco más que no podía evitar emocionarse y su mirada lo decía todo, ya no era “nadie” sino el “primero de muchos”. Había una sinergia enorme y se notaba que todo el mundo quería y deseaba lo mismo. Vivir esa experiencia, estar a la última… Pertenecer al grupo.

Muchas marcas llevan tiempo entendiéndolo muy bien y saben lo que la gente de esa cola quiere. Saben cómo recompensar la fidelidad con algo mucho más poderoso que su producto, sentir que formas parte de un ente que va más allá de ti mismo. Tú ya no eres importante, la marca lo es.

Dicen que somos seres gregarios, que el sentimiento de grupo nos proporciona una sensación cálida y envolvente. No en vano, uno de nuestros mayores miedos es el de la soledad. Por ello y, gracias a los grupos, podemos formar parte de un objetivo común donde compartimos, aprendemos y evolucionamos. Básicamente y, como decían en La Bola de Cristal: “Solo no puedes, con amigos sí”

No vamos a negar que es bonito disfrutar de algo nuevo y, que nos aplaudan claro, pero ¿Hasta qué punto perdemos nuestra identidad?

Lo peor es que el deseo de sentirse parte de algo más grande no se reduce al marketing de algunas marcas, sino que puede extrapolarse a la política, la religión y, en definitiva, a prácticamente todo en nuestra vida.

Entonces, siendo muy probable que ya pertenezcamos a uno o varios grupos, lo que nos debería preocupar no es el grupo en sí, sino la falta de matices. La necesidad de encajar socialmente nos lleva, en no pocas ocasiones, al encasillamiento y la triste costumbre de que cada día nos cuestionemos menos cosas.

Nos dicen qué producto comprar, o qué ideología seguir, pero no nos enseñan a pensar. Es comprensible, ya que potenciar nuestra identidad individual es largo y, a veces, tedioso además de tener un precio. Nadie puede etiquetarte al 100% en su grupo y, por tanto, pasas a ser un proscrito. 

Reconozco que hay veces en las que, rodeado de gente, me he sentido solo. Pero me resisto a creer que no podamos escoger lo mejor de cada ideología, cultura o sistema y romper con los tópicos más rancios siendo críticos con ellos para tratar de mejorarlos.


Porque al final del día, sin nuestro pensamiento abstracto o nuestra infravalorada capacidad de elección, no seremos nada más que una masa uniforme siempre en favor del viento dominante.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Renunciar a la herencia

- Al final decidí que lo mejor que podía hacer es renunciar a la herencia de mi padre. No sé si es lo que me conviene económicamente hablando porque no hay manera de saberlo, tal y como es mi familia, pero si tengo en cuenta que él es el nexo con todos y que ya no está... Es una lucha que no creo que me valga la pena.

- ¿Y cómo te encuentras habiendo decidido esto?

- Bien. Bueno, bien a ratos. A pesar de esta decisión, no puedo evitar pensar en todo lo que se me va a venir encima en un futuro más o menos breve.

- ¿Qué se te va a venir encima?

- Todo. ¿No te he dicho ya que mi familia es muy caótica? Creo que las llamáis familias multiproblemáticas. A partir de ahora tendré que lidiar con las movidas de mi madre y de mis hermanos.

- ¿Por qué?

- Porque son mi familia.

- Pero tú has renunciado a la herencia...

- Claro que sí. ¿Qué tiene que ver?

- ¿Quieres decir que has renunciado a la parte potencialmente positiva para evitar posibles consecuencias negativas pero que no renuncias a la parte negativa segura?

- Dicho así suena como si fuese tonta.

- Tonta no lo sé, pero injusta sí que suena. Imagínate que fuera al revés...

- ¿Coger el posible dinero y renunciar a las movidas de mi familia? ¡Eso es egoísta!

- (...)

- Ya veo...

- Tu valoración parece sesgada claramente en tu defecto.

- Siempre ha sido así...

- Eso no significa que tenga que continuar siéndolo, ¿no te parece?

- Visto así...

- Lo que te puedes proponer si haces esto, no es cambio fácil, pero has de valorar si es un cambio que vale la pena.

- La pena sí que lo vale, sí, pero difícil va a ser un rato. No me lo van a poner fácil...

- Deberías aceptar que si son adultos y responsables para gestionar una herencia, entonces también lo son para gestionar las consecuencias de lo que hacen, eso que tú llamas movidas...






domingo, 26 de agosto de 2018

It's not my duck, it's not my bottle (Dietland)

Hay dos tipos de personas: quienes tienden a responsabilizarse de lo que no les toca y quienes tienden a no responsabilizarse de lo que les toca.

Para ambos es muy útil este fragmento de la serie Dietland (2018) en la que una de las protagonistas explica el cuento del pato en la botella como ejemplo de qué ha de responsabilizarse y de qué no:



Es indescriptible la sensación de felicidad que se sentimos cuando descubrimos que somos libres de una carga que nos hemos impuesto. Atrévete a sentirla.





miércoles, 11 de julio de 2018

El efecto L'Oréal

- Hay diversas maneras de trabajar para conseguir una mejora de tu autoestima, pero todas implican tener una actitud más activa por tu parte.
- ¿Actitud activa?
- Por supuesto.
- ¿Crees que he tenido una actitud pasiva hasta ahora?
- Estoy casi seguro de ello.
- ¿En qué te basas?
- En tu conducta, obviamente. No has estado tomando decisiones desde hace un tiempo, y eso ha provocado que no hayas podido escoger las consecuencias a las que te has enfrentado.
- ¿Hay alguien que las escoja?
- Por supuesto que sí. Mucha gente. Y antes de que me hagas otra pregunta obvia, te diré que los reconocerás porque se quejan poco. Tienen mucho que hacer y la queja les resta a tiempo y energía.
- ¿Me estás pidiendo que sea arrogante?
- Hmmmmm..., no. Te estoy pidiendo que te sitúes en un punto medio y que busques ser coherente.
- No sé si lo veo claro. Es como ir muy a saco, al menos para mi... Es como ir por la vida con una camiseta de esas que pone "soy la hostia" y cosas así... No me siento muy cómoda, la verdad.
- Bueno... No creo que una camiseta sea la mejor opción, en eso estamos de acuerdo. Pero ahora que mencionas lo de la camiseta, se me ocurre una tarea que puedes hacer para la próxima sesión y que puede provocar cambios que nos ayuden a arrojar luz sobre esta cuestión.
- Ok, dime.
- Te voy a pedir que consigas una camiseta promocional de la marca L'Oréal. Mejor varias. Y te las vas a poner para ir por la vida durante una temporada.
- ¿De la marca L'Oréal? ¿y por qué de esa marca?
- Eso es lo que me gustaría que la gente de tu vida te pregunte. "¿Por qué L'Oréal"?
- ¿Y qué les contesto?
- Creo que el eslogan es bastante apropiado...
- ¿Y cuál es?
- Creo que si piensas un poco lo recuerdas. Si no, búscalo.


lunes, 18 de junio de 2018

Ghosting

- ¿Qué es eso?
- Ghosting. Hacerse el fantasma.
- Ah. ¿No hay una palabra más adecuada?
- Supongo. ya sabes cómo van las cosas. Ahora se le llama así.
- ¿Y consiste en...?
- Yo conozco a un chico y comenzamos a quedar, ¿vale? Todo parece ir bien y de repente uno de los dos desaparece, se hace el fantasma.
- ¿Desaparece?
- Bueno, no desaparece, simplemente no se comunica con la otra persona.

lifehacker.com

- ¿Y eso te ha pasado?
- No... Alguna vez lo he hecho.
- ¿Y para qué?
- Bueno... en mi caso es que me daba palo enfrentarme a ella.
- ¿Te daba palo?
- Sí. Es que a mi no me gustaba tanto como parecía gustarle yo a ella.
- Suele ocurrir.
- ¿Verdad que sí? Pues eso, haciendo ghosting te ahorras un montón de dramas.
- Bueno, puede parecer que sí, pero me da que lo que en realidad estás haciendo es rehipotecando el dolor para transformarlo en sufrimiento más adelante.
- ¿Rehipotecando? ¿Por qué dices eso?
- Se me ocurren diferentes aproximaciones para contestarte. La primera es que estás confundiendo actitud con emoción. La segunda es que no pareces saber diferenciar entre dolor y sufrimento. La tercera es que te escudas detrás de palabras raras en otro idioma para evitar etiquetarte con palabras en castellano que te resultarían demasiado dolorosas o vergonzantes.
- Joder. Cualquiera que te escuche pensará que es grave lo que he hecho, como si le hubiese hecho daño a esa pobre chica.
- Bueno, esa chica, diría que es muy afortunada, pero eso es otro tema.
- ¿Afortunada?
- Claro que sí. Supongo que al principio debió sentirse confundida y hasta impotente, pero ahora debe estar aliviada y satisfecha.
- No entiendo nada...
- Veamos pues: Como te he comentado, el problema es que estás confundiendo la pereza con el miedo. La emoción es miedo, y por ello has evitado a esa chica, ¿verdad?
- Miedoooo, hombre, no sé, me parece mucho.
- El miedo lleva a conductas de evitación. La pereza es la excusa en la que te escondes para evitar el conflicto que temes.
- Sí, dicho así...
- Segundo, confundes el dolor, que te puede enseñar cosas y sobre todo te puede ayudar a responsabilizarte de tus decisiones y tus actos con el sufrimiento. Si fuese lo bastante valiente para enfrentarte a la situación de exponerle a esa chica lo que sientes, aprenderías y no te verías condenado a repetir esta historia en el futuro. Por cierto, el sufrimiento es repetir algo sin aprender nada hasta que se te olvida qué lo desencadenó inicialmente, ¿recuerdas?
- Ya... ¿Y por qué crees que ella sería afortunada?
- Porque aunque en un primer momento le duela lo ocurrido, se va a ahorrar mucho dolor en el futuro. De toda esta historia puede aprender mucho.
- ¿Ves? No  todo es malo en actuar así.
- Ella se ha evitado una decepción mayor si la relación hubiese seguido contigo. No me mires con esa cara... Si estás en una relación con alguien tan cobarde que no tiene el valor de tratarte como alguien mínimamente valiosa, tarde o temprano te decepcionará. Y cuanto más tarde, peor, créeme.
- ¿Cobarde?
- Sí, cobarde. Creo que esa es la palabra que la RAE sugeriría en castellano para esa forma de proceder que me has explicado. Sé que no suena tan bien como ghosting. Si quieres, podemos proponer cobarding.

lunes, 12 de marzo de 2018

Enamorarse de la palanca

Por más deseo puntual que pueda proporcionar un objeto, no deberíamos perder de vista cual es su verdadera función,  porque esto nos llevaría a malentendidos que generan mucho dolor, y a la larga, sufrimiento.

Tomemos por ejemplo lo que sucede con esa palanca que queremos utilizar para abrir una puerta que nos encontramos cerrada.

Es posible que el deseo de atravesar esa puerta nuble nuestro juicio y nos lleve a confundir la necesidad de usar una palanca con el deseo hacia ella misma. Necesitamos la palanca, pero no la deseamos en sí misma. Por este motivo, cuando nos aproximamos a la puerta, nuestra expresión es de felicidad, de ilusión, pero no es hacia la palanca que vamos a utilizar, no, la ilusión va dirigida a lo que vamos a conseguir usándola.


Imaginad la decepción de la palanca creyendo por un momento que estás ilusionado con ella, convencida de que la relación durará más allá del umbral crítico de esa puerta que va a abrir, o reventar. La palanca se imagina que siempre irá cogida de tu mano. Que la asirás con fuerza en agradecimiento a los servicios prestados, que descubrirás nuevas posibilidades y usos para ella, nuevas opciones que harán de vuestra vida juntos un paraíso infinito... 

Pero cuando la puerta queda abierta y la persona se enfrenta a las posibilidades que se le brindan, el agradecimiento a la palanca pasa a un segundo plano.

¿Por qué? Porque para poder explorar la nueva realidad necesita tener las manos libres, y en ese caso, la palanca es un estorbo. Así que se la deposita en el suelo con cuidado, en el mejor de los casos, y se deja para futuras puertas, pasando de la necesidad de utilizarla a la ilusión ante lo que hay más allá de la puerta.




jueves, 8 de marzo de 2018

Siusplauitis

La siusplauitis es una patología que puede afectar a cualquiera, pero que muestra una mayor prevalencia entre la población de aspirantes a policía en el Institut de Seguretat Pública de Catalunya (ISPC). Esto lo sé porque estuve 14 años trabajando allí como psicólogo evaluador de prácticas interdisciplinarias (Módul 8 para los iniciados) y así tuve la oportunidad de diagnosticar muchos casos.

Estoy seguro que es una patología que no se restringe a una zona tan específica de la comarca del Vallès Oriental, si no que se debe producir en cualquier parte del mundo, pero, lo que hace que allí haya más casos es que hay un entorno de evaluación de habilidades comunicativas muy intenso (aprobar el M8 es casi conseguir el aprobado para ser policía en Catalunya).

¿En que consiste esta patología? Se trata de una inflamación aguda de la glándula de los "Si us Plau" ("Por favor" en catalán) que hace que una persona repita de manera repetitiva y en ocasiones absurda, si us plau.



¿Por qué ocurre esto? La explicación que encontramos los psicólogos de M8 fue puramente psicológica: La confusión de significado entre las palabras educación, empatía y asertividad.

Un policía tiene que mostrar una actitud perfectamente equilibrada entre las tres palabras anteriores. Ha de ser próximo (empático y educado) pero demostrar seguridad (asertivo). Lo que ocurre es que se suele poner el acento en aquella palabra que uno utiliza más, y en este caso es la educación. De aquí, que cuando un aspirante a policía se enfrentaba a una situación simulada, siempre que quería parecer educado utilizaba la expresión "por favor" para todo.

El problema es que cuando uno muestra un patrón tan repetitivo de por favores se posiciona en una actitud muy "down" de la que da un poco de vértigo salir cuando el interlocutor se muestra asertivo, porque los saltos actitudinales nos asustan por si nos pasamos... en este caso de agresivos. La espiral que se producía entre querer mostrarse educado y desear controlar una situación en la que había que mostrarse asertivo acostumbraba a producir un bloqueo emocional en muchos que les llevaba a la impotencia. Y ya sabemos que cada cual explota en su impotencia como puede, no como desea.

En la charla posterior que mantenía con los alumnos les informaba de que tenían siusplauitis (esto relajaba mucho la situación y los predisponía en mi opinión, a estar más abiertos) y cuando les preguntaba por qué decían tanto por favor, se producía más o menos la siguiente conversación:

- Pido las cosas por favor para ser educado.
- ¿Ser educado es pedir las cosas por favor?
- Claro.
- Ahh, ya veo. A ver, hagamos una prueba. Yo haré de policía y usted de ciudadano, ¿de acuerdo?
- Sí, vale.
- Por favor, ¿me da su dni idiota, por favor? -(el aspirante se mostraba muy sorprendido en este punto) - ¿he sido educado?
- No.
- ¿Por qué? He dicho por favor dos veces. He sido bieducado.
- Sí, pero me ha insultado.
- ¿Y?
- Que si me insulta no es usted educado.
- ¿Quiere decir que para ser educado es condición básica no insultar?
- Sí, claro.
- ¿Y decir por favor?
- No. Ya veo.
- Pidame el dni sin utilizar la expresión por favor.
- Deme su dni.
- ¿Se ha sentido mal educado?
- No.
- ¿Cómo describiría su intervención si no es mal educado?
- Seco, directo...
- ¿Más preparado para subir el tono en caso necesario?
- Sí.

No todo el mundo era capaz de superar una siusplauitis. Hacerlo requiere mucho entrenamiento para enfrentarse a los propios miedos y ser capaz de aprender de los errores. Claro que la mayoría no suspendían sólo por esto, también había importantes inflamaciones en las áreas neuronales de la empatía, pero eso lo dejaré para otra entrada futura, si Mercadona me da permiso...

martes, 16 de mayo de 2017

Declinaciones

Una de las peculiaridades del latín, creo que del griego también, es el hecho de que las palabras "se declinan" adaptándose a la función que tienen en la frase. Por eso aquella coña del rosa, rosae. Cuando estudiábamos latín eso se nos hacía pesado, pero si pensamos en el castellano actual tenemos algo de declinaciones todavía, como los masculinos, femeninos, singulares y plurales. Adaptamos las palabras a la función que van a tener en la frase, no de una manera tan complicada como el latín, pero bueno, algo queda.

Y con este bagaje cultural, estando el otro día en terapia una persona me preguntó: "¿cómo podría decirle yo que no sin que se lo tome mal?". así, a bocajarro, como si los psicólogos tuviesemos respuestas certeras para las incertidumbres relacionales cotidianas. Por suerte, tenía el ipad a mano y recuperé una antigua imagen, esta:

La reación fue una sonrisa, pero me dijo que si le decía esto se enfadaría. ¿Pero, acaso podemos controlar la reacción de los demás? No. Tenemos que saber diferenciar las peticiones de las ordenes. Si alguien se ofende por una respuesta tan educada, es porque no tolera que se cumpla su voluntad. 

Y en este punto llegó el meollo sobre lo que deseaba reflexionar hoy. "La frase está bien, pero no se puede utilizar en todas las ocasiones" - me dijo - "Deberías tener una colección de frases como esta para quienes las necesitemos". La sesión derivó hacia otras cuestiones, pero yo me quedé preocupado.

¿Es el deber de un psicólogo tener tal colección? En caso afirmativo, ¿Existe esa colección? ¿Me la tengo que inventar? Imaginaos el estado de confusión en el que me hallé, así sin quererlo. Y entonces me acordé de las declinaciones latinas. ¿Y si pudiesemos hacer declinaciones de frases que consideramos adecuadas para diferentes situaaciones? La idea me pareció inspiradora...

Empecemos por la frase de la imagen:

"Me encantaría, pero no me apetece" Frase adecuada estandar.
"Me haría mucha ilusión, pero no me veo capacitado" Frase para rechazar una oferta profesional.
"Me gustas, pero como amigo" Esta ya existe, muchos la han oído, ¿verdad?
"Quiero hacerlo, pero tengo otras responsabilidades" Cuando quieres ecudarte en tu perfeccionismo.
"Me parece correcto, pero no se dan las circunstancias" Cuando quieres excusarte sin ser cutre.

Y así podría seguir, porque en el fondo no se trata más que de construir oraciones adversativas en las que la segunda parte de la frase se carga la primera, pero entonces recordé mis aprendizajes de lengua castellana, y me acordé que siempre me gustaron más las frases copulativas...

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Qué hacer si te bloquean en whatsapp?

Todo avance en la facilidad de comunicación produce algunos nuevos inconvenientes que debemos afrontar desde la ignorancia que nos provoca la novedad.

En el caso de whatsapp, como en el del correo electrónico, el movil, el sms, el messenger, y anteriormente los mensajes de humo, las cartas o las llamadas de teléfono fijo, ha provocado algunas crisis existenciales entre algunas personas en poco tiempo. Primero fue el doble check, el hecho de que nos constase que alguien había recibido el mensaje pero no contestaba. Una persona muy metida en esto me dijo que había que comparar la hora en que habías enviado el mensaje con la hora de la última conexión del interlocutor. "¡Qué pereza!" Pensé. Luego salió el doble check azul para que supiésemos que el interlocutor había leído el mensaje pero, o no lo podía contestar, o pasaba de hacerlo. Ya no he preguntado qué hace la gente, soy dela generación de los teléfonos fijos...


El caso es que últimamente me he encontrado en varias ocasiones con la consulta, o más bien queja, de que alguien le había bloqueado en whatsapp. Ya antes había escuchado quejas sobre esto en facebook, pero, o no le presté tanta atención, o no causó tanta repercusión social como el whatsapp.

Como he señalado anteriormente, soy de una generación anterior, ya casi tengo 45 años, y cuando era joven llamaba a un teléfono fijo, y no sabías quién lo iba a coger. ¿Mi chica? ¿¡Su madre!? ¿¡¡Su padre!!? y cabía la posibilidad de que llamases con toda tu ilusión y no estuviese y te quedases colgado... Supongo que por eso, cuando me consulta alguien con cierta carga de angustia por el hecho de ser bloqueado/a en la dichosa aplicación, me los miro con cierta condescendencia...

Porque vamos a ver.  ¿Qué pasa si alguien te bloquea? ¿Qué no quiere saber nada de ti? Eso indica que tú eres más opcional para él o ella de lo que esa persona es para ti. ¿No te parece un desequilibrio muy injusto? Pues ya tienes suficiente respuesta.

Esto, claro, es relativamente fácilmente explicable en casos de personas que conoces desde hace relativamente poco tiempo. Pero, ¿y si me bloquea alguien que conozco hace más tiempo? ¿Una ex pareja, algún familiar, algún familiar de infancia?

En estos casos, después de haber investigado un poco y enterarme que si alguien te bloquea lo que ocurre es que no le llegan los mensajes que le envíes, y que nunca le llegarán, incluso si te desbloquea, lo que aconsejo es aprovechar para hacer un ejercicio terapeútico:

Envíale los mensajes que necesites. Dile lo que necesites decirle. En el tono, forma e intensidad que necesites. Si ha de ser un mensaje corto o ha de ser un mensaje enooooorme da igual. Lo importante, lo terapéutico y casi diría que lo sanador es enviar lo que necesitas decirle.

Es cierto que no lo va a recibir. Pero también es cierto que antes lo recibía y te ignoraba. Los mensajes que damos a quienes amamos o amábamos son un beneficio para nosotros, no para ellos...

sábado, 25 de junio de 2016

Persona tóxica

El concepto de persona tóxica se debe a la tendencia de la psicología de vulgarizar aún más su terminología, haciéndola más entendible en principio, pero complicando las cosas mucho más.

Cuando se nos llena la boca diciendo que alguien es tóxico nos estamos olvidando que en castellano ya hay palabras que definen sobradamente bien lo que deseamos decir, en concreto: Mala Persona.

¿Qué es una mala persona? Una persona que actúa con maldad, y recordemos que la maldad es una opción, se elige, por lo que quien decide actuar con maldad no es más que una persona egoísta.


¿Qué diferencia hay entre decir persona egoísta (o mala) y persona tóxica? La responsabilidad de quien lo dice. Cuando decimos que alguien es tóxico estamos diciendo que es alguien contaminado que a su vez resulta contaminante. Esa característica nos excluye como parte de la solución y nos posiciona pasivamente: "No soy yo, es esa persona que es así. Si esa persona fuese de otra manera no habría problema. Yo sólo puedo quejarme". Que alguien sea tóxico no quiere decir que que nos tengamos que dejar intoxicar, que alguien sea un aprovechado no significa que nos tengamos que regalar.

Por tanto, la expresión persona tóxica, mala persona o egoísta sólo la hemos de utilizar una vez, y siempre en relación a la persona indicada: como regalo de despedida para hacerle pensar. Si su egoísmo se lo permite, claro está.

martes, 21 de junio de 2016

¿Cómo conseguir una pelea?

Discutir puede ser un arte, pero pelear, pelear es la sublimación de ese arte. No es algo difícil pero no todo el mundo sabe conseguir que una conversación interesante acabe derivando en una apasionada pelea, que además puede servirnos para descargar la tensión acumalada. De manera que si deseas crecer en este arte, te puedo ofrecer tres opciones que te llevarán a una pelea segura en un lapso de tiempo no muy largo...

1.- Realizar afirmaciones. Cuando estás en una conversación que deseas que evolucione a pelea una de las primeras cosas que puedes hacer es afirmar constantemente. No se te ocurra hacer preguntas bajo ningún concepto. Las preguntas invitan a la reflexión, al análisis, a la introspección, pero las afirmaciones llevan a una progresiva incomodidad que poco a poco derivará a una actitud defensiva que provocará los primeros roces que andas buscando.

Riesgos de esta estrategia: Que tu interlocutor realmente crea que eres mejor que él y te acabe dando trato de gurú. No habrá pelea, pero tendrás alguien de quien aprovecharte...

2.- Discute sobre obviedades. En principio lo obvio debería ponernos a todos de acuerdo, porque lo obvio se rige por el sentido común. ¿Todavía no te has dado cuenta que cada uno tenemos nuestro propio sentido común que ne algún aspecto choca con el de los demás? Pues eso. Céntrate en lo obvio y poco a poco las pequeñas diferencias erosionarán la complacencia del otro y encontraréis un tema estúpido por el que pelear, y por el que no rendirse.

Riesgos de esta estrategia: Hay una serie de temas que son tan fáciles (por obvios) de provocar una pelea que conviene usar poco: Política, religión y fútbol. ¿Por qué? El uso abusivo de estos temas te puede etiquetar como intolerante a ojos de los demás, y eso hará que el fácil seas finalmente tú. Y el usado por la voluntad de los demás, también...

3.- Utiliza las cuatro palabras mágicas: NUNCA - SIEMPRE - TODO - NADA. Fíjate. Cuando alguien utiliza alguna de estas palabras contigo, inmediatamente se te ocurre una excepción de lo contrario y te entran ganas de demostrarle al otro lo equivocado que está. Por ejemplo:
               - ¡Nunca haces la cama!
               - La hice hace tres meses.
Forma parte de nuestra naturaleza. No lo podemos evitar. "¿Cómo que siempre lo haces tú todo? ¿y qué pasa de todo lo que hago yo?"... Y así hasta la descarga de frustración tan deseada.

Una variante soft de esta estrategia es la utilización de la proposición adversativa PERO. Utilizas, de entrada, una afirmación positiva sobre tu adversario y luego, después del PERO, descargas todas las opiniones negativas que tienes sobre él/ella. Por ejemplo: "Eres muy simpática pero ****** ****** ****** ******".

Riesgos de esta estrategia: Te pueden considerar un rígido totalitario si abusas de ella.

¿Qué es mejor? Combinar sabiamente las tres estrategias de manera sutil hasta que estalle el conflicto. Puedes ir pasando de una a otra de manera alternativa y hacer hincapié en una diferente en cada pelea que desees iniciar.

Algunas personas con escaso sentido común puede utilizar esta entrada y las sugerencias que en ella se explican para aprender a identificar las estrategias y diseñar a su vez respuestas que las neutralicen. Obviamente no puedo hacerme responsable de las consecuencias que se deriven de la utilización perversa de lo publicado anteriormente.

Disfrutad de vuestras peleas!!!

jueves, 12 de mayo de 2016

5 derechos y un deber cuando finaliza una relación (de cualquier tipo)

Las relaciones nacen, crecen, se reproducen y mueren. Todos deseamos, al comienzo una, que la muerte de la misma sea por la muerte de los que forman esa relación, pero no siempre es así. Las relaciones pueden morir por el fracaso de sus participantes en conseguir ser un equipo en el que las energías fluyan con libertad. Cuando esto ocurre las emociones nos tienden a desbordar y nublar el entendimiento, con el riesgo de que olvidemos nuestros derechos:

- Tienes derecho a que te duela el fin de la relación y a llorar por ella. ¿Por qué? Por la energía, el tiempo, las ilusiones aportadas. Porque sí. Lo que no te da derecho es a sufrir. Recuerda que el sufrimiento es la incapacidad de aprender del dolor, y por tanto el sufrimiento tiende a perpetuarse.

- Tienes derecho a tener miedo a lo que esta por venir. Las relaciones nos proporcionan un marco de referencia para entender nuestro entorno y nuestra cotidianidad. El riesgo es que creamos que este marco de referencia es único y suficiente. Si ha sido una buena relación para ti es normal que la vayas a echar de menos, pero mirar hacia atrás con nostalgia nos impide fijarnos en lo que tenemos delante.

- Tienes derecho a responsabilizarte de lo ocurrido. Es más, diría que tienes el deber de responsabilizarte de tu 50% de responsabilidad sobre lo ocurrido, ya que así podrás aprender para no repetir de nuevo.

- Tienes derecho a refugiarte en tu zona de resignación victimista. Es ese sitio en el que nos refugiamos cada uno cada vez que nos sentimos victimas de lo injustas que son las circunstancias de nuestra vida. También tienes derecho a negarte a salir por más que los que te quieren bien se empeñen en sacarte. Obviamente tienes derecho a no desear entrar...

- Tienes derecho a necesitar ayuda para gestionar cómo te sientes. Aguantar más peso del necesario puede resultar un acto de temeridad que conlleva unos intereses demasiado elevados con el tiempo. Si la familia y las amistades no te alcanzan, puedes ir a un/a psicóloga/o

- Tienes el deber de luchar por tus derechos. La ruptura de una relación comporta un reparto de lo que la relación tenía en común, tanto material como "inmaterial". Dentro de este derecho entra el consultar con quien consideres necesario, incluidos profesionales del derecho familiar. Lo has de hacer por ti y por aquellos que dependen de ti.

Evidentemente tienes derecho a todo lo que se te ocurra siempre que no entre en colisión con los derechos de los demás, aunque sea una obviedad.

lunes, 28 de marzo de 2016

¿Por qué tengo ansiedad?

El miedo es necesario en nuestras vidas porque nos ayuda a mantenernos con vida. Si vemos un estímulo peligroso sabemos que tenemos que huir (lo más sensato) o enfrentarnos (si creemos ser Chuck Norris) pero, ¿cuántos estímulos peligrosos hacemos frente en nuestro día a día? Pocos, por no decir casi ninguno. Hoy en día, según donde vivas, nadie piensa que vaya a ser atacado por un asaltante o por un animal peligroso, de forma que hemos tenido que adaptar nuestra forma de vivir y sufrir el miedo.

Vivir en sociedad es lo que nos hace sentir seguros si exceptuamos el riesgo de accidentes, catástrofes o enfermedades, pero al mismo tiempo nos genera nuevos problemas a los que, a priori, no estamos fisiológicamente preparados, como por ejemplo adaptarnos al estatus o lugar que ocupamos en nuestra comunidad.

Hasta no hace mucho tiempo, unos pocos años, ese estatus social nos indicaba el nivel de protección al que teníamos derecho, mediante el acceso a alimentación, seguridad o salud pública. A mayor estatus, mayor acceso. Había personas que en determinados momentos podían trascender las barreras sociales y subir de estatus, pero la mayoría se resignaban a vivir como les había tocado. Y la resignación proporciona mucha seguridad de que el futuro no va a cambiar.
Actualmente casi nadie tiene percepción de riesgo vital inmediato, salvo en los casos excepcionales que he mencionado antes; tampoco estamos muy atentos a nuestro estatus social a menos que estemos por debajo de lo que deseamos, y lo que nos proporciona más incertidumbre, que no es más que una forma de miedo, son las relaciones en las que vivimos.

Las relaciones que mantenemos son de dos tipos: las heredadas y las escogidas. Se supone que las segundas implican más responsabilidad que las primeras por el hecho de ser consecuencia de una elección personal, pero en verdad ambas nos provocan problemas. Cuando no tenemos que preocuparnos por nuestra supervivencia ni por nuestro estatus social, nos preocupamos de nuestras relaciones, que no es lo mismo que ocuparse bien de ellas...

Las relaciones nos alteran cuando deseamos (o alguien desea) controlarlas. La búsqueda de control de una relación produce tensiones a las dos partes, a quien desea controlar y a quien busca no ser controlado. Da igual si la relación es familiar, profesional, de amistad o de pareja. Evidentemente la ansiedad es más intensa cuanto más cercana es la relación.

En muchas ocasiones lo que nos ocurre es que no somos conscientes de ello y nos acostumbramos a la tensión que nos genera una determinada relación, aprendemos a vivir con ella como si de una carga pesada se tratara, y cuando sucede algo nuevo, un acontecimiento que no esperábamos, nos sentimos desbordados y es entonces cuando nos damos cuenta de la ansiedad que sufrimos. De esta manera atribuimos a este suceso "la culpa" de nuestra ansiedad con frases del tipo "Todo iba bien hasta que..." o "Ha sido la gota que colmó el vaso".

Y claro, somos conscientes de la gota que colma el vaso pero no prestamos atención a todas las gotas que previamente lo llenaron.

Todo proceso de terapia conlleva un trabajo sobre las relaciones significativas en cualquier área que mantiene la persona. En ocasiones este trabajo provoca tensiones que ponen a prueba la solidez y la flexibilidad de la relación. Obviamente estas tensiones no son siempre bienvenidas...

Por tanto, y sin ánimo de alargarme más, la respuesta a la pregunta que encabeza este texto se responde sola: En un alto porcentaje de los casos tenemos ansiedad a causa de las relaciones que mantenemos, a los esfuerzos excesivos que realizamos para controlarlas, manipularlas o evitar que otro lo haga. La ansiedad suele ser la respuesta fisiológica a un sufrimiento relacional.

sábado, 19 de marzo de 2016

Relación tipo tragaperras

Las relaciones que mantenemos han de basarse en el respeto. Pero estas relaciones aportan poca chispa, poca ilusión, poca diversión, dicen los que saben sufrir.

De todas las parejas disfuncionales o con poca salud emocional una de las que más me llama la atención es aquella que se comporta siguiendo la dinámica que tiene un ludópata con el amor de su vida: la máquina tragaperras.

Hay quienes se manejan en esto de la ludopatía al modo antiguo: Tienen una relación con la máquina del bar al que siempre van. Es una relación de lealtad, no de fidelidad con la máquina, por supuesto la máquina prueba con muchas otras personas que estén dispuestas a probarla. La lealtad del jugador con esa máquina se manifiesta por la atención que le dedica siempre que entra al bar, hasta el punto que sabe cómo está en cada momento, dedicando ingentes cantidades de energía a la elaboración de teorías sobre cuándo está a punto de dar premio y qué hay que hacer para que te lo dé.

Como las máquinas son así, caprichosas, el jugador no gana siempre (por no decir casi nunca) y se va frustrado, rabioso, impotente... pero tarde o temprano vuelve, porque una vez ganó. Sabe que lo puede hacer perfecto para volver a ganar, para que conseguir que la relación vaya bien, aunque sólo sea por un instante: ESE INSTANTE, en el que sabe que lo hizo todo perfecto y que el mérito del premio (porque el amor de las tragaperras se mide en las monedas que te da) es todo suyo.

Y se va, dejándola a ella sola en el bar, disfrutando del sabor de la victoria, de la sensación de control, de que las cosas han sucedido como él deseaba... pero sabe que mañana el proceso azaroso de la máquina volverá empezar y si quiere nuevamente su cariño, tendrá que apostar su salud.

Una vez más la vida y sus oportunidades pasarán de largo mientras él sigue distraído intentando controlar una relación imposible.

Ahora pensad en una relación, da igual de qué tipo, pareja, amistad, familiar o profesional, e imaginad quién juega a controlar y quien juega a ser controlado.

¿Habrá ganador?

lunes, 11 de enero de 2016

Formas de no acariciar

Las caricias no son exclusivas de las personas, pero sí que es cierto que el hecho de hacer caricias a la gente que queremos nos humaniza.

Las caricias pueden ser de gestuales o verbales. El arte de acariciar depende en gran medida de la capacidad del acariciador de saber conjugar su intención con la conducta apropiada. Y no resulta un arte fácil de ejecutar, no, porque si no, no habría tantas quejas.

Para empezar debemos de querer acariciar, y no todo el mundo está dispuesto a ello. La caricia manifiesta reconocimiento, que reconocemos la importancia del otro y queremos su bienestar. Hay quien considera que reconocer al otro y acariciarlo es una forma de humillarse, de rebajarse a la categoría inferior del otro, y por eso no lo hacen. Justifican que no son de caricias, que son fríos, que lo demuestran de otra manera, pero la verdad es que no cuela, y tarde o temprano acaban rodeados de gente como ellos, huraños les llaman.

forjandose.blogspot.com
Hay quien quiere y no puede. Desea ser otro tipo de persona pero no encuentran la manera de hacerlo bien. ¿Por qué? Porqué son incapaces de bajar sus defensas en ningún momento, no pueden quitarse la armadura por miedo a que les hagan daño, y mucho menos se atreven a sacarse los guanteletes, no sea que se pinchen o les corten la mano. ¿Alguna vez os han acariciado con un guantelete? Espero que no, debe ser una de esas experiencias que acaban en urgencias...

Y es que hay que ser muy valiente para enfrentarse al mundo con las defensas justas, aceptando que es posible amar y recibir dolor, buscando al máximo el primero evitando así al segundo. Porque la cobardía se esconde de las armaduras, y dentro ellas se perpetúa el sufrimiento.

lunes, 30 de marzo de 2015

Lo que te pierdes por el Efecto Túnel

El efecto túnel puede ser muy útil en determinados momentos de nuestra vida, siempre puntuales, porque ayudan a focalizar nuestra atención y canalizar la energía de manera eficiente para conseguir aquello que nos proponemos/necesitamos, pero como estrategia recurrente siempre conlleva la perdida de oportunidades y un efecto bucle perverso que no permite que salgamos del sufrimiento. Si os parece podemos ver un par de ejemplos:

1.- Permitidme que os presente a Roberto. Él es una persona tranquila, que evita los conflictos encerrándose en su pequeña ferretería para evitar las decepciones que inundan el mundo, pero claro, quien desea evitar decepciones no está capacitado para percibir ni disfrutar de las ilusiones:

Un Cuento Chino (Sebastian Borensztein, 2011)


El enfado es como un torrente de energía que hemos de canalizar repentinamente. Si además tenemos en cuenta que no hemos recibido información de cómo hacerlo, el resultado suele ser este, focalizamos nuestra rabia hacia fuera, hacia un punto determinado y anulamos el resto de nuestro campo de visión, perdiéndonos todo lo que hay en él, tanto peligroso como bueno.

Si como público parcial que somos pudiésemos llamar la atención de Roberto, le diríamos que no pierda el tiempo con un estúpido que le envía tornillos de menos, porque ganar esa batalla no le va a producir ninguna ventaja significativa, que se gire, que esa mujer ha venido a verle a él, que algo desea, que se arriesgue... pero no lo hace y no parece que desee hacerlo, porque el efecto túnel le impide ver más allá de su propio miedo, y así se condena a seguir sufriendo porque no aprende nunca nada nuevo ni logra victorias significativas, pero sobre todo, pierde importantes ocasiones en su vida.

2.- Permitidme que ahora os presente a Franklyn, él se define a sí mismo como un neurótico, vamos, una persona que está más centrada en los procesos internos de su mente y de su cuerpo que en su relación con el exterior, o en otras palabras, está muerto de miedo. Un detalle importante es que está haciendo psicoterapia, y su terapeuta es Hannibal Lecter (y Franklyn no sabe lo que puede llegar a hacer su terapeuta):

Hannibal (NBC, 2013 - )

Podemos ver que Franklyn tiene otra manera de canalizar la atención, la canaliza hacia adentro. Él es consciente de sus propias limitaciones y sólo se abre un poco al exterior para darse cuenta de lo mal que lo hace todo, de la mala suerte que tiene o de inepto que es. Pero si le pudiésemos decir que el león sí que está en la habitación y que él es afortunado porque ha tentado al mismo y ha sobrevivido, ¿no se sentiría afortunado? ¿No vería la vida con menos miedo? ¿No creería que posee alguna capacidad si ha podido sobrevivir a un encuentro al que muchos no hacen?

Pero claro, no le podemos avisar, y de alguna manera sabemos que si sigue tentando la suerte sin saberlo es posible que no tenga demasiado tiempo para seguir sufriendo su vida...

miércoles, 18 de marzo de 2015

Happy Valley, o ¿Qué hacemos con la responsabilidad?

Todas tenemos más o menos claro que el proceso de toma de decisiones deriva siempre en toda una serie de consecuencias, algunas agradables de asumir y otras no, y estas consecuencias siempre acaban comportando una nueva decisión sobre ellas, en un proceso que se alarga hasta el infinito de nuestras vidas.

¿Qué hacemos con las consecuencias? Podríamos decir que hay dos tipos de personas: aquellas que asumen su responsabilidad y aquellas que no. 

Happy Valley es una serie de TV (muy recomendable) que narra la historia de dos hombres, uno de ellos se muestra orgulloso de las decisiones que toma y de lo consecuente que es, el otro sobrevive conflictivamente por consecuencias de decisiones que considera que no son suyas, son heredadas (aunque nosotros sabemos que la principal decisión de su vida ha sido siempre no decidir). 

La conversación inicial que podéis ver a continuación nos muestra a ambos en la casilla de salida de un proceso de cambio, como si la relación que mantienen sufriese una crisis de desarrollo. (Nota del psicólogo: Las crisis de desarrollo son aquellas que se dan de manera natural en las relaciones entre personas porque el proceso de desarrollo necesita un cambio).



El superviviente pide, implora,suplica y no obtiene.

El orgulloso escucha, observa, alecciona y no concede.

A partir de este encuentro se desarrollan los acontecimientos, acontecimientos que tienen raíces profundas, porque toda historia comienza antes del comienzo que nos explican, siempre hay un precedente, un detalle que puede parecer minúsculo o insignificante, pero que puede desencadenar cambios profundos a largo plazo en la vida de los protagonistas.

¿Qué hará el superviviente? Tomar decisiones. Pero con miedo, excusándose a si mismo de que no le quedaba más remedio de hacer lo que hace. Y el miedo le torturará, porque tiene miedo a las consecuencias, no disfruta de conseguir lo que desea.

En cambio el orgulloso vive preso de unos acontecimientos que eclipsan su vida y tendrá que tomar decisiones en modo superviviente.

En el encuentro final entre ellos dos descubrimos que el que era inicialmente superviviente ahora es orgulloso (porque no le queda más remedio, aunque eso no resta fuerza ni valor a su cambio) y alecciona, mientras que el que era inicialmente orgulloso se considera a sí mismo, y con orgullo, un superviviente, pero no obtendrá lo que espera.

Entre estos dos momentos disfrutemos y aprendamos porque se trata de una serie llena de personajes incapaces de asumir y aprender de las consecuencias que se derivan de sus decisiones...



lunes, 21 de julio de 2014

La oveja negra

- Nunca he acabado de entender por qué algunas personas necesitan desmarcarse de los demás, demostrar que son diferentes, como si fuesen por ello especiales...
- Bueno... supongo que lo que hacen es definirse por oposición buscando destacar aquellos aspectos de ellas mismas que son claramente diferentes de los del resto.
- ¿A qué se debe?
- Supongo que debe estar relacionado con sus necesidades de identidad, con la autoestima...
- Lo que me resulta más curioso es que con tanta historia de ser diferentes todo el rato y cuando los conoces resultan no ser tan diferentes de los demás, acaban teniendo los mismos valores, ideas, opiniones, etc, pero se diferencian en pequeños matices.
- Sí, las personas tendemos a creer que tenemos más factores diferenciadores que parecidos, pero no es así. Supongo que debe ser algún sesgo observacional. Mucha gente cree erróneamente que es una oveja negra...
- ¡Exacto! A eso me refiero. Conozco mucha gente que presume de ser una oveja negra, como si eso fuese algo bueno...
- Es bueno si te proporciona algún tipo de ventaja sobre el resto de ovejas. Pero puede darse la situación paradójica de que sean ovejas negras en un rebaño de ovejas negras, y que entonces la que destaque sea la oveja blanca, ¿no te parece?
- Ya veo...
- Pero de todas formas no dejas de ser una oveja, y sigues dependiendo del rebaño, y del pastor.

lunes, 12 de mayo de 2014

Más allá del single

- ¿A qué crees que se debe tu decepción?
- No ha resultado lo que yo esperaba. Parecía que iba a ser otro tipo de persona y finalmente ha resultado casi todo lo contrario. Al final siempre me acabo desanimando, no sé si habrá gente que valga mínimamente la pena.
- Bueno, no creo que esa sea la cuestión. Parece que te dejas arrastrar por el desanimo y eso ocurre porque seguramente te había ilusionado mucho antes.
- ¡Tú dirás! A mi edad las cosas no son como cuando era adolescente... ¡y ya llevo unas cuantas decepciones de estas en mi vida!Si hubiese un botón de reset todo sería mucho más fácil...
- Eso te condenaría a repetir los mismos errores y no aprender nunca, ¿acaso deseas vivir en el día de la marmota?
- No, claro que no, pero ya me entiendes.
- Claro que te entiendo, pero esa no es la cuestión. ¿Aún compras cd's?
- Alguna vez, ¿por qué?
- ¿De la misma manera a como lo hacías hace veinte años?
- Bueno, hace veinte años iba a la tienda y lo compraba.
- Ya... ¿Y cuando llegabas a casa y lo escuchabas?
- Bueno, teniendo en cuenta que lo comprabas en función del artista que te gustaba en ese momento y del single que escuchabas en la radio, rezabas porque te gustase el disco más allá del single.
- ¿Y si no era así?
- Te jodías, ya habías roto el precinto... ¿Qué quieres decir?
- ¿No ves lo parecido que es? Te enamoras de alguien, por lo general, por lo primero que te ofrece. Es como el single del cd, escogen aquel que cree que gustará más y que hará que se venda más, pero no sabes si te gustará el resto.
- Sí, ahora que lo dices...
- Cuando tienes dinero de sobras no es demasiado problema, pasas a crear una colección de "cd estafa", pero si no te sobra el dinero es un lujo que no te puedes permitir.
- ¿Y qué se hace en esos casos?
- Yo, que no tenía mucho dinero, tenía varias estrategias: dejaba pasar tiempo a ver si sacaban más singles y me gustaban, esperaba a que algún amigo se lo comprase y lo escuchaba, intentaba oírlo en la tienda, etc. Pero, aún así tuve una pequeña colección de fracasos de elección. Y aprendí de cada fracaso para intentar reducir las posibilidades de un fracaso posterior. Sin garantías, ¡eh?