domingo, 31 de agosto de 2008

No es obligatorio amar a los padres

La biblia dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre", pero nada dice de amarlos. No todos los padres son buenos, ni fáciles de amar. Está mal visto que un hijo afirme no amar a sus padres, pero la realidad es que no todos los padres son "amables". El hecho de ser padre no lo justifica ni lo perdona todo.
Cargamos a los padres con el peso de deber amar a los hijos; y a los hijos con el peso de deber amar a los padres. No hacerlo genera profundos sentimientos de culpa. Pero lo cierto es que el amor no puede ni debe ser un deber, es una tendencia emocional que no se puede forzar. El hecho de ser padre no lleva implícita la prerrogativa de ser amado por los hijos.
El amor a los padres no nace espontáneamente en el momento del nacimiento del hijo sino que es el resultado de cómo este ha sido acogido, de la calidad de la relación y comunicación que se haya establecido, de la coherencia, de la dignidad e integridad y del cariño y ternura recibidos.
No elegimos las emociones ni los sentimientos: Son, en parte, un producto de la evaluación de nuestro pensar, de nuestro juicio sobre nosotros mismos, sobre los demás y la realidad. Nunca elegimos sentir amor, lo sentimos o no. No obstante, podemos escoger cultivar el amor. Amar bien es muy difícil. Parte de un sentimiento, el amor que deberá actualizarse en amar cada día, mediante actos concretos de amor: amor - cuidado, amor - responsabilidad, amor - compromiso, amor - conocimiento, amor - comunicación. Recibir amor no es un derecho sino un regalo gratuito. Si aprendemos a amar bien a nuestros hijos, su amor por nosotros será una consecuencia natural.

Extraído de "Ámame para que me pueda ir" de Jaume Soler y Mª Mercè Conangla, de Amat editorial.

Sólo añadiré aquella frase de Michael Levine que dice "Tener hijos no te convierte en padre o en madre, del mismo modo en que tener un piano no te convierte en pianista"

miércoles, 27 de agosto de 2008

Los Fisher

Permitidme que os presente a los Fisher.
Esta familia ha sido especialmente importante para mi en las últimas semanas. Es posible que algunos de vosotros ya los conozcáis, incluso en profundidad, pero a los que no, os pediré que destinéis algo de vuestro preciado tiempo a tratar con ellos y permitirles que compartan su vida con vosotros.
Acaban de perder a su padre en un accidente, y este hecho siempre es traumático para cualquiera, pero más para ellos que regentan una funeraria. Por tanto los conocéreis en estado de shock emocional, un poco convulsionados y vulnerables, y cada uno reaccionará según su naturaleza.
Son una familia que intenta controlar las formas en todo momento, se quieren y se ayudan, pero la comunicación es claramente disfuncional, pero observando estas pautas de interacción podemos ser más conscientes de cuáles son las nuestras.
Estas pautas disfuncionales las aplican continuamente porque no conocen otras, y sufren continuamente las consecuencias, intentan mejorarlas pero no pueden evitar cometer errores al hacerlo a ciegas, además de aplicarlas a situaciones que para muchas personas son harto complicadas de abordar, como las relaciones y las crisis de pareja, el sexo, la homosexualidad, los secretos, los traumas de la familia de origen, la gerencia del negocio, etc.
Te van a permitir ver sus errores y sus imperfecciones emocionales, sus ambigüedades y sus contradicciones, generándonos un sentimiento de cariño y admiración por ellos, pero sobre todo impotencia, por que ves los problemas antes que ellos y te gustaría evitárselos. Y no puedes. Esta impotencia te lleva a plantearte aspectos de tu propia realidad, y siempre que te planteas a ti mismo, creces como persona.
Si estas palabras han despertado vuestra curiosidad aquí podéis obtener más información de ellos. Estoy seguro que sabréis donde encontrarlos.
Por cierto, darles recuerdos, abrazos y besos de mi parte, a mi me han sido de mucha utilidad en algunos aspectos, al permitirme cuestionarme determinadas cosas, ya que a veces el ejemplo es más efectivo que las lecciones, y eso no lo digo yo, lo dijo Ghandi.

lunes, 25 de agosto de 2008

La historia de Ana y Fran

Esta es una historia triste, de aquellas que te dejan mal sabor de boca, como todas aquellas historias de dependencia emocional. Tal vez sea una de las historias que más me han fascinado, ya que la conocí antes de licenciarme y todavía sigue, aunque ahora ya me llegan pocas noticias.
Fran y Ana eran dos personas que de vez en cuando aparecían por el grupo de amigos con el que yo me movía. Aparentemente eran una pareja consolidada, iban a siempre juntos, sin darse muestras de afecto, pero nadie dudaba que era un ente indivisible.
Poco a poco íbamos viendo aspectos de la relación que no se correspondían con una pareja "estándar". Fran se había comprado un piso, para él sólo, y Ana seguía viviendo con sus padres. Ella iba mucho al piso de Fran, casi se podía decir que hacía vida en allí, pero de golpe la volvíamos a ver en casa de sus padres. A veces se mostraban más distantes, otras se mostraban más próximos.
Ana se fue abriendo al grupo y poco a poco nos fuimos enterando que no eran pareja pero que lo eran. Esto era así porque eran pareja cuando Fran quería, y cuando no, también. Por supuesto Ana quería siempre, pero respetaba estoicamente los vaivenes de Fran. Llevaban así varios años, ella dejó a su anterior pareja porque se enamoró de él. Ella basculaba entre la rabia y la duda, constantemente, a veces hablaba pestes de él, pero a los pocos minutos lo justificaba, y decía cosas como "si es que ya sé como es él", "no me prometió nada", "yo ya sé que no debería provocarlo", etc...
Durante un par de años la situación se mantuvo estable, ella siempre dispuesta y él ambivalente. Pero Ana se empezó a molestar y decidió subir la apuesta, y para ver si reaccionaba empezó a tontear con algunos del grupo, y él se mostraba indiferente o perdía los nervios. Estas últimas reacciones provocaban una reacción fulgurante de ella que volvía corriendo a sus brazos, para a los pocos días volver al punto inicial.
Un día, habíamos acabado una excursión y nos estábamos cambiando el calzado en la calle cuando Fran maniobrando con su coche no vio a Ana, yo la aparté a tiempo, y le hice un comentario en broma:
- Ten cuidado, parece que Fran te quiere muerta.
- Bueno, al menos me quiere de alguna manera.
Los que oímos su respuesta nos quedamos helados, no por el contenido verbal, sino por la expresión facial y el tono de resignación que acompañaba a sus palabras.
De esta anécdota hace diez años. Por amigos que siguen en contacto con ellos me he enterado que siguen igual, pero que ahora han aumentado la apuesta. Viven juntos, pero en un nuevo piso de Fran, que está únicamente a su nombre, y no le quiere vender la mitad a ella porque dice que eso sería atarse y no quiere, y ella lo acepta, supongo que se limita a "aceptar como es él"...

jueves, 21 de agosto de 2008

Isomorfismo

En psicoterapia existe una teoría metafórica que resulta muy útil, la del isomorfismo por oposición. Según esta teoría creamos patrones relacionales y de afrontamiento basándonos en patrones que hemos aprendido a lo largo de nuestro desarrollo. Lo más curioso de todo es que muchos de estos patrones pueden ser odiosos para nosotros, incluso puede darse el caso que hayamos dicho que nunca querremos ser así, pero que llegados a una situación de conflicto o crisis, reaccionamos de manera automática de la manera no deseada, o como en el caso de la relaciones familiares, obtengamos los mismos problemas con nuestros hijos que nosotros tuvimos en su momento con nuestros padres.
Pongamos un ejemplo. Madre soltera con una hija preadolescente. Esta madre intenta controlar a su hija dentro de sus limitaciones personales, con falta de muestras de cariño que producen que la hija se rebele y responda confrontado. La relación se deteriora con la consiguiente falta de confianza y de comunicación, que acaba por producir un distanciamiento gélido entre ambas.
Ahora bien, la hija llega a la edad adulta, se casa y tiene hijas. "Yo no cometeré los errores de mi madre. ¡Haré lo contrario de lo que hizo ella conmigo!".
Pasan los años, las hijas crecen y todo parece ir bien, sin grandes problemas, pero cuando la más pequeña llega a la veintena comienzan problemas conductuales de todo tipo, con un deterioro relacional y mentiras constantes, sin saber atajar la situación de la misma manera que la abuela no pudo atajar la situación planteada por la madre. Evidentemente la incomunicación y la pérdida de confianza son el eje de esta situación.
¡Cómo puede ser que tenga los mismos problemas con mi hija que los que tuve en su momento con mi madre! ¡Yo he hecho exactamente lo contario!
Una sencilla explicación es exactamente esa, que has hecho exactamente lo contrario, has tomado el modelo de tu madre y te has posicionado en el otro extremo, nunca en el término medio, y has construido la misma estructura en negativo, Donde tu madre hizo positivo tu negativo, donde tu madre hizo claro, tú oscuro, donde ella hizo cero, tú uno, etc... y dos estructuras idénticas suelen tener problemas y situaciones conflictivas idénticas.
Un ejemplo claro lo podéis encontrar en la descripción que hace Mayte Leal de una situación familiar que observó en el tren. Leyéndola no pude evitar pensar en qué tipo de educación había recibido la pobre abuela y que juramentos se habría hecho en el pasado.
Ya lo dijo Aristóteles hace mucho, "la valentía es la dorada mediocridad que se sitúa entre la cobardía y la temeridad".
Al fin y al cabo tanto el cobarde como el temerario suelen tener destinos similares...

lunes, 18 de agosto de 2008

Psicología Diferencial de Sexo y Género

"Si queréis aprender psicología de una manera amena, sencilla y directa lo que debéis hacer es estar muy atentas a vuestro alrededor, continuamente pasan cosas dignas de análisis. Una de las maneras más sencillas de analizar la realidad desde un punto de vista psicológico es a través de la prensa deportiva, allí podréis ver toda una serie de manifestaciones que os resultarán muy útiles para describir diferentes enfoques de la psicología".

Un discurso similar a este nos lo dio el Dr. Javaloy, uno de los profesores de la facultad de los que más he aprendido. Y es cierto, no me gustan los periódicos deportivos, pero las veces que los leo en un bar, o cuando leo las secciones deportivas de los "periódicos serios", no puedo dejar de recordar estas palabras, ya que se puede ver manifestaciones, conductas, estrategias, y lo que sea de cualquiera de las ramas de la psicología, pero sobre todo de la psicología social.

Un ejercicio interesante es analizar las reacciones humanas después de una competición, tanto de los que ganan como de los que no. Viendo como celebran los triunfos los equipos de relevos de natación no pude evitar recordar la asignatura "Psicología Diferencial del Sexo y del Género" de mi amiga María Jayme Zaro, que se ha convertido en una experta en esto. No hace falta más que ver cómo celebran su triunfo los nadadores del equipo americano, cada uno por separado, tensionando sus músculos y desahogando la tensión, y el equipo alemán de relevos femeninos, todas juntas, abrazándose por el triunfo. Supongo que la cohesión grupo y la gestión de los diferentes egos han sido factores clave, y las noticias así lo corroboran, ya que en el caso del equipo americano, se vendió solamente como "el tercer oro para Michael Phelps", cuando eran cuatro en el equipo y él ni siquiera llegó a ganar su serie.

viernes, 15 de agosto de 2008

Limitaciones de un terapeuta

- La verdad es que no sé qué hacer. Podías darme alguna pista, ¿no?
- Me parece que más que una pista lo que tú me pides es que decida por ti, y eso no va a pasar.
- ¿Por qué no? Eres psicólogo, sabes más que yo, y creo que esa debería ser tu obligación.
- ¿Mi obligación? ¿Tomar decisiones sobre tu vida? Estaría bien tomar decisiones imortantes cuyas consecuencias no recaigan sobre mi. Pero el código ético me lo impide.
- Creo que te estás escaqueando.
- Hay un chiste que explica perfectamente lo que hace y lo que no hace un psicólogo.

Había una vez un psicólogo que se fue a pasar un año sabático a una granja por sufrir estrés. Pagó el año por adelantado al dueño de la granja, que era explotaba tierras y animales. Después de un mes de vida contemplativa se empezó a aburrir, de manera que al final le pidió al granjero que le encomendase alguna tarea que pudiese realizar. El granjero no entendió nada, pero cuando el psicólogo le dijo que no pensaba cobrar, que sólo lo quería para distraerse, se le ocurrió darle un trabajo engorroso, llevándolo ante un montón de estiércol de más 50 metros de altura.
- Mire, tengo que trasladar este montón de abono a aquel solar que hay a 300 metros, pero sólo podrá utilizar esta pala para llevarlo, ya que el tractor y el remolque los estoy utilizando. Si quiere, aquí tiene trabajo para dos o tres meses.
El psicólogo aceptó, y cada mañana se levantaba temprano, y cuando volvía al anochecer, estaba sucio de estiércol y sudor, pero sonreía y tarareaba canciones. A las dos semanas se plantó ante el granjero para notificarle que ya había acabado. Estupefacto vio que sí, y más atónito se quedó cuando el psicólogo le pidió otra tarea.
Esta vez le llevó a una nave industrial, inmensa, y que estaba llena de gallinas.
- Necesito deshacerme de estas gallinas, hay miles y siguen poniendo huevos, y el comprador sólo las acepta si se las mata por el método tradicional, romperles el cuello, con esto tendrá trabajo para varias semanas, seguro.
El psicólogo aceptó, y siguió con su rutina de madrugar y volver por la tarde, volvía lleno de arañazos, sudado y con plumas, pero feliz, tarareando sus cancioncillas. A los diez días se plantó ante el granjero para notificarle que ya había acabado. Éste quedó asombrado, y viendo el potencial de tener un trabajador incansable gratuito, decidió darle un trabajo más urgente.
Le llevó a otra nave industrial, inmensa como la anterior, que estaba llena de patatas.
- Necesito vender estas patatas urgentemente, como mucho en el plazo de dos semanas, pero el comprador sólo lo hará si le vendo por separado patatas grandes de patatas pequeñas. Viendo al ritmo que usted trabaja, no tardará ni diez días.
El psicólogo aceptó. Volvió a iniciar su rutina, pero ahora volvía limpio y ya no tatareaba, y un cierto rictus de preocupación se notaba en su rostro.
El granjero notó estos cambios y se preocupó, y a pasada una semana decidió acercarse a ver cómo iba todo.
Su sorpresa fue mayúscula cuando comprobó que el montón de patatas seguía intacto, y que sentado en un banco estaba el psicólogo contemplando pensativo una patata que tenía en su mano, mientras en el suelo había un pequeño montón de patatas grandes y otro de patatas pequeñas. La cercanía del día de venta provocó que el granjero se alterase y le dijese al psicólogo qué estaba haciendo, o mejor, por qué no estaba haciendo aquello a lo que se había comprometido.
El psicólogo le miró tranquilamente, sin alterarse y le respondió.
- Supongo que es una limitación de mi profesión, yo soy psicólogo, ¿sabe usted?
- ¡Y qué! ¿Eso le limita para realizar tareas sencillas?
- No, mire, deje que me explique. Los psicólogos no tenemos problemas en remover la mierda, y creo que se lo he demostrado con el estiércol, ni en retorcer pescuezos, como le he demostrado con las gallinas, ¡pero no vea usted lo que nos cuesta tomar decisiones!

lunes, 4 de agosto de 2008

El verdadero poder

En cierta ocasión Buda se vio amenazado de muerte por un bandido llamado Angulimal.

«Sé bueno», le dijo Buda, «y ayúdame a cumplir mi último deseo. Corta una rama de ese árbol.»

Con un golpe de su espada, el bandido hizo lo que le pedía Buda.

«¿Y ahora, qué?» le preguntó a continuación.

«Ponla de nuevo en su sitio», dijo Buda.

El bandido soltó una carcajada:

«¡Debes de estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!»

«Al contrario», le dijo Buda. «Eres tú el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El poderoso es el que sabe crear y curar.».

Extraído de "Hoy quiero contarte un cuento"

sábado, 2 de agosto de 2008

La maldad

- La verdad es que me siento mala persona, con una carga de culpa muy grande. A veces desearía que sufriese por lo que me ha hecho. Que lo pague. Deseo que le pase algo malo, que le haga reflexionar, darse cuenta, pero luego, cuando me calmo me siento muy culpable. ¡A veces me da la impresión de que soy bipolar!
- Creo que si fueses bipolar no estarías aquí, recuerda que yo no cojo casos difíciles. Tal vez lo podamos normalizar todo un poco...
- ¡Normalizar! no creo que se pueda normalizar esta locura...
- Tal vez si me dejas explicarme - se produjeron unos segundos de silencio -. La emoción más sana cuando nos sentimos heridos es la rabia, y cada uno proyectamos esa rabia de una manera diferente, según hayamos aprendido en nuestra vida. En tu caso parece que sentir rabia es algo moralmente malo, y por eso aparece la culpa.
- Pero yo no quiero sentir rabia, era imbécil, no se lo merece. Por que, además luego me siento yo mal, con lo que pierdo dos veces.
- Esto siempre da lugar a situaciones que desde fuera se pueden percibir como ridículas, pero que quien las está sufriendo las padece profundamente.
- Pues vaya, no sólo no escojo bien a mis parejas, además no sé vivir mis emociones.
- Las emociones se tienen que vivir como uno las siente, luego ya aprenderás a expresarlas de manera más productiva, contrastándolas para poderlas atenuar o incrementar. Yo tenía una amiga de la facultad que era la bondad en persona. Creo que nunca he visto una persona que nunca que fuese tan buena, ingenua y bien pensada. Era locuaz, expresiva y cariñosa, muy dulce, y la verdad es que sufría por ello, pero todo el mundo la queríamos. Pero un día empezó a salir con un tipo de clase que se vanagloriaba de su ideología skin, prepotente, chulo, falso y muy interesado. La verdad es queno gustaba a nadie. Nunca logré entender que hacía ella con ese tipo. Pero decía que en el fondo era muy bueno, que ella había visto el fondo en un par de ocasiones y que eso la había hecho sentirse muy bien. ¿Te suena?
- Vaya que sí.
- Pues bien, siguiendo su propia naturaleza, este tipo ejerció de maltratador emocional, le fue infiel y esta amiga mía sufrió mucho. Después de muchos meses cortaron, por supuesto, en medio de un gran drama. Los meses fueron pasando y ella pareció recuperarse. Un día, hablando de ser buena o mala persona, me dijo que ella sabía que era mala persona. Yo me sobresalté, te juro que no he conocido a nadie que fuese tan buena, según mi opinión y la de la mayoría de la clase. Pero ella seguía en que lo era. Y cuando le pregunté el motivo de considerarse mala persona, me volvió a hablar del novio imbécil ese con el que salió, el que le hizo tanto daño, que además resultó ser miembro de las brigadas blanquiazules del Espanyol, y su argumento era que ella sabía que era mala persona porque cuando el Espanyol perdía un partido ella se alegraba por dentro!!!
- Pero tu amiga era un poco pánfila, ¿No?
- No creo que sea esa la palabra que la defina, pero entre varios empezamos a tirar de ese hilo y ella pudo desahogarse un poco, y con los siguientes novios no actuó de la misma manera, el reconocer el derecho a enfadarse le permitió poder defenderse de las agresiones. Pasado un tiempo me lo resumió así "Cualquier persona tiene derecho a ser imbécil, pero yo tengo derecho a no tolerarlo"