Hay personajes de ficción que no deberían provocarnos fascinación ni admiración, o al menos no lo harían en la vida real, debido a algunas características de personalidad agresivas y violentas. Lisbeth Salander no es la primera, antes hemos tenido a Hannibal Lecter, Patrick Bateman, Dexter Morgan y Lestat de Lioncourt, sólo entre los recientes, porque antes estuvo Rodion Romanovich, el protagonista atormentado de Crimen y Castigo.
Pero, ¿qué nos provoca admiración en ellos? Personalmente creo que es por una fascinación romántica, que nos hace participes del código moral de estos personajes (bueno, Patrick Bateman no). Cualquiera que se haya leído los libros de Thomas Harris sabrá cuáles son los principios morales de Hannibal lecter, incluso puede que simpatice con algunos de ellos, quien sea seguidor de Dexter nos podrá explicar las tribulaciones y justificaciones (no motivaciones) de Dexter Morgan, y a pesar de que no lo intenten sus autores, quien no ha sentido simpatía por Patrick Bateman y Rodion Romanovich, aunque supongo que es debido a que la narración es en primera persona.
Con el personaje de Lisbeth Salander vamos un paso más allá, bueno Stieg Larsson fue un paso más allá, y no sólo por el hecho de que sea un personaje femenino, sino porque no la etiqueta como psicópata, sino como "Sindrome de Asperger", aunque no creo que todo aquel que tenga este sindrome tenga el mismo comportamiento. Lástima,tal vez sea cierto que la realidad es más extraña que la ficción, por que los psicópatas y diferentes grados de autismo que he conocido en mi vida profesional no tienen el glamour de ninguno de estos personajes. Siempre nos quedarán los libros.
Volviendo al personaje de Lisbeth, tal vez lo más atrayente es que toma aquello que desea, aunque tiene un código moral que se sustenta en su propia experiencia vital, y que sigue a rajatabla, sin importarle las consecuencias y mucho menos la opinión de los demás. Es una persona que socialmente parece desadaptada, aunque en realidad no lo es, se ha adaptado demasiado bien, moviéndose entre las grietas del sistema que la pisotea y sacando un gran provecho de ello. Sus sentencias son en muchos casos refritos de otros grandes personajes de la literatura, pero en ella adquieren una nueva dimensión.
Aún me estoy recuperando de la lectura del segundo libro de Millenium (La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina) y no puedo quitarme de la cdabeza una de estas frases de Lisbeth, "No existe la inocencia, sólo hay diferentes grados de culpabilidad".
lunes, 29 de diciembre de 2008
sábado, 20 de diciembre de 2008
El barco de Teseo (Ester Jordana)
Ester Jordana ha tenido a bien dedicar unos minutos a estrujarse las circunvoluciones cerebrales y plasmarlo por escrito. Luego me la ha enviado por correo electrónico. Ya van dos excelentes colaboraciones para este blog. ¿Para cuándo un blog propio, Ester?
El barco de Teseo
Teseo tenía un barco. Un día se le estropeó una de las velas y decidió cambiarla por una nueva. Luego se le estropeó un mástil y luego el otro. Los cambio. También tuvo que cambiar el timón. Un amigo le preguntó si se podía quedar con todas las piezas que él tiraba y le dijo que sí. A medida que pasaba el tiempo Teseo iba cambiando cada vez más piezas de su barco, y con ellas su amigo se iba construyendo un barco para él, hasta que llegó el día en que Teseo cambió la última pieza de su barco y su amigo la colocó en el suyo. Así que la paradoja es, ¿Cuál es el barco de Teseo? ¿Es el barco que tiene actualmente Teseo o el que su amigo ha reconstruido pieza a pieza?
Este paradoja ha ilustrado el problema de la identidad personal. ¿Qué es eso que llamo "yo" si, cuando me paro a pensar, tanto aquello de lo que estoy hecho materialmente (cuerpo), como aquello que siento, pienso, creo,... se ha ido modificando a lo largo de los años? Si puedo decir con sentido que no soy ya la misma persona que hace unos años, ¿cómo puedo decir también con sentido que soy la misma persona? Si tratamos de resolver la paradoja veremos que no es tan sencillo como parece. Pero, si en vez de entender esta historia como una paradoja (que hay que resolver), la entendemos como una metáfora (que hay que interpretar), ganaremos mucho más.
Las personas somos como este barco de Teseo que se va modificando a lo largo del tiempo. Un día, la experiencia transforma nuestra visión de las cosas, otro día una experiencia nos obliga a replantearnos creencias que creíamos firmes, una situación nos hace reflexionar sobre nuestros valores y repensarlos... así que la vida es algo que nunca se deja atrapar, algo en constante movimiento, en constante cambio, como lo somos nosotros en relación a ella. La vida nos cambia como nosotros la cambiamos a ella. Visto así parece como que la paradoja cruza de lado. ¿Por qué tendemos a ver nuestra identidad y nuestra vida como algo estático, repetitivo y monótono?
Cuántas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos pensando "¡Vaya, hace años no hubiese pensado (dicho, relacionado, sentido, etc) esto!" Y entonces nos damos cuenta, como dijo Neruda "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Porque, tomándonos en serio al poeta, si eso es así para mi, también es así para el otro. Así que en esos momentos en que creemos saberlo todo sobre nosotros mismos y sobre los demás enunciamos el terrible "es que yo (tú, él, ella) soy así". Quizás es que hayamos olvidado atender a lo que difiere en vez de atender a lo que se repite. Por qué, ¡cuántas cosas me habré perdido de mi misma/o y de los demás pensando que siempre son los mismos!
Y es que, no somos esencias, somos devenires...
El barco de Teseo
Teseo tenía un barco. Un día se le estropeó una de las velas y decidió cambiarla por una nueva. Luego se le estropeó un mástil y luego el otro. Los cambio. También tuvo que cambiar el timón. Un amigo le preguntó si se podía quedar con todas las piezas que él tiraba y le dijo que sí. A medida que pasaba el tiempo Teseo iba cambiando cada vez más piezas de su barco, y con ellas su amigo se iba construyendo un barco para él, hasta que llegó el día en que Teseo cambió la última pieza de su barco y su amigo la colocó en el suyo. Así que la paradoja es, ¿Cuál es el barco de Teseo? ¿Es el barco que tiene actualmente Teseo o el que su amigo ha reconstruido pieza a pieza? Este paradoja ha ilustrado el problema de la identidad personal. ¿Qué es eso que llamo "yo" si, cuando me paro a pensar, tanto aquello de lo que estoy hecho materialmente (cuerpo), como aquello que siento, pienso, creo,... se ha ido modificando a lo largo de los años? Si puedo decir con sentido que no soy ya la misma persona que hace unos años, ¿cómo puedo decir también con sentido que soy la misma persona? Si tratamos de resolver la paradoja veremos que no es tan sencillo como parece. Pero, si en vez de entender esta historia como una paradoja (que hay que resolver), la entendemos como una metáfora (que hay que interpretar), ganaremos mucho más.
Las personas somos como este barco de Teseo que se va modificando a lo largo del tiempo. Un día, la experiencia transforma nuestra visión de las cosas, otro día una experiencia nos obliga a replantearnos creencias que creíamos firmes, una situación nos hace reflexionar sobre nuestros valores y repensarlos... así que la vida es algo que nunca se deja atrapar, algo en constante movimiento, en constante cambio, como lo somos nosotros en relación a ella. La vida nos cambia como nosotros la cambiamos a ella. Visto así parece como que la paradoja cruza de lado. ¿Por qué tendemos a ver nuestra identidad y nuestra vida como algo estático, repetitivo y monótono?
Cuántas veces nos hemos sorprendido a nosotros mismos pensando "¡Vaya, hace años no hubiese pensado (dicho, relacionado, sentido, etc) esto!" Y entonces nos damos cuenta, como dijo Neruda "Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". Porque, tomándonos en serio al poeta, si eso es así para mi, también es así para el otro. Así que en esos momentos en que creemos saberlo todo sobre nosotros mismos y sobre los demás enunciamos el terrible "es que yo (tú, él, ella) soy así". Quizás es que hayamos olvidado atender a lo que difiere en vez de atender a lo que se repite. Por qué, ¡cuántas cosas me habré perdido de mi misma/o y de los demás pensando que siempre son los mismos!
Y es que, no somos esencias, somos devenires...
martes, 16 de diciembre de 2008
Lo importante que puede ser enseñar a un niño hacerse la cama
Tengo un amigo, que es psicólogo, que el otro día me explicaba una historia de esas que explican un proceso de muchos años de duración. En ella puedes observar el comportamiento de la familia cuando él un niño era pequeño y extraer algunas conclusiones de lo que le estaba ocurriendo a la mujer del protagonista en la actualidad. La explicaré en primera persona por que es así como he intentado mantenerla en mi memoria cuando me la explicó.
Cuando tenía doce años jugaba en un equipo de futbol, y cada sábado iba a buscar a un amigo a su casa para ir juntos al partido. Un día, cuando llegué, subí a su casa y me lo encontré acabando de desayunar. Me dijo que le cogiese la bolsa de la habitación mientras acababa de desayunar, allí fui y me encontré a su madre haciéndole la cama.
Yo me hacía la cama cada mañana desde los siete años, de forma que aquello me resultó muy chocante, de forma que el pregunté cómo es que no se la hacía él mismo.
- Es que no sabe hacerse la cama todavía.
- Pues enséñele - dije yo.
- Tardo más en enseñarle que en hacerla yo misma.
- Pero se ahorrará mucho tiempo después, le saldrá a cuenta.
- Tú qué vas a saber.
En los años siguientes seguimos nuestra amistad, y me constaba que su madre le recogía la habitación, y por supuesto le hacía la cama. Trabajamos juntos en una empresa, en mi caso para pagarme la carrera, y siempre demostró ser una persona muy suya, con reacciones que no acababa de entender.
Cuando ya estaba a punto de acabar la carrera, empecé a salir con una de sus vecinas, y en una cena con los padres de mi novia, la madre me explicó lo mucho que se sacrificaba la madre de mi amigo por este.
- Fíjate tú, el otro día me dijo que se levantaba cada día a las seis para ir a comprar pastitas para el desayuno y pan a la panaderia de la plaza mayor, para que él se pueda llevar un buen bocadillo al trabajo.
Yo casi me atraganté, tuve un acceso tos y todo el mundo se olvidó de la conversación, por suerte para mi, menos mi novia que ya se olía algo. Después de la cena me preguntó qué había pasado, y le conté lo que yo había visto.
- Cada día que trabajamos juntos lo primero que tu vecino hace al llegar al trabajo es tirar el bocadillo que le ha hecho su madre en un container de basura que hay a la entrada. Dice que está harto, que a él sólo le gustan los del bar de la esquina.
Te puedes imaginar que las novias no le duraban demasiado, un día cuando me preguntó por qué le ocurría eso, le dije que una posible explicación era que ninguna de ellas se veía capaz de competir con su madre. Creo que mi comentario no le gustó.
Perdí el contacto con este amigo hasta que hace unos años me lo volví a encontrar. estuvimos charlando y le pregunté cómo le iba la vida.
- Bien, me casé y tengo un hijo. Pero mi mujer no anda bien de salud, tiene muchas migrañas, y dolores por todo el cuerpo, los médicos dicen que se puede tratar de fibromialgia. La verdad es que supongo que es psicológico, trabaja de noche y se lo monta muy mal, llega a las 6:30, limpia el piso y lleva al niño al colegio, luego, cuando vuelve duerme hasta las tres, hace la comida, comemos juntos, y después está toda la tarde con el niño hasta que vuelve a entrar en el trabajo.
- ¿Y tú que horario haces?
- Turno de mañana, de 7 a 15h.
- ¿Y no le echas una mano para aligerarle la carga?
- Bueno, dice que ella lo hace mejor que yo, que no vale la pena.
Como diría mi buen amigo Eduardo Kromfly, "No hay que echar margaritas a los cerdos".
Cuando tenía doce años jugaba en un equipo de futbol, y cada sábado iba a buscar a un amigo a su casa para ir juntos al partido. Un día, cuando llegué, subí a su casa y me lo encontré acabando de desayunar. Me dijo que le cogiese la bolsa de la habitación mientras acababa de desayunar, allí fui y me encontré a su madre haciéndole la cama.
Yo me hacía la cama cada mañana desde los siete años, de forma que aquello me resultó muy chocante, de forma que el pregunté cómo es que no se la hacía él mismo.
- Es que no sabe hacerse la cama todavía.
- Pues enséñele - dije yo.
- Tardo más en enseñarle que en hacerla yo misma.
- Pero se ahorrará mucho tiempo después, le saldrá a cuenta.
- Tú qué vas a saber.
En los años siguientes seguimos nuestra amistad, y me constaba que su madre le recogía la habitación, y por supuesto le hacía la cama. Trabajamos juntos en una empresa, en mi caso para pagarme la carrera, y siempre demostró ser una persona muy suya, con reacciones que no acababa de entender.
Cuando ya estaba a punto de acabar la carrera, empecé a salir con una de sus vecinas, y en una cena con los padres de mi novia, la madre me explicó lo mucho que se sacrificaba la madre de mi amigo por este.
- Fíjate tú, el otro día me dijo que se levantaba cada día a las seis para ir a comprar pastitas para el desayuno y pan a la panaderia de la plaza mayor, para que él se pueda llevar un buen bocadillo al trabajo.
Yo casi me atraganté, tuve un acceso tos y todo el mundo se olvidó de la conversación, por suerte para mi, menos mi novia que ya se olía algo. Después de la cena me preguntó qué había pasado, y le conté lo que yo había visto.
- Cada día que trabajamos juntos lo primero que tu vecino hace al llegar al trabajo es tirar el bocadillo que le ha hecho su madre en un container de basura que hay a la entrada. Dice que está harto, que a él sólo le gustan los del bar de la esquina.
Te puedes imaginar que las novias no le duraban demasiado, un día cuando me preguntó por qué le ocurría eso, le dije que una posible explicación era que ninguna de ellas se veía capaz de competir con su madre. Creo que mi comentario no le gustó.
Perdí el contacto con este amigo hasta que hace unos años me lo volví a encontrar. estuvimos charlando y le pregunté cómo le iba la vida.
- Bien, me casé y tengo un hijo. Pero mi mujer no anda bien de salud, tiene muchas migrañas, y dolores por todo el cuerpo, los médicos dicen que se puede tratar de fibromialgia. La verdad es que supongo que es psicológico, trabaja de noche y se lo monta muy mal, llega a las 6:30, limpia el piso y lleva al niño al colegio, luego, cuando vuelve duerme hasta las tres, hace la comida, comemos juntos, y después está toda la tarde con el niño hasta que vuelve a entrar en el trabajo.
- ¿Y tú que horario haces?
- Turno de mañana, de 7 a 15h.
- ¿Y no le echas una mano para aligerarle la carga?
- Bueno, dice que ella lo hace mejor que yo, que no vale la pena.
Como diría mi buen amigo Eduardo Kromfly, "No hay que echar margaritas a los cerdos".
jueves, 11 de diciembre de 2008
El principio de Peter II

Hace ya muchos meses, en el inicio de este blog, hablé del principio de Incompetencia de Peter, por el cual, en una escala jerárquica y piramidal, un sujeto asciende hasta asumir su propio grado de incompetencia. Cuando uno adquiere este grado se convierte en un quiste institucional, la administración pública está llena de ellos, improductivo y estorbo, aunque en algunos casos sigue ascendiendo en la escala jerárquica por la saturación de Peters, hasta el punto que si la saturación es excesiva, alguno de ellos llegue a lo más alto.
Cuando empiezo en un trabajo nuevo, como estoy haciendo en la actualidad, lo primero que hago es descubrir el elemento clave, en los centros de salud lo es siempre la administrativa, sobre ella bascula toda la gestión (administrativa y emocional) del centro, y un buen coordinador hará bien en cuidarla. Pero también es útil detectar a los peters, y esto siempre se tarda un poco más, por lo general los descubres oirque no se nota para nada su ausencia.
Hace poco me llegó un email que contenía un chiste que reflexionaba sobre esto y que creo que lo pone claramente de manifiesto:
En una gran empresa Sueca, después de un exhaustivo proceso de entrevistas, tests y dinámicas de grupo, para no defraudar las leyes de discriminación, contrata a un grupo de caníbales.
El Gerente de Personal, durante la ceremonia de bienvenida les dice:
'Ahora forman parte de un gran equipo. Ya pueden disfrutar de todos los beneficios de la empresa.
Por ejemplo, pueden ir al restaurante de la empresa cuando quieran para comer algo, pero sólo les pido que no se coman a
los otros empleados', bromeó el Gerente.
Cuatro semanas mas tarde, el Gerente reúne a todos los caníbales.
'Estan trabajando muy bien y estoy muy satisfecho... pero la señora que sirve el café no aparece ¿Alguno de ustedes sabe lo que le ha podido pasar?'
Todos los caníbales negaron con la cabeza.
Después de que el Gerente se hubo marchado, el Jefe de los caníbales los junta a todos y les pregunta:
- ¿Quién ha sido el idiota que se ha comido a la señora del café?
Uno de los caníbales, levanta tímidamente la mano.
El Jefe caníbal le dice:
- ¡¡¡¡Eres un bestia!!!!! Estamos trabajando aquí con una tremenda oportunidad en las manos. En cuatro semanas nos hemos comido 3 Directores, 2 Product manager, 3 Senior Executive de Marketing, 3 Gerentes de Ventas, 1 de RRHH, 16 consultores y nadie se ha dado cuenta...
Podríamos haber seguido así mucho tiempo... ¡pero noooo!,
¡¡¡TENIAS QUE ESTROPEARLO TODO COMIÉNDOTE A UNA PERSONA QUE HACE FALTA!!!
Más claro...
lunes, 8 de diciembre de 2008
El descubrimiento del año
Se aprende más en el trato con las personas que leyendo muchos libros. Y si no puedes hablar con esa persona, lo mejor que puedes hacer es leer el libro que haya escrito.Es una máxima simplista, lo sé, pero a mi me ha funcionado, y no en pocas ocasiones, sacándome de diversos atolladeros, tanto personales como profesionales.
Por ejemplo, una vez una persona muy cercana y muy querida tuvo un mal diagnóstico, y alguien de confianza me dijo "si tuviese que poner mi vida en las manos de alguien la pondría en las manos de Dr XXX", me pareció un consejo tan potente que no pude evitar seguirlo y no me arrepiento hoy de ello.
Por tanto, si alguien tiene a bien explicarte como ha sido su vida y qué le ha ido bien, al menos dedícale uno segundos de tu tiempo. No es necesario que le hagas caso, sólo has de dejar que te haga pensar.
Los consejos sólo son malos si se dan con una mala intención, todos los demás son buenos.
El libro de Randy Pausch está lleno de ideas, consejos y lecciones, faltan cosas, ¡pero qué coraje y que espiritu! Y la verdad es que de esto último vamos muy escasos últimamente.
Pensando en el congreso de terapia familiar que comenté el otro día no puedo evitar pensar la gran pérdida que ha supuesto para la educación (a nivel general) la muerte de Randy Pausch. Y desde luego, qué gran terapeuta familiar se perdió por su empeño en la realidad virtual, viendo lo que había en aquella mesa redonda.
Muchos tenéis vuestro propio blog, yo os animaría a hacer un ejercicio de reflexión y pensar en cúal ( o cúales) ha sido el descubrimiento(s) de este último año.
Podéis ver un trozo de su conferencia en este vídeo que grabó en un programa de TV.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Abandonar la trinchera
Los días 27, 28 y 29 de noviembre tuvo lugar en Castellón un .congreso internacional de terapia familiar que reunió a los más importantes terapeutas familiares, encabezado por Salvador Minuchin. Fueron tres días de trabajo duro, con muchas ponencias, talleres, conferencias y una mesa redonda que juntó a todos los ponentes y que dejó muchas cosas claras.La primera cosa que se puso en evidencia es que no se puede intentar asumir un protagonismo que no toca cuando tienes delante a gente que te supera tanto en experiencia profesional como personal (sino que se lo pregunten a la coordinadora de la mesa). No se puede (ni se debe) poner límites rigidos a la experiencia ni a la comunicación, sino esta te pasa la mano por la cara.
Segundo. Los profesionales de la psicoterapia (todos, aunque en este caso sólo fuesen los de la rama familiar) tienden a escudarse en sus títulos universitarios, en su discurso hermético para no decir gran cosa (cada vez nos parecemos más a los políticos), y cuando se les pide que rompan estas distancias y que aporten algo de utilidad a la audiencia que ha pagado por verles y que ha venido para irse con alguna cosa que aplicar y que les sea útil, comienzan a divagar reflejando la verdadera mediocridad de su capacidad.
Evidentemente quien propuso todo esto fue Salvador Minuchin, y lo intentó varias veces, pero le hicieron el vacío (qué espectaculo tan lamentable por parte de profesores univertarios de prestigio, la mayoría americanos). Los únicos que se animaron a la propuesta fueron los Drs Peter Berliner y Valentín Escudero, para mi la auténtica inspiración de este congreso, con aportación de ideas frescas y llenas de contenido que facilitaban la reflexión.
Supongo que esto no es un déficit de la terapia familiar, cuántas veces no se han perdido oportunidades de facilitar el crecimiento de los demás por el miedo a abandonar bases seguras, aquello que nos da confianza. Los veía en el estrado rígidos, muy contenidos, y no pude evitar pensar lo mucho que se parecían con esa actitud al chiste del borracho y la farola.
Dicen que de los errores se aprende mucho más que de los aciertos, pero no estoy nada seguro que estos grandes pensadores (a excepción de los mencionados) se haya dado cuenta de nada, sólo debieron ver a un viejo provocador, pero a los ojos de muchos de auditorio, ¡qué grande sigue siendo, a los 87 años, Salvador Minuchin! Me contagió su ilusión por compartir. Por esto valió la pena los tres días de congreso.
lunes, 1 de diciembre de 2008
¿Cómo recibir malas noticias?
Es curioso como funcionan las cosas en el mundo, sobre todo en el mundo de la salud, de nuestra salud, porque, ahora los médicos (doctores en medicina) son exclusivamente expertos en diagnóstico y prescripción de medicamentos, y como diría House, "los enfermos son la parte molesta del trabajo".Tengamos en cuenta que uno no va al médico por gusto, no es algo que hagamos alegremente, salvo los que padecen síndrome de Munchausen y algunos hipocondríacos, por lo que los niveles de ansiedad que padecemos cuando afrontamos una visita con el médico son más elevados de lo normal, y más todavía si existe un posible diagnóstico fatalista de por medio.
Pero, como dicen algunos de estos especialistas en medicina, "yo no tengo que lidiar con las angustias de los enfermos, sobre todo si ellos no saben gestionarlas", "que se encarguen los psiquiatras de ellos", "Yo he estudiado para luchar contra la enfermedad, no para dar cleenex a nadie", y un largo etc. Luego, llega gente a la consulta de los psicólogos y te dice cosas como "el médico me ha dicho que no me pasa nada, que vaya al psicólogo". Vamos, que somos especialistas "en nada".
En los últimos años un grupo de profesionales de la medicina se ha dado cuenta de lo importante que es el estado emocional de la persona en el proceso de afrontamiento de la enfermedad, y con ello no quieren decir que se tenga que estar contento de padecerla, sino que ha de ser consciente y poder confiar en sí mismo, y para ello hay que saber comunicar las malas noticias.
Lamentablemente es un grupo de Profesionales reducido y disperso en un mar de especialistas del diagnóstico, que además son poco productivos, ya que no investigan ni recetan tanto como los demás, con gran perjuicio de la Industria Farmaceútica. Si sus libros recibiesen un mejor trato editorial y el público en general los leyese, las cosas cambiarían mucho, tal vez demasiado.
Considerando todo esto deberíamos cambiar nuestra actitud como usuarios del sistema médico y realizar algún tipo de preparación para saber reaccionar ante una situación de afrontar una posible mala noticia.
Todos queremos creer que sabremos cómo reaccionar, pero eso es una fantasía, y lo más habitual es caer en un estado de shock que nos deja fuera de juego, en manos de los demás, que en el caso de que sean competentes no hay problema, pero lo triste es que es en este tipo de situaciones donde se dan más casos de yatrogenia.
Me gustaría abrir un debate público (con las limitaciones propias del blog) en el que se pueda compartir ideas, opiniones, experiencias buenas y malas al respecto... para que al menos unos pocos nos empecemos a cuestionar las cosas y abrir posibilidades de cara a nuestro futuro.
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