sábado, 29 de diciembre de 2007

El Pilar

No soy una de esas personas que le busca significado a todo, pero sí que me gusta jugar con el significado de los nombres, ya sea de una forma literal o metafórica, porque permite darle la vuelta a muchas situaciones y acontecimientos de una manera diferente, no tan (aparentemente) provocadora. Podría poner varios ejemplos, algunos muy divertidos, de otros no puedo hacer referencia por no violar el secreto profesional.
Uno de los ejemplos que más he utilizado, y este sí lo puedo explicar, es cambiar el nombre a la persona que acude a terapia.
Me explico. Acude una persona, generalmente mujer, que suele padecer crisis de ansiedad, y que cuando explica la situación crítica que le ha llevado a iniciar terapia, muestra un gran abanico de situaciones en las que invierte mucho esfuerzo para que funcionen: con la pareja, la familia, el trabajo, las amistades, etc. Lo más sorprendente de todo es que no consigue que nada vaya bien, y además, se siente (y le hacen sentir, continuamente) culpable por ello. Entonces les suelo proponer un cambio de nombre. El diálogo que suele suceder es parecido al siguiente:

- Creo que tus padres tenían pensado un nombre diferente para ti, pero en el último momento se decantaron por el que tienes. Evidentemente te han educado pensando en el otro.
- No sé a qué te refieres - con cara de sorpresa.

- Creo que tu forma de relacionarte con todo el mundo hace evidente que deberías llamarte de otra manera.
- No te acabo de entender, pero a mi, mi nombre me encanta.
- No digo que sea un mal nombre, ni feo, sólo digo que no te pega.
- ¿Y qué nombre crees que me pega?
- ¿De verdad no se te ocurre?
- No. La verdad es que no - generalmente con cara pensativa.
- Creo que tus padres te querían llamar Pilar. Visto desde fuera es el nombre que más se ajusta a tu manera de relacionarte. Fíjate allí donde vas, eres tú la encargada de soportar toda la situación. Todo el peso de la responsabilidad cae sobre ti. Me pregunto qué es lo que sucederá el día en que te rompas del todo, porque agrietada ya empiezas a estar...

Desde luego, si la persona se llama Pilar, es que el nombre está bien escogido.

Por cierto, son las personas del entorno inmediato quienes se empiezan a quejar de los cambios una vez iniciada la terapia. Supongo, que les resulta bastante insoportable el peso que empieza a repartirse cuando "la elegida" quiere dejar de ser "el Pilar".

jueves, 27 de diciembre de 2007

La alegría

Desde hace unas semanas le vengo dando vueltas al tema del (des)amor, las manipulaciones y las relaciones insanas de pareja. También he hecho referencia en varias ocasiones a las canciones de desamor, el sufrimiento como vía de llegar al amor puro, etc.
Todo esto te remueve, y llevaba algunos días pensando en una canción de amor, de alegría, de ganas de vivir, y creo que la he encontrado. Al menos, a mi me sirve, ¡y eso no es poco!
Como siempre la inspiración vino de los orígenes. Dejadme que os explique un poco. De las primeras cosas que hice cuando inicié la consulta privada es peritajes. Creo que fue en el segundo que realicé. Vino una mujer de unos 45 años, con una depresión que era insultantemente evidente. Cuando, entre test y test, le pregunté si conservaba una ilusión, se le iluminó la cara y me dijo: "me muero de ganas de pasear por la calle y que la lluvia me moje la cara". La entendí, siempre me ha gustado caminar bajo la lluvia, sobre todo en la montaña, me ha dado sensación de libertad.
Y lo más importante, conecté con esta canción. Recordé que era la canción que emocionaba al protagonista de "León. El profesional".
Os cuelgo el vídeo que he encontrado en Youtube. Vedlo aquí.
Los que me conocéis me podréis imaginar tarareándola.
Un abrazo de corazón.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Toros y toreros

En un seminario, Michael Mahoney nos explicó un chiste sobre la división de las personas en grupos "etiquetables":
- Existen dos tipos de personas, los que creen que hay dos tipos de personas y los que no creen que hay dos tipos de personas.

Pero a raíz de las historias de la gente que conozco, tanto en la consulta como en mi vida privada, he llegado a una diferenciación propia, un poco simplona si queréis, pero que me ha sido muy útil, ya que creo que no estigmatiza demasiado.

Toros y toreros.

Los primeros, son aquellas personas que van siempre de cara, con una actitud muy proactiva, que afrontan los problemas con energía y bastante convicción. Siempre quieren solucionar las cosas y ayudar. Por tanto, metafóricamente, embisten los problemas e intentan "cornearlos".
Los segundos, son aquellos que no afrontan los problemas de cara, sino que sacan su capote y proceden a "torearlos" sin hacer nada más, dejando pasar el tiempo sin tomar decisiones relevantes.
Está claro que podemos establecer categorías dentro de cada grupo, por ejemplo, en función de la ganadería del toro, o de la maestría del torero, pero para mí eso no es demasiado significativo.
Lo que sí me parece relevante es cuando se da la relación entre un toro y un torero, porque acaba ocurriendo siempre lo mismo: El toro embiste los problemas. Intenta hacer, ayudar, trabajar, dedica energía y empeño, pero acaba exhausto, frustrado, y malherido, con un torero que le va clavando "banderillas" continuamente, avivando su embiste pero recordándole que no lo está haciendo todavía bien.
Ni que decir tiene que son los toros los que acuden a terapia, porque son conscientes que alguna cosa no funciona. Se sienten cansados y heridos, culpables por no saber hacer las cosas mejor, creyendo que son el motivo de la infelicidad de su entorno más inmediato.
Los toreros, desde luego, no irán nunca a terapia; eso para los débiles. Son tonterías de manual de autoayuda, y sólo aceptan que vaya el toro para que sepa ser mejor toro, pero ellos viven deslumbrados por los reflejos de su traje de luces, y no ven nada más allá.
¿Qué pasa cuando el toro hace un proceso de terapia que le resulta útil?
Pues que se da cuenta que el coso es más grande que la porción donde está el torero, y generalmente decide cornear en sitios más productivos. Eso en los peores casos, porque la mayoría deciden que no vinieron a este mundo para morir en una plaza pública, y se van al campo, que es un sitio más interesante para explorar, que el simple capote rojo de un torero.
Y cuando esto ocurre, el torero se queda solo en medio de la plaza. Y ¿cómo puede brillar el torero sin un toro que torear? Las maldiciones retumban en un plaza que siempre se queda vacía... ¿Qué sentido tiene alguien solo, con un ridículo traje dorado?

lunes, 24 de diciembre de 2007

Gato de skinner

"Te mueves al azar como el gato de Skinner". Esta es una de esas frases que repito con frecuencia, supongo que porque me resulta tremendamente gráfica de un determinado patrón de comportamiento.
Skinner era un psicólogo conductista que encerraba animales en una caja que se abría ejerciendo presión, solamente, sobre una determinada palanca. Evidentemente, la primera ocasión en que encerraba al gato (durante la carrera, me explicaron este experimento con un gato, pero no sé si fue con otro animal) éste no sabía como salir, de forma que mostraba un comportamiento caótico hasta que accidentalmente presionaba el lugar correcto y podía salir. Después de varias pruebas el animal sabía dónde tenía que ejercer presión y salía con facilidad.
Este comportamiento caótico del que no sabe qué hacer para solucionar una situación lo podemos observar cada día a nuestro alrededor sin buscar mucho, y responde a dos subtipos de personas.
En el primer grupo se encuentran aquellas que se dejan llevar por la ansiedad, el pánico, la angustia, etc, no tienen una planificación determinada para afrontar la crisis, o la han perdido, y sólo piensan en salir de la situación de cualquier manera lo más rápido posible. Pueden salirse con la suya, y generalmente y afortunadamente lo hacen, pero cuando les preguntas qué les llevó a tomar determinadas decisiones, no saben qué responder. Y, desde luego, si no saben lo que buscan...
Pero pueden aprender, puesto que la ansiedad genera la incomodidad que es tan necesaria para hacer evidente la urgencia de un cambio.
En el segundo grupo encontramos a gente emocionalmente más fría e infantil. El comportamiento de estas personas es aparentemente igualmente caótico, pero se rige por una estrategia mínimamente planificada. Son como los niños pequeños que no quieren papilla, escupen a todas partes para demostrar su enfado, buscando provocar una reacción del otro en la que descargar su rabia. El abanico de acciones hirientes que pueden mostrar es muy amplio, y desde luego no se detienen ante la no respuesta. No conciben esa posibilidad. Su incomodidad se expresa en rabia que incomoda a los otros, por lo que las posibilidades de cambio en ellos son muy limitadas, a ningún plazo. Lamentablemente los que cambian son los receptores de sus rabietas infantiles, fruto de su intolerancia a la frustración y a los límites.
Supongo que estaréis de acuerdo conmigo que el primer grupo ofrece muchas posibilidades relacionales que el segundo, el cual, acostumbra a ser un coleccionista de cadáveres relacionales, y emocionales, y del que conviene alejarse.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Colaboración Eva Aguilar.

Una buena amiga, Eva Aguilar, me ha pasado este cuento. Da bastante qué pensar, porque hay gente que sólo ve en los demás aquello que lleva consigo. Lo proyecta en los otros y se queja, pero su incompetencia emocional le impide verse. Es aquella famosa frase de la biblia "ve la brizna de paja en el ojo ajeno pero no es capaz de ver la viga en el propio".

Eva, que es una gran conocedora de estos temas, lo resume muy bien con una frase que le he escuchado cientos de veces: "Ten cuidado con apuntar a alguien con el dedo, pues resulta que de tu propia mano tres dedos te apuntan a ti".
Después sólo nos queda el derecho al berrinche y a la pataleta.


Había una vez un anciano que pasaba los días sentado junto a un pozo a la entrada del pueblo.
Un día, un joven se le acercó y le preguntó:

-Yo nunca he venido por estos lugares, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano le respondió con otra pregunta:
¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de la que vienes?

- Egoístas y malvados, por eso me he sentido contento de haber salido de allí.
- Así son los habitantes de esta ciudad - le respondió el anciano.

Un poco después, otro joven se acercó al anciano y le hizo la misma pregunta:

- Voy llegando a este lugar, ¿cómo son los habitantes de esta ciudad?
El anciano, de nuevo, le contestó con la misma pregunta:

- ¿Cómo eran los habitantes de la ciudad de dónde vienes?
- Eran buenos, generosos, hospitalarios, honestos, trabajadores. Tenía tantos amigos que me ha costado mucho separarme de ellos...
- También los habitantes de esta ciudad son así - respondió el anciano.

Un hombre que había llevado a sus animales a tomar agua al pozo y que había escuchado la conversación, en cuanto el joven se alejó, le dijo al anciano:
- ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente diferentes a la misma pregunta hecha por dos personas?

- Mira -le respondió-, cada uno lleva el universo en su corazón, quien no ha encontrado nada bueno en su pasado, tampoco lo encontrará aquí. En cambio aquel que tenía amigos en su ciudad, encontrará también aquí amigos leales y fieles. Porque las personas son lo que encuentran en sí mismas y encuentran siempre lo que esperan encontrar.

viernes, 21 de diciembre de 2007

El caballo en la mesa del comedor

Una tarde me invitaron a casa de unos conocidos a cenar. Era una casa modesta en una típica zona industrial de California. Los otros ocho o diez invitados, a los que casi no conocía, y yo estábamos sentados en la sala de estar, bebiendo ginebra y bourbon y tomando un aperitivo. La conversación, al principio vacilante, se volvió más animada conforme nos fuimos conociendo y encontrando temas comunes. La bebida indudablemente también nos ayudó.
Finalmente apareció la anfitriona y nos invitó a pasar al comedor para cenar; se trataba de un bufete. Al entrar en la habitación me di cuenta con sorpresa de que había un caballo marrón tranquilamente sentado en la mesa del comedor. Aunque era pequeño para ser un caballo, ocupaba gran parte de la misma. Cogí aire pero no dije nada. Fui el primero en entrar, así que pude girarme y mirar a los otros invitados. Ellos respondieron igual que yo: entraron, miraron al caballo, se asustaron o miraron fijamente, pero no dijeron nada.
El anfitrión fue el último en entrar. Dejó escapar un grito mudo, mirando fijamente del caballo a cada uno de los invitados con una mirada de espanto. Su boca pronunciaba sonidos sordos. Con una voz llena de confusión nos invitó a servirnos nuestros platos. Su mujer, igual de desconcertada por lo que era claramente un caballo inesperado, señaló el nombre de las tarjetas que indicaban cuál era el sitio de cada uno.
La dueña de la casa me acompañó al bufete y me pasó un plato. Nosotros se pusieron detrás de mí, todos callados. Me serví arroz y pollo y me senté en mi sitio. Los demás hicieron lo mismo.
Estaba encogido, allí sentado, intentando evitar acercarme demasiado al caballo, mientras hacía como si no estuviera allí. Mi plato estaba fuera del borde de la mesa. Los demás encontraron otras maneras de evitar el contacto físico con el caballo. Los dueños de la casa parecían tan incómodos como el resto. La conversación decayó. Cada cierto tiempo alguien decía algo intentando revivir la agradable e intrascendente conversación anterior, pero la desbordante presencia del caballo llenaba nuestro pensamiento de tal manera que hablar de impuestos o de política o de escasez de lluvia parecía irrelevante.
Se acabó la cena y la anfitriona trajo café. Puedo recordar todos los platos, pero no recuerdo haber probado bocado. Bebimos en silencio, intentando no mirar al caballo, pero incapaces de tener nuestros ojos o nuestros pensamientos en ningún otro lugar.
Pensé varias veces en decir: “¡Hey! ¡Hay un caballo en la mesa del comedor!”. Pero casi no conocía al dueño de la casa, y no quería hacerle sentir incómodo mencionando algo que, obviamente, le incomodaba tanto como a mí. Después de todo, era su casa. Y ¿qué le dices a un hombre que tiene un caballo en la mesa del comedor? Podría haber dicho que no me importaba, pero no era cierto, su presencia me molestaba tanto que no disfruté ni de la cena ni de la compañía. Podría haber dicho que sabía lo difícil que era tener un caballo en la mesa del comedor, pero tampoco era cierto, no tenía ni idea. Podría haber dicho algo como “¿cómo te sientes teniendo un caballo en la mesa del comedor?”, pero no quería parecer un psicólogo. Quizá, pensé, si lo ignoro se marchará. Por supuesto sabía que no lo haría. No lo hizo.
Más tarde supe que los anfitriones esperaban que la cena fuera un éxito, a pesar del caballo. Pensaron que mencionarlo nos hubiera hecho sentir tan incómodos que no habríamos disfrutado de la visita. Por supuesto que, de todas maneras, no la disfrutamos. Tenían miedo de que intentáramos ser comprensivos con ellos (eso era algo que no querían) o que les entendiéramos (cosa que necesitaban pero no reconocían). Querían que la fiesta fuera un éxito así que intentaron hacer la noche lo más agradable posible. Pero estaba claro que, al igual que los invitados, casi no podían pensar en otra cosa que no fuera el caballo.
Yo me disculpé poco después de la cena y me fui a casa. La noche había sido horrible. No quería volver a ver a los anfitriones nunca más, aunque estuve tentado de buscar a los otros invitados para saber cómo se habían sentido. Yo me sentía confundido por lo que había ocurrido y muy tenso. La verdad había sido grotesca. Después de aquello evité cuidadosamente a los dueños de la casa e intenté estar lejos de su vecindario.
Al tiempo me encontré con un anciano gurú a quien había acudido en ocasiones en las que buscaba respuestas. Al verle le pregunté, cómo tantas otras veces, “Padre, quiero saber qué siente una persona que está muriendo cuando nadie habla con ella, ni nadie está abierto a permitirle que ella hable sobre su muerte” Pensé que esta vez no sería diferente, y no me respondería.
El anciano estaba callado. Como no me pidió que me marchara, me quedé. Aunque estaba contento, me daba miedo que él no quisiera compartir su sabiduría conmigo, pero finalmente habló. Las palabras fluían lentamente.
“Hijo mío, es el caballo en la mesa del comedor. Es un caballo que visita todas las casas y se sienta en la mesa de todos los comedores, en la de los ricos y en la de los pobres, en la de los simples y en la de los sabios. El caballo simplemente se sienta allí, pero su presencia hace que uno tenga ganas de marcharse sin hablar de él. Si te marchas siempre temerás la presencia del caballo. Cuando se siente en tu mesa desearás hablar de él pero no podrás.
Sin embargo, si hablas de caballo descubrirás que los demás también pueden hablar de él -la mayoría al menos- si eres amable y agradable al hacerlo. El caballo quedará en la mesa del comedor, pero tú no estarás abrumado. Disfrutarás de la comida y de la compañía de los anfitriones. O si se trata de tu mes, disfrutarás de la presencia de tus invitados. No puedes hacer magia para que desaparezca el caballo, pero puedes hablar de él, y por lo tanto, puedes hacerlo menos poderoso.”
Entonces se levantó el anciano e indicándome que le siguiera, se dirigió lentamente hacia su cabaña. “Ahora comeremos”, dijo sosegadamente. Entré en la cabaña y me costó adaptarme a la oscuridad. El gurú se dirigió a un armario que había pan y queso y lo puso encima de una esterilla. Me invitó a sentarme y compartir su comida. Vi un pequeño caballo sentado tranquilamente en el centro de la esterilla. ÉL se dio cuenta y dijo., “el caballo no nos molestará”. Yo disfruté la comida. Nuestra conversación duró hasta bien entrada la noche, mientras el caballo permaneció sentado tranquilamente todo el tiempo que estuvimos juntos.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Cómo supe lo que buscaba

Hoy vuelve a ser un día especial. Ayer recibí un correo de una persona que prefiere permanecer en el anonimato y que explica su proceso personal en los últimos años.
Para mi es un verdadero lujo haber podido asistir al proceso de cambio de esta persona, haber aprendido tanto con ella y un placer que haya escogido este blog para compartir su experiencia con quien quiera sacar partido de ella. Yo, desde luego, solo puedo expresar una vez más mi más profunda admiración por su valentía al haberse enfrentado a sus demonios a pesar del miedo que en algunpos momentos la atenazó. el camino es largo, y lo está siendo, pero creo que lo hemos disfrutado y valió la pena.

Por cierto, muy bueno el título del texto, gracias.

La primera vez que empecé a tomar conciencia de que algo pasaba fue hace unos 5 años. Fui con mi hermana a una reunión organizada por Al-Anon, que es una asociación de apoyo a familiares y amigos de personas alcohólicas. En esa sesión el grupo estaba especializado en hijos de alcohólicos y cuando terminamos me dieron un folleto que decía: “¿Se crió junto a un bebedor con problemas?”*. Empecé a leer y me asusté mucho... De esos 20 puntos sobre características de la personalidad o actitudes en una persona yo poseía como mínimo un 80% de ellas. Entonces empecé a plantearme ese interrogante, si yo era como era porque ese era mi carácter, o era por consecuencia de mi drama familiar, o era de todo un poco.
Sé del alcoholismo de mi padre desde que tengo uso de razón. Una noticia que se convirtió en el “gran secreto” de la familia (como si los demás no se dieran cuenta...). Mi madre me prohibió hablar de ello por el “qué dirán” y ella sólo hablaba de eso con sus hijas. Así que durante muchos años me limité a obedecer sin cuestionarme nada, a escuchar y consolar a mi madre, a intentar proteger a mi hermana y a escapar de los ataques psicológicos de mi padre. Constantemente me sentía culpable por la situación y sentía que yo tenía la responsabilidad de velar por el bienestar de todos. Yo podía ser la hija, la hermana y la novia perfecta que les hiciera de madre a todos y que los salvara. Todo el mundo era importante menos yo misma.
Un año después de esa reunión de Al-Anon (lugar al que por cierto no volví, posiblemente por miedo) tuve un mal año. Fallecieron algunos familiares importantes, tomé las riendas de la empresa que dirigía mi padre ya que él no estaba en condiciones de hacerlo y me dejó mi novio después de 4 años de relación. Esa relación además era de dependencia emocional total hacia él.
Mi cuerpo empezó a rebelarse. Engordé 10 Kgs y empecé a sufrir ataques de ansiedad: de repente me alteraba por cualquier tontería que terminaba desencadenando en que me faltara el aire. Fue entonces cuando decidí que pedir ayuda.
El primer día que me senté en el sofá de Miguel Ángel él me preguntó por qué había decidido empezar una terapia y le dije que no lo sabía... ¡imaginad lo ciega que estaba! Contar todo lo que pasó desde entonces hasta el día de hoy daría para que creara un blog entero... Yo estaba tan destrozada en todos los ámbitos de mi vida que decidí que iba a ponerme bien pasara lo que pasara, y si tenía que “pisar” a alguien en el camino lo haría.
La primera persona a la que pisoteé fue a mi exnovio, un “vampiro emocional” ejemplar donde los haya al que no podía dejar porque había aprendido en mi casa que lo normal es aguantar (como hacía mi madre con mi padre). Poco a poco fui viendo todo el daño que me estaba haciendo y aunque él no me lo puso nada fácil lo logré.
Lo verdaderamente potente vino en casa. Cuando formas parte de una familia disfuncional con una estructura tan rígida nadie acepta bien los cambios. Dejé de hacer de psicóloga de mi familia y empecé a preocuparme por mi bienestar, cosa que desencadenó en mi marcha de casa para ir a vivir sola y un cambio de trabajo, arriesgando con ello la economía familiar y el cariño de mis seres queridos. Asumí la situación tal y como era y vi que la única persona por la que podía luchar era por mí misma. A partir de entonces el calificativo “egoísta” se me atribuyó durante innumerables veces y los reproches fueron constantes. Pero eso no me hizo dudar: o les salvaba a ellos o me salvaba a mí.
Intentar relatar esa lucha y todo lo que vino después es complicado... Mis padres se separaron, mi padre terminó tan alcoholizado que llegué a concienciarme de que cualquier día me lo encontraría muerto... Hasta que tuvo tal susto que empezó un tratamiento de desintoxicación que ha dado sus frutos y desde hace pocos meses mis padres vuelven a vivir juntos empezando de cero.
Lo que más me interesa compartir es que durante todo este proceso pasé por momentos muy duros: tuve mucho miedo, a veces auténtico pánico por no saber cómo se desencadenarían las cosas y otras veces en las que sentía una culpa insoportable por estar “fallando” a la gente que más quería. Pero a pesar de ello tuve siempre el convencimiento de que ese era el camino correcto y tuve fe y confianza en mí misma (algunas veces esa fe solamente apoyada por mí). Y os aseguro que ni en la mejor de mis predicciones hubiera imaginado que algún día podría disfrutar de una familia emocionalmente estable.
Mi asignatura pendiente son los hombres. Aunque con los años he ido “escogiendo” personas más sanas y he ido limando algunos aspectos de mis relaciones afectivas sigo tendiendo a entregarme en exceso y a idealizarlas. No tengo prisa. Algún día llegará.

Hay esperanza. Aunque a veces parezca que salir del espiral es imposible no lo es, y pedir ayuda no es de personas débiles sino de valientes. Hay que saber qué buscamos para gestionar lo que tenemos y encontramos en el camino y sobre todo amarnos y cuidarnos. Si no lo hacemos nosotros nadie lo hará.
Miguel Ángel, gracias por haber sido mi bastón durante el camino (que por cierto, aún no ha terminado...).

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Por fin!!!!

Hace unos días que tenía un poco abandonado este espacio, pero tenía la cabeza en otro sitio. Ayer, martes 18 de diciembre escrituramos el nuevo piso de Vilanova i la Geltrú, dónde Mayte Leal y yo pasaremos consulta a partir del 1 de enero de 2008. Han sido meses de tensiones hipotecarias y de frustraciones varias, pero ahora ya podemos iniciar este nuevo proyecto.



Hoy estaré liado, bastante liado, pero a la mínima que pueda haré una entrada, creo que las aportaciones que habéis realizado sobre el tema de la pareja bien lo merece. Mientras tanto os dejo unas pocos fotos del nuevo piso, al que estáis invitados a tomar un zumo y alguna pasta casera, galletas, cocas variadas, etc.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Serendipity - The power of love

Serendipity (en castellano serendipia) hace referencia a la capacidad humana de aprovechar, no conscientemente, acontecimientos casuales, y en la mayoría de casos aparentemente irrelevantes, para solucionar otros sucesos y situaciones que estamos viviendo. Por ejemplo, estoy preocupado e intentando solucionar una situación del trabajo, decido aparcarlo por un rato e irme al cine, y en la película descubro algo que me abre la mente y me da la clave.
No podemos olvidar en ningún caso que "La suerte es una oportunidad que surge y que nosotros decidimos aprovechar".
Desde hace unos días vengo haciendo referencia a las relaciones de pareja y de dependencia. Pues bien, al día siguiente de colgar el cuento de la princesa en la almena, tomé un café con una muy buena amiga que me explicó algo que le había ocurrido recientemente y que resumía muchas ideas a las que he dado vueltas en este blog. Le he pedido que redactase cómo lo vivió y, afortunadamente, ella ha accedido a compartirlo.
Sólo me queda agradecerle su valentía, generosidad y sinceridad. Y a vosotros pediros que aprovechéis su experiencia y la transforméis en vuestra suerte.

Me gustaría contaros una historia. Tan cotidiana, cómo personal; tan real cómo anónima.
Hace cosa de una mes y medio conocí a una persona. Se trataba de un chico del que ya otros me habían hablado. Podéis anticipar, haciendo uso de vuestra imaginación, que se trataba de alguien muy querido entre sus amigos, pero muy mal queriente con sus parejas. Es decir, una persona con pleno dominio de las artes de la seducción, la manipulación, la gestión del encanto personal y la comunicación. Un auténtico Don Juan de nuestros tiempos, cazador de mujeres y coleccionista de cuerpos.
La gran virtud de este chico era que sabía cómo hacerte sentir bien. Sus palabras, sus miradas, sus gestos conseguían embaucarte hasta el punto de sentirte realmente especial, de creerte realmente especial.
Por suerte, o por casualidad, al saber ya de sus hazañas con las mujeres, creí poder controlar la situación y no dejarme llevar en ningún momento por el teatro desplegado. Así que, convencida de que yo no iba a ser especial, me planteé empezar una ambivalente relación: Sólo saldría con él, jugando a sus mismas reglas.
Empecé a dejarme seducir sólo cuando me apetecía, a mostrarle lo poco que servían conmigo sus artimañas, aprendí a diferenciar cuándo hacía teatro de cuándo decía la verdad y, sobretodo, me sentí poderosa por saber que quizá él se encontraba con una rival de su nivel: yo también sabía seducir.
Al poco tiempo, me cansé de jugar. No me gustan las relaciones de pareja que se convierten en un engaño y en un intentar saber cuándo miente y cuándo no, mientras te dice en susurros que “esto es importante”. Y yo tampoco estaba dispuesta a cambiar su forma de ser. No tengo esa ambición. Ahí aparecieron las primeras dudas.
Si dejaba el juego y le proponía algo serio, estaba convencida de que él saldría corriendo. Pero si seguía jugando, la relación se establecería en base al juego, y ello significaba que al final nunca podríamos tener una relación sana.
Decidí romper el juego. Decidí dejar de tratarle cómo a un seductor (ya no le cuestionaría más sus susurros, ya no le haría ver que yo tenía el control, ya no más desconfianza encubierta con una gran sonrisa de “te he pillado”) Si seguía tratándolo cómo un niño gamberro, no le dejaba más opción que hacer gamberradas.
No sé si tuve suerte, pero la relación siguió adelante y yo empecé a preocuparme de si, ahora que le había dado un voto de confianza, era merecedor de ella. Las nuevas reglas eran intentar ver si él estaba realmente dispuesto a ir en serio, intenté ver si él quería salir conmigo y serme fiel, simplemente intenté saber qué quería él para yo poder decidir (todo esto bajo un lema que yo me repetía: “si tengo que seguir adelante, al menos saber qué quiere él para que no me haga daño”).

¡Qué ridículo me suena ahora esto!

Evidentemente, llegó otra crisis. Pasé a estar tan pendiente de cómo él vivía la relación, que se me olvidó lo más importante: YO. Dejé de darme cuenta de qué es lo que yo quería. Decidí cambiar el punto de mira y empezar a observarme. Este fue el paso realmente importante.
Ahora, en vez de pensar en cómo está él conmigo o en si le gusto o no, pienso sin hacerme daño. Ahora pienso en si él me gusta a mí, en si yo estoy tranquila con él, en si cubre mis necesidades y me da lo que yo espero de una pareja, en si me siento respetada o no. Cada día pienso, solamente, en si YO quiero seguir con él.

Y estoy descubriendo cosas realmente interesantes de mí misma…

Como dije hace unos días, creo que sobran los comentarios.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Pregunta II

Hay otra pregunta que considero de vital importancia y que la mayoría de las personas no se hacen a lo largo de su vida. Es una pregunta sencilla, cuya principal complicación a la hora de responderla radica en los prejuicios que tenemos sobre nosotros mismos y nuestras expectativas vitales.

¿Cuál es la peor decisión que puedo tomar?

Se trata de una decisión que se plantea siempre ante cualquier conflicto, ante cualquier circunstancia adversa, y acostumbra a ser la raíz de todas las desgracias posteriores. Todos la hemos tomado en alguna ocasión y nos ha perjudicado. Las personas que aprenden a obviar esta posibilidad tienen una mejor calidad de vida emocional.

Ánimo

miércoles, 12 de diciembre de 2007

The Power of Love

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.
Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de mi amor.
Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ésa es mi dote...
La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar. Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás.
Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve, y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.
Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.
Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
¿Qué fue lo que te ocurrió? ..Estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad?. ¿Por qué te retiraste?.
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja:
No me ahorró ni un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora...
NO MERECÍA MI AMOR.
¿Hacen falta comentarios?

lunes, 10 de diciembre de 2007

Pregunta

Quisiera compartir una pregunta con vosotros, directa y sencilla, que requiere una respuesta igualmente directa y sencilla. Es una pregunta que he hecho a infinidad de personas y la respuesta dice mucho de cada uno.
¿Quién es la persona más importante en tu vida?
Si os véis con ánimo podéis contestar, y hasta podemos iniciar un pequeño debate.

domingo, 9 de diciembre de 2007

El principio de incompetencia de Peter

Hace unas semanas fui a ver la última película de Robert Redford "Leones por Corderos", que intenta realizar un análisis de la situación política y social de los EEUU desde diversas perspectivas. Lo que más me gustó es que no busca dar respuestas, sino plantear cuestiones para que cada uno llegue a sus propias conclusiones.
El título hace referencia a una cita anónima proveniente de una batalla de la primera guerra mundial "En ningún lugar he visto a tales leones conducidos por tales corderos". La película se centra en plantear cuestiones alrededor de cómo puede suceder, y cuáles son las consecuencias sociales de esta situación.
Años atrás, Laurence J. Peter planteó el que "Principio de incompetencia de Peter" formulándolo de la siguiente manera: "En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta asumir su nivel de incompetencia". Como corolario de este principio, Lawrence J. Peter deduce los dos siguientes:
  1. Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
  2. El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.
A Alejandro Magno se le atribuye una cita que de alguna manera engloba todas estas cuestiones, "Nunca he temido a un ejercito de leones que fuese comandado por un cordero, pero sí que temo a un ejercito de corderos comandado por un león".

Podemos observar la diferencia con la teoría rizomática, y es que, cuando das con un incompetente en una organización jerárquica, y yo he visto unos cuantos, puedes ver a un montón de profesionales a su alrededor realizando trabajo que no les toca, para cubrir la incompetencia del "jefe".
Para saber más sobre el principio de Peter podéis consultar esta pagina de la Wikipedia.



sábado, 8 de diciembre de 2007

Happy ending

Hace ya algún tiempo que colgué el vídeo de esta canción en el blog pero todavía no había hecho ninguna referencia explícita a ella. Creo que lo mejor que tiene es que siendo una canción de "desamor" tiene un final abierto a la esperanza, a las ganas de vivir, y esto lo han reflejado muy bien en el vídeo. De todas formas no deja de decir algunas de las cosas que todos sentimos cuando hemos sido dejados por nuestra pareja, como el insomnio, la desgana de hacer cualquier cosa, la sensación de que no lo superaremos, pero, en mi opinión, de una manera coherente.
Esto la hace diferente a la mayoría de canciones de "desamor" que triunfan, aunque a la gran mayoría tendríamos que llamarlas canciones de dependencia, en la que se habla de amar sufriendo, padeciendo y sacrificándose.
Personalmente considero que el amor ha de ser una experiencia que te haga crecer, disfrutar y enriquecer, como mínimo.
La letra y la traducción la podéis encontrar aquí.
Un ejemplo de canciones de dependencia emocional lo podéis encontrar múltiples canciones, de todos los estilos y en todos los idiomas, pero para escoger una reciente os propongo que analicéis el contenido de esta letra de Antonio Orozco que me ha proporcionado Boomings:

Y esta vez..., soy capaz,
de contar que me engañabas,
que jamás te dije nada.

Por que si de amar se trata,
hay que amar sufriendo,
valga lo que valga,
jugar la esperanza,
recoger las alas,
y esperar que el miedo
de perder se vaya.

Miedo de perder tu cama,
de perder mi alma,
de empezar de nuevo,
de apagar las llamas,
de esperar un sueño,
y que nunca llegara.
Si es cuestión...

Desde luego se me hace difícil pensar en una relación de pareja que de satisfacciones si hay que estar pendiente de la espada de Damocles.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Ghandi

Se explica una anécdota de que una madre llevó a su hijo pequeño a casa de Mahatma Gandhi y le suplicó:
- Se lo ruego, Mahatma, dígale a mi hijo que no coma más azúcar, es diabético y está poniendo en peligro su vida. A mi no me hace ningún caso y sufro mucho por él.
Gandhi Reflexionó unos segundos y le dijo:
- Lo siento, señora. Ahora no puedo hacerlo. Traiga otra vez a su hijo dentro de quince días y tal vez pueda.
Sorprendida, la mujer le dio las gracias y le prometió que haría lo que había pedido. Quince días después volvió con su hijo. Gandhi miró al muchacho a los ojos y le dijo:
- Chico, deja de comer azúcar.
La madre estaba muy agradecida pero extrañada a la vez, por lo que preguntó:
- ¿Por qué me pidió que lo trajera dos semanas después? Esto lo podría haber hecho la primera vez.
Gandhi le respondió:
- Es que hace quince días yo también comía azúcar.

"Si no puedes dar lecciones siempre puedes dar ejemplos"

jueves, 6 de diciembre de 2007

Saber lo que busco

Un padre recriminó a su hijo:
- A tu edad Abraham Lincoln caminaba dieciséis kilómetros para poder ir a la escuela.
Su hijo le contestó:
- A tu edad Abraham Lincoln era presidente de los Estados Unidos.

Ya lo dice Eva Aguilar, compañera y amiga, "Ten cuidado cuando señales a alguien con un dedo, has de recordar que en la misma mano hay tres que te señalan a ti"

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Conseguir Alas

Soy plenamente consciente que el tema que voy a tocar hoy resulta especialmente espinoso, por lo que pido disculpas por adelantado si hiero alguna sensibilidad o remuevo algunas vísceras.
Dos personas se conocen, se enamoran y deciden iniciar un proyecto en común. Hasta aquí es el cuento de hadas que todos más o menos hemos vivido en una o varias ocasiones. Pero luego siempre llega la crisis, afortunadamente, y ésta tiene siempre múltiples formas de plantearse.
Hace algún tiempo que me dedico a realizar terapias de pareja y sesiones de terapia en pareja y he podido comprobar una cierta universalidad en los temas. Me referiré al más frecuente de ellos con la etiqueta de "conseguir alas".
Uno de los miembros (habitualmente ella, pero he visto de todo) no está satisfecha con la relación, está bien, enamorada, no tiene dudas de fidelidad ni nada por el estilo, pero no está a gusto consigo misma. El otro miembro de la pareja nota esto y le suele animar a buscar su espacio. Cuesta, pero al final lo hace, tímidamente, pero va descubriendo que le gusta lo nuevo que ve, y se va creciendo.
En este punto se hacen evidentes las diferencias que hay entre la nueva realidad que descubre y el otro miembro de la relación: ¿Porque no hacer unos pequeños cambios en nuestra relación? Mejoraría, qué bien que estaríamos, porque la verdad, yo lo necesito, ahora soy consciente de que me sentía ahogada, aprisionada... Y plantea estos cambios.
Pero la realidad de la relación era que ella (habitualmente ellas) estaba incómoda y él cómodo, por lo que se topa con la resistencia al cambio de él. El problema es que la crisis está planteada, y en la mayoría de ocasiones no de forma evidente y consciente.
En la mayoría de casos la situación se hace complementaria a la anterior, y ahora es el otro quien está incómodo. El peligro es que esto se enquiste y acabe diluyéndose en múltiples problemas tangenciales que no aportan nada significativo (la realización de las tareas de casa, la colaboración en la educación de los hijos, el rollo de papel higiénico...)
Algunos casos deciden hacer terapia de pareja, y cuando acuden a las sesiones plantean este formato de crisis que he descrito. "Desde hace un tiempo ella ha cambiado, ya no es la misma de antes", "yo quiero volver a la situación de antes", "se le han subido los humos y ahora ya no la entiendo y no sé qué espera de mi". El otro día en una sesión de pareja con mi amiga y colega Gemma Borraz se me ocurrió una metáfora que sintetizaba bastante bien todo el conjunto de la crisis:
- Mira, tú le pides a tu pareja que abandone este cambio, que vuelva a ser la pareja enraizada al suelo que tú recuerdas y que deseas, pero parece que ella no está por la labor. En cambio parece que tu pareja ha encontrado alas - habitualmente la cara de él es de cierta aprensión - y te está planteando que desea que tú encuentres también tus alas y vueles con ella.


Raíces sí, claro;
pero, sobre todo, ¡alas!

Saint John Perse

martes, 4 de diciembre de 2007

La sentecia del acusado inocente

Cuentan que durante la edad media hubo una serie de muertes que asolaron varias aldeas de una misma comarca. Las autoridades no conseguían dar con el asesino y el miedo atenazaba cada vez más a las gentes de la región, dejando de ir a labrar en el campo por miedo a morir.
La nobleza no se podía permitir esto, de forma que presionó a la santa inquisición para que encontrase al culpable y así se restableciese la normalidad y pudiesen seguir viviendo del trabajo de los campesinos.
El inquisidor de la zona no conseguía dar con ningún indicio que aportase información coherente. ¡Parecía hecho por el mismo Santanás! Llegó a la conclusión de que la mejor manera de detener esta situación era declarar culpable a cualquiera para que de esta manera el asesino pensase que podía acabar impune y dejase de matar. "Sacrificaré un inocente para salvar a muchos".
Para ello montó una serie de falsas pruebas y acusó a un campesino de la zona que no tenía familia y vivía fuera de aldeas.
Llevó el caso ante el alto tribunal de la inquisición y optó por no torturar, para que así no quedasen dudas de la justicia.
Desde luego el juicio fue una farsa, eso era evidente para cualquiera que lo estuviese observando, incluso para el juez, pero las presiones de la nobleza eran insoportables. Por intentar lavarse las manos, intentó dar un toque de justicia divina a la hora de dar la sentencia, para ello le dijo al campesino que no tenía duda de su culpabilidad, y que Dios y la providencia tampoco la tendrían, de forma que dejaría en manos de ellos decidir. Se colocarían dos papeles en una bolsa y el propio campesino extraería la sentencia. Desde luego dejó de comentar que en los dos papeles estaría escrita la sentencia de culpabilidad. Pero antes de hacer nada permitió una última voluntad al campesino.
Este había permanecido silencioso y hosco durante todo el proceso, consciente de su destino. Al escuchar la resolución le quedó aún más claro su destino, puesto que era sabía perfectamente cual era la trampa. Sólo sonrió cuando le dijeron que podía pedir una última voluntad.
- Señoría, solicito que se me sentencie a la inversa del papel que extraíga de la bolsa.

lunes, 3 de diciembre de 2007

El sentido de la medicina


En el IES, Institut d'Estudis de la Salut, hay un grupo muy luchador y emprendedor, el grupo de comunicación, coordinado por Xavier Cleries, con el que tuve el privilegio de colaborar y sobre todo, aprender y disfrutar. Aprovechando que próximamente realizan unas jornadas sobre la formación de los profesionales de la medicina (cuyo anuncio y programa podéis ver en el margen derecho del blog) he rescatado este video de los Monty Python sobre la deshumanización de la medicina, de la película "El sentido de la vida".

Yo he podido vivir en persona a profesionales de la medicina que diagnoticaban de forma incorrecta una dolencia ocular sin mirarme a la cara siquiera, literalmente, no es broma, por lo que este sketch no está tan alejado de la realidad. En este sentido es visionario ya que es de primeros años de los 80. No en vano Graham Chapman (uno de los dos médicos en el sketch) era licenciado en medicina.

Espero que disfrutéis de su fina ironía y os animéis a ver el resto de la película.



Un fuerte abrazo

domingo, 2 de diciembre de 2007

Teoria Rizomática

Un compañero de trabajo, Rubén Benedicto, persona muy versada en psicología social, y conocedor de todo tipo de teorías de colaboración, confrontación y represión (policial y militar), me explicó un día la teoría rizomática. Tal vez lo que me pareció más apasionante fue que se base en una especie de tubérculo que surge en algunas plantas y que es multifuncional, ya que el concepto en sí es muy parecido a la organización en redes.
Básicamente, y a grosso modo, se opone a los modelos de organización jerárquica y propone una organización en horizontal, de forma que cualquier cambio producido en uno de los nódulos puede afectar a los otros de una manera impredecible.
El ser humano se ha caracterizado por la organización social jerárquica, de estructura claramente piramidal, con unos pocos privilegiados en el vértice superior y una gran mayoría en la base productiva. En este modelo rizomático no hay centro de organización, y las responsabilidades e influencias son repartidas haciendo el esfuerzo más repartido y efectivo.
En diferentes conversaciones que mantuvimos el futuro Dr. Benedicto y yo nos centramos en las relaciones de pareja, llegando a la conclusión que las parejas sanas debían ser rizomáticas (de igual a igual, de importante a importante) y que había parejas jerárquicas, en las que uno estaba sobre la otra (habitualmente) que eran las que producían insatisfacciones y tensión que dificultaban la calidad de vida.
Reflexionando sobre ello me asalta una paradoja. Una de las estructuras rizomáticas más efectivas que se conocen es el cerebro humano (explicación que dejaré para otra ocasión), y en cambio ha sido el principal productor a escala planetaria de estructuras jerárquicas. No puedo evitar pensar que de lo bueno no siempre salen cosas buenas...

Si deseáis más información sobre esta interesante teoría os sugiero los siguientes links:

http://es.wikipedia.org/wiki/Rizoma_(filosof%C3%ADa)
http://biblioweb.sindominio.net/telematica/tecnonomadismo.html
http://www.bu.edu/wcp/Papers/TKno/TKnoGall.htm

Un abrazo

sábado, 1 de diciembre de 2007

Azul oscuro casi negro

Ésta es una excelente película sobre las relaciones familiares, sobre el sacrificio y la herencia de responsabilidades (y frustraciones) no deseadas, y por encima de todo sobre la importancia de la decisión personal en sí misma, o sea, la importancia de poder decidir sea cual sea la decisión que finalmente tomemos.
Las tramas secundarias también se centran en las relaciones familiares, introduciendo un poco de humor pero sin desviarse de lo más relevante, la importancia de los secretos en la dinámica familiar. Es curioso, cuántas veces pensamos que por el hecho de no hablar de algo los demás no se van a enterar, y nunca es así. Desde luego, en el mejor de los casos, la trama que montamos pende de un hilo, en un caos de acontecimientos que no controlamos.
Como todas las películas que basan sus historias en la sutileza, se "saborea" más en el segundo visionado, puesto que nuestra atención ya se puede dedicar a disfrutar sin estar pendientes del qué pasará.