lunes, 2 de septiembre de 2013

La (in)gestión de la autoestima

Imagina que la autoestima se haya convertido en los últimos años en una trampa psicológica, en la que nos obsesionemos con tener la mejor autoestima posible. ¿Qué utilidad tendría esta trampa? En una sociedad consumista como la que vivimos sólo serviría para que consumiésemos más. ¿Qué podemos consumir para tener una buena autoestima? Medicamentos y tratamientos. 
Porque, ¿se puede vivir con una baja autoestima? Sí, por supuesto. Seguramente estaremos de acuerdo que no es una calidad de vida deseable, pero se puede vivir. La autoestima no se sitúa en los primeros peldaños de la tan citada pirámide motivacional de Maslow.
Las personas han vivido durante generaciones sin pararse a valorar su autoestima, su única preocupación era sobrevivir un día más, una semana más, o lo que sea más. Pero en la actualidad no nos tenemos que preocupar por eso, por conseguir comida, protección o compañía (si la deseas de calidad ya es otra cosa), así que ahora hay que subir a ese peldaño y conquistar una buena autoestima. Pero, ¿cómo se consigue eso?
Si seguimos la lógica social imperante lo que deberemos hacer es ir a nuestro proveedor de "cubrir necesidades", o sea, el supermercado o cualquier otra tienda. Después de mirar con calma observaremos que muchos de los productos que hay allí nos prometen mejorar nuestra autoestima, de manera que si lo deseas o crees que es la mejor manera, puedes lanzarte a una carrera consumista sin límite que puede llegar al punto de que te compres ropa, coches, viviendas, paquetes vacacionales o lo que sea para que te veas mejor. Te puede sonar raro, no te preocupes, hay mucha gente que vive así. 
Pero es posible que no te convenza esta línea de trabajo. Entonces puedes probar por considerar tu falta de autoestima como un problema de salud, salud mental, por supuesto. El abanico de posibilidades es infinito, o casi, va desde la psiquiatría pura y dura, con sus antidepresivos de imposibles nombres genéricos y atractivos nombres comerciales a la psicoterapia (que también la puede hacer psiquiatras) y sus innumerables corrientes de tratamiento. Si quieres probar algo duro, tipo más elitista, prueba el psicoanálisis y si quieres probar algo más suave, y mundano, prueba la terapia centrada en soluciones. 
Pero si eres un alma inconformista y todas estas soluciones tradicionales no van contigo no te preocupes, actualmente la sociedad de consumo te ofrece enésimas posibilidades alternativas que van desde la acupuntura, la quiropráctica, kinesología, hipnosis, tarot, etc...
En una realidad consumista que se rige por algo tan primitivo como la selección natural, la mayoría seguirá buscando la solución a su nuevo problema de manera individual, confiando en la opinión de expertos, ya sea de la medicina alternativa, medicina tradicional o comerciales de cualquier tienda. Y aquí reside el problema, el ser humano es un animal social, que vive red, que sobrevive gracias al resto del grupo. Y esta red que nos mantiene vivos también nos proporciona información de nosotros mismos, nos da feedback de nuestros puntos fuertes y de nuestros puntos débiles. Si la red es demasiado rígida, la información se convierte en ruido blanco, si la red es muy variable, la información también lo es y no nos resulta confiable.
La mejor manera de aumentar la propia autoestima es cuidando, mejorando y ampliando nuestra red social para que nos aporte la información que necesitamos, para saber más y mejor de nosotros mismos. Así, la "auto"estima proviene de información "hetero", de los otros, que hemos hecho nuestra. 
¿Y si la autoestima no existe? ¿Y si la llamásemos heteroestima? Tal vez así nos ahorraríamos buscar soluciones donde sólo nos puedes proveer de nuevos problemas... si tenemos valor, claro está.

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