lunes, 9 de abril de 2012

La paradoja del carcelero

El carcelero es un prisionero más
Proverbio africano 

- Creo que tu hija es una persona muy inteligente.
- Pues no sé de qué le sirve la inteligencia, no hace más que darme dolores de cabeza, falta a clase, no aprueba y no me gusta sus amigos. En casa estamos de bronca diariamente, no es nada responsable, no te puedes fiar de ella, su cuarto lo tiene hecho un asco… y así podría estar diciendo cosas un par de horas.
- No es necesario. ¿Cómo crees que habéis llegado a esta situación?
- ¿Hemos? Yo no he hecho nada para que ella sea así. He criado a mis hijas igual, con mucho esfuerzo y sacrificios, yo sola, desde que mi marido me dejó. He tenido varios empleos a la vez, he trabajado más que una burra, no tengo amigos porque no tengo tiempo de ver a nadie… y cuando llego a casa, ¿qué me encuentro? ¿Acaso no merezco yo ser feliz? Al menos me merezco un poco de tranquilidad, un poco de descanso… pero sólo hay problemas…
- ¿No hay nada bueno en tu vida? ¿Nada rescatable?
- No. ¿Cómo quieres que haya algo bueno si lo que más quiero me hace sufrir así?
- Bueno, parece que haces responsable a tu hija de muchas cosas negativas en tu vida, y de que no se estén dando las condiciones para poder disfrutar de las positivas.
- ¿Dónde ha aprendido a ser así? En casa lo que ha visto es trabajo, responsabilidad, esfuerzo y sacrificio. ¿Por qué no puede aprender de mi ejemplo?
- ¿Y si realmente ha aprendido de tu ejemplo?
- ¿Cómo? ¡Yo no le he enseñado a comportarse así! ¡Yo quiero ser feliz!
- ¿No eres feliz?
- ¡No!
- ¿Cuándo recuerdas que fuiste feliz por última vez?
- Ya ni me acuerdo.
- Ya.
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, sólo se trata de una posibilidad… pero si tenemos en cuenta que tu hija es inteligente, podemos concluir que algo tiene que haber aprendido de ti, ¿verdad?
- Sí.
- Creo que tu hija ha aprendido que tú no eres feliz, que no estás satisfecha con tu vida, y ha decidido aprender de ello para no repetir tu ejemplo… diría que está probando nuevos caminos para ser feliz, pero no sabe que son caminos que la pueden llevar a un mayor sufrimiento.
- ¿Por qué no me hace caso entonces?
- Tal vez no seas un ejemplo valido para ella.
- Pero soy su madre. La quiero. Quiero lo mejor para ella.
- Eso no lo pongo en duda.
- ¿Entonces?
- Imagina que estás en la cárcel y que la persona con la que tienes más contacto es el carcelero. Algún día saldrás de la cárcel, algún día serás libre. ¿escogerías el modo de vida del carcelero para vivir una vida de libertad?
- No. Eso implicaría volver a prisión, eso implicaría…
- ¿Sí?
- El carcelero no puede ser mi ejemplo puesto que la vida que lleva no me gusta… supongo que los carceleros no deben ser felices en su trabajo.
- Ajá.
- ¿Me estás diciendo que debo intentar ser feliz para poder ayudar a mi hija?
- Más o menos. Como mínimo conseguir que tu ejemplo sea coherente con tus lecciones.
- ¿Funcionará?
- No lo sé. Lo qué sí que sé es que harás algo diferente, y peor no puede ir. Como mínimo la harás pensar. 

Imagen tomada de http://backupjavcasta.wordpress.com

3 comentarios:

  1. Menos mal que los carceleros podemos hacer terapia... y sacar beneficios palpables de ello.

    Buen artículo, me sentí reflejada. Un beso M.A., te sigo cada semana por aquí y siempre sigues haciéndome pensar.

    Hasta pronto.

    Maite Ferrer

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  2. Es curioso como el hecho de haber visto ayer la película 211 y la recién creación de mi blog "Carcelero del Viento" me ha llevado aquí. No conocía la paradoja y me ha impactado, pues es común aconsejar a los demás y no seguir nuestros propios consejos en nuestra vida.

    Es posible que me pase más de una vez por aquí, me ha gustado la forma de encarar la situación

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  3. Hola Media mitad,

    Pues serás muy bien recibido/a, tú y tu otra media mitad, por supuesto.

    M.A.-

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