lunes, 20 de enero de 2014

La vida soñada

Podríamos decir que todos tenemos dos vidas, la "vida vivida" y la "vida soñada", y en función de la relación que establezcamos entre ellas tendremos diferentes posibilidades de satisfacción. Hay quienes las tienen en paralelo, no se tocan, quienes buscan que se junten en un punto más o menos cercano y quienes desean que se alejen y ni siquiera sean referente. Pero eso no es relativamente importante... al menos para esta entrada.
Todos (y todas) queremos vivir una viva vivida satisfactoria, llena de ilusiones y de aprendizajes, en la que los miedos sólo sirvan como motor para enfrentarnos a nuestros límites, pero somos conscientes de que no es el caso de la mayoría de nosotros, no, en general tendemos a vivir una vida vivida pobre en ilusiones y mucho menos en aprendizajes, con una alarmante capacidad de repetir errores sufrientes, pero sobre todo, tendemos a tener muchos miedos paralizantes que nos justifican el hecho de que estemos quietos, inactivos, pasivos...


La vida soñada suele ser siempre, o al menos en la mayoría de casos, espléndida, rebosante de idealizaciones y de situaciones mágicas. ¿Por qué no nos sirve de acicate la vida soñada para conseguir establecerla en la vida vivida? ¿Por pereza? No, por miedo. Miedo a no saber, miedo a no gestionar lo que pueda venir, miedo a la incertidumbre. Y entonces utilizamos toda nuestra capacidad de razonamiento para elaborar mil y una excusas (nunca confundir con motivos)
Por tanto tenemos que hay un grupo de valientes que deciden enfrentarse a la realidad y que se empeñan en imponer sus sueños, inconformistas les suelen llamar, y tenemos a otro grupo que prefiere que el miedo gestione sus vidas y que no se mueva nada, ovejas les llaman algunos... Pero, ¿no hay un tercer grupo?
¡Y tanto! Y no es un grupo pequeño, es un grupo enorme, es el grupo de los outsiders, el grupo de los que ya ni se justifican, se limitan a ir por libre, pero en sus sueños. Prefieren refugiarse en su vida soñada que tener el valor a cambiar su vida. Se sienten esclavos de la realidad y prefieren ser esclavos de sus sueños en lugar de intentar que beneficien a los demás. Algunos están en coma, otros son adictos, dependientes, aletargados... lo que sea, pero no deciden.
Si deseáis saber de qué tipo de persona es Sam Tyler, os animo a que le sigáis en su aventura onírica por el Manchester de los 70. Tal vez todos podamos sacar una lección clara de su actitud ante la vida vida vivida y la vida soñada en Life on Mars...


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