En una ciutat (i en la suma de ciutats que formen un estat) els imbècils són la classe (o raça, diria Bermanos) predominant. Per tal de poder/saber conviure -inequívoc atribut de ciutadania- hem d'identificar-los.
La tasca és fàcil: es fan notar. L'imbècil no és un impostor, és imbècil i prou. Si ocupen un càrrec (i els ocupen) ell és el càrrec. Treieu-li el càrrec i l'imbècil perdura, tot i que es fa notar menys.
Els imbècils, quan són actius, governen, prediquen, publiquen, opinen (sobre tot opinen, i de tot), dirigeixen màsters, empreses i bancs... neguen les les evidències.
Els imbècils, quan són passius, episòdicament voten, combreguen, es manifesten, i es dissolen, obeeixen, escolten, miren i no veuen, es creuen aquest insult sistemàtic a la inteligència que és la publicitat, consumeixen, són resignats... es creuen les evidències.
Els imbècils-imbècils, els "princeps dels imbècils", són essers anònims. Els imbècils de luxe, degenerats en sentit invers, són famosos, polítics menors però enlairats (l'imbècil degenera ascendint).
La mística (l'ideologia) ha degradat en política i la política en mentida i aquesta ha passat a ser la força que governa el món. Acceptem la mentida i els tornem a escollir o els canvien per altres imbècils. Tot i que no ens creiem les mentides, intentem ignorar-les. I és així com ens convertim en imbècils passius i engruixim la multitud.
L'opinió pública (i publicada) és l'opinió dels imbècils. Per protegir-se, al ciutadà li convé no llegir, en els diaris, les cròniques entre els partits dels Restrets i el dels Incontinents.
Tota la mala fe és de l'imbècil ("hem d'oblidar", diuen).
En totes les ciutats (i pobles, que formen estats i nacions) hi ha multitud d'imbècils; ells sostenen les dictadures; i en els règims democràtics, si són majoria, governen. Identificats els imbècils, hem de protegir-nos o la ciutat esdevindrà "la ciutat dels imbècils", una ciutat sense ciutadans.
Joaquim Jubert Gruart (metge neuròleg).
Nou Breviari de Ciutadania, edició en homenatge a Carles Rahola en el 70è aniversari de la seva execució, CCG Edicions, Girona, 2009, p.74.
Gracias al autor por su generosidad.
martes, 28 de abril de 2009
lunes, 20 de abril de 2009
¿En qué consiste la psicoterapia?
Hoy, durante una de las sesiones, me han vuelto a preguntar en qué corriente de psicoterapia me inscribo. Siempre me ha incomodado esta pregunta por no tener una respuesta clara, sólo sé que no soy psicoanalista, me siento más próximo a muchas corrientes, sobre todo al constructivismo y la terapia familiar sistémica, pero antes de contestar mis neuronas han activado una historia que escuché en una clase de Lluis Botella y que me han ayudado a definirme.
Dicen que un grupo de psicoterapeutas australianos hizo una investigación con aborigenes de aquel continente, para estudiar sus costumbres y sacar conclusiones innovadoras que pudiesen ser útiles en sus investigaciones. Cuando hablaban con uno de los sabios de la tribu este les preguntó a qué se dedicaban ellos, y cuando dijeron orgullosos "psicoterapeutas", el traductor les informó que no había ninguna palabra que describiese esta profesión. Entonces optaron por explicar qué es lo que hacían, y los sabios escucharon atentamente, asintiendo y comentando entre ellos.
Al acabar la explicación, los psicoterapeutas escucharon con sorpresa la respuesta de los sabios:
- Ustedes son tejedores de historias.
Dicen que un grupo de psicoterapeutas australianos hizo una investigación con aborigenes de aquel continente, para estudiar sus costumbres y sacar conclusiones innovadoras que pudiesen ser útiles en sus investigaciones. Cuando hablaban con uno de los sabios de la tribu este les preguntó a qué se dedicaban ellos, y cuando dijeron orgullosos "psicoterapeutas", el traductor les informó que no había ninguna palabra que describiese esta profesión. Entonces optaron por explicar qué es lo que hacían, y los sabios escucharon atentamente, asintiendo y comentando entre ellos.
Al acabar la explicación, los psicoterapeutas escucharon con sorpresa la respuesta de los sabios:
- Ustedes son tejedores de historias.
lunes, 13 de abril de 2009
Cómo afrontar situaciones críticas
Una de las series de TV más arriesgadas que he visto últimamente es "En Terapia", que como su nombre indica va sobre un psicólogo y cuatro de las personas que van a su consulta.Y digo que es arriesgada porque durante la media hora que dura cada episodio muestran una sesión de terapia, por lo que no hay tiros, sexo, teorías conspirativas, ni nada de eso que está tan de moda, sólo cuestiones de la vida que quieren solucionar las personas que acuden en busca de la ayuda de Paul.
En uno de los episodios el terapeuta explica a un paciente que tiene con un trastorno de personalidad narcisita (ese es mi diagnóstico, pero acepto críticas) una parábola hasídica:
"Un rey condenó a muerte a dos amigos. Pero los dos le caían bien, eran gente simpática que habían cometido un error pero que tenían buen fondo. Aún así él era el rey y debía condenarlos. Cuando leyó la sentencia introdujo una posibilidad alternativa, podían conmutar la pena por atravesar uno de los acantilados más altos de su reino caminando por encima de una cuerda. Si sobrevivían a la experiencia quedarían libres.
Los dos aceptaron, y llegado el momento uno de los dos se mostró más decidido a hacerlo que el otro, de manera que fue el primero en intentarlo. El otro prefirió no mirar. Escuchó los sonidos de la gente que contemplaba el espectáculo con ansiedad y sólo se decidió a mirar cuando supo que su amigo había sobrevivido.
Mientras le abrazaba le preguntó cómo lo había hecho, qué técnica había utilizado para conseguirlo, ya que él no se veía capaz de hacerlo y quería vivir. Necesitaba saber una manera de cruzar el acantilado y sobrevivir. ¡Le tenía que ayudar!
Su amigo le miró tranquilamente y le dijo:
- No sé qué decirte, no he utilizado ninguna técnica en especial. Simplemente me he limitado a caminar muy despacio, un pie después del otro, a pequeños pasos... y cuando notaba que me inclinaba a un lado, intentaba inclinarme yo hacia el otro para compensar."
Y es que a veces sólo con las cosas más sencillas se puede superar las experiencias extremas, y con confianza, pero sin certezas.
lunes, 6 de abril de 2009
Diseñar estrategias
Una mujer masai se casó con un hombre viudo que ya tenía una hija. Ella estaba muy enamorada de su marido pero la niña la rechazaba frontalmente. Hiciese lo que hiciese se encontraba con una respuesta desagradable. La desesperación empezó a apoderarse de ella, y dándose cuenta de que la situación no aguantaría mucho, decidió acudir a pedir consejo al hechicero de la tribu.Este escuchó su relato atentamente, todas las cosas que había probado y todas las respuestas desagradables y provocadoras de la niña, escuchó los miedos de ser rechazada también por el marido, meditó un largo rato y finalmente le dijo.
- Hoy no puedo ayudarte en esto que me pides. Necesito un ingrediente muy importante para un conjuro y yo no puedo conseguirlo. Si tú me lo consigues mi mente podrá estar dedicada a tu problema.
- ¿Qué es lo que necesitas?
- Es una cosa sencilla pero difícil de conseguir, un pelo del bigote de un león.
La mujer se quedó horrorizada, ¡toda la vida huyendo de los leones y ahora tendría que acercarse tanto a uno como para poder arrancarle un bigote!
Sin decir nada a nadie se dirigió a la mañana siguiente a una colina en medio de la sabana y depositó un cuenco con agua a los pies de una pequeña colina donde sabía que había leones y se sentó a un par de centenares de metros debajo de un árbol.
Al rato apareció uno, se la quedó mirando con curiosidad y al rato bebió del cuenco. Este proceso lo repitió cada día durante semanas, y cada pocos días se acercaba unos pocos metros, hasta que comprobó que el león la había aceptado. Pero ella descubrió que también había perdido el miedo al león, que ella había aceptado al animal. Cada día iba más relajada, pero siempre llevaba un cuenco con agua.
Hasta que un día estuvo tan cerca del león que notaba su aliento, y se permitió acariciarlo. Le gustó tanto la sensación que acudía cada día para estar un rato con el león, lo acariciaba y ese momento era de mucha felicidad para ella.
Un día decidió que tenía que pasar más tiempo en casa, de manera que mientras acariciaba al león que se había quedado adormilado le cortó un pelo del bigote y se dirigió al poblado.
Cuando se lo fue a dar al hechicero iba contenta, satisfecha, era lo más grande que había hecho en su vida, ni siquiera los guerreros se acercaban tanto a un león, y por supuesto nunca la creerían.
El hechicero se mostró muy satisfecho, examinó atentamente el bigote y lo arrojó al fuego.
La mujer le miró perpleja, pero ese no era su problema, de forma que le pidió el remedio para solucionar el conflicto con su hijastra.
El hechicero se la miró divertido y le dijo:
- ¡No me puedo creer que una persona tan valiente y con tantos recursos como para conseguir lo que no conseguiría el más valiente de mis guerreros no pueda aprender nada de lo que ha hecho, y aplicarlo para tratar con una niña!
Con afecto a Y.V. que nunca fue tan fiera como un león.
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