miércoles, 1 de septiembre de 2010

Colaboración Fúlvia Nicolàs

HISTORIAS DE FIN DE VIDA
Herb, un octogenario todavía atractivo, de porte poderoso y voz calma, acaba de ser descubierto: lleva meses engañando a Pippa, la bella esposa cincuentona con la que comparte dos hijos y más de veinte años de feliz matrimonio. Ella, tan dolida como sorprendida, le observa en silencio. Esa misma mañana se levantó pensando que seguían enamorados. Ahora se descubre, alucinada, mirándole como a un extraño.
"Quiero vivir, nadie sabe cuando morirá. Tu podrías morir mañana mismo. Yo quiero estar vivo. Vete a la mierda, me haces sentir como un viejo!", grita él.
Ella, sin levantar la voz, responde: "es que eres un viejo".

La escena, situada al final de "The private lives of Pippa Lee", de Rebecca Miller, da un giro radical a la historia y confirma los peores miedos de la protagonista, una mujer extraordinaria que ha regalado los mejores años de su vida a Herb, el más brillante editor de su generación, el Gran Macho Demócrata Americano.


Hace unos meses Pippa Lee, una mujer bella y inteligente, aceptó trasladarse con su marido a una lujosa urbanización para ancianos, dejando atrás la brillante vida social que disfrutaban en Nueva York. No fue una decisión fácil, pero Pippa lleva ya muchos años en el papel de esposa y madre perfecta, anfitriona ideal e incansable apoyo del artista. En Villa Arruga, como ambos llaman irónicamente a su nuevo hogar, ella es apenas una adolescente: todos sus vecinos son ancianos juguetones y hiperactivos, con camisetas verde pistacho y tejanos de cintura elástica.

Pippa, incómoda desde que llegó, vive temiendo el momento en que Herb se convertirá en un viejo. Se pregunta cómo y cuando será, no puede faltar mucho. Ambos saben que del lugar donde viven ya sólo se sale con los pies por delante: es la última estación. Ambos lo saben, pero cada uno vive por separado su propio miedo a la decadencia y la muerte. Y cada uno, cada vez más alejados entre sí, intenta resolverlos a su manera.

"Las vidas privadas de Pippa Lee", la primera novela de Rebecca Miller, hija del escritor Arthur Miller y de la fotógrafa Inge Morath. También es la tercera de las películas que ha dirigido, estrenada no hace mucho. Y es un libro, como otros muchos publicados recientemente, que aborda la relación de los humanos con la vejez, la decadencia física y la muerte. Ian Mc Ewan, el escritor inglés de novelas com "Chesil Beach" o "Expiación", afirmaba que este és justamente el tema del siglo: cómo vivimos la decadencia y la muerte. La nuestra y la de los demás. Los estantes de las librerías rebosan de historias de padres e hijos, de madres e hijas, de familias, de parejas y de amistades marcadas por la vejez, el deterioro físico y mental y la espera, a menudo desesperada, de la muerte.

No podría ser de otra manera: jamás habíamos vivido tantos años y jamás nos habíamos encontrado, como humanos, en la tesitura de acompañar a nuestros padres en agonías tan duraderas como el crecimiento de los hijos. Mirando a nuestro alrededor vemos a uno y otro lado escenas de la batalla: padres e hijos enzarzados en despedidas inacabables, en cuidados agotadores y sin límite, historias de tristeza y cansancio interminable que acaban desvelando lo mejor y lo peor de cada uno, y en las que rara vez faltan la culpa, el reproche y la soledad.

Con o sin catarsis y perdón final, se trata de historias que rara vez tienen final feliz. No es fácil descubrirse mutuamente jugando papeles tan distintos a aquellos en que nos conocimos. El poder y la indefensión han cambiado de manos, cada gesto y cada palabra cobran un significado nuevo y es difícil encontrar consuelo cuando quien lo pide es quien solía darlo (o negarlo). En la etapa final, de despedida, hay cambios inesperados que desconciertan y demasiada soledad para tanto miedo: en el cuidador y en el cuidado. ¿Como no buscar en las novelas, en las películas, en las historias que nos permiten observar e imaginarnos en vidas alternativas, un espejo de lo que nos pasa?

Pocos de nosotros quedaremos al margen de estas últimas historias, si no las vivimos ya, y es quizás por eso que en la literatura las historias de fin de vida y las de larga enfermedad ocupan ya el mismo espacio que ocupaban las de adolescencia y descubrimiento (el coming to age anglosajón), las de amor y pareja, o las de ascenso y derrumbe social. Quién le iba a decir a Tony Judt (1948-2010), escritor e historiador inglés y judío irreverente, un autor clave en la interpretación de la socialdemocracia europea y del sionismo, que su artículo más leído iba a ser, precisamente, aquel en que explicaba, poco antes de morir, su vida desesperada como enfermo de esclerosis lateral amiotrófica? ("Noche", publicado en El País el 1 de agosto de 2010).

1 comentario:

  1. Describes de forma acertada una realidad que nada tiene de extraordinaria. Resulta extraordinaria e inabarcable a los ojos de una sociedad inmadura que se ha negado a enfrentar lo que resulta inevitable. Evitar porque da miedo, porque duele y por qué no decirlo... porque no gusta, porque molesta. ¿Qué tenemos nosotros de extraordinario?¿Por qué la vida nos tiene que tratar mejor?¿Es que acaso nuestros padres- cuyo cuidado nos molesta- y nuestros abuelos no tuvieron miedo e incertidumbre?
    Hemos avanzado en muchas cosas pero hemos retrocedido en muchísimas otras quizás mucho más importantes y que son el verdadero cáncer de nuestros días. Gustosamente retrocedía yo unos años si eso me asegura acabar mis días querida y rodeada de los míos, como fue el caso de mi abuelos. Así mismo espero poder dar lo mismo a mis padres o aquellos a los que quiero si tienen que marcharse antes que yo. Por último, sólo añadir, qué diferente sería la vida si cada día recordáramos por un momento que estamos aquí solo de paso.

    ResponderEliminar

Este es un espacio para compartir información y experiencias, de forma que el respeto y la cordialidad deben guiar tu escritura. Gracias por tu aportación.