lunes, 6 de junio de 2011

Inteligencia y conducta


- Creo que en realidad no sabes de lo que hablas. Mi hija es muy inteligente. Le pasaron pruebas y dió que casi es superdotada.
- ¿Y?
- ¿Cómo que "y"? La estás tratando como si no tuviese capacidad para enfrentarse a las cosas.
- No. Ni de coña. Yo no he hecho mención a la capacidad de tu hija.
- ¡Pero si me estás diciendo que las decisiones que está tomando no son las adecuadas!
- No, tampoco he dicho eso. He dicho que está tomando decisiones sin reflexionar en las consecuencias, sin valorarlas, y eso siempre produce sufrimiento.
- Yo te sigo diciendo que mi hija es muy inteligente y que ya sabe lo que se hace.
- De acuerdo.
- O sea, ¿tengo razón?
- No.
- ¿Entonces?
- Me niego a pelear. Lo mío es discutir.
- Ya, lo de exponer argumentos...
- Correcto. ¿Si no sabes tolerar los argumentos de los demás cómo vas a atreverte a cuestionarte los tuyos y cómo vas a querer apoyar a tu hija cuando te necesite? Estamos hablando de cosas distintas y tú te empeñas en enrocarte tras tus inútiles murallas de ego.
- ...
- ¿Has visto la película "El erizo"?
- Sí.
- ¿Recuerdas cuando el vecino japonés (millonario) invita a la portera (pobre) a cenar en su casa?
- Sí. él la invita a una cena "modesta, entre vecinos".
- Correcto. ¿y qué le contesta ella?
- Que sólo es la portera. Y él le dice que ser portera y vecinos son dos cualidades que se pueden dar en la misma persona. No veo qué relación tiene con lo de mi hija...
- Tal vez deberías cuestionarte la diferencia entre inteligencia y conducta.
- ¿Qué quieres decir?
- Que la persona más inteligente del mundo es capaz de equivocarse, y también de tener conductas estúpidas.

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