lunes, 29 de octubre de 2012

Dos pelean si uno quiere

"Dos no pelean si uno no quiere" #mentirasquenoscontaronnuestrospadres

- Lo más destacable, de entrada, es que esta vez he conseguido acortar los plazos para conseguir darme cuenta de que esta persona no me convenía.
Pero, a pesar de que podríamos estar de acuerdo en que su comportamiento es el propio de un capullo y que a mi me quedan cosas por pulir para no dejar que me pisen tan fácilmente, me ha quedado un regusto agrio al final de la historia.
- ¿Por qué?
- Creo que lo puedo hacer mucho mejor de lo que lo hecho.
- ¿Qué has hecho?
- Nada, sólo que a la hora de poner las cosas clara perdí un poco mi asertividad...
- Explícate, por favor.
- Pues eso, que al principio sí que lo hice bien, con calma, diciendo las cosas que quería decir, adecuando el tono, pero al final acabé atacando otra vez. Otra oportunidad pérdida.
- Depende.
- ¿De qué? Estamos trabajando aprender a ser asertiva, a decir las cosas respetando a los demás, y yo acabé atacando y diciendo más de lo que me había propuesto decir.
- ¿Y? Hay matices importantes que posiblemente no estás teniendo en cuenta.
- ¿Matices? 
- Así, con la poca información que me das sólo se me ocurre una pregunta.
- ...
- ¿Se lo merecía?
- Sí. Se comportó como un auténtico capullo hasta el final. Pero esa no es la cuestión.
- Ya, claro. Una cosa es que seas asertiva y otra es que seas imbécil, ¿no te parece?
- ¿Qué quieres decir?
- Hay gente que cree que dos no pelean si uno no quiere, pero eso es mentira, dos pelean si uno quiere. La voluntad de pelea era de él, no tuya. El hecho de que se comportase como un capullo hacía posible dos conductas por tu parte, o huías o te enfrentabas, porque no olvides que la huida es una forma pasiva evitativa de pelear. Y teniendo en cuenta que habéis sido pareja, no tienes la distancia emocional suficiente como para ser fría.
- Ya...
- Eso sin tener en cuenta que además él sabe como te las gastas cuando pierdes el control, ¿Verdad?
- Sí.
- Y lo que tú me estás diciendo es que no encontró lo que buscaba.
- ¿Qué buscaba?
- Que te sintieses culpable por haber perdido los nervios. Y no los perdiste. Sólo le diste lo que se merecía, ¿O no?
- Vaya que sí.
- ¿No te quedaste con ganas de más?
- Sí. Si me llego a dejar llevar...
- Entonces, ¿Se lo merecía?
- Sí, se lo merecía..., el muy capullo.

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