jueves, 29 de noviembre de 2007

Turrones "El Almendro"

Ya es NAVIDAD. Época de reuniones familiares y de regalos. Se supone que es época de paz y de amor, que la felicidad debe correr a raudales por las casas y que todos hemos de olvidar nuestras penas. Y digo se supone cuando en realidad es más bien una obligación, y claro, el que no lo consigue se puede hundir.
Pero algo está cambiando, son pequeños detalles, aparentemente insignificantes, pero de una enorme relevancia a largo plazo. El primero se produjo hace dos años, "prescindieron" del calvo de la lotería, eso sí, no de la ñoñería de anuncio que inculca felicidad y justicia del azar. Este año han "jubilado" a las burbujas de Freixenet. En diversos medios de comunicación, afortunadamente, se ha abierto un debate muy interesante sobre el consumo de las bombillas que iluminan nuestras calles para desatar la fiebre consumista (en navidad estamos de vacaciones mentales, hasta del cambio climático). Sobre este último tema podéis hacer un seguimiento en el blog de mi buen amigo Javier Martínez.

Pero no hay que preocuparse. Algo permanece. Empezó antes que el anuncio de "las muñecas de Famosa" pero sigue peleando año tras año para salvar la economía de las empresas farmacéuticas (Prozac y derivados) y de los diferentes colegios de psicólogos y psiquiatras de este país: ha empezado la emisión de los turrones de la marca El Almendro.

Es algo que se puede notar en la cara de la gente. Produce un estado de resignación más profundo que la situación de Renfe. Ha de ser muy duro ver en un anuncio, como te pasan por la cara la vuelta a casa de un ser querido, cuando tú echas en falta a alguien importante en tu vida. Sí, creo que hay pocos anuncios tan tristes y oscuros, parece diseñado expresamente para remover las emociones de todo el mundo; yo todavía no conozco a nadie que disfrute viendo ese anuncio. Si conocéis a alguien, hacedle llegar mi admiración.

Hace algunos años elaboré una teoría cínica sobre esta marca de turrón. Me di cuenta que en el supermercado donde compro a veces, era el que menos se vendía. Yo no soy devoto del turrón, pero os aseguro que ésta sería la última marca que se me ocurriría comprar. Empecé a fijarme en otros supermercados y me dio la sensación que siempre era el menos vendido. Si realmente vende poco, ¿quién mantiene la marca? Llegué a la conclusión de que el Consejo de Administración estaba formado por Pfizer (Prozac) y los colegios profesionales de psicólogos y psiquiatras.

No en vano, los profesionales de la salud mental somos los grandes beneficiados de las navidades. Si queréis recrearos, aquí tenéis el video:


2 comentarios:

  1. Tremendo análisis. Desde luego, este anuncio es un atentado contra el principio más elemental de la comunicación publicitaria: provocar una reacción emocional que estimule la compra del producto. La campaña podía tener sentido hace 20 años -creo que existía incluso hace más tiempo-, cuando los escasos kilómetros de autovías y la inexistencia de Internet hacían realmente difícil la comunicación entre familiares lejanos. Hoy en día, esta marca sólo consigue que nos acordemos de los que no están, lo que, en términos publicitarios, provoca el rechazo -y de paso la depresión- del target.

    Abrazos de un antinavideño convencido.

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  2. Eres muy grande Miguel Ángel. Soy adicta a todas tus reflexiones, nunca lo había pensado.. pero tienes toda la razón. Gracias por compartirlo con nosotros.

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