lunes, 27 de febrero de 2012

La larga espera...

- Yo esperaba mucho de usted.
- ¿De mi?
- Usted es el profesional. Yo ya he agotado todas las posibilidades que se me ocurren. No siento que pueda ayudar a mi hijo.
- ¿Y cree que yo puedo hacer algo diferente?
- Debería, usted es el profesional. Debería saber hacer cosas que los demás no podemos. Yo me he puesto en sus manos, he reconocido mi incapacidad, he intentado todo lo que se me ha ocurrido y no encuentro la manera de acceder a él. Veo que está desaprovechando su vida, y no puedo ayudarle. Me siento impotente, triste, culpable, pero creí que podía ser que alguien me ayudase, que alguien me daría un punto de vista diferente que me permitiese cambiar las cosas...
- ¿Y ese tenía que ser yo?
- ¡Por supuesto! Es que usted es el profesional.
- Y usted es su padre...
- ¡Pero yo no sé qué hacer ya! Estaba esperanzado en que me echase una mano.
- Entonces debería venir usted a la consulta, no enviar a su hijo, ¿no le parece?
- ¿Qué quiere decir?
- Que su hijo no quiere ayuda, es usted el que está deseando recibirla...
- ¿Me está llamando mal padre?
- No creo haber dicho tal cosa.
- ¿Acaso cree que no sé como educar a mi propio hijo? Sólo me quedaba la opción de la ayuda profesional, yo sólo esperaba que me pudiese ayudar, yo sólo esperaba...
- Ese es precisamente su problema.
- ¿Qué pretende decir?
- No hace más que esperar cosas de los demás en lugar de plantearse qué debería hacer usted para cambiar una realidad que no le gusta vivir.

2 comentarios:

  1. Magnífico!
    Que sencillo y clarito
    Mercedes

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  2. Gracias por las entradas acerca de la "gestión de las expectativas ajenas sobre el profesional"... O debería decir acerca de las expectativas que cada uno pone sobre sí mismo? Saludo!

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