martes, 21 de septiembre de 2010

Pozo de los deseos

- A ver si lo he entendido bien. Tú querías que él cambiará. Estuviste luchando para ello durante una gran parte de vuestra relación, y no lo conseguiste. Como última opción, optaste por "obligarle" a realizar una terapia..., bueno, en realidad le chantajeaste, ya que si no la realizaba, le dejabas.
- Hasta ahí estás en lo cierto. Pero chantaje me parece una palabra muy fuerte.
- No discutiré eso. Sigo. Él fue a terapia contra su voluntad, y contra todo pronóstico, la terapia fue bien, quiero decir, le resultó útil y cambió.
- Sí. Y lo que más me duele es que cambió cómo yo deseaba que cambiase.
- Entonces, ¿dónde está el problema?
- Pues eso, que me he vuelto loca. Ahora estoy en un momento en que me molesta todo, le quiero dejar, no puedo seguir con él, me duele mucho todo lo que ocurrió y no le puedo perdonar por todo lo mal que me lo hizo pasar.
- ¿Y eso es estar loca?
- Pues claro. Sólo una persona que no está en sus cabales haría las cosas así. Luchar durante años por algo y cuando lo consigues no poder disfrutarlo, querer romperlo.
- No me parece locura.
- ¿Y qué te parece que es?
- Estupidez emocional.
- ¿Perdona?
- No lo digo con intención de ofender, pero la locura es otra cosa. Lo tuyo es que habías depositado tus esperanzas de felicidad en un futuro incorrecto.
- ¿Futuro incorrecto?
- Sí, da la sensación, por lo que me has explicado, que tú habías proyectado una línea de futuro muy rígida, en la que el cambio sólo debía darse en el otro.
- No te entiendo.
- En el fondo es como la fábula del pozo de los deseos, ¿la conoces?
- No.
- El pozo de los deseos te concede un deseo si arrojas en él una moneda de oro.
- ¿Y dónde está ese pozo?
- Dicen que está donde muere el arco iris.
- Pues vaya.
- Lo más interesante de la historia del pozo de los deseos no es lo que el pozo puede hacer, sino el cartel que hay a unos pocos metros del pozo.
- ¿Y qué pone en el cartel?
- "Ten cuidado, tus deseos se pueden hacer realidad".
- Ya, y ahora me explicas qué tiene que ver esta fábula conmigo.
- Bueno, diría que encontraste el pozo de los deseos y no te diste cuenta que la materialización de tu sueño no te iba a dejar indiferente.
- ¿...?
- Mira, te pasas meses y años deseando un cambio, esperando, anhelando, creyendo que si el cambio de tu pareja se da tú serás feliz. Pero de lo que no te das cuenta es que estás deseando el cambio desde una actitud inmovil, estática, rígida. Esperas que un acontecimiento externo te llene interiormente. Y cuando ese acontecimiento externo se da, te das cuenta, de repente, y para tu espanto, que la rigidez en la que has vivido ha sido cómoda, y que el cambio del otro te obliga a moverte, y eso te incomoda y no te gusta. Tú quieres seguir como antes. Esperas que el cambio del otro no provoque cambios en ti. ¡y eso es imposible!
- Ya. ¿Insistes en que no estoy loca?
- Claro, sólo has actuado de manera estúpida. Pero puedes actuar cómo tú quieras si flexibilizas tú posición. No puedes coger nada si no asaptas tu mano, ¿no te parece?

3 comentarios:

  1. Ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio. No conozco a nadie que no le pase.

    ResponderEliminar
  2. ufff, afortunadamente yo sí conozco a mucha gente que ve la paja en el propio ojo. Fíjate que incluso conozco gente que ve cosas en su propio ojo cuando tienen el ojo más limpio que puedas imaginar.

    Eso sí, hay que saber buscar a esa gente.

    ResponderEliminar
  3. Eso tampoco lo veo sano, ver m... donde no hay, estaría bueno poder disfrutar de esa claridad de los ojos no?

    ResponderEliminar

Este es un espacio para compartir información y experiencias, de forma que el respeto y la cordialidad deben guiar tu escritura. Gracias por tu aportación.