jueves, 23 de agosto de 2012

El cuarteto de la pena


Dos son pareja, tres son multitud, ¿cuatro? uff...

Cuando A y B se conocieron cada uno de ellos tenía su propia adicción, o dependencia. Como suele ocurrir en estos casos el flechazo fue instantáneo, A estaba dejando su adicción a la cocaína y B se estaba planteando seriamente la relación de dependencia con su pareja de entonces.
Las “verdaderas historias de amor” no se pueden escribir si no hay que luchar contra viento y marea ante todas las adversidades que pretenden destruir esa relación incipiente. Esa lucha une a los nuevos amantes, puesto que nada une más a una nueva pareja que los enemigos comunes. Tuvieron que renunciar a mucho, ambos, pero todo fue en bien de ese amor verdadero que habían encontrado en el otro.
Los problemas llegaron cuando ya no tuvieron que luchar más. B se empeñó en ayudar a A en su adicción, era experta en ello (no entraremos en detalles) pero A no podía ayudar a B en la suya, ya que no tenía tanta pericia, pero como buen adicto, supo detectar que algo había pasado en B. Esto produjo un desnivel en la relación ya desde el comienzo, puesto que B controlaba la situación más que A.
A no se sentía cómodo, ¿cómo lo iba a hacer si B sabía más de todo que él? De manera que se esforzó continuamente en demostrar que era muy bueno en otras cosas, en cosas que la anterior pareja de B no podía competir. B nunca le pidió que le demostrase nada, pero cómo no lo iba a hacer cuando ella no hacía más que demostrarle lo competente que como psicóloga era ella con él. Lo sabía todo, tenía respuesta para todo y le señalaba las opciones que ella consideraba más convenientes. A no podía. Fracasó en todos sus intentos. Tanto esfuerzo, tanta alerta, tanta impotencia por demostrar producía en  A una sensación conocida, una vieja conocida, la sensación de vacío interior, y él siempre había intentado llenar ese vacío con una adicción, la última, la que había desatado todas las alertas, había sido la cocaína, pero la lista era larga. Ahora, sin darse cuenta estaba intentando llenar su vacío con B, pero, ante la imposibilidad, algo resonaba en su interior.
¿Qué pasaría si recaía? De entrada sería una crisis, pero demostraría que su pareja no era tan competente como creía, de alguna manera las recaídas de A ponía a B al mismo nivel, rebajándola. Pero lo ideal hubiese sido que él ascendiese, no que ella empeorase. De esta manera entraban en un círculo vicioso cuando lo que les habría convenido es entrar en un círculo virtuoso.
La pregunta que nos tenemos que hacer es si conseguirán dejar de hacer aquello en lo que son buenos, B en ayudar desde el poder, y A dar motivos para ser ayudado. Si para ser pareja tienen que invitar a las adicciones o dependencias de la pareja, no serán pareja, serán cuarteto, y no de alegría si no de pena.

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