miércoles, 12 de diciembre de 2007

The Power of Love

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de mi amor.
Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ésa es mi dote...
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar. Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve, y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
¿Qué fue lo que te ocurrió? ..Estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad?. ¿Por qué te retiraste?.
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
No me ahorró ni un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora...
NO MERECÍA MI AMOR.
¿Hacen falta comentarios?

6 comentarios:

  1. Miguel angel...
    se me ha hecho un nudo en el estómago, tengo los ojos húmedos. Sin palabras.
    ADORO tu blog (me da igual lo de ADORO.. JEJE)
    gracias por hacer que el mundo sea mejor.
    óscaredú

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  2. Bufff... sin comentarios...
    Creo que me callo y tomo nota.
    Un abrazo

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  3. UUFFF!! Con el dia q tengo hoy a mi también se ne ha echo un nudo el estómago, bueno me ha ido bien para llorar un poquito más hoy..(q no paro..).
    Un cuento precioso y como dice Marta hay q tomar nota..
    Montse

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  4. Bueno, parece que ha provocado reacciones intensas, eso es lo bueno de los cuentos. No hay nada como explicar las cosas de una manera sencilla. Ahora bien, lo de hacer el mundo mejor, me viene un pelín grande, la verdad.
    El hecho de notar reacciones internas hace que estemos más cerca de aprovecharlas, ¿no os parece?
    Felicidades a los tres, de todo corazón.

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  5. Es un cuento que da mucho que pensar.
    Me surgen algunas preguntas y reflexiones al respecto: por un lado ¿Cuantas pruebas necesitamos pasar o ponerle a los demás para convencernos que su amor es real?
    ¿cómo de reales son las pruebas? Quizá la persona que está junto a nosotros nos regala muestras de cariño (acciones, comentarios, regalos …) pero nosotros no lo codificamos cómo tales porque nosotros no lo hubieramos hecho o dicho así.

    Conocía una mujer que se quejaba que su marido no era romántico con ella, no le decía cosas bonitas. Pero después de haber hecho su trabajo de reflexion se dio cuenta que cada vez que necesitaba ir a algun sitio, su marido se ofrecia rápidamente a llevarla. Ella esta acción no la valoraba como “una prueba de amor” (como otras que su pareja realizaba).

    A veces estás deseando que tu pareja se de cuenta que “necesitas un abrazo” (por decir un ejemplo) y esperas (y esperas..) que se le ocurra a él /ella de forma espontánea. Y luego si no lo ha hecho te enfadas por ello ( y además te has quedado sin abrazo). ¿Qué hubiera pasado si directamente se le hubiera dicho “necesito un abrazo” , seguramente no tardarías ni un segundo en tenerlo. La demanda indirecta o implícita tampoco es adecuada, ya que el otro ha de “interpretar” el mensaje (adivinar) y además de la forma que nosotros lo querriamos.

    Me explicaron un ejemplo de esto último: Imagina que en un coche hay una pareja , donde él está conduciendo. Llevan un buen rato en el vehículo y a ella le apetece descansar un rato y tomar un café. Y lo que le dice a él es “”¿Te apetece un café?”, contestando él. “¡No!” y sigue conduciendo. Automáticamente ella empieza un diálogo interno: “ya le vale, llevamos mucho rato en el coche, qué desconsiderado, debería saber que necesito un café para seguir con el viaje...” Cuando en este ejemplo , él simplemente ha contestado a la pregunta “directa”


    Siempre esperamos algo, y el que espera desespera (según dichos populares). Y no nos planteamos que quizá esa persona nos esté dando el 100% de lo que en ese momento nos puede dar (y más, de forma espontánea).


    Otra reflexión que me surje de este cuento es que el protagonista, tampoco es inocente de este juego. Ya que lo inicia él, “esperando” que ella supere la prueba. Es decir en una relación ambos son responsables de lo que está pasando.

    Y para acabar, el otro día estabamos hablando unos compañeros y surgió el poder del lenguaje (que sería otro tema de reflexión). No nos damos cuenta de lo que decimos al utilizar el vocabulario (decir “me entiendes” suena diferente de “me explico”, por ejemplo), los pronombres, la entonación… Y apareció una palabra que utilizamos con nuestra pareja, en un acto de amor, la palabra “te quiero”. Es una palabra con una gran connotación. Me evoca; posesión y que “quiero algo de ti” (si piensas esto no suena nada romántico). Una persona que es de italia nos propuso una alternatica que se utilza en su idioma; “te voglio bene”, que en castellano se diria “te quiero bien”.

    Esto es lo que me ha sugerido el cuento.

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  6. Eva creo que planteas unas cuestiones magníficas.
    Por un lado pienso que hay que aprender a descodificar esas pruebas de amor. O sea lo que para nosotros es una muestra de ese afecto no tiene que ser necesariamente la forma de proceder de la pareja. Hay entonces que decir (no insinuar no esperar) de qué forma las necesitamos y aprender a valorar las que recibimos con el prisma del otro/a. Y si para nosotros no basta con eso entonces puede que la persona con la que estamos no sea la adecuada...
    Las relaciones son un feedback en el que hay que tener claras estas cosas, no dejar que las cosas sucedan sino decir qué sentimos y necesitamos en cada momento y escuchar también las necesidades del otro.
    Un saludo!

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