miércoles, 31 de octubre de 2007

El bambú y la (im)paciencia


Ocurre una cosa muy curiosa con el bambú japonés. Parece ser que su cultivo no es apto para personas impacientes. Después de plantar la semilla no pasa nada durante un período de unos siete años, hasta el punto que aquellos cultivadores que son inexpertos creen haber sido estafados por comprar semillas infértiles. La situación cambia de manera radical al llegar al séptimo año, ya que en ese momento la planta de bambú crece más de treinta metros en pocos días.
¿Qué conclusión podemos sacar al respecto? Algunos se aventurarían a decir que el bambú sólo tardó seis semanas en crecer, pero resulta que no es cierto. Realmente el bambú necesita siete años y seis semanas para desarrollarse. Durante los siete primeros años de inactividad aparente, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitiera sostener su crecimiento posterior. Vamos, que lo que necesitaba era una buena cimentación que diese una base sólida a la estructura "visible".

Tal vez deberíamos preguntarnos cuánto tiempo dedicamos a crear bases sólidas que afiancen el terreno y nos lo aseguren antes de dar pasos importantes... ¿Cuántas veces no hemos construido sobre terreno inestable? Y las obras del Ave y sus incidencias en Cercanías sólo es un mero ejemplo...

2 comentarios:

  1. Aquí, en el caso de Cercanías y en muchos otros, el bambú no sirve como referente del crecimiento, sino para dar palos cuando la situación es insostenible.

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  2. sin duda, la impaciencia es uno de los grandes males del siglo XXI! obstaculiza el digerir, el observar, el comprender y por tanto, el aprender. Además, nos hace vivir siempre en el futuro sin haber pasado por el presente. Muy acertado el ejemplo del bambú, no tenía idea que tardara tanto!

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