lunes, 28 de marzo de 2011

Estar preparado para las oportunidades

Un hombre se quejó amargamente a sus dioses por la nula suerte que tenía. Había tenido que presenciar los golpes de fortuna de los que le rodeaban pero él nunca se había sentido afortunado, a pesar de ser una persona devota, trabajadora y abnegada.
Una noche, mientras soñaba, recibió un mensaje de sus dioses en el que le informaban que cerca de sus casa, en una playa cercana, escondida entre todos los guijarros estaba la piedra filosofal. Con ella podría convertir todos los metales en oro. También le informban que distinguiría la piedra filosofal del resto de los guijarros que abundaban en la playa por el hecho de estar caliente al tacto.
Nuestro amigo se trasladó a vivir a esa playa. Nadie en el pueblo entendió por qué hacía esto. Él se negó a explicar sus motivos, quería guardar su secreto, no quería que nadie le robase sus suerte.
Para no tomar dos veces la misma piedra decidió que arrojaría al mar las que estuviesen frías. Entre millones de piedras, este acto acabó convirtiéndose en un gesto fluido. Se agachaba, tomaba una iedra, notaba que estaba fría, e instantáneamente armaba su brazo y la lanzaba con todas sus fuerzas mar adentro para que no volviera a la orilla.
Pasaron muchas semanas en las que aplicó toda su energía de manera perseverante, como sempre hizo en su vida, y fueron miles las piedras que arrojó al mar, hasta convertirse en un gesto mecánico. Todos sus vecinos lo tomaron por loco, iban a verle tirar piedras al mar como si estuviese enfadado con él.
Hasta que por fin un día, sus esfuerzos fueron recompensados. Ya a última hora, cuando empezaba a estar cansado, tomo una piedra y se dió cuenta que estaba caliente. Sintió la alegría, la euforía de que se siente afortunado... pero no tuvo demasíado tiempo de disfrutar el triunfo, ya que impulsado por el hábito adquirido durante semanas, su brazo derecho lanzó la piedra al mar, tan lejos como era posible.
Impotente y frustrado quedó de rodillas en la playa mirando el punto donde creía que se había hundido la mejor oportunidad de su vida.
No en vano, la suerte no es aquello que nos pasa, es aquello que decidimos aprovechar...

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