martes, 29 de diciembre de 2009

Selección por competencias o la metonimía profesional

En la realidad, alternativa o no, de la selección de personal ha ganado adeptos de manera exponencial la selección por competencias. Esta visión paradigmática se centra en detectar aquellas competencias que se consideran indispensables para el puesto requerido, sin importar demasiado el resto de la persona. En el fondo es la aplicación de la metonimía, se coge la parte por el todo y, cuando hablamos de personas, el resto, hasta llegar al todo, marca la diferencia de las personas.
En grandes empresas lo que se busca es la contratación de clones de los que ya funcionan en el puesto, como si la acumulación uniforme de rasgos de personalidad (competencias) pudiese ser más valiosa que la diversidad de posibilidades que da un grupo humano heterogeneo.
Podría poner cientos de ejemplos, pero el otro día estaba viendo "La tienda de los horrores" y vi esta escena que, creo que sin querer, critica este módelo de gestión empresarial



Tal vez sea que tener una(s) habilidad(es) concreta(s) no te hace idóneo para el puesto...

domingo, 27 de diciembre de 2009

Los descubrimientos del año

Estas fechas tienen dos componentes importantes.
El primero es la navidad en sí, con toda la aparatosidad emocional que busca provocarnos y todas las movidas familiares que genera. En muchos casos trae recuerdos (de personas, de situaciones, de esperanzas rotas...) que hacen que el paso por estos días sea un duro trámite, por que además, ¡no está permitido no estar contento de que sea navidad!
Pero hay un segundo componente, es fin de año, es fin de ciclo. Cambiamos el calendario, la agenda, y otros instrumentos de gestión del tiempo. La mayoría realizan el tránsito de un año al otro sin pensar demasiado. Hay otros que sí que piensan en cómo les ha ido el año, pero por lo general lo hacen desde la perspectiva de qué les ha ido mal, y buscan los argumentos excusativos para valorar mal el año que dejamos. Hay otro subgrupo que intenta buscar, rescatar si es preciso, aquellos aspectos que han sido buenos en este año.
Yo quiero pertenecer a este grupo. Para ello el año pasado ya hable de un descubrimiento, pero este año me he encontrado que no tenía uno, tenía varios, mejor dicho, muchos.
He conocido mucha gente interesante, historias que me han tenido atrapado, personas valientes que me han permitido asistir en primera fila a cambios que no parecían posibles. He conocido a personas generosas que me han permitido abandonar posiciones prejuiciosas y descubrir nuevas posibilidades que no me podía llegar a plantear. Otras personas me han ayudado, me han animado y me han provocado para que siguiera adelante y rompiera barreras que creía que no podría franquear.
Pero sobre todo, he conocido a dos personas que me han dado una nueva concepción de mi vida profesional. Les agradezco que se posicionasen como lo hicieron. Al principio no lo entendí, lo confieso, pero he ganado en tranquilidad vital. Me hicieron pensar, y me hicieron pensar mucho y redescubrir algo que ya sabía. Por que en ocasiones la dinámica cotidiana y el estrés nos hacen perder algunos principios. Muchas gracias a los dos, formáis un gran tándem.
He descubierto amigos, he descubierto gente buena, he leído grandes libros, películas y series de TV, algunos de estos descubrimientos aún me conmocionan.
Seguro que me dejo cosas, pero siempre ha sido así.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Navidad

Estamos en momentos de balance personal y de previsión de cómo será el siguiente balance anual, cargados de ansiedades, ilusiones y miedos.
Estas son fechas dificiles para mucha gente, no siempre podemos escoger el humor con el que nos enfrentamos a las situaciones cíclicas, pero siempre va bien ver el mundo con los ojos de un niño, capaz de deconstruir y reconstruir la realidad que no puede entender dándole un sentido nuevo, y a veces mágico.
Os dejo con este vídeo que espero os arranque las sonrisas que me arrancó a mi.

Un abrazo enorme a todas y todos.


lunes, 14 de diciembre de 2009

Los restos del día

"Tras cruzar de nuevo el vestíbulo, volví a mi puesto habitual debajo del arco y, durante más o menos una hora, en concreto hasta que se marcharon los señores, no ocurrió ningún hecho que me obligara a abandonar mi puesto. Fue una hora que, retuve perfectamente en la memoria y, durante todos estos años, he tenido de ella un recuerdo muy nítido. Al principio, debo reconocer que me sentía bastante abatido. pero después, mientras transcurrieron los minutos, empecé a notar un fenómeno curioso. Es decir, empezó a invadirme una fuerte sensación de triunfo. No recuerdo si, en aquel momento, pude explicarme esa reacción; hoy, en cambio, analizando aquel instante de nuevo, no me parece tan difícil poder entenderlo. Después de todo, aunque las últimas horas del día habían sido agotadoras, me había esforzado por mantener cada minuto "la dignidad propia de mi condición", de un modo, además, del que incluso mi padre habría estado orgulloso. Frente a mi, al otro lado del vestíbulo, tras aquella puerta en la que tenía clavados mis ojos, en la misma habitación donde acababa de prestar mis servicios, los seres más poderosos de Europa deliveraban sobre el destino de nuestro continente. Nadie habría podido negarme que aquellos momentos estuve todo lo cerca del eje de los acontecimientos importantes que un mayordomo podría soñar. Por lo tanto, me imagino que en esos instantes, mientras meditaba sobre lo ocurrido aquella noche y sobre lo que aún estaba sucediendo, tuve la sensación que aquellos acontecimientos venían a resumir el transcurso y los logros de toda una vida, y no creo que exista otra explicación de la sensación de triunfo que me invadió aquella noche".

Kazuo Ishiguro "Los restos del día"

Leyendo este fragmento no puedo evitar rememorar a todos aquellos que dedican su vida a una causa, familiar, de pareja, profesional, y llegan a mimetizarse tanto con ella que acaban perdiendo de vista su propia vida, ya que lo que queda para ella son los restos del día, aquellas horas que no son necesarias para la causa, y que, al final, se convierten en una molestia al no saber qué hacer con ellas.

martes, 8 de diciembre de 2009

La gestión del pánico

- No pude hacerlo. Quisiera morirme, pero no pude hacerlo. Me bloqueé, el pánico me superó y me rendí. Lo peor es que no puedo quitármelo de la cabeza y me atormenta.
- No es malo sucumbir al pánico alguna vez.
- Sí que lo es cuando te has estado preparando constantemente para esto. No sé si volveré a tener otra posibilidad de que confíen en mi.
- Eso depende de la relación que tengas con los que te tutorizan. ¿Es buena?
- Es excelente. Siento que les he fallado.
- ¿Te habían presionado para que acertases?
- No.
- ¿Te han dicho que les has fallado?
- Tampoco.
- Entonces deja que ellos te comuniquen sus sentimientos, no los pongas tú en la boca.
- Da igual, de todas formas siento que nunca llegaré a vivir de ello.
- ¿Y eso?
- Sólo los mediocres se bloquean ante las oportunidades, los que llegan, las aprovechan.
- Siempre y cuando sepas distinguir las oportunidades.
- Yo sé que la he perdido. No te recrees...
- ¿Y la de ahora? ¿No la has visto? No hay peor oportunidad perdida que aquella de la que no eres consciente siquiera.
- ¿Qué oportunidad estoy perdiendo ahora?
- Mira, cuando tenía más o menos tu edad realizaba mis prácticas en el CAS. Empecé por hacer fichas de entrada supervisado por mi tutora, hice de coterapeuta silencioso de todos los profesionales del Centro, y cuando ya llevaba más de un año de aprendizaje, mi tutora me dijo que cambiaríamos los papeles. Ella haría de coterapeuta silenciosa y yo llevaría el caso. Se apoderó de mi el pánico, fue una sensación desagradable que me bloqueó y que me hizo decir que no. Ella insistió. Reconoció que era normal estar nervioso pero siguió adelante. Cuando se levantó para hacer pasar a la visita, le amenacé.
- ¿A tu tutora?
- Sí. Le dije que no me sentía preparado en absoluto, y que si seguía adelante, me iría y lo llevaría ella sola.
- ¿Y qué pasó?
- Supongo que entendió mi pánico y dio marcha atrás. Hicimos lo de siempre. Al día siguiente estaba con la coordinadora del centro y me dijo que mi tutora le había comentado el incidente. Evidentemente yo le dí todas las argumentaciones posibles que se me ocurrieron para tapar mi vergüenza, y ella las escuchó pacientemente y con atención. Al finalizar me dijo algo que me hizo dar cuenta que había algo que todavía no había aprendido.
- ¿Qué te dijo?
- "Bueno, nunca podrás decir que no te dimos una oportunidad de ser psicólogo".
- ¿Y?
- Aprendí que me había fallado a mi mismo y que debía ser indulgente para aprender que me puedo equivocar. Desde entonces dije a todo que sí, luego me daba permiso para sentir pánico.

martes, 1 de diciembre de 2009

¿Lo sabe ella?

- Llevo varios días de bajón, no consigo remontar y lo pero es no saber qué me lo produce.
- ¿Ha ocurrido algo?
- No
- ¿Ha dejado de ocurrir algo?
- No lo sé. Eso no me lo había planteado.
- No consigo ver el motivo para que no te lo plantees ahora...
- De acuerdo (...) Tal vez el problema sea el contraste. Las últimas semanas fueron fantásticas, primero por el alivio de haberme quitado de encima el peso del secreto y de las mentiras. Luego por el apoyo de todo el mundo, pero en especial de ella.
- ¿Y qué ha cambiado para que haya un contraste?
- Creo que ha cambiado ella. Está más arisca conmigo, más tensa, parece que no valora suficientemente los esfuerzos que estoy haciendo.
- Pero tú sí que los valoras...
- ¡Por supuesto! Es lo mejor que he hecho en mucho tiempo, he conseguido mejorar en mucho mi calidad de vida.
- ¿Y qué no ha cambiado?
- Ella.
- Imposible. Ella no puede ser la misma respuesta a dos preguntas contradictorias.
- Ya. No sé cómo decirlo, pero la verdad es que no hace más rque recriminarme cosas del pasado.
- Por lo que tú me has contado debió sufrir mucho...
- Ni te lo imaginas. Yo no sé si hubiese podido aguantar tanta presión como aguantó ella.
- ¿Y qué emoción sientes ante eso?
- La admiro. La tengo en un pedestal.
- ¿Desde cuando?
- Desde siempre. Siempre la he admirado y con todo lo que ha pasado la admiro y estoy muy enamorado de ella. Ójala pudiera deshacer el pasado y cambiar algunas decisiones. A veces me siento impotente por no saber ni poder ayudarla.
- ¿Lo sabe ella?
- Supongo.
- Suponer es lo mismo que presumir, ¿no?
- Sí.
- Y presumir es lo mismo que hacer el tonto, ¿verdad?
- Seguro que sí.
- Ergo...
- Mejor se lo digo a ella.