lunes, 19 de marzo de 2012

El dolor ajeno

- Parece que su muerte sólo me duele a mi... no veo a nadie afectado por ello.
- Define afectación.
- Pues sería algo parecido a como me siento yo.
- ¿Cómo te sientes tú?
- ¡Joder! Tengo ganas de llorar a todas horas, no lo puedo controlar, no tengo hambre, duermo mal, me agobio todo el rato...
- ¿Y quieres que los demás se sientan como te sientes tú?
- No tienen que sentirse como yo, pero es que no les veo nada afectados, los veo... ¡tan felices!
- Siempre he creído que era muy difícil valorar los mínimos de los demás cuando uno puede encontrarse en los máximos...
- ¿Me estás llamando exagerada?
- ¿Qué te ha hecho pensar eso?
- Dices que yo estoy en los máximos...
- No los tuyos, pero seguramente estás en los máximos de ellos. Seguramente ellos manifiestan su dolor a nivel más bajo, que tú no percibes como significativo.
- No te pillo.
- Vale. A ver, piensa en dos cubos llenos de agua. Si te pido que metas la mano en uno, me dirás que el agua está templada. Si luego metes la mano en el segundo, notarás que está más fría. Posiblemente me dirás que hay un cubo de agua templada y otro de más fría.
- Sí.
- Bien. Si le pido a otra persona que lo haga en el orden inverso al tuyo, me dirá que el cubo que tú considerabas de agua templada, está caliente, ¿no te parece?
- Sí, supongo que sí.
- ¿Lo extrapolas a tu conflicto?
- Supongo que mi intensidad no me deja valorar la intensidad de los demás de una manera objetiva... ¿Como el principio de incertidumbre de Heisenberg?
- Más o menos.

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